Etiquetes Entrades etiquetades amb "opinió"

opinió

3332

Los derechos animales son una especie de suero de la verdad: sirven para detectar si las diferentes opciones políticas defienden la justicia y la igualdad, más allá de una pose, de un discurso para quedar bien con todo el mundo. Dentro de los derechos animales, el escalón más básico y más evidente es la tauromaquia y las fiestas donde se torturan animales.

Que, en el s. XXI, haya políticas como Manuela Carmena que se atraganten cuándo les preguntan sobre la tortura taurina e, incluso, eviten posicionarse (al menos, este año) sobre el Toro de la Vega dice mucho de su proyecto renovador. Esto también se aplica a los partidos políticos de la izquierda transformadora que, como en Algemesí, tienen taquicardias si se les pide que se posicionen contra la semana taurina.

Y es que la izquierda tiene una fe casi religiosa en que va a perder votos si se posiciona en contra de la tortura taurina, es decir, a favor de los animales. Sólo es necesario pasearse por las peñas taurinas y, oh sorpresa, no parece que haya mucha gente con un discurso anti-capitalista, o feminista y/o LGTBI. Más bien al contrario. Pero supongamos que es así, que posicionarse contra la tortura hiciera perder votos, si ése es el miedo tal vez deberían plantearse para qué están en política porque, pienso, estamos aquí para intentar cambiar las cosas, ¿no? Cambiar a mejor. En política, además de la honradez, es muy importante la valentía. Y, a veces, hay que decir que no: no, no está bien torturar hasta la muerte a un animal encerrado.

Unos 40 animales serán masacrados, a pie y a caballo, este año en Algemesí. Una de las estrellas de la semana taurina es João Moura (hijo), conocido por practicar el bull-baiting (lucha de perros contra un toro). Él mismo colgó las fotos de su “afición”, con el sello de su ganadería, en las redes sociales. Estaba orgulloso.
Unos 40 animales serán masacrados en Algemesí. Tan inocentes como Rompesuelas. Con la misma incomprensión en sus ojos, con el mismo deseo de escapar. El día 20 de septiembre, una vaca intentó huir de un encierro en Algemesí, vio una puerta abierta e intentó esconderse. Subió hasta el tercer piso. Y la izquierda, transformadora o no, habla de diversidad.

Porque, curiosamente, las personas que defienden la tortura taurina se esconden detrás de palabras como “democracia”, “respeto”, “libertad” y “diversidad”. Vale, vamos a analizar estos conceptos siguiendo con el ejemplo de Algemesí.

Democracia: cuando, en las redes sociales, se comunicó el día de la manifestación antitaurina de este año, se organizó una contra-manifestación taurina con el único objetivo de impedirnos acceder al centro de Algemesí. Allí nos hemos manifestado, pese a todos los obstáculos (y han sido muchos obstáculos) en años anteriores. Durante ese tiempo nuestra manifestación autorizada y pacífica tenía que hacer frente a contra-manifestaciones “espontáneas”, no autorizadas y violentas, que actuaban con total impunidad. Además de los insultos, nos llovieron objetos.

Este año se organizó una contra-manifestación, el mismo día y a la misma hora, para obligar a la nuestra a desviarse totalmente de su recorrido. Un gran ejemplo de democracia. La contra-manifestación estaba dirigida por la alcaldesa de Algemesí, Sra. Marta Trenzano (PSOE) y el ex-alcalde de Algemesí, Sr. Vicente Ramón García Mont (PP). Este último nombró televisiones non gratas (La Sexta) y a las personas animalistas nos llama “gentuza”. Grandes demócratas, se nota.

Otra lección de democracia y de gestión responsable del dinero público: tal y como informó la Sra. Trenzano (PSOE) no hay dinero para libros de texto en Algemesí, pero sí para torturar animales. 39.500 € directos para la semana de toros. 24.000 € para Sant Onofre, donde hacen bous al carrer. Y tendríamos que revisar con lupa las partidas de protocolo (15.000 €), seguros (7.500 €) o fiestas populares (30.000 €).

Respeto: la contra-manifestación taurina transcurrió con tranquilidad. Debe ser fantástico manifestarte sabiendo que nadie te va a agredir. En la nuestra fue un poco distinto. A nuestro alrededor, un grupo de personas se dedicó a insultarnos durante parte del recorrido. Al terminar, por seguridad, nos marchamos en grupos. Cuando ya estábamos cerca del coche aparecieron dos personas cogiendo piedras del suelo, la cosa quedó ahí porque fingimos que les habíamos hecho fotos. No era cierto, nos temblaban demasiado las manos.

El año pasado, casi muere un cámara de Antena 3 por intentar grabar en la calle, antes de una becerrada. Le echaron un líquido irritante en la cara, se le cerró la garganta y no podía respirar.

Libertad: claro, claro… libertad de información, como acabo de explicar. No se puede apelar a la libertad para torturar hasta la muerte a un animal encerrado, me da escalofríos pensar en el concepto de libertad que tienen esas personas.

Diversidad: un acto criminal no puede justificarse bajo este concepto. No hablamos de que a alguien le guste el jazz y a otra persona le guste el rock. Qué va. Hablamos de divertirse mutilando a un animal que no entiende qué está pasando. A veces, el toro, el becerro, no puede ni reaccionar y se queda quieto con una expresión que destroza a cualquier mente sana.

Así que quien organiza contra-manifestaciones para impedir manifestaciones, quien insulta y agrede o amenaza con agredir, quien entiende como libertad el derecho a torturar… se presenta cómo víctima. Pero la sangre siempre es de los animales y, muchas veces, de las personas que intentan defender a los animales sin más armas que una pancarta, una cámara, sus cuerpos como escudo y la razón.

En política, jugar a la ambigüedad puede ser peligroso. Puede suceder que las y los votantes se cansen y, si la izquierda transformadora no toma partido por los animales, busquen otra opción. Y nadie podría culparles.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

3906

Hoy día quiero detenerme a examinar de manera muy básica una cuestión “ruidosa” no sólo en ámbitos animalistas, sino en otros también cuando se trata de discusiones e intercambio de ideas. En muchas discusiones se llega al punto de abogar por el infaltable “respeto por las opiniones de los otros”, como si las ideas no pudiesen ser refutadas, y como si todas las opiniones tuviesen igual valor. Cuando las discusiones llegan a este punto, se confunden dos elementos: el derecho que cada uno tiene a la opinión propia, y la asunción de que todas las opiniones tengan igual valor.

Platón nos dice que las opiniones son doxa, creencias populares o comunes que no están relacionadas con un conocimiento o argumentación de tipo racional. Cuando uno dice que cada persona tiene derecho a su propia opinión, usualmente nos referimos a este tipo de creencias personales subjetivas y sujetas a incertidumbre: que te gusten más los gatos que los perros o que prefieras el helado de vainilla al de chocolate, esas son opiniones cuya discusión resulta estéril porque no se persigue que el otro cambie de opinión, sólo se expresan gustos personales.

De otra clase de opiniones hablamos cuando se trata de argumentaciones racionales o de opiniones basadas en conocimientos (científicos, técnicos, profesionales o de oficios, etc.) y que por lo tanto se pueden verificar o falsear más allá de los gustos o de las preferencias personales. Y aquí radica el problema principal: que solemos confundir las opiniones del segundo tipo, las de conocimiento técnico/científico/profesional, con las opiniones emanadas del simple gusto personal. Veámoslo con un ejemplo actual: la polémica de las vacunas. Existe un conocimiento científico que avala la vacunación de los niños y que echa por tierra el rumor extendido de que ciertas vacunas causan autismo. A la opinión experta y técnicamente fundamentada de los científicos, las personas sin formacion científica no pueden argumentar sus opiniones basadas en sus creencias personales y pedir que ambas opiniones sean respetadas y tomadas en cuenta con el mismo peso, porque no lo tienen. Lo mismo pasa cuando, por ejemplo, se dice que los animales son inconscientes o no sienten como los humanos. Que nos guste seguir comiendo animales o torturándolos en tradiciones crueles no es una posición equiparable argumentalmente con las opiniones o razones científicas que nos indican que los animales si son seres conscientes y sintientes –hechos fácticos que nos deben interperlar moralmente. Podemos pedir respeto para las personas que sostienen ideas, pero para las ideas no se puede pedir un estatus de respeto. Para eso están hechas las ideas: para debatirlas, argumentarlas, refutarlas y cambiarlas por otras en caso de ser consideradas erradas, extemporáneas, que no responden al contexto actual, o al estado actual del conocimiento, etc.

Entonces, ¿qué significa tener “derecho” a una opinión? Podemos dar dos respuestas para esto: una simple y otra compleja. La simple significa exactamente eso: todos podemos tener opiniones, y nadie puede detener a otra persona de que piense lo que piense. Pero esa afirmación es bastante trivial, y se confunde con el valor, formación y riqueza de las opiniones personales. De ahí la respuesta compleja: que si tener “derecho” a una opinión significa tener derecho a que los puntos de vista propios sean considerados verdaderos, o al menos, considerados cercanos a la verdad, entonces las cosas cambian. Si las opiniones personales se fundan en la ciencia, o en el pensamiento mágico, en ideas retrógradas moralmente, fundamentalistas o esencialistas, se trata de argumentos y de opiniones que no pueden tener el mismo valor. Todos tenemos derecho a tener una opinión, pero eso no significa que todas las opiniones sean racionales, respetables y que debamos tomarlas en serio. Porque ellas dependen de sus razones y fundamentos, no de las personas que las ostenten.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho. Actualmente estoy escribiendo mi tesis doctoral en Filosofía, tratando sobre los límites de la filosofía moral, la bioética y los derechos de los animales. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.

1832

A partir del lunes 7 de abril, TVAnimalista abre un espacio de opinión. Doce personas vinculadas al mundo de los Derechos Animales irán publicando cada semana un artículo.

Las firmas que formarán la columna llamada “La Pluma” serán por orden de aparición: Jesús Frare, Fabiola Leyton,
Xavier Bayle, Nieves Camarero, Eneko Pérez, Anna Mulà, Alberto Peláez, Eva Benet, David Díaz, Samuel Guerrero y Julio Ortega Fraile.

LA PLUMA

1275
En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde...

NUTRICION

3708
El programa Cuina Vegana nos enseña a cocinar la tradicional tortilla de patatas. Ingredientes para 6 - 8 personas: 5 – 6 patatas rojas medianas. 2 o...