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¿Qué tiene que ver? Es la primera pregunta cuando explico que mi postura contraria a la gestación subrogada viene de la ideología antiespecista. Voy a intentar explicar muy brevemente la relación que veo y los motivos por los que entiendo que la gestación subrogada (vientres de alquiler) va más allá del debate feminista.

La gestación subrogada consiste en transferir al útero de una mujer un embrión fecundado con carga genética de una persona que no puede o no quiere gestar, pero sí desea tener una criatura que tenga su misma carga genética.

A mí me cuesta mucho pedir la prohibición de prácticas que se ejercen en base a una libertad individual y que no hacen daño a otras personas (humanas o no), pero es que en la gestación subrogada se dan prácticas de abuso que sí pueden implicar violencia y sí pueden implicar un daño que va a ser muy difícil reparar, si sucede, y hay posibilidades reales de que suceda.

Vamos por partes: existe todo un negocio montado alrededor de la gestación subrogada. Todo el mundo gana dinero (las agencias, los despachos de abogacía, los servicios médicos, etc.), sin embargo a la única persona a la que se le pide que actúe de forma altruista es precisamente la persona que más riesgo asume en todo el proceso: la mujer que va a gestar. De hecho, no se habla de un salario que va a recibir la mujer embarazada, sino de una “compensación” por las molestias. Y las molestias pueden ser muchas, por ejemplo, puede morir.

Imaginad esto: en Ucrania la gestación subrogada es legal, ¿una mujer de Kiev va a poner en riesgo su salud por amor hacia una pareja, no sé, de Tavernes de la Valldigna a la que no conoce de nada?, ¿se va a arriesgar a dejar a su familia en una situación de vulnerabilidad por amor a personas desconocidas? Ella lo hace por dinero y es algo comprensible, no juzgo eso, lo que es hipócrita es pedirle a ella, sólo a ella, altruismo. Ese discurso que implica que el trabajo, el tiempo, las energías, la vida, en definitiva, de las mujeres se cedan por amor es algo que nos resulta muy familiar. Es una de las bases del patriarcado.

Hasta hace relativamente poco, yo no tenía formada una opinión sobre la gestación subrogada. Fue en un debate que organizó el Col·lectiu Lambda cuando mi posición se definió y no fue por los argumentos de las personas contrarias a esta práctica, sino por los argumentos de las personas partidarias. En ese debate yo sólo hice una pregunta: ¿qué pasa si la mujer cambia de opinión? Respuesta: la mujer no puede cambiar de opinión.

Es decir, una mujer que acepta gestar debe someterse obligatoriamente a revisiones médicas, no puede tener relaciones sexuales durante el tiempo que determine el contrato, puede que no se le permita desplazarse a otras poblaciones si así lo determina el contrato, no puede interrumpir el embarazo si así lo desea y debe entregar al niño o a la niña quiera o no quiera, porque para eso ha firmado un contrato. No estamos hablando de una caja de patatas, se trata de una criatura que será entregada a alguien que no ha pasado ningún tipo de filtro psicólogico que descarte que sea una persona abusadora.

Porque esto es algo clave: en ninguna parte he leído que exista algún tipo de mecanismo para negar la paternidad/maternidad mediante gestación subrogada a personas que no deberían, bajo ningún concepto, ser las responsables de una criatura. Si pagas, te la llevas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los derechos animales, con el antiespecismo? Más allá de mi postura antinatalista, desde los derechos animales nos posicionamos contra la compra venta de seres, más allá de la especie, y de eso va todo esto, de compra-venta real de seres: firmas contrato, pagas, te lo llevas. La madre gestante podrá tener contacto o no con el bebé si lo permite la persona compradora, porque no tiene ninguna obligación. No importa que ese bebé también tenga su carga genética, no importa que ella haya cambiado de opinión. No tiene ningún derecho.

¿Y el niño o la niña? Puede, espero, que sea una persona querida, pero, aun así, nadie tiene derecho a comprar una criatura. No importa la cifra de la cuenta bancaria, legitimar la gestación subrogada implica aceptar que un deseo está por encima de los derechos humanos, algo que desde los derechos animales también conocemos bien. Desgraciadamente.

Si todas las energías, si todo el debate se centrara en reformar las leyes de adopción y la preocupación girara en proporcionar hogares a niños y niñas reales, con necesidades reales y que sí tienen derecho a crecer en un entorno de afecto y respeto, si eso se hiciera avanzaríamos tanto. El debate sobre la gestación subrogada explica tan bien el comportamiento de nuestra especie: hacer nacer niñas y niños porque queremos que tengan el color de nuestros ojos, porque podemos pagarlo, mientras niñas y niños que ya existen, que sufren y sienten, permanecen invisibles. Por eso la campaña “no compres, adopta” se amplía ahora a nuestra especie. Quién nos lo iba a decir.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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