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Hace unos días acudí, como parte del público, a una mesa redonda organizada por la concejalía de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Xàtiva. El actual gobierno municipal está formado por PSPV-PSOE, EUPV y Compromís. Una de las personas de organización me explicó que, antes de las elecciones, tanto el PSPV como Compromís se comprometieron a eliminar las fiestas taurinas. Una vez en el gobierno, el PSPV no lo ve tan claro y se inclina por una consulta entre la ciudadanía. En Xàtiva, es Compromís quien se posiciona claramente contra la tortura taurina, pero el PSPV tiene mayoría. La mesa redonda tenía por objetivo generar debate social.

Las personas participantes fueron: Santiago Celestino (profesor de periodismo de la Universidad CEU-Cardenal Herrera), Ángeles Solanes (Vicedecana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia) y Jesús Frare (portavoz de la Plataforma Carles Pinazo, que agrupa diversas asociaciones animalistas).

Escuché atentamente la intervención de Santiago Celestino, experto en periodismo taurino y defensor de las corridas de toros. En realidad, escucharle fue como realizar un viaje al pasado. Por el contenido y por el lenguaje utilizado: una extraña defensa de la estética se mezclaba con frases como “el torero engaña, pero no miente” (“al toro”, aclaró). Mis ojos se abrieron como platos cuando, para demostrar que el toreo está vivo, se refirió a las expresiones sacadas del mundo taurino que utilizamos en nuestro lenguaje diario: por ejemplo “atarse los machos”. ¿Pero en qué siglo vive este hombre?

En fin, alguna referencia a la violencia de las personas antitaurinas, seguida de un ataque a los principios básicos de la taxonomía al afirmar que el toro bravo fue creado a imagen y semejanza del “caballero español”, para terminar (leed esto despacio) citando a Oscar Wilde. Mis neuronas feministas no daban crédito.

En cualquier caso, las personas animalistas escuchamos en silencio su intervención. Muchas veces con asombro, pero fuimos respetuosas. Llegó el turno de Ángeles Sonales, quien, desde el derecho, realizó una defensa de los animales. Con ella, el silencio desapareció. Detrás de mí, la representación taurina no paró de reír, hacer burla y hablar. Ella expuso uno tras otro sus argumentos, consciente de las risas pero sin dejarse intimidar.

Con Jesús Frare, la representación taurina siguió con la burla, pero rebajó el tono. Lo entendí después, en el turno de intervención del público. Pero antes, un detalle: en la mesa de las personas ponentes alguien dejó “casualmente” publicidad de la feria taurina de Fallas (publicidad que se paga con dinero público). Esto es curioso porque el argumento más repetido entre la representación taurina fue “el respeto”. Respeto que ellos no tuvieron.

La representación taurina empezó recriminando a la organización no haber recibido “una invitación” para acudir al acto. Nadie recibió una invitación, era un acto público, señores. Uno tras otro, los hombres que decían respetar cogieron el micrófono y, en largas intervenciones donde nos contaron su vida, nos acusaron de todo: de tener los “bolsillos llenos”, de no entender al toro, de no preocuparnos por los animales y de ser “unos energúmenos”. Eso sí, pidieron respeto.

Respeto. Les indigna acudir con una entrada de sangre en el bolsillo y tener que ver a gente protestando contra una injusticia, una atrocidad. Somos las personas antitaurinas las que estamos rodeadas de policía, las que vemos como un taurino (o dos, o tres) se salta la línea de seguridad para insultar, para amenazar, y nunca le pasa nada. Somos las personas antitaurinas las que nos vamos mirando atrás, las que hemos asumido que es posible una agresión, porque lo hemos vivido. Recuerdo cuando intentaron atropellarme, por participar en una protesta legítima. Respeto, dicen.

Ese debate fue muy clarificador: la tauromaquia está muerta. No tengo duda de que conseguiremos la abolición. En ese debate había dos mundos: el primero formado por personas jóvenes, que pedían la palabra y hablaban de forma clara y concisa. Una de ellas se indignó y abandonó la sala, pero no insultó jamás. A esa persona la interrumpieron desde el primer minuto, cuando empezó a hablar.

Y el otro mundo… es el mundo del franquismo, del pasado. No quiero caer en estereotipos, pero no es culpa mía si esos hombres de peinado tirante hacia atrás, cigarrillos artificiales mentolados y carajillo eran quienes defendían la tortura. Como siempre.

El mundo de los “hombres de verdad”, que dice amar a las mujeres pero si se quedan en su lugar, como debe ser. El mundo del “cállate, que estoy hablando yo”. En ese mundo no hay lugar para Oscar Wilde. Uno de los habitantes de ese mundo le preguntó a Jesús Frare si era un animal, “si tenía cuernos” y empezaron todos a reír: “tiene cuernos, tiene cuernos”. El mundo que llama “profesor” a Santiago Celestino (que lo es, nada que objetar), mientras se dirige a Ángeles Solanes (jurista, vicedecana) como “la mujer”.

En ese mundo no entienden, les es incomprensible, que no luchemos ni por dinero ni por sangre. No entienden que dediquemos nuestro tiempo a defender animales y nos miran pensando siempre que hay otra motivación, que buscamos un beneficio oculto.

Y ese mundo asentía con la cabeza cuando el ponente taurino afirmó que había visto el vídeo de un matadero denominado “ecológico”, en Francia (es el vídeo grabado por la asociación animalista francesa L214, con cámara oculta) y que no lo pudo terminar. Dos minutos después, insistía en que el toro no sufre en una plaza de torturas. No hay agonía si la emite Televisión Española y el matarife lleva un traje de luces, ¿no? Es tan fácil rebatir ese insulto a la inteligencia.

Pero estuvo bien escuchar de su boca que eran una minoría. Recordé una escena de un debate que vi cuando era niña, donde Antoñete, que se dirigía a una mujer antitaurina con continuas alusiones sexuales, afirmó con esa prepotencia suya que “no hay en España un gobierno que se atreva a prohibir las corridas de toros”. Ahora tienen miedo.

El mismo hombre que nos llamó “energúmenos” (desde el respeto, dijo), se escondió detrás de las personas que huyen de su hogar, víctimas de la miseria, de la guerra o de todo a la vez. “Os importan más los animales que las personas”, dijo. Al día siguiente hubo una manifestación en Valencia, en apoyo de un pasaje seguro para las personas refugiadas. No le vi en esa manifestación, no me sorprendió. Tampoco espero verle leer a Oscar Wilde.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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Lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida
Silvio Rodriguez

El periquito Flipper, la cernícala Karolina, el perro Pysio, el estornino Federico, la paloma Josefina y las otras, la grajilla Karlota, la zorrita Michalinka, las docenas de gatas y gatos que han pasado temporal o indefinidamente bajo nuestra custodia: Tola, Filutek, Gadulka, Kasia, Filutka, Grzegorz, Bambo, Lola, Groszek, Kassandra, Laura, Felek, Garfield, Pioruń, Blanco, las hermanas Tofu, Tempeh, Seitan y Miso, Bolsita, Bicho, Bimba, Chmurka, Kleopatra, Cuprynka, Curro, Pixie y Dixie, Chinchorrina, Basztet, Chorrito, Dolores, Doska, Tosiek, Ewa, Maja, Marysia, Pajęczyca, … son algunas de las personas no humanas con las cuales he podido aprender el sencillo arte de vivir, un arte tan sencillo que a la mayoria de humanas les transcurre la vida sin aprenderlo. Personas con las cuales he podido establecer una comunicación a diversas profundidades, íntimos diálogos, observaciones, aprendizajes y un impagable enriquecimiento personal. Desechadas de casas sin escrúpulos, heridas, caidas de nidos, indefensas, víctimas de accidentes, rescatadas para la vida, salvadas de la absolutidad de la muerte, pudieron tener esa segunda oportunidad que le debemos a las personas.

Ningún estudio en Harvard, ningún seguimiento etológico, ninguna tesis en neurobiologia conductiva, ningún parámetro sobre reacción de neuroreceptores, ningún análisis exhaustivo sobre reacción psicológica puede convencerme ni siquiera atestiguar tan fielmente como mi propia experiencia personal con ellas, que cada animal tenemos propia idiosincrasia, propio carácter, propia interpretación del mundo -interior y exterior-, personalidad única, identidad irrepetible, inteligencia y concepción abstracta del espacio y del tiempo, asi como una sensibilidad a niveles extraordinarios, diversificados no por gradientes sino por idiosincrasias. Si las no humanas se limítan como sugirió tradicionalmente la “ciencia”, a errar, copiar y repetir, entonces nosotras también, si las no humanas aplican la regla del acierto error para sus aprendizajes, entonces nosotras también, si las no humanas intuyen y saben y comprenden, entonces nosotras también.

Quienes conviven con personas no humanas saben sabiendo (diferente de saber estudiando) que estas se comportan de modo MUY diferente en un estado de sosiego con sensación de seguridad y libertad, que en situaciones de estrés o presión por la obtención de respuestas, de experimentación o de tensión. No hace falta más ciencia que la del respeto -la acostumbrada gran ausente en los estudios con personas no humanas- para contemplar el espectáculo fascinante de la unicidad de cada animal. Del mismo modo una pareja de humanas no se acaban de conocer bien hasta que comparten un mismo espacio durante 24 horas al día, cada día. Y aún así tampoco garantiza conocimiento total, sencillamente porque todas las personas de cualquier especie cambiamos con el tiempo.

Las humanas somos animales tontos en lo esencial, aunque nuestra habilidad con pulgares oponibles y capacidad de curiosidad haga que alguna de las individuas de nuestra especie (no todas, ni mucho menos) creen, transformen, ingenien y aporten cosas positivas al medio ambiente y a la propia civilización. Lamentablemente el grueso de acciones neutras cuando no nocivas, tóxicas e incluso fatales, es bastante mayor al de las útiles, desde la contaminación ambiental o los residuos nucleares, o regímenes totalitarios, hasta la tecnocracia, la irresponsabilidad, la avaricia, la falsa democracia, pasando por el horror de todas las discriminaciones… Entre estas últimas cabe destacar la del especismo, el fascismo más aniquilador de entre todos los habidos en la historia, por su aceptación en la historia, en las clases, siendo igual de purulento entre las humanas oprimidas como entre las opresoras, tanto cuantitativa como cualitativamente.

El especismo está regulado por la ley, apoyado por todas las politicas, financiado por todas las economías, presente en cada país, cada ciudad, cada calle, cada persona con una ubicuidad similar a la de la Europa dominada por las nazis, de donde no era posible escapar más que por las chimeneas del crematorio.

Contra el especismo tenemos a la ética, eterno escudo, paria e hija no deseada de la evolución humana, y responsable paradójicamente de TODOS los bienes de nuestra especie. Gracias a la ética esta prohibido por ejemplo violar sexualmente a alguien… humano. Por supuesto se hace, pero a escondidas, con verguenza, con temor de las represalias jurídicas y sociales, en las sombras, sin apoyo colectivo ni legal. Si esa misma violación sexual se comete contra una cerda para producción de carne, o contra una vaca para producción de leche, entonces es legal, tradicional, financiada, bien vista y digna de ser enseñada a las niñas. ¿Paradojas? ¿Doble moral? ¿Hipocresia? ¿Alienación? ¿Todo junto?. Sin embargo las violaciones son actos de violencia cometidos en contra de la voluntad de la víctima y entendiendo en ella capacidad de sentir, de doler, de disfrutar o de morirse de tristeza y soledad. Por todo ello estan condenadas.

Los derechos para las humanas se basan en un cierto reconocimiento universal incondicional de personalidad a quienes la disfrutan, independientemente de si se hallan en formación, sujetas a enajenación mental o en coma incluso. Por ello los derechos a las no humanas deben basarse también en ello, no sólamente en el no sufrimiento (gente tetrapléjica insensible), sino en la presunción de personalidad, de identidad y consciencia.

El gobierno hindú hace poco tiempo reconoció a los delfines como personas no humanas. Un juzgado argentino otorgó hace poco más de un año el habeas corpus a una orangutana encerrada en un zoo, asumiendo que podía razonar, comunicarse, sentir afecto, penas y pérdidas, y que poseía concepción abstracta del tiempo y el espacio o transmitir enseñanzas, cualidades más que mínimas para ser considerada persona, y como tal, liberada.

Las patriarcales oscurantistas que ayer invocaban a Dios y hoy se parapetan en la ciencia excluyente, van desinflando su prepotencia para poco a poco, informe a informe, publicación a publicación, rendirse a la evidencia entorno a la personalidad individual de un gran grupo de animales no humanos. No todos, hasta lo que sabemos, pero sí aquellos que representan la inmensa mayoría de los utilizados por el ser humanos para el capricho de la gastronomía, la experimentación pseudocientífica, los espectáculos o las pieles, por citar algunos ejemplos. Si la personalidad, la individualidad y la conciencia de sí mismo y de su entorno son considerados finalmente ante la ley, de igual modo que lo están ante la ética, no nos va a quedar más remedio que ser coherentes con el proceso civilizatorio en el cual estamos, y legislar en su favor, otorgándole derechos fundamentales de vida, libertad e integridad, como vecinas de planeta que son, como seres conscientes y sintientes que son, como personas que son.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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