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Me gusta escuchar experiencias de unos tiempos que hoy parecen imposibles, y aún más cuando aparecenlos otros animales. No lo puedo evitar: mi interés se gira hacia ellos y, con preguntas hechas con todo el cuidado del mundo, los voy sacando de su papel secundario para convertirlos en los protagonistas. Salen del olvido a través de la memoria y la voz de quien me lo cuenta y, poco a poco, la historia de la miseria los va convirtiendo en otros que también trataban de llegar con vida al día siguiente, a pesar de ser los que más difícil lo tenían.

No están tan lejos el tiempo cuando, para mucha gente, no se llegaba al día siguiente con la seguridad de haber comido suficiente como para tapar el hambre. En su casa, en aquel pueblo de Jaén, siempre que podían tenían un cerdo. Le pregunté que le daban de comer, y sonrió. Cada mañana, aquel niño le abría la puerta del corral para que saliera a pastar todo lo que pudiera, lejos de los cultivos: raíces, semillas, frutos, insectos, caracoles… Todo lo que pudiera y antes que otros, humanos o no, con la misma hambre. Se las tenía que apañar por su cuenta, porque en casa no sobraba nada que le pudieran dar.

Si tenían suerte y no se morían de hambre, aquellos cerdos pequeños crecían y crecían hasta arrastrar muchos kilos y, entonces, los mataban. Por supuesto, no era para comérselos: venían toda la carne más buena, y con lo que sacaban, podían comprar cosas como harina o legumbres. En forma de vegetales, podían tener muchas más calorías de las que daba la carne de aquellos pobres animales que habían crecido yendo y viniendo del corral. Podían guardar y racionar mejor aquellas calorías, que mezclaban con unas pocas morcillas y chorizos conservados en aceite y hechos con sangre, vísceras y algún pequeño trozo de la carne más pegada a los huesos de aquellos cerdos.

En aquellos tiempos perdidos, los animales se “cultivaban” como si fueran plantas. Así es la mecánica de la ganadería antigua: la domesticación, ese concepto especista para la esclavitud que los animales humanos imponen a los no-humanos, permite que los unos se acaben comiendo a los otros, que a su vez se han comido vegetales que los animales humanos no se pueden comer. Es una forma compleja de recolección, una de las primeras producciones humanas que, desde el inicio, se ha enfrentado al inconveniente de la enorme cantidad de vegetales y agua necesarios para terminar el proceso, absolutamente dependiente del nomadismo, las trashumancias, el pastoreo. Los animales acaban rápidamente con los pastos de un lugar y, para continuar con su “cultivo”, son desplazados hacia otros pastos.

La agricultura soluciona el problema con la producción directa de vegetales, de los que los animales humanos se pueden comer. Como fuente directa de alimentos altamente nutritivos, permite sacar más de mucha menos cantidad de tierra, permite tener más comida disponible, permite acumular, permite el sedentarismo y el desarrollo de las civilizaciones humanas. También hace que el suelo se convierta en un tesoro que se puede acumular y el trabajo en una riqueza que se puede robar, lo que lleva hasta aquel pueblo de Jaén, donde las familias pobres no tenían tierra. Trabajaban a cambio de una miseria y, mientras, intentaban cazar y recolectar lo que podían (legal o furtivamente) y también intentavan “cultivar” cerdos que podían convertir en harina y legumbres.

Los árboles convertidos en trampas para aves, con el “parany”[1], también fueron formas de cultivar carne de la gente pobre, mientras trabajaba duro para sobrevivir. Como la planta que crece silenciosamente, los árboles hacían caer las aves que, muy a menudo, todavía sufrían su lenta agonía cuando iban a recolectarlas, como quien recoge higos o castañas. Y aquellos terribles frutos también se convirtieron en objetos de venta con los que obtener dinero y comprar supervivencia.

En los mundos al revés del capitalismo, la gente desposeída puede convertir la carne en vegetales. Y puede surgir una enorme industria de la carne que los despoja aún más, transformando los vegetales que nos podemos comer los seres humanos en alimento para los ganados, destruyendo el medio ambiente mientras engulle bosques y selvas, lagos y ríos para convertirlos en más alimento que nutra los enormes campos de exterminio llamados granjas industriales.

En un campo de arroz cerca del Palmar, había una caseta al borde de la acequia. Cuando no habían tractores y la faena de los campos con arados y caballos costaba semanas, humanos y animales no se alejaban del trabajo durmiendo, de lunes a sábado, en aquellas casetas que primero fueron de paja y después de obra. En el primer año del siglo XXI, aquella caseta servía de prisión a dos perros, uno bretón y el otro mestizo de pointer y brazo. En aquella oscura mazmorra pasaban la vida, esperando que llegaran los día de caza.

Muchos años antes, allí vivía una familia sin tierra que pagaba su techo con la guarda del campo y acogiendo los dueños cuando iban a trabajar la tierra con su caballo. Y, con ellos, vivía otro perro muy parecido a los dos prisioneros de ahora. Aquella familia pobre era su manada y, como todos los perros, se dejaba la piel por su gente cada uno de los muchos días que no había nada que poner en la mesa.

El hombre de la casa hablaba con el perro, mientras los cuatro o cinco niños los miraban. Vamos, perro, trae algo, nosotros no podemos hacer otra cosa que esperarte. Y ese perro, todo huesos cubiertos de piel, se iba con la intención de no volver si no era con una gran rata de marjal entre los dientes, una tenca, una serpiente de agua, lo que fuera. Y siempre volvía con algo, incluso podía ser que viniera con un pato de los que habían llegar para anidar.

Y el perro se hacía con unos huesos que roer, mientras su dueño lo miraba con orgullo. Comían pensando que, al día siguiente, era probable que la mesa volviera a estar vacía y que el perro debería ganar la supervivencia de todos y todas. Cuando me dicen que quiero elevar los otros animales en la categoría de los seres humanos, pienso en aquella caseta y en los perros cazadores que allí han vivido, los unos como compañeros de miseria y miembros indispensables de una familia y los demás como cosas dejadas dentro de un viejo armario.

Lo que sacó a los humans y las humanas de aquella miseria, también debería sacar a los perros como aquel que fue una persona honrada, un miembro más de la familia pobre como el Morrut de La Barraca[2], de Vicente Blasco Ibáñez, que murió después de una vida de trabajo sin descanso:

¿Eran posibles más desgracias?… Sí, aún quedaban otras. En aquella barraca, ni las bestias se libraban de la atmósfera envenenada de odio que parecía flotar sobre su techumbre. Al que no lo atropellaban, le hacían, sin duda, mal de ojo, y por eso su pobre Morrut, el caballo viejo, un animal que era como de la familia, que había arrastrado por los caminos el pobre ajuar y los chicos en las peregrinaciones de la miseria, se iba debilitando poco a poco en el establo nuevo, el mejor alojamiento durante su larga vida de trabajo.

Se portó como persona honrada en la época peor, cuando, recién establecida la familia en la barraca, había que arar la tierra maldita, petrificada por diez años de abandono; cuando había que hacer continuos viajes a Valencia en busca del cascote de derribos y las maderas viejas; cuando el pasto no era mucho y el trabajo abrumante. Y ahora que, frente al ventanuco de la cuadra, se extendía un gran campo de hierba fresca, erguida y ondeante, toda para él; ahora que tenía la mesa puesta, con aquel verde y jugoso mantel que olía a gloria; ahora que engordaba, se redondeaban sus ancas puntiagudas y su dorso nudoso, moría de repente, sin saber de qué, tal vez en uso de su perfecto derecho al descanso, después de sacar a flote a la familia.

Se acostó un día sobre la paja, negándose a salir, mirando a Batiste con ojos vidriosos y amarillentos que hacían expirar en los labios del amo los votos y amenazas de la indignación. Parecía una persona el pobre Morrut; Batiste, al recordar su mirada, sentía muchas veces deseos de llorar. La barraca sufrió una conmoción, y tal desgracia hasta hizo que la familia olvidase momentáneamente al pobre Pascualet, que temblaba de fiebre en la cama.

Lloró la mujer de Batiste. Aquel animal, alargando su manso hocico, había visto venir al mundo a casi todos sus hijos. Aún recordaba ella, como si fuera ayer, cuando lo compraron en el mercado de Sagunto, pequeño, sucio, lleno de costras y asquerosidades, como un jaco de desecho. Era alguien de la familia que se iba. Y cuando unos tíos repugnantes llegaron en un carro para llevarse su caballo a la Caldera (Lugar donde son incinerados los animales muertos para aprovechar los huesos), donde convertirían su esqueleto en huesos de pulida brillantez y sus carnes en abono fecundizante, lloraban los chicos, gritando desde la puerta un adiós interminable al pobre Morrut, que se alejaba con las patas rígidas y la cabeza balanceante, mientras la madre, como si tuviese un horrible presentimiento, se arrojaba con los brazos abiertos sobre el enfermito.

Recordaba a sus hijos cuando se introducían en la cuadra para tirar de la cola al Morrut, y cómo el animal sufría con dulce pasividad todos los juegos de los chicos. Veía al pequeñín cuando lo colocaba su padre sobre la dura espina del animal, golpeando con sus piececitos los lustrosos flancos y gritando: «¡Arre, arre!», con infantil balbuceo. Con la muerte de esta pobre bestia creía Teresa que iba a quedar abierta una brecha en la familia por donde se irían otros. ¡Señor, que le engañasen sus presentimientos de madre dolorosa; que fuese sólo este sufrido animal el que se iba; que no se llevase sobre sus lomos al pobre chiquitín camino del Cielo, como en otros tiempos le llevaba por las sendas de la huerta agarrado a sus crines, a paso lento, para no derribarlo!

Y el pobre Batiste, con el pensamiento ocupado por tantas desgracias, barajando en su imaginación el niño enfermo, el caballo muerto, el hijo descalabrado y la hija con su reconcentrado pesar, llegó a los arrabales de la ciudad y pasó el puente de Serranos. Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente a las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste, pasándose las manos Por el rostro. Tenía que visitar a los amos, los hijos de don Salvador, a Pedirles a préstamo un piquillo para completar la cantidad que iba a costarle la compra de un rocín que sustituyese al Morrut. Y como el aseo es el lujo del pobre, se sentó en un banco de piedra, esperando que le llegara el turno para limpiarse de unas barbas de dos semanas, punzantes y duras como púas, que ennegrecían su cara.

Y pensé en los caballos del tiro y arrastre, que ya no son miembros de la familia. Solo son objetos de entretenimiento que ocupan las mismas cuadras que ocupaban los animales como el Morrut, esperando a oscuras que los saquen a arrastrar una rueda de camión o que los metan en camión camino de la competición.

De los tiempos de la miseria, sólo nos sacaron a nosotras y nosotros. Ellas y ellos, las buenas personas y miembros de las familias pobres que los esclavizaron, se han quedado allí. Y, ahora, nos toca sacarlos.

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[1] Animalisme CAT, Jesús Frare, 17/11/2011, Prou de parany i d’enfilat!, http://animalismecat.blogspot.com.es/2011/10/normal.html
[2] Blasco Ibáñez, Vicente, La Barraca (1898), Madrid, Alianza Editorial, 2016, I.S.B.N.: 978-84-9104-535-9.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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Esta vez quiero rendir un sencillo homenaje a la persona que dirige un pequeño gran refugio pensado para perros viejos rescatados de perreras, gatos asilvestrados que nunca serán adoptados y las palomas que algunos ayuntamientos extermina de manera periódica y casi sistemática.

La conocí hace años, en mis comienzos animalistas. Ya andaba por aquel entonces rodeada de gatos, los que aparecían por su camino y los que le entregaba la gente con aquel “tú ya tienes muchos, no te va de uno más….”. Ya ni recuerdo las veces que se trasladó buscando el mejor sitio para ellos, donde tuvieran espacio para recorrer y árboles a los que trepar. Dió con el terreno ideal en Lleida, tan grande que podría albergar no sólo a sus gatos sino a todos los perros ancianos, enfermos e inadoptables que pudiera salvar de la lista de sacrificio de las perreras.

Entregar tu vida a los animales es fácil cuando se aman de manera instintiva y se reconocen sus derechos de manera incuestionable. Otra cosa es toparse con las trabas de burocracia y la estupidez humana.

Al tiempo que empezaba a hipotecar sus bienes y con la mente puesta en los animales a los que podría salvar, comenzaba la carrera de obstáculos: la lucha sin cuartel con los que ella creía de confianza para poner al cuidado de los animales. Una denuncia que nace de una venganza, el vacío de la ignorancia y una administración que le niega la ayuda por haber salvado casi 200 gatos -que habrían acabado probablemente muertos en la calle- puede acabar con cualquiera a no ser que se tengan las cosas muy claras.

En los últimos meses, varios robos con rúbrica incluída: la de los últimos cuidadores que sabían muy bien donde estaba lo que querían y el momento oportuno para llevárselo. Aunque ya mucho antes los anteriores se habían llevado parte de la ilusión en una furgoneta que el refugio acababa de adquirir, junto con numeroso material que era para los animales y sólo para ellos. Individuos que se han tenido que expulsar o se han ido por ver frustrados sus objetivos. Se confundieron pensando que allí se vive de los animales y no por ellos.

Estos tíos parecían tan majos, que con la mejor de sus sonrisas ya se habían metido a algunos en el bolsillo, y alguna lagrimita hizo que algunos animalistas se los creyeran más a ellos que a nosotros. Y eso que los animales que nos dejaban allí los salvábamos nosotros y no ellos.

De la misma manera que se salvaron los casi 200 gatos llegados de Barcelona, aunque se sigan oyendo los ecos de que murieron a los escasos cuatro meses de llegar. Y si murieron algunos, al menos se les intentó salvar y no se miró hacia otro lado cuando algunos estaban demasiado ocupados en luchas, mentiras y cintas de vídeo: la que grabaron los mismos cuidadores a su marcha, con la miseria que habían dejado a su paso y que entregaron a una ínclita asociación gatera de Barcelona para que nos denunciara. La denuncia llegó sin haber contrastado los hechos con nosotros, la parte contraria.

Así las cosas, se ha luchado y trabajado por partida doble. El sabor de la incomprensión queda ahí, pero no ha hecho perder las ganas de seguir abriendo jaulas de perreras, rescatar a gatos y palomas de las calles, y nuestras cerditas viven alejadas del horror por el que otros pasan sus días en las granjas de los alrededores.

No tiene porque ser el mejor refugio de animales, pero es un gran refugio que se llama Proteger los Inocentes, y su presidenta merece al menos, un aplauso.

 

Soy vegana. Fui una de las fundadoras de Libera! y presidenta hasta 2009, así como delegada del PACMA en Barcelona en su primera etapa. Organicé el primer autocar que salió desde Barcelona hacia Tordesillas en 2005, en una cruzada contra las fiestas populares con toros que luego me llevó a formar parte de la organización en la primera y única manifestación en Coria (Cáceres) contra el llamado “Toro del acerico”, y Medinacelli (Soria) contra el toro de fuego. También formé parte de la organización de la más numerosa manifestación antitaurina en Barcelona desde 1992, previa a la prohibición de la tauromaquia en Cataluña. Ahora voy por libre, aunque soy portavoz del refugio-santuario Proteger los Inocentes (Lleida).

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Este martes 3 de marzo comenzó la 4ª Campaña de identificación y esterilización de animales considerados de compañía a precios bpromocionales “Soy Responsable”. La campaña estará en marcha hasta el 30 de mayo y ya incluye más de 180 centros veterinarios adheridos en toda Catalunya.

 

 

La campaña, promovida por FAADA, está abierta a todas las personas responsables de perros, gatos y hurones de Catalunya. Tan solo hay que apuntarse en su sitio web para beneficiarse de los precios promocionales. “Soy Responsable” nació hace 4 años con la voluntad de concienciar la población sobre la necesidad de identificar y de controlar la natalidad de perros, gatos y hurones. Este año se está llevando a cabo una prueba piloto en la comunidad de Madrid donde participan seis centros veterinarios adheridos a la campaña.

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El pasado 23 de enero, el grupo de música animalista Mayor Arcana interpretó los temas de su álbum “Revolution” en la sala de conciertos de la conocida cadena de establecimientos FNAC, en su tienda de la Diagonal de Barcelona. La sala se llenó de personas vinculadas con los Derechos Animales y también de otras personas que se interesaron por el mensaje y la música de Major Arcana.

TVAnimalista estuvo presente para grabar la canción “Balada para Regina” y una pequeña entrevista a Sharon Townsend y Antonio Calero, miembros del grupo musical.

 

 

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El pasado 6 de diciembre, Madrid acogió la campaña No regales abandono. Una iniciativa del grupo animalista Alba Kids for Animals en colaboración con la FAPAM (Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid). Una campaña que pretende concienciar a la población y evitar la compra y abandono de animales no humanos.

El acto se realizó en la Plaza Vázquez de Mella y contó con la presencia de más de 50 personas, entre ellas el modelo italiano Valerio Pino y la periodista Ruth Toledano. “Creo que deberíamos actuar para que cambie la forma de ver a los animales” afirma Valerio. Más de 250.000 perros y gatos son abandonados al año en todo el país, según Norma Fierro, Coordinadora de la Campaña No regales abandono. Peor aún, se estima que un alto porcentaje de estos abandonos son debido a las compras compulsivas de navidad: “lo precioso que tiene nuestra campaña es que son las propias niñas las que les dicen a otras que reflexionen, que no se regalen animales como juguetes sino que los animales son seres vivos”.

La FAPAM ha tenido el apoyo de un video que se ha hecho viral en las redes sociales: No compres, adopta. Un cortometraje dirigido y escrito por el nominado al Goya, Miguel Romero. “Equiparamos el abandono de un perro con el abandono de una niña y el posterior atropello de ambos para comparar y poner al mismo nivel los dos dolores, la misma desesperación, la misma desesperanza en la carretera y la misma inocencia de que ambos seres no sabrían qué hacer para salvar su vida en esa situación y probablemente acabarían muertas en el frío asfalto de la carretera” expone Romero. Pese a ser todo un éxito en visualizaciones, afirma, todavía queda mucho por hacer.

En Italia, como en Cataluña, no existe el sacrificio de animales en perreras. Allí estamos un poco más avanzados y tenemos más leyes que en España. Cataluña, por suerte, está un paso por delante” declara Valerio Pino. Esto es algo que se pide desde diferentes protectoras de animales, que buscan una legislación en contra del maltrato animal a nivel estatal y no regional. Según Norma Fierro “en España se abandona tanto porque tenemos muy poca conciencia de que el animal no es un objeto. El problema radica ahí, que los consumimos como si fuesen juguetes. Somos el país de Europa con la cifra de abandono más alta”.

Pese a que la campaña no realizará más actos, la FAPAM pretende seguir recordando que no se regale abandono estas navidades. “Siempre se puede adoptar o amadrinar a un animal. Hasta que los albergues de protección animal no estén vacíos, esto una vergüenza nacional”.

Esta campaña navideña se suma a las realizadas por más organizaciones, como la de Anima Naturalis que propone una protesta el próximo sábado a las 12 frente al Corte Inglés de la calle Preciados, Madrid.

TVAnimalista Madrid

 
Corto No compres, adopta

 

 
Rap de ALBA Kids for Animals

 

 

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La CIPAC denunciará a los Ayuntamientos del Baix Segre que mataron perros asilvestrados sin sopesar otra solución.

La CIPAC en representación de las 120 entidades adheridas ha solicitado los servicios de Iuris Animal abogados quienes presentarán una denuncia ante la justicia por incumplimiento de la ley de protección animal y la matanza indiscriminada de los perros.
LA CIPAC entiende que los Ayuntamientos del Baix Segre (Aitona y Seròs) son los responsables de la matanza de las ovejas que tuvo lugar hace unas semanas en el municipio de Seròs supuestamente, por una manada de perros, por dejadez de sus funciones y de su responsabilidad en la recogida de los animales abandonados de sus municipios durante años.

La alcaldesa de Aitona y portavoz de CiU en la Diputación de Lleida, Rosa Pujol, llegó a afirmar rotundamente que no tenía la obligación de contar con un servicio de recogida y acogida de animales abandonados, admitiendo que incumplía la ley y denotando un desprecio absoluto hacia el esfuerzo que realizan la mayoría de ayuntamientos que sí cuentan con este servicio.
También argumenta la comisión de entidades que la decisión de matar a los perros fue una medida innecesaria y precipitada, que los animales podían haber sido capturados y llevados a un refugio donde pudieran ser adoptados por familias adecuadas.
Desde Generalitat, Ayuntamientos y el Jefe de los Agentes Rurales en Lleida, han querido vender ante los medios que los perros eran muy peligrosos y agresivos, cuando la realidad es que estos animales huían de los humanos y no habían atacado a ninguna persona. Como se puede observar en las imágenes que corresponden al único perro adulto capturado vivo, en el momento en que pasó a manos de una entidad de protección animal, se mostró dócil con los voluntarios y sin manifestar agresividad en ningún momento , todo lo contrario. Y eso teniendo en cuenta que fue utilizado de cebo dentro de una jaula para intentar capturar a los otros perros durante una semana, lo que le podría haber traumatizado enormemente.

Son legales las redadas?

La CIPAC duda de la legalidad de estas batidas autorizadas a los cazadores por la Generalitat porque, según el Artículo 19 de la Ley de Protección Animal de Catalunya “corresponde a los ayuntamientos la captura en vivo de perros, gatos y hurones asilvestradas por medio de la inmovilización a distancia “. Y sólo “en caso de que la captura por inmovilización no sea posible, el departamento competente en materia de medio ambiente debe autorizar excepcionalmente el uso de armas de fuego”.
La CIPAC y el bufete de abogados Iuris Animal estudia denunciar a Medi Natural por emitir una orden de matar perros con armas de fuego, al considerar que estas resoluciones fueron emitidas sin la justificación necesaria que impone la ley ante estos casos excepcionales y con absoluta falta de rigor y control.

Y no deja de ser sorprendente que se autorice una acción como ésta en ayuntamientos que no disponen de servicio de recogida de animales, ni sienten que tengan la más mínima obligación de tenerlo.
Las declaraciones públicas del coordinador del operativo de las batidas, el jefe de los Agentes Rurales en Lleida, Llorenç Ricou, tampoco muestran que haya habido mucha voluntad de buscar una solución alternativa, ni tan solo consultar o pedir asesoramiento a las entidades protectoras
Es más, en la redada participaron, según la Generalitat: agricultores, cazadores, Mossos d’Esquadra, pero ningún miembro de las entidades de protección animal aunque habíamos ofrecido nuestra colaboración.

Nota de prensa de la CIPAC

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En el municipio de Serós (Lleida) se están realizando batidas por parte de cazadores y Agentes Rurales para exterminar a los perros abandonados mediante un método de señuelo. Éste consiste en mantener al perro líder de la manada encarcelado para que atraiga a los demás miembros, momento en el que son abatidos por agentes rurales escondidos en la zona. De este modo, se vulnera lo establecido en la Ley de Protección Animal de Cataluña, que en su artículo 16.1 establece: “Corresponde a los ayuntamientos la captura en vivo de perros […] asilvestrados por métodos de inmovilización a distancia”.

Asimismo, en casos de sacrificio, la ley vigente establece que “se debe efectuar […] de manera instantánea, indolora y previo aturdimiento del animal” y “el sacrificio […] de los animales de compañía deben ser efectuados siempre bajo control veterinario”. Ambas obligaciones legales han sido ignoradas por el Ayuntamiento y la Generalitat, quienes han pedido autorización y autorizado respectivamente a matar a tiros a los perros abandonados de la zona.

PACMA denunció la caza indiscriminada de perros en este municipio el 15 de noviembre y solicitó que se denegaran y revocaran las autorizaciones concedidas para la caza de perros. Al ver que dichas prácticas se mantienen, el Partido Animalista ha vuelto a denunciar y solicitar que se revoquen de manera inmediata las autorizaciones para la caza o, al menos, que queden suspendidas hasta que la primera denuncia termine su curso.

Los perros ‘asilvestrados’ son resultado de la nula gestión de los animales abandonados que tradicionalmente ha realizado el municipio de Serós. El Partido Animalista lleva años reclamando la importancia de una adecuada gestión de los animales abandonados, recordando a los consistorios su obligación de hacerse cargo de los mismos, y proponiendo que efectúen campañas de promoción de la adopción y la tenencia responsable.

Resulta totalmente inaceptable que un Ayuntamiento ignore su obligación legal de la gestión de los animales abandonados y pretenda solucionar un problema social a través del exterminio por parte de cazadores.

Nota de premsa de PACMA

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El pasado martes 14 de octubre, el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, recibió el Premio Franz Weber, que este año reconoce las políticas públicas de protección de los animales que lleva a cabo la capital catalana. El acto contó con la asistencia de la presidenta de la Fundación, Vera Weber, y el concejal de Presidencia y Territorio, Jordi Martí, así como también representantes del Ayuntamiento de Medellín (Colombia), ciudad que recientemente también premió la tarea de Barcelona a favor del bienestar de los animales.

La Fundación Franz Weber fue creada en 1975 por el periodista suizo Franz Weber. La Fundación trabaja en ámbitos diversos, como la protección de los animales, el paisaje, la naturaleza, el patrimonio cultural, el fomento de la paz o la protección del patrimonio arquitectónico.

 

 

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En 1998 en Catalunya se implantó la obligación de identificar mediante un microchip homologado todos los perros y gatos. Hasta hace poco los datos de los animales y de los y sus responsables estaban en una base de datos privada propiedad del Consejo del Colegio de Veterinarios de Catalunya conocida con AIAC. Actualmente la Generalitat de Catalunya ya dispone de su propio registro, el ANICOM, que es obligatorio por ley, gratuito y público.

 

 

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