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Hace tiempo recibí la llamada de un compañero instándome a que acudiera a una protesta que se había convocado contra el Circo Mundial durante el Aste nagusia, la Semana grande de Bilbao. Le respondí con una negativa. Tras una conversación telefónica un tanto hostil acordamos discutirlo en persona. A sus ojos, faltar a esta convocatoria se convertía en una especie de traición para los animales. No parecía entender que las carnicerías de su entorno, por ejemplo, representan hechos aún peores que los que ocurrían en aquél circo donde iba a tener lugar la convocatoria y sin embargo nunca había protestado públicamente por ello. ¿Selección estratégica? No, en este caso, cuestión de inercias.

Es incuestionable que tengo la responsabilidad de solidarizarme con quien sufre una injusticia y quiero que se me invite a la reflexión si fallo, si doy la espalda a los animales, si no cumplo con mis responsabilidades —no soy amigo de la relatividad, tenemos una responsabilidad con quien se encuentra oprimido — o si tomo decisiones incorrectas, injustas o irreflexivas. Pero esto no es lo que ocurrió aquí.

Parece que, al margen de cualquier valoración estratégica, existen ciertos frentes en los que alguien involucrado en el movimiento de Liberación Animal debe estar presente. Parte del activismo que realizamos no responde a una agenda o a unos objetivos estratégicos enmarcados en una dirección común, sino a una serie de inercias que lo determinan y que además ponen de manifiesto una falta de compromiso generalizada.

La responsabilidad de ser eficientes

Sólo en los mataderos de todo el mundo más de dos animales son ejecutados por segundo [1] y el número de peces capturados en mares o criados en piscifactorías es tal, que se cuentan por toneladas. Nuestra sociedad se ha construido sobre innumerables injusticias contra los animales que a día de hoy forman parte de nuestra vida cotidiana. Ante una situación de tal envergadura no sólo tenemos la responsabilidad de luchar enérgicamente contra ella sino que además, y como es lógico, tenemos también la responsabilidad de hacerlo bien.

Cuando elegimos formar parte de una acción o de un proyecto estamos, por omisión, dejando de participar de otras acciones o proyectos. También, si establecemos nuestro radio de acción a un lugar concreto estamos, por omisión, dejando de hacerlo en otro. Y nos guste o no, ni todas las acciones tienen el mismo alcance, ni todos los proyectos son igualmente eficientes ni el trabajo realizado en un lugar tiene la misma repercusión que realizar el mismo en otro lugar. Todo importa.

La elección de aquello en lo que hemos decidido involucrarnos, sea una acción concreta, una campaña, un proyecto o una organización debería estar en función de la maximización de nuestro potencial. Es decir, un contexto de militancia donde el resultado de nuestra implicación sea el mejor posible.

El lugar donde realizamos activismo

¿Realizamos activismo en el lugar donde hemos decidido vivir o vivimos en el lugar donde hemos decidido realizar activismo? Si trabajamos concienciando a pie de calle —hoy en día el trabajo en la red es fundamental y puede hacerse desde cualquier lugar— es una pregunta que tendríamos que hacernos. La misma acción realizada en un lugar determinado tiene una repercusión diferente a si es realizada en otro lugar. Esto es un hecho. No es lo mismo repartir folletos en Madrid que en cualquier pequeña localidad de la península del mismo modo que tampoco es lo mismo realizar una acción en pleno corazón de Barcelona que hacerlo en la periferia.

No estoy diciendo que haya que evitar repartir folletos o realizar acciones en lugares pequeños. Ni mucho menos, toda acción importa. Pero sí debe existir un razonamiento de peso que nos lleve a tomar tal decisión. Decidir hacer una acción en un lugar determinado implica tomar otra decisión a la vez: la de no hacer esa misma acción en otro lugar cuya repercusión podría ser mayor. Y si esta acción la repetimos periódicamente estaremos tomando esa decisión multitud de veces. No es casualidad que las activistas que deciden crear un colectivo en Sevilla sean sevillanas, los que deciden crear un colectivo en Toledo sean toledanos o las que deciden crear un colectivo en Vigo sean viguesas. No creo que me equivoque si pienso que, salvo excepciones, la gran mayoría de personas que deciden llevar este tipo de activismo en su ciudad es por una cuestión de comodidad y no de eficiencia.

Conozco a muchos compañeros que se han trasladado a otra ciudad por motivos laborales, académicos, sentimentales o familiares, sin embargo, el número de activistas que conozco que se hayan mudado a otro lugar por cuestiones de eficiencia es muy bajo.

Esto es sólo un ejemplo pero es muy clarificador. No nos tomamos la lucha por la liberación animal con la seriedad y la responsabilidad que se merece.

La necesidad de una agenda

Para maximizar nuestro potencial y para conseguir resultados se hace necesario trabajar bajo una agenda. Esto es, una hoja de ruta que nos marque, con mayor o menor flexibilidad —eso depende ya del análisis de cada quien y de los contextos organizativos—, las diferentes tareas que debemos acometer para la consecución más eficiente de un objetivo en un tiempo específico. Lo contrario a no trabajar bajo un programa definido es la improvisación y dejar todo a la suerte. Si bien es importante que una agenda permita cierta flexibilidad para poder adaptarse a los acontecimientos la falta de objetivos y de análisis merma nuestro potencial y repercute negativamente en los resultados y esto, en el contexto en el que nos movemos, supone una falta de responsabilidad y de solidaridad.

Nuestra agenda no la puede marcar un circo que viene a la ciudad donde vivimos de casualidad. Son los objetivos señalados en un plan estratégico tras un análisis de contexto los que deben determinar el tipo de tareas y acciones políticas a llevar a cabo. Si un circo viene al lugar donde vivo o donde estoy de paso y hay una acción organizada contra el mismo puede parecer que lo lógico, es que acuda. También puede parecer lógico que, si formo parte de algún colectivo local, emprendamos acciones de protesta contra el mismo. Pero al acudir a ese lugar o al organizar una protesta en su contra estoy tomando otra decisión, dejar de lado las tareas que me han sido marcadas en un plan estratégico.

No podemos abarcarlo todo. Por eso es importante ser conscientes de las inercias que nos empujan a estar presentes en un tipo de protestas o realizar un tipo de activismo y evitar que determinen las acciones políticas que hemos definido de forma responsable en un plan estratégico.

Un examen académico, el diseño de una huerta, la construcción de un edificio, o la simple tarea de hacer la compra de la semana serán tareas mejor acometidas si previamente han sido preparadas. Si asumimos esto para cualquier tipo de acción humana porqué no asumir lo mismo cuando tomamos la decisión de solidarizarnos con quienes son oprimidos.

¿Acaso es una acción menos importante?

FUENTES:
[1] Algunas cifras más: ¿cuántos nos tocan a cada uno o cada una?, por Oscar Horta

https://masalladelaespecie.wordpress.com/2009/05/09/algunas-cifras-mas/

NOTA DEL AUTOR: En el artículo utilizo el término animales en referencia a los animales no humanos con el único propósito de facilitar la lectura y no resultar redundante. Los seres humanos también somos animales, por ello, el término animales para referirnos a quienes son como nosotros, resulta discriminatorio y debe ser evitado y/o explicado.
La utilización del femenino y masculino de forma aleatoria es intencionada. El lenguaje construye realidades y cambiar esas realidades pasa por cuestionarnos el lenguaje.

 

En els meus anys de militància he passat per diferents organitzacions (Grup antiespecista de Bilbao, Drets per als Animals, Alternativa per a l’Alliberament Animal, Equanimal i Igualdad Animal). He participat en diferents accions directes (sabotatges a la caça i irrupcions en places de toros, tancaments, passarel·les de pells i altres llocs on es fa gala de l’explotació animal), actes de protesta i en diverses investigacions. Em trobo imputat al costat de diversos/es companys/es fruit d’un muntatge judicial, policial i mediàtic que s’emmarca en una agenda repressiva contra el moviment d’Alliberament Animal (RepresionDerechosAnimales.info).

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