Etiquetes Entrades etiquetades amb "la pluma"

la pluma

2718

Es necesario empezar por denunciar sobre la Rosa de los Vientos la falacia del desarrollo sostenible que pregona el capitalismo y el socialismo “verde” (ambientalismo, paisajismo, conservacionismo), sus conferencias y protocolos universales, las políticas de reciclaje y los productos de «eco»-mierda perfumada con los que esconde, siempre bajo la alfombra, la cuenta atrás del agotamiento de los recursos a nivel global y la destrucción planificada de la vida. Lo que urge es una retirada sostenible en la predación. La infraestructura humanista y religiosa nos ha dejado un pensamiento atomizado y reduccionista sobre la Tierra que flota sobre las cabezas lastradas de la gente y, por tanto, sobre las bases de la sociedad mundial, triunfo de un antropofascismo consolidado a la derecha (neoliberal o socialdemócrata), a la izquierda (científico o libertario), arriba (burgués) o abajo (obrero/trabajador) del sistema socio-económico actual, sobre todo en el ámbito político dirigente desde donde se manipulan a las masas.

La tierra no es de quien la trabaja, sino de quien la destruye. Y sí, ya vendría siendo hora de irnos sacando la infantil y bucólica idea de creer que el agricultor y el ganadero son las clases populares de los entornos rurales enfrentadas a los terratenientes, cuando en realidad son los orgullosos dueños de los cultivos y de los campos de concentración de otras especies donde las desheredadas se dejan la salud como jornaleras. Son los pequeños y medianos empresarios de los frutos que da una tierra adusta y de la cosificación de vidas que terminan en el matadero en una doble sangría receptora de las subvenciones con las que se convierten en culpables o cómplices directos del especulativo mercado agroalimentario por el que más de dos tercios de mundo se caga de hambre y de asco.

Con la primera fotografía de la Tierra que nos hizo llegar el Apolo 8 desde la Luna en 1969, algunas tomaron conciencia de que nuestro planeta era pequeño, finito y vulnerable. Hoy en día, a principios de 2016 podemos abrir el google earth; entrad y volad en él virtualmente y decidme si como yo, sólo veis pequeñas y aisladas manchas verdes donde se caza por diversión, montañas convertidas en yermas pistas de esquí y rodeadas por tierra quemada, cultivada con pesticidas y químicas abrasivas, bañadas por las aguas fecales de unos océanos plastificados bajo una niebla tóxica de partículas venenosas, desertización, quema y tala de las selvas, expropiación de la productividad fotosintética. Si efectivamente veis lo mismo, como comunistas deberíais reaccionar de inmediato porque os aseguro que llegamos tarde.

El ecologismo revolucionario no reniega de la tecnología ni del avance científico o médico, sino todo lo contrario; no nos asustan los progresos biológicos siempre que sirvan para el bienestar de todo cuerpo sensible al dolor. Y en este sentido hay que dejar bien claro que estamos en contra del primitivismo, del decrecentismo vacuo y del transhumanismo más eugenésico por supremacista. Rechazamos toda religión, deísmo, animismos, “karmas”, hippismos y las exaltadas llamadas en abstracto al amor y la paz que los acompañan. Ni Gea, ni Danna, ni Gaia, ni Pachamama -a pesar que entendamos La Tierra como una entidad viva que se autorregula-, ni otras mejillas, ni espíritus o espirituosos fuera de las botellas de aguardiente. Bastante trabajo tenemos en esta dimensión y en esta biosfera rodeada de materia abiótica.

Hay que hacer una revolución que incluyan el resto de especies animales y sus (nuestros) hábitats, y lo tendremos que hacer nosotros por ellas y nosotros para nosotros, porque pensando sólo en liberar la clase trabajadora y disponer de efectivos derechos civiles completos considerando nuestro bienestar y futuro en paz y alegría del «paraíso» en la Tierra, nos estamos descuidando el escenario donde tendrán que suceder todas nuestras vidas, nuestro medio de vida, nuestro espacio de vida. La vida. Y sino ¿para qué querríamos conquistados y reconocidos nuestros derechos como especie humana, como trabajadoras, como mujeres, como lgtbi, como pueblo?, o ¿para qué quisiéramos reconocer los derechos del resto de especies animales si no tenemos el espacio físico y material donde poder desarrollarlos? Es un mal negocio matar a la madre cuando aún nos lleva en el vientre.

Ya hemos hecho tarde con el aniquilamiento de millones de especies de flora y fauna, de ecosistemas, de interconexiones y interrelaciones biológicas, vamos tarde con el calentamiento, la contaminación, los desajustes globales, etc. Me viene a la mente el fragmento de un diálogo de una de esas sudadas películas apocalípticas en relación a un sentimiento que siempre he tenido: la incapacidad de nuestra especie de cambiar antes de no verse abocada al abismo. Empecemos a admitir que no sabemos más y que necesitamos unas justas imposiciones éticas y morales que hagan que ya no se tengan que imponer a las generaciones venideras. Normalicémoslas. Nos lo jugamos todo, y para enderezarlo, hay que cambiarlo todo, empezando por nosotras mismas en el sentido más amplio al que nos invita, ya por necesidad, la madre de las teorías para la liberación.

¿Cómo? Pues supongo que tendremos que empezar por diseñar un plan de choque que deberá recaer en la ejecución de la teoría política ecologista radical para guiar los procesos de transición socialista en todos los pueblos y naciones del mundo en su primera fase. No hay más opciones ni ningún otro camino que no se aleje de la abrupta caída de la civilización. Si queremos preservarla y hacer méritos dignos para perdurarla, las implicaciones macropolíticas deberán dirigirse hacia un decrecimiento poblacional muy severo, la relocalización/readaptación geográfica y demográfica construida en metrópolis verticales, la planificación extrema de recursos y materias, la recuperación de los corredores naturales y biológicos, de las grandes selvas, de los ecosistemas básicos de interconexión e interrelación, la reconversión económica de los sectores de la explotación animal y una nueva revolución agrícola también vertical, la revolución infraestructural del transporte y la movilidad elevada, la descontaminación, el desmantelamiento de las infraestructuras propias del capitalismo, y un larguísimo etcétera de causas y consecuencias derivadas que, a pesar de poder pronosticar, se originan desde la especulación de que esta transición se haga más pronto que tarde y por la vía bélica después de la descarga de todo el arsenal militar atómico-nuclear, químico y biológico bajo la atmósfera fruto, quizá, de una nueva guerra mundial por los motivos que ya todo el mundo puede intuir. Todo ello, en síntesis, podría ser un conato teórico sugerente para la reparación/preparación del mundo hacia el postcapitalismo, la construcción de la deconstrucción, que habrá que abarcar y mantener por todos los medios.

El comunismo, como será para todas, lo tendremos que construir y deconstruir entre todas las veces que sea necesario hasta obtener la emancipación plena de todos los sujetos que se han de liberar -que somos todos los animales-. Las bases del socialismo para este recién nacido siglo XXI tienen que escribirlo las oprimidas, las discriminadas y las explotadas por razones de género, de opción y preferencias sexuales, de etnia, por el patriarcado, por el teísmo … y las ecologistas revolucionarias lo escriben con el añadido de tenerlo que hacer en nombre del resto de animales y el medio natural; por tanto, contra el especismo y el antropocentrismo filosófico y moral. Lo deberán escribir todas las revolucionarias con su acción, con su visión radiográfica, con la lente convexa que haga converger todas las luchas que deben darse, por especializadas dentro del capitalismo, en paralelo.

Porque en un ecologismo revolucionario y de base biocéntrica, a diferencia de la ecología superficial predominante tanto dentro como fuera de la izquierda, no tienen cabida las discriminaciones y las explotaciones de ningún tipo. Sólo a través de la visión interseccional podremos escribir la sublime poesía acompañada por aquella melodía perfecta, el insuperable exponente ético y moral de la especie humana, el contrapeso exacto y la venda opaca de la alegórica Lustitia quien ya no deba necesitar la espada.

Será así, con la defensa del medio natural de toda la Tierra, de toda la flora y la fauna que aún resiste que podremos aplicar el socialismo construido por el hombre y la mujer nueva biocentrista, como la fórmula para la superación de toda discriminación y explotación, por una sociedad cada vez más libre y libertaria, por el derrumbe de los Estados y las sectas de las religiones, el ansiado principio del fin de la historia con la conquista progresiva y evolucionada del comunismo que perseguimos las que queremos esta revolución socialista por la liberación total.

Hace falta una obligada superación progresiva del antropocentrismo moral y cultural que nos ha llevado al tormento y la destrucción de la vida en la Tierra para las más frágiles, indefensas y vulnerables. Pensad en seres plenamente sensibles como nosotros que necesitan que les reconozcamos el derecho intrínseco a la vida en libertad. Hay que dejar hacer y deshacer a la naturaleza sin nuestra traba intervencionista-utilitarista, dejar de comportarnos como si tuviéramos el alma muerta para librarnos de lo que es materialmente superfluo y así poder crecer en amor, armonía, en valores éticos y morales, en cultura, en creación y factura intelectual, en emociones, en tiempo de ocio, de auto-conocimiento, de forma solidaria, conectadas fraternalmente, estrechando los vínculos con nuestra animalidad y el respeto y la colaboración con la florescencia de la vida que hemos arrasado, como el más humilde y sincero aprendizaje y disculpa a todas las especies de flora y fauna que hemos aniquilado y al tormento extremo que infligimos a las supervivientes. Librémonos de este capitalismo imperialista, antropocéntrico, patriarcal, supersticioso y especista que nos hace sufrir tanto la vida como la muerte.

Pienso en el día en que el anticapitalismo encontrará la revolucionaria revelación intelectual de abrir la caja de Pandora para tomar conciencia de que el especismo no tiene ningún fundamento moral ni racional y actuará en consecuencia bajo el enfoque interseccional y con los principios e ideas de liberación que dice tener, porque la empatía y la solidaridad debe estar fijada siempre en las más débiles y oprimidas, es profundamente totalitario y egoísta percibir y combatir la explotación, la discriminación, la tortura y la muerte cuando sólo la especie humana es la víctima receptora.

Los motivos que sustentan nuestra causa radican en consideraciones morales, solidarias, empáticas, de igualdad y de justicia. ¿Nos suena? O bien ¿no es eso lo que nos empuja a la lucha por las liberaciones en relación exclusiva de nuestra especie? Debemos no olvidar, porque reitero que para el resto de animales de nuestro planeta somos peor que nazis, unos monstruos impávidos, y no dejaremos de serlo hasta que no nos tratemos del delirio de la razón muerta que hacemos pasar por viva.

A las familias anarquistas: No podremos llegar a la libertad si no sabemos identificar todos los dioses, todos los amos, ni dónde empiezan y acaban las despóticas opresiones.

A las familias marxistas: La última página de El Capital y del Manifiesto Comunista, como toda obra editada, está en blanco. Si aún no encontráis un sacrilegio este artículo, hagamos que nuestra conciencia ética y psicológica se regule y no se convierta en una cárcel o en una tumba de ideas, de propuestas y de aportaciones amplias a la causa de las liberaciones.

A ambas: Desorbitad los límites de vuestra animalidad, es en esa placenta fecunda de vuestro pensamiento profundo que encontrareis una de las más reveladoras conexiones universales.

Y a todas, antes de finalizar esta «trilogía» os pido disculpas por la redundancia y haber sido todo lo sermoneador y reiterante que las lectoras han querido soportar. Simplemente ha sido para dejar bien claro que el ecologismo revolucionario persistirá en librar la guerra en todos los frentes donde el enemigo la lleve y advertirá que, como la justa causa de la humanidad, la liberación animal y de la Tierra no será negociable.

—————–

Toni Teixidó. Cosecha tarraconense del 80 y maestro vocacional. Comunista, porque sólo podrá ser la clase explotada la que termine liberando a sus esclavos no humanos. Persisto con la idea de combatir todas las opresiones en paralelo y hacerlas converger en el marco de la reunificación y la independencia de los Paises Catalanes; es por ello que actualmente y, a fin de poder compaginar estas luchas, milito en d’ARREL, en el MCAN-EI, colaboro con Libera! y soy coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña.

2812

El cuidado de las niñas más pequeñas no es, lógicamente, una pedagogía como otras. La preescolaridad se transmite en otros códigos, precisa de más paciencia y más sensibilidad porque es -o debería- direccional y más cultural que la educación acumulativa, la cual trabaja menos en las raíces de las personalidades. Con objeto de no vulnerar la dúctil fragilidad de las más pequeñas, se trata de deshilvanar el arte de sugerirlas sin empujarlas, animarlas sin poseer su ánimo, y sostenerlas si acaso en su exploración del mundo cometen ciertos errores, y al tiempo, para que dichos errores no comporten riesgos peligrosos para su integridad psico-física, en forma de traumas, temores e inseguridades. Sobretodo exageramos ese mimo porque son momentos cruciales de su vida, donde la calidad de su trato hacia ellas por nuestra parte calará profundamente en su comportamiento ulterior y en su cosmovisión de sí mismas, de quienes las rodean y de su interacción social. Es por eso que una sociedad dedicada al cuidado de las niñas es una sociedad condenada a la ternura y al respeto.

No es trivial la tarea: si lo hacemos bien, ofrecemos buenas personas a la sociedad, lo cual es un buen objetivo inicial de toda preescolarización. Si lo hacemos mal, las arrojamos a la rutina, a la banalidad, a la pérdida de perspectivas e indefectiblemente a la infelicidad, cuando no al crimen o
a la indiferencia. De la primera educación surgen por ejemplo a menudo mujeres sumisas y machos dominantes, la regla básica de la desigualdad injusta. Resumiendo y dicho de modo que parece un tanto exagerado: las niñas son sagradas, frágiles, y la sociedad debe tener excesiva cuenta de ellas, sin llegar por supuesto a malcriarlas, ni a que generen egolatría y egocentrismos propios de la superabundancia material y emocional. No es fácil, insisto, por eso las personas que se encargan de esas tareas (además de la parte proporcional que nos corresponde a cada ciudadana, como parte de la tribu y su tejido social), deben tener unas características especiales, una intuición desarrollada, una especie de devoción y predisposición para ello. No, no vale cualquiera. Por todo ello formamos a las educadoras, al personal de apoyo en esta delicada misión, con unos requisitos especiales, unas titulaciones especiales, una psique adecuada; porque en definitiva, buscamos para las más pequeñas al personal más cualificado posible.

Las últimas cuatro décadas de neurobiología no humana y etología comparada alumbran un dato sobre que la emointeligencia animal no humana, que revela que en especies como los cerdos, las vacas, los primates, los simios, los perros, los gatos, los delfines, los córvidos, las gallinas y muchísimas otras especies, su potencia y su potencialidad corresponden a un nivel similar al de las niñas humanas. Dicha inteligencia se manifiesta en capacidad de aprendizaje, en resolución de problemas y conflictos, en comportamiento, altruismo, expresiones y reacciones idénticas a las de nuestra especie y otros aspectos. El descifrado de las ecuaciones planteadas al respecto deriva siempre en el mismo resultado: las no humanas poseen valores y virtudes comparables a los de niñas humanas de entre dos a 4 años de edad. Es un hecho científico.

Sin embargo, los animales no humanos están a nuestro servicio, hemos decidido fabricarlos, esclavizarlos y ejecutarlos a nuestro placer y capricho, sin más argumentos que los bienes económicos o las satisfacciones personales. Su peso, la densidad de su pelaje, su habilidad gimnástica, su aspecto, sus flujos,… les convierten en mercancía circunstancial y provisionalmente viva. Siguen siendo las niñas que confirma la ciencia, pero son tratados como cosas. En armonía a esa cosificación preprogramada, los cuidados que dirigimos hacia esos animales no humanos, hacia esas “niñas perceptivas” (llenas de posibilidades como las nuestras, miedos e inseguridades como las nuestras, fragilidad y temblores como los de nuestras niñas), y en concreto los cuidados derivados de su cría en estabulación NO es llevada a cabo por personal cualificado.

La preparación psicológica para tratar con no humanas es ridícula o inexistente, reduciéndose en el más generoso de los casos a advertir de modo vago sobre malas prácticas, confiando que la criadora-productora sea buena persona, todo antes de darles un palo para gestionar el tema. Demasiado a menudo, el trabajo de cuidar de las no humanas es llevado a cabo por expresidiarias, exasesinas, exvioladoras, o potencialmente todo ello, lo cual equivaldría a poner a trabajar en una guardería a una condenada por pedofilia… Es un trabajo sucio, de limpiar y acarrear excrementos, donde la irritabilidad, los malos modos, los pésimos salarios, la violencia y la crueldad campan sin vigilancia y sin consecuencias, porque las no humanas (niñas según la ciencia, recordémoslo en todo momento), al no poseer voz ni derechos son tratadas de modo cosificado, como montones de carne viva. Los golpes, las violaciones, las torturas inimaginables, el confinamiento, la asocialidad obligatoria, el pánico, el (ab)uso y todas las crueldades posibles e imposibles, son llevadas a cabo con impunidad por personal no cualificado, al cual le otorgamos un voto de confianza que de ningún modo toleraríamos otorgar si cuidaran de nuestras propias niñas. La sociedad confía porque en el fondo a la sociedad no le importan las niñas no humanas. Los traumas infantiles los cura el gancho de la cadena de despiece del matadero.

Las grabaciones mediante cámaras ocultas en granjas, mataderos, ferias, criaderos, etc, sobre el trato a las no humanas, la documentación presencial sobre prácticas nauseabundas de la cría industrial, y la normalidad con que en las sociedades se masacra a las niñas no humanas es demencial, degradante para nuestro nivel de humanismo, indignante y repulsiva. No por ello faltan las voces de las mismas cuidadoras que alegan amor por dichas no humanas de su “propiedad”. Los orfanatos chinos son paraísos en comparación con la mejor granja del mundo, pero también el torero dice amar al toro que asesina, también el productor de leche dice respetar a la madre que viola para después ejecutar a su bebé (al cual también ama), también la pescadora o la cazadora posan con su víctima a la que respetan y aman… En este ultimo caso la niña no humana se asfixia y se desangra mientras las verdugas se toman las fotos pertinentes de confirmación del trofeo.

Independientemente de los pretextos y mentiras sobre el trato contra las no humanas, independientemente de la corrupción descarada y profunda de la inspección veterinaria mundial (la cual mayormente interviene en casos de riesgo para la salud pública humana y en caso de pandemia, para ordenar exterminar millones de niñas no humanas), independientemente de cualquier excusa ofrecida para justificar nuestro trato a las otras especies animales, lo cierto es que el ser humano comete pedofilia cuando actúa especistamente, porque vulnera, degrada, usa, arrebata, explota y sacrifica a personas de edad infantil que cometieron el error de nacer en otros cuerpos no antropomórficos.

Especismo es pedofilia, cuando pedofilia es comerse cabritos, lechones, terneros destetados, pollos (el consumo de aviar es el más numeroso del mundo, y ejecuta a no humanas de una edad comparativa a las niñas humanas de seis años). Pedofilia es romper la infancia de niñas no humanas para doblegarlas a la irritabilidad del látigo y que actúen en el circo durante sus vidas “útiles”. Pedofilia es matar cientos de millones de bebes de pollo de un día de vida, asfixiándolos en bolsas de basura. Pedofilia es secuestrar y separar a los bebes de sus madres en parques zoológicos para suministrar con “material vivo” a otros zoológicos. Pedofilia es dejar morir a unas niñas no humanas de hambre cuando la escopeta mata a una madre lactante que iba a buscar comida para su camada. Pedofilia es el sometimiento a una voluntad perversamente adulta contra seres inocentes de maravillosa ingenuidad, que pagan con su confianza y su falta absoluta de maldad el precio de compartir planeta con una especie tan inteligentemente sucia como la nuestra.

No se trata entonces de formar mejor al personal que administra los centros de explotación de no humanas, para dirigirse hacia un imposible ideal bienestarista de sufrimiento minimo, sino empezar a convencernos de una vez por todas que las no humanas son personas, con individualidad, gustos irrepetibles, modos diferentes de enfocar asuntos. En fin con otras inteligencias, otras culturas (en ocasiones más desarrolladas que la nuestra), más empatia, otras cosmovisiones y un mismo deseo profundo profundo profundo de existir.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

3321

Hace tiempo recibí la llamada de un compañero instándome a que acudiera a una protesta que se había convocado contra el Circo Mundial durante el Aste nagusia, la Semana grande de Bilbao. Le respondí con una negativa. Tras una conversación telefónica un tanto hostil acordamos discutirlo en persona. A sus ojos, faltar a esta convocatoria se convertía en una especie de traición para los animales. No parecía entender que las carnicerías de su entorno, por ejemplo, representan hechos aún peores que los que ocurrían en aquél circo donde iba a tener lugar la convocatoria y sin embargo nunca había protestado públicamente por ello. ¿Selección estratégica? No, en este caso, cuestión de inercias.

Es incuestionable que tengo la responsabilidad de solidarizarme con quien sufre una injusticia y quiero que se me invite a la reflexión si fallo, si doy la espalda a los animales, si no cumplo con mis responsabilidades —no soy amigo de la relatividad, tenemos una responsabilidad con quien se encuentra oprimido — o si tomo decisiones incorrectas, injustas o irreflexivas. Pero esto no es lo que ocurrió aquí.

Parece que, al margen de cualquier valoración estratégica, existen ciertos frentes en los que alguien involucrado en el movimiento de Liberación Animal debe estar presente. Parte del activismo que realizamos no responde a una agenda o a unos objetivos estratégicos enmarcados en una dirección común, sino a una serie de inercias que lo determinan y que además ponen de manifiesto una falta de compromiso generalizada.

La responsabilidad de ser eficientes

Sólo en los mataderos de todo el mundo más de dos animales son ejecutados por segundo [1] y el número de peces capturados en mares o criados en piscifactorías es tal, que se cuentan por toneladas. Nuestra sociedad se ha construido sobre innumerables injusticias contra los animales que a día de hoy forman parte de nuestra vida cotidiana. Ante una situación de tal envergadura no sólo tenemos la responsabilidad de luchar enérgicamente contra ella sino que además, y como es lógico, tenemos también la responsabilidad de hacerlo bien.

Cuando elegimos formar parte de una acción o de un proyecto estamos, por omisión, dejando de participar de otras acciones o proyectos. También, si establecemos nuestro radio de acción a un lugar concreto estamos, por omisión, dejando de hacerlo en otro. Y nos guste o no, ni todas las acciones tienen el mismo alcance, ni todos los proyectos son igualmente eficientes ni el trabajo realizado en un lugar tiene la misma repercusión que realizar el mismo en otro lugar. Todo importa.

La elección de aquello en lo que hemos decidido involucrarnos, sea una acción concreta, una campaña, un proyecto o una organización debería estar en función de la maximización de nuestro potencial. Es decir, un contexto de militancia donde el resultado de nuestra implicación sea el mejor posible.

El lugar donde realizamos activismo

¿Realizamos activismo en el lugar donde hemos decidido vivir o vivimos en el lugar donde hemos decidido realizar activismo? Si trabajamos concienciando a pie de calle —hoy en día el trabajo en la red es fundamental y puede hacerse desde cualquier lugar— es una pregunta que tendríamos que hacernos. La misma acción realizada en un lugar determinado tiene una repercusión diferente a si es realizada en otro lugar. Esto es un hecho. No es lo mismo repartir folletos en Madrid que en cualquier pequeña localidad de la península del mismo modo que tampoco es lo mismo realizar una acción en pleno corazón de Barcelona que hacerlo en la periferia.

No estoy diciendo que haya que evitar repartir folletos o realizar acciones en lugares pequeños. Ni mucho menos, toda acción importa. Pero sí debe existir un razonamiento de peso que nos lleve a tomar tal decisión. Decidir hacer una acción en un lugar determinado implica tomar otra decisión a la vez: la de no hacer esa misma acción en otro lugar cuya repercusión podría ser mayor. Y si esta acción la repetimos periódicamente estaremos tomando esa decisión multitud de veces. No es casualidad que las activistas que deciden crear un colectivo en Sevilla sean sevillanas, los que deciden crear un colectivo en Toledo sean toledanos o las que deciden crear un colectivo en Vigo sean viguesas. No creo que me equivoque si pienso que, salvo excepciones, la gran mayoría de personas que deciden llevar este tipo de activismo en su ciudad es por una cuestión de comodidad y no de eficiencia.

Conozco a muchos compañeros que se han trasladado a otra ciudad por motivos laborales, académicos, sentimentales o familiares, sin embargo, el número de activistas que conozco que se hayan mudado a otro lugar por cuestiones de eficiencia es muy bajo.

Esto es sólo un ejemplo pero es muy clarificador. No nos tomamos la lucha por la liberación animal con la seriedad y la responsabilidad que se merece.

La necesidad de una agenda

Para maximizar nuestro potencial y para conseguir resultados se hace necesario trabajar bajo una agenda. Esto es, una hoja de ruta que nos marque, con mayor o menor flexibilidad —eso depende ya del análisis de cada quien y de los contextos organizativos—, las diferentes tareas que debemos acometer para la consecución más eficiente de un objetivo en un tiempo específico. Lo contrario a no trabajar bajo un programa definido es la improvisación y dejar todo a la suerte. Si bien es importante que una agenda permita cierta flexibilidad para poder adaptarse a los acontecimientos la falta de objetivos y de análisis merma nuestro potencial y repercute negativamente en los resultados y esto, en el contexto en el que nos movemos, supone una falta de responsabilidad y de solidaridad.

Nuestra agenda no la puede marcar un circo que viene a la ciudad donde vivimos de casualidad. Son los objetivos señalados en un plan estratégico tras un análisis de contexto los que deben determinar el tipo de tareas y acciones políticas a llevar a cabo. Si un circo viene al lugar donde vivo o donde estoy de paso y hay una acción organizada contra el mismo puede parecer que lo lógico, es que acuda. También puede parecer lógico que, si formo parte de algún colectivo local, emprendamos acciones de protesta contra el mismo. Pero al acudir a ese lugar o al organizar una protesta en su contra estoy tomando otra decisión, dejar de lado las tareas que me han sido marcadas en un plan estratégico.

No podemos abarcarlo todo. Por eso es importante ser conscientes de las inercias que nos empujan a estar presentes en un tipo de protestas o realizar un tipo de activismo y evitar que determinen las acciones políticas que hemos definido de forma responsable en un plan estratégico.

Un examen académico, el diseño de una huerta, la construcción de un edificio, o la simple tarea de hacer la compra de la semana serán tareas mejor acometidas si previamente han sido preparadas. Si asumimos esto para cualquier tipo de acción humana porqué no asumir lo mismo cuando tomamos la decisión de solidarizarnos con quienes son oprimidos.

¿Acaso es una acción menos importante?

FUENTES:
[1] Algunas cifras más: ¿cuántos nos tocan a cada uno o cada una?, por Oscar Horta

https://masalladelaespecie.wordpress.com/2009/05/09/algunas-cifras-mas/

NOTA DEL AUTOR: En el artículo utilizo el término animales en referencia a los animales no humanos con el único propósito de facilitar la lectura y no resultar redundante. Los seres humanos también somos animales, por ello, el término animales para referirnos a quienes son como nosotros, resulta discriminatorio y debe ser evitado y/o explicado.
La utilización del femenino y masculino de forma aleatoria es intencionada. El lenguaje construye realidades y cambiar esas realidades pasa por cuestionarnos el lenguaje.

 

En els meus anys de militància he passat per diferents organitzacions (Grup antiespecista de Bilbao, Drets per als Animals, Alternativa per a l’Alliberament Animal, Equanimal i Igualdad Animal). He participat en diferents accions directes (sabotatges a la caça i irrupcions en places de toros, tancaments, passarel·les de pells i altres llocs on es fa gala de l’explotació animal), actes de protesta i en diverses investigacions. Em trobo imputat al costat de diversos/es companys/es fruit d’un muntatge judicial, policial i mediàtic que s’emmarca en una agenda repressiva contra el moviment d’Alliberament Animal (RepresionDerechosAnimales.info).

3130

Malditas mujeres, malditas esas, siempre jodiendo todo… Malditas. Malditas mujeres cuestionando la tecnocracia. Malditas mujeres recolectoras, pretendiendo desbancar la gloria de la caza macho. Malditas ateas, desafiantes a dios padre testicular. Malditas, todas. Malditas paridoras, malditas menstruadoras, malditas babosas, malditos sus flujos y sus curvas transgresoras de la geometría regular. Malditas sus sucias reglas y malditas mil veces cuando mencionan a Pachamama, maldita la mujer de pequeño huerto, de pequeña economía, maldita la mujer de mundo comprensible. Malditas mujeres, queriendo decidir sobre sus cuerpos, malditos sus cuerpos cuando no cumplen con los requisitos exigidos, malditas feas, malditas gordas, guarras, tortilleras. Malditas putas. Maldita la mujer guerrera, maldita la que opina y resiste, maldita contempladora del tiempo, cuidadoras de aves, amamantadoras de paz y de disidencia, malditas ellas y sus ideas propias. Malditas por querer globalizar el derecho al aborto, malditas asesinas. Malditas insumisas al heteropatriarcado, maldita su desobediencia al capitalismo, maldito su antimilitarismo, maldita su mania de cuidar y acariciar y dialogar, maldita su nauseabunda obsesión por el respeto, maldito su infantilismo, su terquedad de querer amar contra el odio y el desprecio.

Malditas las indigenas, las migrantes, las campesinas, malditas las veganas, las que no se callan, las que no acatan, las que dicen que no, maldito su no. Maldita su arrogancia, jodidas mujeres. Malditas, todas…

Hoy millones de mujeres y hombres no machistas han salido a protestar en el mundo entero. No es casual que el movimiento de defensa animal es y haya sido femenino, quién mejor que las mujeres para desenmascarar la brutalidad, qué mejor que la conciencia de la discriminación en la propia carne para deshebrar el metálico tejido de las desigualdades. La mujer que sobrevive al patriarcado no es dominada, pero tampoco dominante. Alfa y omega son importantes, no significan mejor o peor, no son aplicables a los roles sociales. Vulnerables todas, inexpugnables todas. Sin homofobias, sin heterofobias.

No es casual que el movimiento animalista sea eminentemente femenino, aunque haya hombres, claro, masculinos, claro, que lloran en contra del mito machista y dejan hablar, pero que no anulan el carácter defensor del antiespecismo. La conciencia de la discriminación obliga a tratar de que la vida contenga tanta poesía como la poesía, vida. Contra el Vietnam de mujeres sin cabeza con el cuero desollado, contra el patriarcado armado y los frágiles cuerpos ardiendo de Nagasaki, contra la eficacia masculina nazi de las granjas y los mataderos, contra los papeles mojados de la igualdad cosmética, contra las bombas de racimo, las minas buscando manos de chiquilla, las genocidas religiones todas, la obsesión fálica de los obeliscos, los rascacielos, las torres, los cañones. Contra el machismo de las vacas lecheras abasteciendo el mercado de la carne, violadas, exprimidas, y llevadas al matadero tras años de vejaciones y sufrimiento. Contra la mecanización: la maldita mujer.

Maldita mujer, soledad, angustias, dolores, martirio…. pero mujer clara, blanca, luz, consuelo, milagros, concepción, libertad,… los nombres. Malditas las que se crispan y se apaciguan y que saben que cambiar el mundo será con todas. Contra algunas, es inevitable, pero con todas.

Es sumamente importante que el patriarcado exponga bien sus cojones, mostrándose sin tapujos, porque entonces se hace más fácil darle unas buenas y certeras patadas. No hay que salir un día a gritar y callar cuando las aguas amainen, el Día de la mujer es del 9 al 7 de marzo. Cada año de lucha es un año menos de dictadura. El futuro será igualitarista o no será.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

3308

En mi tierra, el País Valenciano, el gobierno del PP cumplirá 19 años saliendo de las urnas y entrando en los juzgados. Entre sus últimos estertores (esperemos) estará una “Ley de Señas” para blindar legalmente el secesionismo lingüístico y el linchamiento dels “bous al carrer”. Uno de los objetivos de esta ley sería, según el Conseller de Gobernación Luis Santamaria, “redoblar la presión sobre aquellas iniciativas que atentan contra las señas de los valencianos [y valencianas, supongo]”.

Es el “que hay de lo mío” del mundo tauricida: siempre han dicho que lo de torturar animales es legal, incluso constitucional, y que por este motivo se ha de perseguir y castigar a quien “no cumple la ley”. Vamos a hablar, ahora, de otros que también llevan toda una vida con su “que hay de lo mío”: el mundo del “parany”. En su caso, de lo que se trata es de respetar la sacrosanta tradición, aunque esto implique no cumplir las leyes. Para actuar con absoluta impunidad, también necesitan la protección de la gente de las urnas y los juzgados.

El “parany” y el “enfilat” se justifican dentro de una práctica que se llama silvestrismo. Antes que nada, es una forma de caza: consiste en capturar aves libres con el objetivo de meterlas en jaulas toda su vida. Las víctimas son pájaros fringílidos, pequeñas aves comedoras de semillas y con un lenguaje formado por un repertorio de cantos enormemente diverso. Es el canto de los pájaros que más oímos, el de los pinzones, verderones, pardillos y, sobre todo, jilgueros.

Sus captores han catalogado completamente el lenguaje de las aves con lo que llaman códigos de canto. Describen los patrones y criterios para identificar y valorar las distintas formas de expresión de ese lenguaje dentro de campeonatos. Son una impresionante representación del vacío y la tristeza: las pequeñas jaulas de madera son colgadas en postes bien distanciadas un s de otras, en frente de las mesas de los jurados y del público, que debe permanecer en silencio. Y, de esas cadenas perpetuas que roban cada minuto de vida de sus pequeñas alas, sale el precioso canto de los pájaros.

En el mundo del silvestrismo, hay quien lo llama “el derecho a capturar la belleza”.

Las aves no quieren dar continuidad a su condena y no crían en cautividad. Por ello, los cazadores dicen que no se puede prohibir la captura porque eso significaría el fin del silvestrismo. Necesitan capturarlas y “enseñarlas”, obligarlas a aceptar su condición de esclavas que han de cantar cuando los dueños quieren. Su problema es que las leyes europeas protegen las aves fringílidas y, sobre todo, prohíben de forma tajante los métodos de caza no selectivos como las redes, que atrapan cualquier ave con un tamaño que no le permita escapar a ellas. Caen pájaros fringílidos migratorios, especies protegidas y en peligro de extinción que sufren estrés, se rompen a las alas o las patas y mueren.

Los métodos son muy truculentos. En el País Valenciano, las redes más comunes se llaman “enfilat”. Es una trampa abatible que el cazador escondido acciona a distancia, y cae encima de las aves que se han posado a comerse el cebo como si fueran dos tapas de una caja. El “parany”, que en Terres de l’Ebre conocen como caza en barraca, es aún peor. Desde el mundo silvestrista lo defienden como el único método válido en determinadas circunstancias, como la caza en zonas boscosas y de montaña o la captura de pinzones, que no suelen caer en las redes.

Un “parany”, o una barraca, es una trampa que aparenta ser un árbol. La captura no se hace con redes, sino con unas varas impregnadas de una pega extraída semillas (vesc) o “lliga” que se clavan en las perchas. Estas hacen la función de ramas para que se pongan aves de cualquier tamaño y especie y, en el momento que están a punto de aterrizar con las alas abiertas, las varas se pegan a ellas. Una vez ocurre esto, no pueden volar y caen al suelo, dentro de la estructura trampa del “parany”. Allí quedan, luchando por librarse de las varas, hasta que llega el cazador. Muchas veces, encuentra cadáveres de animales desplumados y que, incluso, se han arrancado las alas.

Con esta práctica se estima que matan, sólo en las comarcas de Castellón, entre un millón y medio y tres millones de aves protegidas cada año, y desde 2002 lo hacen contraviniendo las leyes europeas y españolas. Todas las formas de caza silvestristas incumplen estas leyes y, en el caso del “parany” i el “enfilat”, también vulneran las diversas sentencias de altos tribunales que culminan con la del mismo Tribunal Constitucional de 2013. La justificación vuelve a ser la tradición, vuelven a salir a la luz viejos tratados medievales y documentos antiguos que, según esta gente, justifican una barbaridad por el hecho de recogerla.

Si, el PP vulnera la Constitución cuando conviene a los intereses que protege, y lo hace con las negaciones, mentiras y manipulaciones de siempre. Mienten sobre la realidad de las capturas y las trampas, niegan la dimensión de la matanza y manipulan sobre reformas destinadas a garantizar que se capturarán los animales sin matarlos. Como dicen desde GECEN (Grupo para el Estudio y Conservación de los Espacios Naturales), cazar con “parany” sin muerte sería como cazar con escopeta sin disparar.

Detrás de toda este discurso silvestristas y de la “captura de la vejez” se esconde una práctica que también es muy vieja: la caza de estos animales para comérselos. Hay muchas pruebas, como las gravaciones ocultas de cazadores con “enfilat” que salen corriendo de su escondrijo para romper cuello de los pajaros capturados supuestamente para la práctica del silvestrismo, uno a uno, aplastándolos con dos dedos y con una habilidad que muestra la práctica acumulada. Los cocinan fritos con tomate o en guisos, y una sola persona se puede comer decenas de estos pequeños cuerpos mutilados de una sola vez. Esto es lo que mueve la matanza de millones de animales cada año. Es un buen negocio e implica la restauración, a los locales donde sirven este tipo de platos y que compran los cadáveres a los cazadores.

Que este artículo sirva como la primera vez que me reiré en la cara del futuro órgano de control para la aplicación de la Ley de Señas valenciana, si es que llega a funcionar alguna vez. La banda del Bigotes puede tener bien claro que ejerceremos nuestros derechos fundamentales y que lucharemos por los de los demás animales sin miedo a sus órganos de vigilancia ideológica, si es que algo parecido se puede llegar a constituir para volver a pasar por encima de la su sacrosanta Constitución. Y, si alguna vez incumplimos alguna ley, lo haremos amparados por la legitimidad de una causa justa, no como sus amigos tramperos y silvestristas.

 

 

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

6983

En el movimiento de Liberación Animal la naturaleza de los debates ha estado centrada en dos cuestiones: la ideología y la estrategia. Dos asuntos fundamentales sobre los que hay que mantener siempre viva la llama, que duda cabe.

Éste artículo es una reflexión en alto cuyo objetivo es dar pie a un debate sobre un asunto que, pese a ser reconocido por muchas compañeras como algo crucial, no se le ha prestado la atención necesaria: la falta de compromiso.

Reconocer que los animales son oprimidos, que padecen la falta de libertad, el sometimiento, el abuso y la tortura, implica una serie de responsabilidades. De poco vale ese reconocimiento si no nos lleva a actuar y tomar medidas que busquen el fin de tales injusticias.

Como explicaba de forma más desarrollada en el artículo Opresión y Liberación Animal, el veganismo es insuficiente, pues los animales, además de no participar en su opresión, necesitan que acabemos con ella. Si no tomamos parte activa de su liberación, no nos diferenciamos en nada de quien, estando en contra de los abusos que sufren los menores, mira a otro lado cuando puede impedirlo. ¿Qué podríamos pensar de alguien que hace algo así?

Los cambios que el movimiento de Liberación Animal ha cosechado a través de campañas de concienciación, acciones directas, protestas o grupos de presión, han sido posibles porque ha existido la implicación de un número determinado de personas. El debate ideológico y estratégico es fundamental pero sin gente comprometida no servirá de nada.

Asumir que los animales son sujetos de opresión, sobre los que tenemos una responsabilidad de cara a su liberación, pasa por poner a examen nuestra solidaridad. Y nuestra solidaridad está directamente relacionada con la renuncia a nuestros privilegios.

Renunciar a nuestros privilegios

Un privilegio es un beneficio o ventaja que unos individuos poseen (poseemos) en detrimento de otros y que, al ser fruto de una situación de desigualdad y por lo tanto ilegítima, no le pertenece. Muchos de nosotros hemos heredado esos privilegios y, si bien no tenemos ninguna responsabilidad con la forma en la que fueron obtenidos en el pasado, sí la tenemos con el uso que vamos a hacer de ellos en el futuro.

Entender que la solidaridad es una parte inseparable en las relaciones de igualdad, implica renunciar a esa serie de ventajas que hemos heredado de forma ilegítima para convertirlas en herramientas de cambio hacia la igualdad y la liberación animal. Dado el actual estado del mundo, la utilización de un medio en nuestro propio beneficio, más allá de la supervivencia, ya sea un bien tangible o intangible —como el uso de un conocimiento— con el que podríamos transformar la situación de muchos oprimidos y favorecer cambios hacia su liberación, no es legítimo.

Cuando planteo este debate hay quien se pregunta si esto no es algo exagerado o extremo y siempre, tras el consecuente intercambio de opiniones, la conclusión que saco es la misma. Se confunden dos conceptos que separan dos mundos: solidaridad y caridad.

Solidaridad vs Caridad

La caridad, decía Galeano, se practica de arriba hacia abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder, al contrario que la solidaridad que es horizontal y se ejerce de igual a igual (1).

La caridad y la solidaridad, si bien suelen ser utilizadas por muchos para referirse a un mismo hecho, tienen puntos de partida diametralmente opuestos. La primera se construye sobre el derecho a la propiedad donde el que la practica da algo que considera suyo en un acto de generosidad. La segunda, se construye sobre el principio de igualdad, donde la responsabilidad de acabar con una injusticia, sea quien sea el sujeto que la padece, atañe a los miembros de todo un colectivo.

La figura del donante y el donativo pertenecen a la caridad, te doy algo que me pertenece. Esto no ocurre con quien ejerce la solidaridad, pues no siente que está dando algo ni espera agradecimiento. Quien practica el ejercicio solidario hace de la injusticia del otro la suya propia y entiende que todo esfuerzo, material, físico o psicológico, forma parte de su responsabilidad como miembro de un colectivo.

Entendidas estas diferencias quedan claras las consecuencias. Nuestras vidas no pueden continuar tal y como las conocíamos, pues la solidaridad, que asumimos como parte intrínseca de la Liberación Animal, implica una renuncia a nuestros privilegios.

Quemar las naves, el compromiso por la Liberación Animal

La idea por la cual toda defensora de la Liberación Animal debería construir una vida de compromiso no responde a un capricho ideológico, ni a los mandamientos de una secta religiosa o a los dictados de una ideología fanática. Es una conclusión que, independientemente que logremos acercarnos a ella —yo aún la tengo como una meta lejana—, se extrae de forma lógica e inequívoca, de las premisas planteadas en este artículo y en el que le precede.

Llegados a este punto, lo que sigue es preguntarse en qué se traduce esa renuncia a los privilegios y cómo podemos construir una vida de compromiso.

El entorno, la personalidad, la vitalidad, el momento, la edad, son algunos de los factores que van a determinan nuestras decisiones. La seriedad con la que nos tomemos este asunto, así como la forma de evitar que estos factores se conviertan en excusas, es responsabilidad de cada uno.

Si tras esta lectura hay alguien que aún piensa que la solidaridad con los oprimidos sólo tiene cabida en su tiempo “libre” o en parte de él, o que su libertad personal es un bien tan preciado, que no debe ser nunca puesto en riesgo, en beneficio de quienes han sido condenados a no tenerla, o no ha entendido nada o el desacuerdo es tal que vemos el mundo de forma irreconciliable.

Ejemplos de activistas que renunciaron a sus privilegios y orientaron sus vidas a una de compromiso los tenemos en todo tipo de escenarios históricos y políticos. Personas que dedicaron su tiempo y recursos a construir una sociedad más justa y que, a sabiendas de un fatal desenlace, pusieron en riesgo su vida y su libertad.

En una batalla donde un ejército se enfrentaba a un enemigo mucho mayor en número, el capitán ordenó quemar todas las naves cuando arribaron a la costa. De este modo eliminaba la posibilidad de escapatoria dejando sólo la victoria o la muerte como único destino en una batalla hacia adelante (2).

Con estas palabras me explicaba, Eduardo Terrer —responsable del Santuario Wings of Heart (3)—, el significado de una vida de compromiso. Si podemos elegir entre dos situaciones, aun en el caso de que nuestra responsabilidad sea elegir la que menos nos satisface, la fácil siempre será lo suficiente tentadora como para interferir en nuestra decisión, seguro que os suena. El compromiso se construye de forma consciente, trabajando cada día en él, cerrando todas y cada una de las puertas que nos permiten volver hacia atrás, hacia esa vida de comodidad que es un freno en la lucha.

Las compañeras que hoy se encuentran en prisiones, los que trabajan en santuarios, las que planean nuevos golpes a la industria y se infiltran en ella o los que se dedican a pleno esfuerzo en campañas de concienciación, pasaron por una reflexión parecida, quemaron sus naves y se comprometieron (4). No hay otra manera.

····························································

(1) Eduardo Galeano en Patas Arriba – La escuela del mundo al revés · http://issuu.com/hansmejiaguerrero/docs/galeano__eduardo_-_patas_arriba_la_escuela_del_mun/183

(2) El relato de la naves que Edu tenía en su recuerdo tiene un origen histórico atribuido a Julio César. Dejo aquí algo de información para quien quiera conocerlo: http://es.wikipedia.org/wiki/Alea_iacta_est

No pretendo hacer proselitismo de ningún tipo de propaganda bélica o militar. Espero no herir las sensibilidades de nadie. Odio las guerras.

(3) El Santuario Wings of Heart es un proyecto enmarcado dentro del movimiento de Liberación Animal / Derechos Animales.

Su labor es rescatar, proteger y defender a animales provenientes de la explotación ganadera. En estos momentos conviven en el santuario unos doscientos individuos (cerdos, vacas, toros, ovejas, cabras, gallinas, ocas, patos, perros, gatos … ). Cada uno de ellos tiene una historia detrás de explotación, abuso, abandono y brutalidad. Todos y cada uno de ellos han sufrido el duro régimen de la explotación ganadera.

Aquí se les libera, se les da la vida que les pertenece y se les devuelve la dignidad que les ha sido arrebatada.

Los santuarios son oasis de respeto en un contexto donde los crímenes contra los animales no humanos superan los 5000 individuos por segundo. Lugares necesarios donde se pone en práctica la Liberación Animal. Esclavos liberados, embajadores de una nueva forma de entender el mundo, donde sus vidas sirven de ejemplo para incentivar ese cambio urgente y necesario que todos ellos necesitan.

(4) De aquí no debe derivarse un acuerdo con las estrategias utilizadas tanto por unos como por otros. En el movimiento de Liberación Animal hay compañeros que han puesto en práctica diferentes métodos de activismo. Son conocidas las enormes diferencias internas que existen y no es éste, el lugar donde interesa discutirlas. Si bien uno puede estar más alineado con un tipo de prácticas que con otras, reconocer que todas las personas que las llevan a cabo han tomado decisiones para comprometerse con quienes hoy se encuentran oprimidos, es un hecho independiente.

NOTA DEL AUTOR: En el artículo utilizo el término animales en referencia a los animales no humanos con el único propósito de facilitar la lectura y no resultar redundante. Los seres humanos también somos animales, por ello, el término animales para referirnos a quienes son como nosotros, resulta discriminatorio y debe ser evitado y/o explicado.

La utilización del femenino y masculino de forma aleatoria es intencionada. El lenguaje construye realidades y cambiar esas realidades pasa por cuestionarnos el lenguaje.

 

En mis años de militancia he pasado por diferentes organizaciones (Grupo Antiespecista de Bilbao, Derechos para los Animales, Alternativa para la Liberación Animal, Equanimal e Igualdad Animal). He participado en diferentes acciones directas (sabotajes a la caza e irrupciones en plazas de toros, encierros, pasarelas de pieles y otros lugares donde se hace gala de la explotación animal), actos de protesta y en varias investigaciones. Me encuentro imputado junto a varios/as compañeros/as fruto de un montaje judicial, policial y mediático que se enmarca en una agenda represiva contra el movimiento de Liberación Animal (RepresionDerechosAnimales.info).

LA PLUMA

2786
En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde...

NUTRICION

5922
Cuarto programa de recetas veganas la TVAnimalista ya cargo de la cocinera Zaraida Fernández. A través de sus consejos aprenderemos de forma fácil a...