Etiquetes Entrades etiquetades amb "feminisme"

feminisme

3109

“Me cague en la mare que t’ha parit, perra!”

Valencia.  Hace mucho calor.  Unos hombres obligan a unos caballos a tirar de carros, sobre una pista de arena, en un espacio delimitado.  Los caballos deben arrastrar una carga de dos a tres veces su peso. No pueden.  Gritos, golpes.  Por su bien, más vale que puedan con la carga.  Eso es el tiro y arrastre.  Tradición, dicen, que debemos respetar.

Los partidarios de esta actividad, subvencionada con dinero público, repiten que forzar a un caballo a cargar peso hasta la extenuación es una especie de tesoro del pasado que debemos conservar.  Pero el tiro y arrastre surgió en Valencia ciudad, en los años 40 del siglo XX, como forma de valorar la fuerza de los caballos destinados a la huerta.  Fue en los años 70 cuando tuvieron lugar las primeras competiciones informales y hasta los años 90 no hubo federación. No es una tradición, pero, aunque lo fuera, ¿qué? Las tradiciones a respetar son las tradiciones respetables y no hay nada respetable en el tiro y arrastre. Nada.

Lo primero que llama la atención es la tristeza en la mirada de los caballos.  El miedo, la indefensión aprendida. El título de este artículo era el grito de un carretero, a un caballo que, según el amo, no lo estaba haciendo bien.  El análisis feminista es clave para entender que una competición de tiro y arrastre es una muestra de patriarcado, de machismo, tan cruda que tienes que parar a coger aire y respirar.

- Se feminiza a los caballos.  Sus nombres reales son masculinos pero, en competición, son insultados, asediados, golpeados bajo nombres femeninos.

- Se busca la docilidad y la sumisión, siempre.  El caballo tiene que saber en todo momento qué quiere el amo.  Cuando moverse, cuando parar, cuando arrastrar.  Tiene que obedecer o le pasan cosas.  Tienen que intuir, por la voz del amo, cuál es su estado de ánimo.  Ha aprendido a prever el golpe.

Todo este proceso recuerda mucho a la llamada “intuición femenina”: en una situación en la que no es posible una confrontación directa, aprendes por la observación a adelantarte, según exijan las circunstancias, a prever la reacción.

- El caballo camina con la cabeza baja, detrás del carretero. Ni siquiera tiene que hacerlo mal, la amenaza del castigo siempre está ahí.  Es muy común esta escena: carreteros caminan juntos, riendo, pasan al lado de un caballo y uno de ellos le golpea.  Ese golpe demuestra el dominio, reafirma la masculinidad, crea fratría.

- ¿Qué pasa si un caballo pone en evidencia al carretero frente al resto del grupo? Que el carretero le enseña quien manda, le pone en su lugar.  Y su lugar siempre es la sumisión.

- Todo sucede en el espacio público, así podemos imaginar qué pasa en el espacio privado, donde sólo están los carreteros y los caballos.

 

El tiro y arrastre es un ejemplo de cómo se construye la masculinidad, contra quien se construye.  Contra esos cuerpos castigados, que pueden llegar a 700 kg., que han aprendido a obedecer.  Por eso es habitual escuchar gritos como:

“Me cago en la madre que te ha cagado, mírala”.

“Me cago en la leche que has mamado hoy”.

“Lo que pasa es que sabe demasiado, me cago en Dios”.

“Gandula”.

O el “me enfadaré”.

“Me enfadaré”… y será culpa tuya, por haberme provocado, haberme mirado mal, por no obedecer.  Será culpa tuya, porque aquí mando yo.  Por rebelde, por no hacer lo que te digo, por no hacerlo rápido o por hacerlo mal.  El caso es que siempre hay una excusa, porque este sistema permite que siempre haya una excusa para dañar.  Y si el daño es demasiado visible y, sobre todo, si alguien lo grabó, nos dirán que es un caso aislado.

El tiro y arrastre es violencia sistemática, daño constante.  El tiro y arrastre, escribo esto como feminista, corta la respiración.

———————–

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

3128

La Raposa es un espacio de encuentro -situado en el Poble Sec de Barcelona- de Transfeministas, veganas y personas LGTBIQ. El grupo Bolleras Veganas iniciaron este proyecto hace pocas semanas y se constituyeron como cooperativa. En el espacio hay un bar, una sala para hacer charlas y talleres y una librería transfeminista.

Este video está realizado por idemTV.com y TVAnimalista.com

2120

Mientras veía Los Hombres Libres de Jones y el caballero del Sur, como tantas otras veces, iba a violar a la esclava Rachel, me vino a la cabeza aquella escena de Braveheart del derecho de pernada. En realidad, los documentos históricos no dan ninguna señal que permita constatar nada que se le asemeje, y menos con ese nombre. Incluso, cuando aparece, es para que los señores afirmen que no tienen constancia de que se haya aplicado nunca y que, en todo caso, renuncian a ese supuesto derecho por “injusto y deshonesto“.

En realidad, no necesitaban apelar a ningún derecho para forzar a una mujer campesina, sólo debían hacerlo con su impunidad y la indefensión de las víctimas como escudo y, por supuesto, lejos de cualquier ostentación. La igualdad ante la ley y la seguridad jurídica no son conceptos de aquella sociedad estamental. Por otra parte, el honor de la familia se podía obviar a cambio de tanta proximidad al poder, que podía otorgar beneficios, excepciones y privilegios. Las mujeres eran usadas como instrumentos de promoción y monedas de cambio; estaban socialmente más abajo que los hombres que podían sacar provecho de esa situación, desde el violador hasta los miembros de su propia familia.

Tal vez nos encontramos ante la explicación a que las violaciones sean el icono por excelencia de la injusticia, del abuso. La lucha no se genera desde la solidaridad y la empatía, sino de la del instrumentalización heteropatriarcal del hecho; el sufrimiento de las mujeres es sufrimiento, sobre todo, cuando conviene para “las luchas de los hombres”, continúa saliendo de la oscuridad sólo cuando los hombres deben clamar contra sus agravios. Un buen ejemplo de todo esto, aunque llevado hasta el ridículo, es este video del Tetazo al Obelisco de Buenos Aires donde, por sorprendente que parezca, la exclusión de los hombres “feministas” ocupa el centro de la noticia.

Entre los Hombres Libres de Jones podemos ver claramente esa instrumentalización, con el racismo y la esclavitud como protagonistas. Los hombres blancos se sublevan porque no es su guerra, porque los dueños de más de 20 esclavos no deben morir en el campo de batalla. En el norte pasaba algo parecido: los ricos podían huir de la muerte comprando su licencia, como se puede ver en la película Gangs of New York. En la guerra morían los pobres para defender los intereses de los ricos, y es así como algunos se dieron cuenta que no eran muy diferentes de los negros esclavos.

Pero, incluso así, les salía su privilegio ante los negros. Cuando la lucha se convierte en una lucha que es claramente contra el racismo y los abusos que justifica, la mayoría de los rebeldes blancos se desentienden. Antes, durante la guerra, cuando se proclamaba la igualdad de blancos y negros, se hacía dejando claro que es la gente desfavorecida y explotada toda junta, blanca y negra, la que tiene que dejar de serlo. La reivindicación se adapta fácilmente a las necesidades del privilegio blanco, porque no lo es en este contexto.

La forma de plantear esta reivindicación recuerda mucho las de la época medieval: “si tiene dos piernas, es una persona”, “puedes ser dueño de un caballo, de una vaca, de un buey o de una mula, pero no puedes ser dueño de un ser humano”. Como antes, la cuestión de los derechos se plantea como una ampliación del círculo restringido del privilegio para que, dentro, quepan más de los que cabían antes. Para que quepamos “nosotros”, dejando claro que “los y las demás” por debajo nuestro se quedarán fuera.

Viendo esto, podemos entender mejor cómo funciona la explotación. Es como un alquitrán espeso y pegajoso que brota por arriba de la pirámide social y fluye lentamente hacia abajo, dejando más poso cuanto más bajo está, pero sin dejar de caer hasta ahogar a los individuos más oprimidos. Las luchas por librarse de este alquitrán no lo son para dejar de lanzarlo hacia los de abajo; se trata de dejar de ser oprimidos sin renunciar a la capacidad de oprimir.

Es muy gratificante que el movimiento antiespecista, el de los y las sin voz, represente todo lo contrario. Es el mismo impulso de las personas antiesclavistas blancas que, sin tener nada que ganar, se jugaron la libertad y la vida; de las que dejan atrás la seguridad de Occidente para trabajar en un campo de refugiados o para patrullar el Mediterráneo para salvar vidas, los hombres heterosexuales feministas o militantes LGTB (los que de verdad lo han entendido).

Es por ello que nos ponemos en la piel de los otros animales y hacemos eso que sus explotadores llaman “humanizarlos”, que no nos suele gustar que se instrumentalice la lucha para que sea más cómoda para quien no quiere renunciar a ciertos privilegios. Es por eso que mostramos terribles imágenes de torturas y asesinatso que nunca sufriremos, y es por eso que nos manifestamos “contra la libertad” de quienes explotan animales.

Por cierto, el auténtico derecho de pernada medieval no puede ser otra cosa que el cobro por parte de los señores, que podían hacerlo porque eran los señores de las tierras que trabajaban los campesinos, de un muslo de cada animal que estos hubieran criado y matado. El auténtico derecho de pernada es, en realidad, un gran ejemplo del abuso y la explotación de los seres humanos sobre el abuso y la explotación de los demás animales.

———————

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

2872

El sábado 24 de septiembre, unas personas que intentaban impedir el linchamiento de animales fueron apaleadas, bajo la atenta mirada de la policía local. En Algemesí.
La sangre de las personas animalistas, a quienes la tauromaquia acusa de violentas, se mezcló con la de los erales y novillos torturados hasta la muerte en esa carnicería que se llama Setmana de bous d’Algemesí.

Este año hay una novedad: a pocos metros del lugar en el que se arrastran los cadáveres de las crías de toro (los cadáveres o los animales agonizando), allí donde las personas animalistas fueron golpeadas, hay un estand y un photocall donde se pide unas fiestas de igualdad y respeto. El lema de una de estas campañas es el título de este artículo, “no es no”, en referencia a la violencia sexual.

Cada vez que la tauromaquia quiere renovar su imagen y disfrazarla de modernidad suele utilizar la presencia de mujeres, como toreras, rejoneadoras o como público. Esto es un clásico. Por eso la insistencia de Mar Pintor, concejala de igualdad de Esquerra Unida del País Valencià y taurina declarada, en vincular la campaña feminista con la semana de toros.

Que Esquerra Unida del País Valencià sea un partido estatutariamente antitaurino no es un obstáculo para que una concejala haga de la tortura taurina su bandera. Pero el feminismo lucha precisamente contra aquello que la Sra. Pintor quiere fomentar. El feminismo identifica las lógicas de dominación que quieren someter otros cuerpos y se enfrenta a ellas. La interseccionalidad es eso: nació como un grito desde los márgenes, desde el feminismo no blanco, no heterosexual y puso sobre la mesa que no hay opresiones de segunda, hay opresiones que no sufrimos. Desde la defensa animal, tomamos ese grito y lo hacemos nuestro.

Así que la instrumentalización que hace el ayuntamiento de Algemesí de la lucha feminista es un purplewashing de manual: intenta utilizar la lucha feminista para legitimar una injusticia. Porque ¿se puede pedir igualdad y respeto, mientras se aplaude como unos cuerpos son castigados por considerarse “inferiores”? Castigados hasta la muerte porque se tiene la fuerza para hacerlo, porque hay personas que lo encuentran divertido. No hace falta ser psicóloga para entender que en el momento en que se banaliza la violencia contra unos cuerpos, es muy fácil hacer un click mental y extender la violencia hacia otros y, sobre todo, hacia otras.

El heteropatriarcado está dentro de la plaza de toros de Algemesí y cuenta con el apoyo de una concejala de igualdad, que tiene la silla en una candidatura de un partido político estatutariamente antitaurino. Eso es una traición. He sido militante de EUPV y he formado parte del área de feminismos: lo que hace la Sra. Pintor es una traición y está arropada por todo su grupo municipal.

En ese estand se quiere denunciar la violencia machista y eso, por supuesto, es algo muy necesario y, como feminista comprometida, lo apoyo. Pero por la calle Muntanya de Algemesí corre la sangre y esa sangre no debería ser invisible. Como tampoco deberíamos ser invisibles nosotras, las mujeres animalistas, las que sufrimos la violencia cuando los machirulos taurinos nos piden que “les enseñemos las tetas”, cuando nos mandan a fregar o se tocan los genitales. He dejado de contar las amenazas de violación y siempre me voy de Algemesí mirando atrás.
La espina dorsal del animalismo es el feminismo. Son las gafas violetas las que hacen que identifiquemos las injusticias. Por eso este movimiento está formado mayoritariamente por mujeres y por eso es castigado y es insultado. No se puede entender la violencia que sufrimos en Algemesí sin la clave de la violencia machista.

No es no, claro que sí. Pero si vais a la zona donde está ese estand de Algemesí y miráis al suelo, veréis la sangre de unos cuerpos sometidos de la forma más brutal. Las gafas violetas deberían identificar esa sangre y no sonreír, o mirar hacia otro lado, cuando la tauromafia se la quita, molesta, de los zapatos. Al fin y al cabo, el feminismo es incómodo, cuestiona lo que nos dicen que es tradicional, normal y natural. Por eso, la violencia contra los animales es un asunto feminista. Y el feminismo siempre toma partido.

—————-

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

3238

El 31 de enero de este año, la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad publicó, en su perfil de Facebook, una foto de la primera torera gitana y la felicitaba por su “valentía”. Esta asociación tiene por objetivo denunciar y luchar contra la discriminación que sufren las mujeres gitanas en todos los ámbitos de la sociedad.

Yo, que las sigo y he apoyado sus campañas, por ejemplo la que pide a la R.A.E. algo tan elemental cómo que la palabra “gitano, na” no se defina como “que estafa u obra con engaño”, cuando vi la foto tragué saliva. Porque es inexplicable que una asociación que lucha por la justicia social, desde el feminismo, entienda que torturar hasta la muerte a un animal encerrado es un acto de valentía o de igualdad. Y me disponía a escribir esto mismo, pero se me adelantaron. Mujeres gitanas intervinieron para decir que en su nombre no, que torturar a un animal no era ni valiente ni era justo. Una de ellas escribió: “Ante todo soy gitana y creo que habéis enfocado todo esto de muy mala manera, ya que para mí no es de valentía alguien que maltrata a un ser inocente y sin maldad y que agoniza hasta que acaban con él, y todo esto visto por personas que disfrutan con ver sangre y que quieren enmascarar los lamentos agonizantes y de terror de un animal con un pasodoble! Valentía es aquel que salva vidas! No de quien las mata por diversión! Valentía es del que ayuda desinteresadamente, de las mujeres gitanas que luchamos para que todo este mundo troglodita quede atrás!!!”.

Un buen número de comentarios iban en ese sentido. Sin embargo, también hubo algún comentario que, desde fuera y argumentando una supuesta defensa animal, culpabilizaba al pueblo gitano (a todas las personas) y lo relacionaba con la delincuencia, la droga y el maltrato animal.

Así que esas mujeres, que luchan cada día contra los prejuicios y la desigualdad y que rescatan animales, tuvieron que leer eso. Son gitanas, son culpables, fin.

Estos razonamientos son de una miopía ética que da miedo. Sí, hay personas gitanas que torturan animales, ¿y payas no hay?, ¿sería legítimo afirmar que todo el pueblo valenciano es torturador porque el gobierno del PP quiere aprobar una Ley de Señas en la que la tortura animal se considera una seña de identidad?, ¿yo soy una torturadora entonces?

Todo esto me recuerda el “purplewashing” (lavado violeta): la estrategia que consiste en utilizar los derechos de las mujeres para justificar la violencia sobre algunas mujeres. Es decir, personas con un discurso de odio que niega la igualdad, se vuelven súper-feministas para despreciar a una mujer con velo y expulsarla del espacio público. Súper liberador. Ahora bien, cuando se trata de derechos sexuales y reproductivos, de coeducación, de educación afectiva-sexual,… el feminismo se esfuma más rápido que una corrida de toros si no hay subvención. Se esfuma porque, en realidad, no tienen ninguna intención de aplicar políticas feministas, sólo se trata de alimentar el odio, generalmente contra alguien que está en una situación de vulnerabilidad.

También me recuerda el “pinkwashing”: utilizar las libertades sexuales como excusa para negar derechos, tan elementales, como el derecho a la vida. Pienso, sobre todo, en Palestina y en cómo se disculpa el apatheid que sufren, también, las personas LGTBI palestinas.

Y recordando, recordando, recuerdo una casa que había cerca de donde estoy ahora. Era la casa municipal que utilizaban como retén de policía y calabozos, en los años 50 del siglo pasado. Allí iba el guardia rural que, en una época de hambre, vigilaba que nadie robara en la huerta. Explican las ancianas que si este hombre pillaba a una niña gitana intentando coger algo para comer (eso no es robar), la llevaba a la casa y la violaba bajo amenazas de detención. Esa casa estaba en el centro del pueblo. Se podía oír cómo lloraban “las gitanillas”. Porque ellas lloraban, lloraban mucho. Las estaban violando. Nadie podía hacer nada porque el guardia rural tenía total y absoluta impunidad. En el relato de esta historia se mezcla la vergüenza, la tristeza y el dolor.

Quiero ser muy clara: una persona que participa en la tortura es alguien despreciable. Alguien que se dedica a mutilar de forma sistemática, a hacer vomitar sangre a un animal derrotado, es alguien despreciable. Lo es por lo que hace. El color de su piel, su sexo, su opción sexual o su procedencia es irrelevante. El animalismo es una lucha de liberación, que también tiene un posicionamiento claro respecto a esto. Esta lucha es heredera de la lucha feminista, anti-racista, LGTBI y, por tanto, aquí se lucha contra todos los prejuicios y se defiende la igualdad, precisamente porque queremos un mundo donde la diferencia no signifique dominación. Y si alguien utiliza a los animales como excusa para lanzar discursos de odio (discursos ignorantes, profundamente ignorantes por definición), tal vez debería plantearse buscar otra ideología. Porque ésta, desde luego, no es la suya.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

2860

A cualquier mujer que haya acudido a protestar contra las corridas de toros, a las puertas de la plaza de tortura, le han gritado un “vete a fregar”, “puta”, “chúpamela”, o lo que le dijeron a una activista “tú lo que necesitas es que tu marido te pegue una buena hostia”. Para los hombres, queda el genérico “maricón” y el “catalanistas” que es unisex y atemporal. Pues bien, de todos los apelativos que me han gritado, mi favorito es “ahí están, ahí están las que abortan” (con su variante “abortiiistas, abortiiistas”… poniendo énfasis en la “i”, “i” de ignorante). Todo lo que nos gritan es muy significativo, es cierto. Y en un examen de diversidad afectivo-sexual el mundo taurino suspendería. Pero este último grito en particular tiene tela.

Personas que entran a un recinto a ver cómo se mutila de forma regulada a un animal aturdido, hasta que vomita sangre por la boca mientras lucha por respirar y, finalmente, es asesinado, se consideran garantes de la vida. Vida entendida como un conjunto de células que están en un útero ajeno. Es curioso.

Nuestra ideología también está definida por quién es nuestro oponente y por cómo nos percibe. Y según esto, el animalismo es aliado del feminismo. Sí, estoy de acuerdo. Tenemos muchas cosas en común, animalismo y feminismo son luchas muy parecidas. Ambas implican una toma de conciencia. Ambas son movimientos de liberación. Ambas quieren visibilizar a quien ha permanecido invisible. Ambas denuncian diferentes procesos de cosificación, de discriminación, de violencia. Y ambas se enfrentan a una ideología de dominación que emplea estrategias argumentales muy parecidas, recurriendo a ellas cuando no tiene más remedio. Porque para el patriarcado y para el sistema especista el estado ideal es el silencio.

Hay tres estrategias que se repiten: apelar a la tradición (“se ha hecho siempre”), apelar al amor (“lo hago porque la/le quiero), apelar a la biología (“es lo natural”). Las tres estrategias ocultan jaulas. Cuando intentamos romperlas nos dirán que no respetamos nuestra historia, que no sabemos qué es el amor de verdad y, por tanto, no entendemos la esencia verdadera de quién está en la jaula y, finalmente, que no sabemos cuál es nuestro sitio (el sitio que se nos ha asignado de forma natural o divina en no sé qué pirámide evolutiva o reparto de roles).

Pero volviendo al tema de la vida. Ahora mismo, las mujeres estamos amenazadas con una contra-reforma de la interrupción voluntaria del embarazo que nos retrotrae a años siniestros. Años en los que las mujeres éramos consideradas incapaces y/o menores de edad perpetuas. De abortos en mesas de cocina, en secreto, con sustancias tóxicas, agujas de tejer, inyecciones vaginales y otros métodos donde las mujeres se jugaban la vida. Donde morían, insisto, en secreto.

Y ese intento de vuelta a aquellos años viene de la misma mano que considera que la tortura taurina en todas sus formas, sólo por citar un ejemplo de explotación animal, es un bien a proteger y fomentar. Así que venga, hablad claro Sr. Gallardón & cía: la vida os importa un pimiento. Lo sabemos.

Sabemos que si de verdad os importara, no se justificaría disparar a gente indefensa mientras está nadando, ni se privaría de recursos a personas en situación de dependencia (niñas y niños también), ni se negaría atención sanitaria a personas migrantes sin papeles ni, desde luego, condenaríais a abortos clandestinos a mujeres en situación de vulnerabilidad (pobres, jóvenes, migrantes). En el momento en que estoy escribiendo este texto han muerto 27 mujeres en el estado español sólo en el 2014, muertas por ser mujeres, víctimas de terrorismo machista. A lo mejor me lo he perdido, pero no he visto ninguna reunión de urgencia de la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad con el ministro de Justicia y el ministro de Interior (ése que nos llama terroristas). ¿Defensa de la vida? Ya…

Lo que sucede es sencillo: con la excusa de defender la vida en abstracto, se ignora la vida real, en un proceso de apropiación de cuerpos ajenos. Así funciona también la explotación animal: se apropia de otros cuerpos que, como los nuestros, tienen la capacidad de experimentar dolor físico y sufrimiento emocional intenso. Sólo que son de otras especies.

Por eso tenemos tanto en común, por eso el animalismo es feminista. Porque defendemos vidas de verdad y porque identificamos las injusticias. ¿Hubiéramos llegado hasta aquí sin esas mujeres rebeldes que lucharon contra una sociedad que amparaba las injusticias escudándose en la tradición, en lo natural? Yo creo que no.
“Me declaro en contra de cualquier poder cimentado en prejuicios, aunque sean antiguos”, escribió Mary Wollstonecraft en el s. XVIII. No conozco ninguna persona animalista que no suscribiera esa frase. Lógico. Esta lucha sólo puede ser violeta.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

LA PLUMA

1999
En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde...

NUTRICION

3779
Nuevo capítulo del programa "V de gust (Apetece)", una nueva receta nutritiva e ideal para cocinar con niños y niñas: Filetes rebozados. ingredientes: 250 g de...