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Hace unos días una amiga publicó una foto del plato “vegetariano” que le sirvieron en su cena de trabajo. Se podían ver espinacas cocidas, dos trozos de calabacines mal cortados, un trozo de alcachofa y medio tomate, todo bañado en un mar de aceite. Por ese plato, de alta cocina, le cobraron 20 Euros.

Ésa es una situación que las personas veganas hemos vivido muchas veces. En determinados establecimientos, parece que nuestra presencia es una molestia. Hace poco un cocinero me dijo que “no le mareara con cosas raras”; un plato vegetal es algo raro para este señor, un gran nivel de formación el suyo. Si en un local nos ponen pegas y sólo nos ofrecen una ensalada con tomate, cebolla y lechuga, a la que (un aplauso, aquí) se le ha añadido pepino y maíz como innovación, creo que nos tenemos que levantar y marchar. Ese plato, además, nos lo van a cobrar a un precio exorbitado, como los 20 Euros de arriba.

He sido educada para ser amable, el veganismo, en parte, me ha enseñado a decir basta. No quieres generar el conflicto, pero, a veces, el conflicto es inevitable. Recuerdo una comida organizada por un colectivo LGTBI donde las dos personas veganas tuvimos que comer pasta con aceite, sin que a nuestro alrededor se manifestara ni un mínimo gramo de empatía. Eso se acabó.

Sin embargo, esa determinación se pone a prueba con las celebraciones navideñas. No importa que seas atea, ni que hayas repetido tantas veces que no celebras la Navidad que parezcas Ebenezer Scrooge, el personaje de “Cuento de Navidad” de Dickens. Tarde o temprano te verás atrapada en una comida familiar o de trabajo y tendrás que desplegar todas tus estrategias de resistencia. No quiero ser negativa, pero voy a ponerme en lo peor: eres una persona vegana en un entorno hostil.

Ser la persona “rara” es agotador. Yo no tengo ningún inconveniente en debatir sobre veganismo, pero cuando el debate se produce alrededor de una mesa con cuchillos y tenedores es delicado. Así que si puedes posponer ese debate, hazlo. Probablemente no será posible, porque no te dejen. Cuántas veces he pensado que mi paciencia ya llegaba a su límite y que al día siguiente se me mencionaría en prensa con un “mujer perturbada utiliza una parrillada de verduras como arma. Hay heridos de diversa gravedad”… porque eso es, con toda seguridad, lo que vas a comer: parrillada de verduras y/o una ensalada con una gran cantidad de lechuga (que está muy sobrevalorada en la cultura culinaria carnista). Es curioso que personas que afirman “no comer casi carne”, no puedan imaginar otro plato 100% vegetal. Pero aquí ya entramos en la estructura del referente ausente, de Carol J. Adams, que explica el proceso por el cual, en el sistema carnista, los animales desaparecen del plato. Que la realidad no sea visible para la mayoría de personas de esa mesa, no significa que no exista: tú ves esos animales, sabes que sufrieron cada día de su vida y sabes qué les pasó.

Entonces, en pleno proceso de abstracción mental, aparece toda una serie de personajes, con un papel asignado, cuyo objetivo es cuestionar tu ideología. Hacen esto porque se saben fuertes, no porque tengan curiosidad. Tenemos al lector del “Marca”, a la nutricionista auto-titulada, al de la cadena trófica, a la conciliadora, etc. Dependiendo de la edad, es posible que todas esas personas compartan una misma característica: “la tríada de la muerte” (es decir, la combinación letal de colesterol, ácido úrico y azúcar). Puede que se mediquen y, sin embargo, afirman que tu alimentación no es sana y que, por tu bien, te desean que cambies algún día. ¡Y empieza la fiesta! Vas a escuchar de todo: que el jamón está muy rico y necesitas las proteínas (¿en serio?, ¿otra vez?), que las plantas generan ácido úrico (¿qué?) y, por último, que “hay que respetar”. Pero resulta que eres tú la que no estás respetando, por dejar a los animales fuera del plato. Concéntrate en escuchar la obstrucción arterial de quien te habla, eso ayuda.

Si la comida del local es un asco, pero tienes que pagar la cuenta a partes iguales, haz esto: levanta la mano, llama a la camarera o al camarero y con voz neutra di “quiero un whisky de malta escocés reserva, ¿cuál es el más caro que tienen?”. No importa que no te guste el whisky, es una cuestión de compensación.

Si te agobian en esa comida y quieres contestar, hazlo, estás en tu derecho. Que no te hagan sentir culpable, no tienes que sonreír y tener paciencia. Chantaje emocional, no gracias. Devuelve el golpe. Pero si es demasiado, si vuelves a casa mal, no te preocupes: es lógico estar mal después de haber sido acosada, piensas en lo que tendrías que haber dicho o no haber dicho, en lo que te costó reaccionar. Mira este vídeo, somos manada y estamos cambiando las cosas, aunque a veces parezca que no. Además, tus arterias estás estupendas.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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El pasado 6 de diciembre, Madrid acogió la campaña No regales abandono. Una iniciativa del grupo animalista Alba Kids for Animals en colaboración con la FAPAM (Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid). Una campaña que pretende concienciar a la población y evitar la compra y abandono de animales no humanos.

El acto se realizó en la Plaza Vázquez de Mella y contó con la presencia de más de 50 personas, entre ellas el modelo italiano Valerio Pino y la periodista Ruth Toledano. “Creo que deberíamos actuar para que cambie la forma de ver a los animales” afirma Valerio. Más de 250.000 perros y gatos son abandonados al año en todo el país, según Norma Fierro, Coordinadora de la Campaña No regales abandono. Peor aún, se estima que un alto porcentaje de estos abandonos son debido a las compras compulsivas de navidad: “lo precioso que tiene nuestra campaña es que son las propias niñas las que les dicen a otras que reflexionen, que no se regalen animales como juguetes sino que los animales son seres vivos”.

La FAPAM ha tenido el apoyo de un video que se ha hecho viral en las redes sociales: No compres, adopta. Un cortometraje dirigido y escrito por el nominado al Goya, Miguel Romero. “Equiparamos el abandono de un perro con el abandono de una niña y el posterior atropello de ambos para comparar y poner al mismo nivel los dos dolores, la misma desesperación, la misma desesperanza en la carretera y la misma inocencia de que ambos seres no sabrían qué hacer para salvar su vida en esa situación y probablemente acabarían muertas en el frío asfalto de la carretera” expone Romero. Pese a ser todo un éxito en visualizaciones, afirma, todavía queda mucho por hacer.

En Italia, como en Cataluña, no existe el sacrificio de animales en perreras. Allí estamos un poco más avanzados y tenemos más leyes que en España. Cataluña, por suerte, está un paso por delante” declara Valerio Pino. Esto es algo que se pide desde diferentes protectoras de animales, que buscan una legislación en contra del maltrato animal a nivel estatal y no regional. Según Norma Fierro “en España se abandona tanto porque tenemos muy poca conciencia de que el animal no es un objeto. El problema radica ahí, que los consumimos como si fuesen juguetes. Somos el país de Europa con la cifra de abandono más alta”.

Pese a que la campaña no realizará más actos, la FAPAM pretende seguir recordando que no se regale abandono estas navidades. “Siempre se puede adoptar o amadrinar a un animal. Hasta que los albergues de protección animal no estén vacíos, esto una vergüenza nacional”.

Esta campaña navideña se suma a las realizadas por más organizaciones, como la de Anima Naturalis que propone una protesta el próximo sábado a las 12 frente al Corte Inglés de la calle Preciados, Madrid.

TVAnimalista Madrid

 
Corto No compres, adopta

 

 
Rap de ALBA Kids for Animals

 

 

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