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Somos animales sensibles. Al enfermar de una fiebre corporal de 42 grados de temperatura las proteínas se deforman, desnaturalizando las enzimas, dejando de catalizar funciones químicas vitales, todo lo cual nos aboca al colapso irreversible y la muerte. Asimismo a la inversa, un organismo humano en hipotermia a partir de 2 grados de menos, empieza a ralentizarse, se desorienta, delata semiinconsciencia, falta de memoria, bajada de tensión, dilatación de pupilas y muerte térmica. Muchos otros animales de sangre caliente sin embargo, sobreviven a diferencias de temperatura de 60 grados. Respiramos de 13 a 16 veces por minuto para oxigenar una sangre que exige de tal actividad, porque de otro modo nos asfixiamos y morimos. Hay animales que viven semanas sin agua, nosotras al tercer día sin hidratar nuestro cuerpo, morimos.

Somos animales frágiles, de piel desnuda y delicada, con tolerancia y defensas propias cada vez más minadas por la adicción a medicamentos y un estilo de vida tóxico. Los huesos sufren nuestra verticalidad, poseemos vista mediocre, oído torpe, olfato obtuso, velocidad ridícula y unas capacidades de supervivencia fuera de la comunidad bastante disminuídas, cuando no nulas. Fisiológicamente somos animales realmente patéticos y hemos logrado sobrevivir y medrar gracias al celo constante y la cooperación. Así como hemos sufrido y muerto gracias a la competitividad y los odios.

Somos animales débiles, sin embargo aplicamos en el día a día la ley de la jungla y la violencia, nos rompemos los corazones, nos dañamos, nos peleamos, nos insultamos, causamos y sentimos indiferencia por y de las demás. Mantenemos decenas de guerras en el mundo, fabricamos armas para que las personas se despedacen entre sí, minas antipersona con forma de juguete para que las niñas pierdan brazos y piernas queriendo jugar con ellas. Inventamos banderas para poder hacer eso con supuestos argumentos, religiones de enfrentamientos y desprecio, inventamos miedos más allá de nuestra cautela imprescindible, dejando ahogarse en el mar a otras personas que sólo querían vivir, porque nuestro estilo de vida esquilmó sus recursos en sus territorios. Nos aterrorizan las diferencias y discriminamos a quienes difieren de nuestro pensamiento, medida y patrón de todas las cosas. Llamamos perdedoras a la gente que el sistema económico -que crearon para nosotras y que abrazamos sin rechistar-, no pudo soportar, acusamos de los errores sin dar opción a repararlos, o nos mantenemos soberbias y altaneras en los nuestros, para no sufrir el escarnio público o la falta de esa macilenta autoestima que vamos día a día tratando de mantener. La sociedad empodera a las personas en la medida de las necesita como consumidoras y sólo en ese aspecto, la salud psíquica y física de cada individua no importa más que a un nivel financiero o simbólico. No nos cuidamos, dividimos a las personas en útiles o inútiles a nuestros perspectivas o intereses, no valoramos el sufrimiento ajeno, nos adiestran en la impasibilidad. La precaución natural ha derivado en neutralidad feroz, el descuido por las demás (cuando son ellas las que conducen nuestros tranvías y cosen nuestros zapatos), nuestra fingida insensibilidad que deriva a un desprecio y una discriminación más… añadida a las que nos prestan los miedos de otras. La indolencia, la desgana, la tibieza por los asuntos comunes que no sufrimos, pero podríamos sufrir en cualquier momento porque la vida son nuestras circunstancias y un compendio de suerte, justicia y destreza a partes iguales. La sociedad es displicente, desapegada molecularmente, como el tumulto que se disgrega cuando se declara un incendio. Señorean el desamor, el desdén, la frialdad y la pereza que puedan fastidiar nuestra zona de confort.

Amamos a las personas en función de las ventajas que obtenemos de ella y no por lo que es en sí cada una, por sus méritos propios; es un amor que rentabiliza la relación y la condiciona a la recicprocidad y la egolatría. Disculpamos en las demás aquellos defectos que compartimos, pero somos intransigentes con aquellos de los cuales estamos exentas, como si nosotras mismas fueramos el ejemplo a seguir. Despedazamos a seres inocentes para obtener de ellos sus más íntimos zumos, partes de su cuerpo o su cuerpo entero, simplemente para disfrutar un capricho. Nos causa pereza entender otras realidades cuando muchos cambios debemos hacerlos solas, hasta que un día la comunidasd los adopta. Nos duele la civilización, y decimos que la occidental tiene pros y contras como llamamos suerte a que nos atropelle una ambulancia. Pero lo que sabemos está limitado a lo que sabemos.

Vivir es absurdo, tanto como morir. Pero lo absurdo es lo único que tenemos. Si un perro parece pesado al pedir afecto, debemos recordar que es por el tamaño de su corazón, puro y natural por más que lo llamemos “domesticado”. La obsesión enfermiza de mostrar una naturaleza dividida en comer-ser comida, proviene de una mentalidad capitalista, donde el éxito o el fracaso son los dos únicos caminos. El éxito será premiado por la dudosa gloria de la depredación, y el fracaso será el ostracismo, la soledad, la impopularidad o el anonimato de la muerte prematura. Un sistema binario tipicamente miope que hace ver la vida en blanco y negro. Con dos únicos prismas. La falacia de la superviviencia de la más fuerte se desmiente en la sociedad, donde sobrevive por la suerte, los roles sociales o la falta de escrúpulos, porque lamentablemente la maldad puede ayudar a sobrevivir en una favela, donde la genialidad en materia científica es inútil, dado que no hay posibilidades para ejercerla, y donde el imperativo es encontrar comida.

¿Viajaríamos tanto si no tuviéramos a quién decir dónde fuímos o a quién enseñar las fotos del viaje? ¿Compraríamos tanta ropa si nadie pudiera apreciar nuestra vanidad?. Vivimos vidas que giran entorno al aspecto de las cosas y nos consideramos cosas estéticas. Hemos relegado lo esencial, emitiendo opiniones según nuestro miedo y no según la objetividad. En todo caso sufrimos la cultura de la violación patriarcapitalista, la cual mediante fuerza bruta y no argumentos masacra a billones de animales no humanos, para engordar ese ego inmisericorde, injusto y epicureo, tratando esterilmente por otro lado de satisfacer un apetito que el sistema y la mezquindad colectiva se encargan de que siempre sea insaciable.

Sin embargo, cuando las vulneraciones que cometemos contra las demás se vuelven contra nosotras, lloramos previsiblemente.

Somos animales sensibles, y no podemos basar la sociedad en la desatención de los problemas fundamentales y la empatía, por eso la doctrina de la falta de escrúpulos es un lujo que no debemos permitirnos. Estamos condenadas biológicamente a la cultura del cuidado, a la civilización de los mimitos y las carícias, de la independencia autonómica de cada individua pero en una comunidad global. Y no hay argumento válido que pueda colocar un disparo donde debió haber un beso. Somos animales delicados, pero los gobiernos invierten nuestro trabajo e impuestos en armamento y alzado de fronteras de todo tipo, en fortalecer el miedo cobarde disfrazado de bravuconería del macho patriarcal, manteniendo el terrorismo capitalista y especista. El despilfarro material y energético siempre tiene un coste medioambiental o personal. Alguien paga lo barato, nuestro turismo lúdico, y todos nuestros derechos no pueden pasar por eliminar los de otras. ¿Es esto todo lo que nos ha enseñado nuestra fragilidad durante cientos de miles de años?. Sabemos lo que nos duele y castigamos a las demás con ese dolor… convencidas de que esa llaga no volverá a nosotras algún día.

Podemos hacerlo mejor, de eso va nuestra especie y de eso el humanismo, de apartar al antropocentrismo para que la lógica del ser triunfe sobre la del mercado. Podemos crear culturas de diálogo, espacios de comprensión mutua basados en la vida, en nuestra inestable verticalidad, en nuestros treintaiseis grados y medio, en el oleaje perfecto del deseo de la vida. Todas queremos vivir, ese es el único precepto entorno al cual contruir sociedades sólidamente frágiles, como nosotras, porque las que creamos están llenas de víctimas, silenciosas e invisibles a nuestra egolatría, tras concertinas y muros de mataderos, escondidas en decretos ley y veredictos sangrientos, y porque sabemos bien que en este prado, todas las flores son necesarias.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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La Junta de Andalucía, a través del Instituto Andaluz de la Juventud y el Instituto Andaluz de la Mujer, ha lanzado una campaña para denunciar el acoso sexual callejero, bajo el lema “no seas animal”.

En esta campaña, hombres con máscaras de animales no humanos (buitre, pulpo, cerdo, gallo) acosan de diferentes formas a mujeres en el espacio público. Una voz en off masculina advierte que los animales de la fauna callejera están al acecho, animales que deben extinguirse, desaparecer. Porque esos comportamientos, de esos señores con máscaras de animales, son “más propios de animales que de personas”. Por si quedara alguna duda, el vídeo cierra con un: “estos comportamientos no son propios de personas”.

Pues vale. Supongo que la campaña busca ser intencionadamente polémica. Una polémica puede ser inteligente y de calidad. Se puede hacer, pero no así.

El primer paso para solucionar un problema es afrontarlo como es. Ninguna mujer ha sido acosada por buitres, pulpos, cerdos, o gallos. No. Las mujeres son acosadas por hombres (hombres, no personas en abstracto) que se consideran con derecho a opinar sobre el cuerpo de una mujer, seguir a una mujer, tocarla sin su permiso, etc. Esos hombres, que tienen esos comportamientos, se consideran legitimados socialmente. Por eso actúan así, porque creen que tienen impunidad para hacerlo. Hacen lo que hacen porque han aprendido que pueden.

Con esta campaña la responsabilidad en el acoso sexual callejero no sólo se diluye, es mucho peor. Ese discurso culpabiliza a criaturas que no nos han hecho nunca ningún daño. Esa campaña refuerza prejuicios que están en el imaginario y que generan violencia.

La cosificación (convertir a alguien en algo) necesita de las palabras. Es el primer paso. Con las palabras se genera desprecio, se difunden mentiras que legitiman la dominación, la discriminación, la sumisión. El feminismo, desde el principio, se enfrentó estas a lógicas de dominación, que asignan a las mujeres unas características determinadas (ser irracionales, emocionales, instintivas, etc.), con una intencionalidad. De esta forma, la violencia simbólica se transforma en violencia física. El feminismo sabe mucho de los daños que causan los símbolos, las representaciones colectivas.

Calificar a alguien de plaga a extinguir, difundir la idea de que los cerdos son asquerosos o que los buitres son repulsivos sigue una lógica parecida. Esta campaña se ensaña con quienes ya sufren nuestra violencia diaria, con quienes no nos dañan nunca y con quienes no se pueden defender. Es muy curioso que nuestra especie se haya construido negando su animalidad y, sin embargo, cada vez que tiene ocasión, responsabiliza a individuos de otras especies de violencias que son 100% humanas. Porque no, esos comportamientos no son propios de animales no humanos, son propios de nuestra especie, concretamente de algunos hombres de nuestra especie. Se llama patriarcado. A las cosas se las llama por su nombre.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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Mientras veía Los Hombres Libres de Jones y el caballero del Sur, como tantas otras veces, iba a violar a la esclava Rachel, me vino a la cabeza aquella escena de Braveheart del derecho de pernada. En realidad, los documentos históricos no dan ninguna señal que permita constatar nada que se le asemeje, y menos con ese nombre. Incluso, cuando aparece, es para que los señores afirmen que no tienen constancia de que se haya aplicado nunca y que, en todo caso, renuncian a ese supuesto derecho por “injusto y deshonesto“.

En realidad, no necesitaban apelar a ningún derecho para forzar a una mujer campesina, sólo debían hacerlo con su impunidad y la indefensión de las víctimas como escudo y, por supuesto, lejos de cualquier ostentación. La igualdad ante la ley y la seguridad jurídica no son conceptos de aquella sociedad estamental. Por otra parte, el honor de la familia se podía obviar a cambio de tanta proximidad al poder, que podía otorgar beneficios, excepciones y privilegios. Las mujeres eran usadas como instrumentos de promoción y monedas de cambio; estaban socialmente más abajo que los hombres que podían sacar provecho de esa situación, desde el violador hasta los miembros de su propia familia.

Tal vez nos encontramos ante la explicación a que las violaciones sean el icono por excelencia de la injusticia, del abuso. La lucha no se genera desde la solidaridad y la empatía, sino de la del instrumentalización heteropatriarcal del hecho; el sufrimiento de las mujeres es sufrimiento, sobre todo, cuando conviene para “las luchas de los hombres”, continúa saliendo de la oscuridad sólo cuando los hombres deben clamar contra sus agravios. Un buen ejemplo de todo esto, aunque llevado hasta el ridículo, es este video del Tetazo al Obelisco de Buenos Aires donde, por sorprendente que parezca, la exclusión de los hombres “feministas” ocupa el centro de la noticia.

Entre los Hombres Libres de Jones podemos ver claramente esa instrumentalización, con el racismo y la esclavitud como protagonistas. Los hombres blancos se sublevan porque no es su guerra, porque los dueños de más de 20 esclavos no deben morir en el campo de batalla. En el norte pasaba algo parecido: los ricos podían huir de la muerte comprando su licencia, como se puede ver en la película Gangs of New York. En la guerra morían los pobres para defender los intereses de los ricos, y es así como algunos se dieron cuenta que no eran muy diferentes de los negros esclavos.

Pero, incluso así, les salía su privilegio ante los negros. Cuando la lucha se convierte en una lucha que es claramente contra el racismo y los abusos que justifica, la mayoría de los rebeldes blancos se desentienden. Antes, durante la guerra, cuando se proclamaba la igualdad de blancos y negros, se hacía dejando claro que es la gente desfavorecida y explotada toda junta, blanca y negra, la que tiene que dejar de serlo. La reivindicación se adapta fácilmente a las necesidades del privilegio blanco, porque no lo es en este contexto.

La forma de plantear esta reivindicación recuerda mucho las de la época medieval: “si tiene dos piernas, es una persona”, “puedes ser dueño de un caballo, de una vaca, de un buey o de una mula, pero no puedes ser dueño de un ser humano”. Como antes, la cuestión de los derechos se plantea como una ampliación del círculo restringido del privilegio para que, dentro, quepan más de los que cabían antes. Para que quepamos “nosotros”, dejando claro que “los y las demás” por debajo nuestro se quedarán fuera.

Viendo esto, podemos entender mejor cómo funciona la explotación. Es como un alquitrán espeso y pegajoso que brota por arriba de la pirámide social y fluye lentamente hacia abajo, dejando más poso cuanto más bajo está, pero sin dejar de caer hasta ahogar a los individuos más oprimidos. Las luchas por librarse de este alquitrán no lo son para dejar de lanzarlo hacia los de abajo; se trata de dejar de ser oprimidos sin renunciar a la capacidad de oprimir.

Es muy gratificante que el movimiento antiespecista, el de los y las sin voz, represente todo lo contrario. Es el mismo impulso de las personas antiesclavistas blancas que, sin tener nada que ganar, se jugaron la libertad y la vida; de las que dejan atrás la seguridad de Occidente para trabajar en un campo de refugiados o para patrullar el Mediterráneo para salvar vidas, los hombres heterosexuales feministas o militantes LGTB (los que de verdad lo han entendido).

Es por ello que nos ponemos en la piel de los otros animales y hacemos eso que sus explotadores llaman “humanizarlos”, que no nos suele gustar que se instrumentalice la lucha para que sea más cómoda para quien no quiere renunciar a ciertos privilegios. Es por eso que mostramos terribles imágenes de torturas y asesinatso que nunca sufriremos, y es por eso que nos manifestamos “contra la libertad” de quienes explotan animales.

Por cierto, el auténtico derecho de pernada medieval no puede ser otra cosa que el cobro por parte de los señores, que podían hacerlo porque eran los señores de las tierras que trabajaban los campesinos, de un muslo de cada animal que estos hubieran criado y matado. El auténtico derecho de pernada es, en realidad, un gran ejemplo del abuso y la explotación de los seres humanos sobre el abuso y la explotación de los demás animales.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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El día 16 de julio, el colectivo Abriendo Jaulas, realizó una acción en el centro de Barcelona contra la industria de la violación, el orfanato y la muerte prematura que secuestra, roba y exprime a las hembras de otras especies y a su descendencia, con el objetivo de conseguir ese producto sangriento llamado leche, llamado queso, llamado lácteos.

Era una acción curiosa y diferente, pero en Barcelona todo es posible. Desnudas y con expresión deprimida, las activistas tenían conectados los pechos por tubos a recipientes donde se simulaba un ordeño automático de ubres, como el que sufren las cerca de 900.000 vacas explotadas en el estado español. Las vacas son violadas e inseminadas y su ternero o ternera, recién nacido, es separado violentamente de la madre para ser a su vez explotada para dichos lácteos, asesinada para carne de lujo o para ser engordado con el mismo fin. El engorde se realiza mediante preparados industriales bajos en hierro y sales (de ahí que dichos animales laman los barrotes de las granjas o las manos de las humanas, buscando nuestras sales), que garanticen la palidez de sus músculos. Las vacas son tratadas como máquinas orgánicas, circunstancialmente vivas. Son consideradas como mecanismos, y por lo tanto no adquieren ni siquiera el estatus de esclavitud, porque las máquinas han sido creadas para servir, no para tener anhelos propios de la vida y la libertad.

Imatge: Montse García
Imatge: Montse García

No fueron pocos los pseudoperiódicos y las personas que ridiculizaron y criticaron dicha acción. Es lógico y consecuente para el macho acomplejado hacer comentarios acerca de la mujer que no puede alcanzar, bien por su ideología, bien por su nivel intelectual, por su estupidez o bien por su torpeza. Es lógico y pronosticable que la gente que vive o apoya la cultura patriarcal de la dominación y la violación, comentaran y lanzaran sus absurdas opiniones al aire virtual. Es lógico y presumible que el macho abra su bocaza para continuar con la dinámica de estultez invasiva y la estupidización anormal que caracteriza al machismo. Lo ilógico, lo inesperado, sería que la cerraran. Que las machistas cerraran la boca, eso sería excepcional.

Es previsible también que el rigor periodístico de cualquiera dotada de poca objetividad y mínima comprensión sobre el tema de los lácteos, redunde en las publicaciones derivadas de la acción. Las personas adictas no piensan con congruencia.

La lactocaseína es un adhesivo presente en todos los lácteos, además de ser una proteína de efectos similares a los opiáceos, pues libera casomorfinas y genera una adicción de baja intensidad en las humanas, como el café o el tabaco. Esta adicción y la dificultad de “desengancharse”, empuja a comportamientos acérrimos en su defensa, tales como los de las personas resistentes a aceptar la realidad química de los lácteos.

Durante la acción en Barcelona hubo burlas, desprecio, insultos velados, comentarios machistas sobre la estética de las activistas, sobre cómo deberían ser para ajustarse al cánon impuesto por el patriarcapitalismo, sobre su vello, etc, para sumarse al abanico de despropósitos que acompañan al activismo por las personas no humanas, propio de una sociedad machihembrada a la rutina y a la discriminación de lo diferente. No falta quien opine que las activistas necesitan una buena polla, ofreciendo por supuesto la suya para el propósito.

Por alguna razón misteriosa, las activistas veganas que visualizan la realidad que ocultan las explotaciones inmisericordes del especismo, son atacadas, burladas con sarcasmos, agredidas física, verbal o emocionalmente, desprestigiadas, difamadas y ninguneadas de un modo casi sistemático entre la horda machirula. Por alguna razón misteriosa la persona que pasea el espacio público o virtual, cree tener su derecho a escupir su opinión irreflexiva para vulnerar con ella a las voluntarias y sobretodo a las víctimas no humanas. El cuestionamiento de los estándares de vida actual mediante la visualización de las víctimas son despreciados por el pensamiento antropocentrista imperante, y en el caso de la defensa animal no humana, es casi ineludible este tipo de situaciones. Nadie osaría criticar a un grupo de voluntarias que protestara en contra de la guerra entre humanas, pero en oposición a la guerra contra las no humanas, sí, porque al parecer, hay víctimas de primera, segunda y tercera clase en el imaginario de la ciudadana de a pie.

La lucha antiespecista es eminentemente hembra, sin embargo, no es proporcional el número de mujeres que llevan la voz cantante en las reivindicaciones de vida, libertad e integridad física que se reclaman para las especies de animales no humanas. Esto es debido a que el monopolio mediático y social sigue situando a los hombres en categorias de verosimilitud excluyente, armoniosas con el heteropatriarcado. Ese mismo motor precisamente causante del capitalismo brutal que sitúa a las vacas en el lugar de las cosas rentables, usando cíclicas crisis, crucifijos sangrientos u otras chucherías. Las mujeres y las vacas tienen un rol que cumplir ante los ojos de la sociedad, por eso se les sugiere o impone cómo tienen que comportarse, amenazándolas con los peligros de disidir, con la exclusión y las burlas, culpabilizándolas por su modo de vivir y la gestión de su propio cuerpo.

Si los hombres sufrieran durante una sóla semana lo que las mujeres padecen cada hora y cada día de sus vidas, desde la marginación socioeconómica hasta el acoso, las violaciones de espacio y voluntad, el paternalismo o la cosificación de sus expectativas, simplemente estallaría una revolución cruenta y sangrienta con cientos de millones de víctimas humanas, la de los testículos mancillados. Sin embargo cualquier subida de tono en la reivindicación femenina -bien sea en favor de la hembra humana o la de otra fauna-, es recibida como un ataque “feminazi”, cuando el feminismo es una cuestión de mínimos justos, de mínimos apenas… Las activistas de la acción barcelonesa recibieron la ignominia por partida doble: por ser activistas animalistas, y por ser mujeres. Por mi parte sólo un caluroso aplauso.

Tetas, lucha y oprobio por el control de las tetas, menosprecio al dolor intenso y constante de las mamíferas que pagan con sus vidas y sus muertes el precio del capricho de los paladares y la adicción social a las “drogas de siempre”. Risas cuando la mujer se alza por sus derechos y los derechos de las suyas, risas cuando deciden ser manada… Risas, porque la risa del macho en decadencia es la antesala de su miedo ancestral, del miedo a perder privilegios, a perderse el mejor cacho de carne, del miedo a estar bajo la bota y no dentro de ella, miedo a que las cosas cambien como irremisiblemente está sucediendo, miedo a perder el vigor y agresividad que en la leyenda otorga la depredación y la falta de escrúpulos.

Miedo a ser tratado como una mujer, miedo a no poder beberse un jodido vaso de leche.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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En una acción inédita en Catalunya y el resto del territorio peninsular, activistas independientes y miembros de Pirañas Veganas detuvieron un camión que transportaba vacas al matadero de Mercabarna en Barcelona.

Varias activistas bloquearon el paso del camión con flores poniendo de manifiesto que era una acción pacífica mientras dos más se encadenaban en la parte de atrás y el resto daba agua a los animales, con el objetivo de intentar reconfortarles en sus últimas momentos de vida.

El colectivo Pirañas Veganas, se siente animado a llevar a cabo otras acciones semejantes en los próximos meses dado el soporte popular recibido tras la acción a pesar de no haber conseguido el objetivo inicial.

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Lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida
Silvio Rodriguez

El periquito Flipper, la cernícala Karolina, el perro Pysio, el estornino Federico, la paloma Josefina y las otras, la grajilla Karlota, la zorrita Michalinka, las docenas de gatas y gatos que han pasado temporal o indefinidamente bajo nuestra custodia: Tola, Filutek, Gadulka, Kasia, Filutka, Grzegorz, Bambo, Lola, Groszek, Kassandra, Laura, Felek, Garfield, Pioruń, Blanco, las hermanas Tofu, Tempeh, Seitan y Miso, Bolsita, Bicho, Bimba, Chmurka, Kleopatra, Cuprynka, Curro, Pixie y Dixie, Chinchorrina, Basztet, Chorrito, Dolores, Doska, Tosiek, Ewa, Maja, Marysia, Pajęczyca, … son algunas de las personas no humanas con las cuales he podido aprender el sencillo arte de vivir, un arte tan sencillo que a la mayoria de humanas les transcurre la vida sin aprenderlo. Personas con las cuales he podido establecer una comunicación a diversas profundidades, íntimos diálogos, observaciones, aprendizajes y un impagable enriquecimiento personal. Desechadas de casas sin escrúpulos, heridas, caidas de nidos, indefensas, víctimas de accidentes, rescatadas para la vida, salvadas de la absolutidad de la muerte, pudieron tener esa segunda oportunidad que le debemos a las personas.

Ningún estudio en Harvard, ningún seguimiento etológico, ninguna tesis en neurobiologia conductiva, ningún parámetro sobre reacción de neuroreceptores, ningún análisis exhaustivo sobre reacción psicológica puede convencerme ni siquiera atestiguar tan fielmente como mi propia experiencia personal con ellas, que cada animal tenemos propia idiosincrasia, propio carácter, propia interpretación del mundo -interior y exterior-, personalidad única, identidad irrepetible, inteligencia y concepción abstracta del espacio y del tiempo, asi como una sensibilidad a niveles extraordinarios, diversificados no por gradientes sino por idiosincrasias. Si las no humanas se limítan como sugirió tradicionalmente la “ciencia”, a errar, copiar y repetir, entonces nosotras también, si las no humanas aplican la regla del acierto error para sus aprendizajes, entonces nosotras también, si las no humanas intuyen y saben y comprenden, entonces nosotras también.

Quienes conviven con personas no humanas saben sabiendo (diferente de saber estudiando) que estas se comportan de modo MUY diferente en un estado de sosiego con sensación de seguridad y libertad, que en situaciones de estrés o presión por la obtención de respuestas, de experimentación o de tensión. No hace falta más ciencia que la del respeto -la acostumbrada gran ausente en los estudios con personas no humanas- para contemplar el espectáculo fascinante de la unicidad de cada animal. Del mismo modo una pareja de humanas no se acaban de conocer bien hasta que comparten un mismo espacio durante 24 horas al día, cada día. Y aún así tampoco garantiza conocimiento total, sencillamente porque todas las personas de cualquier especie cambiamos con el tiempo.

Las humanas somos animales tontos en lo esencial, aunque nuestra habilidad con pulgares oponibles y capacidad de curiosidad haga que alguna de las individuas de nuestra especie (no todas, ni mucho menos) creen, transformen, ingenien y aporten cosas positivas al medio ambiente y a la propia civilización. Lamentablemente el grueso de acciones neutras cuando no nocivas, tóxicas e incluso fatales, es bastante mayor al de las útiles, desde la contaminación ambiental o los residuos nucleares, o regímenes totalitarios, hasta la tecnocracia, la irresponsabilidad, la avaricia, la falsa democracia, pasando por el horror de todas las discriminaciones… Entre estas últimas cabe destacar la del especismo, el fascismo más aniquilador de entre todos los habidos en la historia, por su aceptación en la historia, en las clases, siendo igual de purulento entre las humanas oprimidas como entre las opresoras, tanto cuantitativa como cualitativamente.

El especismo está regulado por la ley, apoyado por todas las politicas, financiado por todas las economías, presente en cada país, cada ciudad, cada calle, cada persona con una ubicuidad similar a la de la Europa dominada por las nazis, de donde no era posible escapar más que por las chimeneas del crematorio.

Contra el especismo tenemos a la ética, eterno escudo, paria e hija no deseada de la evolución humana, y responsable paradójicamente de TODOS los bienes de nuestra especie. Gracias a la ética esta prohibido por ejemplo violar sexualmente a alguien… humano. Por supuesto se hace, pero a escondidas, con verguenza, con temor de las represalias jurídicas y sociales, en las sombras, sin apoyo colectivo ni legal. Si esa misma violación sexual se comete contra una cerda para producción de carne, o contra una vaca para producción de leche, entonces es legal, tradicional, financiada, bien vista y digna de ser enseñada a las niñas. ¿Paradojas? ¿Doble moral? ¿Hipocresia? ¿Alienación? ¿Todo junto?. Sin embargo las violaciones son actos de violencia cometidos en contra de la voluntad de la víctima y entendiendo en ella capacidad de sentir, de doler, de disfrutar o de morirse de tristeza y soledad. Por todo ello estan condenadas.

Los derechos para las humanas se basan en un cierto reconocimiento universal incondicional de personalidad a quienes la disfrutan, independientemente de si se hallan en formación, sujetas a enajenación mental o en coma incluso. Por ello los derechos a las no humanas deben basarse también en ello, no sólamente en el no sufrimiento (gente tetrapléjica insensible), sino en la presunción de personalidad, de identidad y consciencia.

El gobierno hindú hace poco tiempo reconoció a los delfines como personas no humanas. Un juzgado argentino otorgó hace poco más de un año el habeas corpus a una orangutana encerrada en un zoo, asumiendo que podía razonar, comunicarse, sentir afecto, penas y pérdidas, y que poseía concepción abstracta del tiempo y el espacio o transmitir enseñanzas, cualidades más que mínimas para ser considerada persona, y como tal, liberada.

Las patriarcales oscurantistas que ayer invocaban a Dios y hoy se parapetan en la ciencia excluyente, van desinflando su prepotencia para poco a poco, informe a informe, publicación a publicación, rendirse a la evidencia entorno a la personalidad individual de un gran grupo de animales no humanos. No todos, hasta lo que sabemos, pero sí aquellos que representan la inmensa mayoría de los utilizados por el ser humanos para el capricho de la gastronomía, la experimentación pseudocientífica, los espectáculos o las pieles, por citar algunos ejemplos. Si la personalidad, la individualidad y la conciencia de sí mismo y de su entorno son considerados finalmente ante la ley, de igual modo que lo están ante la ética, no nos va a quedar más remedio que ser coherentes con el proceso civilizatorio en el cual estamos, y legislar en su favor, otorgándole derechos fundamentales de vida, libertad e integridad, como vecinas de planeta que son, como seres conscientes y sintientes que son, como personas que son.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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Como sinopsis, hablar de la liberación de la Tierra significa respetarla y ayudarla a recuperar su propio equilibrio; se trata de no intervenir en ella si no es para desguazar los diques y los muros que no puede flanquear; se trata de limpiarla de cemento, de venenos químicos, de la masificación humana y la industria superflua. Hablar de la liberación de los animales no humanos significa acabar con su cosificación, con su esclavitud, tormento y muerte. Y el significado de todo ello es el de erosionar el antropocentrismo, clavar un golpe mortal al capitalismo y recobrarse con lo intangible: la vida.

Uno de los principales motivos por los que se reniega del ecologismo radical es el de la ardua tarea de la capacidad personal e integral de cambio, una mucho más sustancial y complicada que morderse la lengua frente a otras luchas de liberación que no se consideran prioritarias o que se cree que serán asumidas de forma natural y de la mano en un proceso socialista. Pues la triste realidad es que la historia nos demuestra reiteradamente que esto no es así y que por eso existen los movimientos sociales especializados en unas liberaciones que el partido de Lenin o el federalismo colectivo de Bakunin no nos regalarán. Y sinó como podemos explicar que existan aún colectivos antirracistas, feministas o lgtbi dentro y fuera del anticapitalismo? Pues porque saben que si no están, «Unidades» y «Poderes Populares» tampoco podrán ser garantía efectiva de los derechos paralelos que defienden.

Renegar de los privilegios sobre el resto de animales y luchar por su liberación es revolucionario. Para las que no lo consideren así, las invito a que mañana mismo prueben, durante una sola semana, de no consumir nada proveniente o de origen animal (ropa, calzado, alimentos, cosméticos, etc), que prueben que dejar de utilizar un lenguaje especista (cerdo/a, gallina, bestia, burro/a, cabrón/a, rata, perro/a, mariquita, etc), que pidan acompañar una activista animalista a una investigación en un laboratorio o una granja, a una sola acción de protesta, a probar de visionar el hiperrealismo de los documentales que realizamos con cámara oculta dentro de los centros de explotación. Sólo una semana, sin trampas al solitario; a ver hasta donde llega nuestra capacidad de cambio, nuestra empatía, la solidaridad y la sed de justicia que no permitimos que nunca se nos cuestione… Pues también lo dijo L. Wittgenstein que «revolucionaria será aquella que pueda revolucionarse a sí misma ».

Hay que tener presente que las víctimas humanas de los holocaustos eran débiles, no tenían voz, no se podían ayudar a sí mismas ni a las demás; estaban solas, indefensas; no querían ser violadas, golpeadas, no querían ser esclavas, no querían que practicaran experimentos científicos o médicos con sus cuerpos, no querían ser separadas de sus hijos/as o de sus padres o madres, no querían ser torturadas, no querían ser tiroteadas, quemadas, degolladas o gaseadas; y no querían que sus cuerpos pudieran llegar a convertirse en producto y mercancía en beneficio de sus verdugos.
«El eterno Treblinka” que proferimos a los animales no humanos sitúa cualitativa y cuantitativamente su sufrimiento en un nivel muy superior: cualitativamente por que los animales no saben porqué y cuándo acabará el tormento infligido; no entienden el concepto de lo que es la crueldad pero la sufren sin ninguna posibilidad de esperanza de llegar a saber hasta cuándo la tendrán que soportar. Muchas veces hasta que se les «cortocircuiten» los mismos nervios. Cuantitativamente todas conocemos la primera mentira de Auschwitz, pero no la segunda: que los campos de concentración continúan, que se han multiplicado por un incontable número y que se han esparcido de forma normalizada por todo el mundo con el narcotizante eufemismo de granja, laboratorio «científico» y matadero.

En cada momento de cada día somos aquel pueblo alemán que veía pasar camiones repletos de judías, comunistas, gitanas, eslavas, librepensadoras y libertarias pero no decía nada; intuían que pasaba, pero no hacían nada. Hoy todas sabemos que hay campos de concentración a reproducción y sufrimiento forzado, todo el mundo sabe dónde van a parar los trenes, los barcos y los camiones llenos de esclavos/as. El especismo es «die Endlösung der Animalenfrage» por el privilegio del gusto de la carne y el ansia de dominación, donde la mayoría de revolucionarias pasean sus estómagos sepultureros mientras presumen hablando de deseos de paz, justicias y libertades para toda la humanidad con la vaharada a cadáver saliendo de donde rara vez toca el Sol.

Es por nuestras acciones y omisiones que quizás no somos tan antagónicas a las tesis de A. Hitler cuando aquel tarado decía que la empatía y la ternura eran anatema, que la vida debía regirse por la razón de la fuerza y que sólo los fuertes merecían heredar la Tierra. Por eso decimos a menudo que, para con los animales, las humanas somos unas nazis.

Ni los pueblos que han sufrido los holocaustos ni las comunistas que los conocen han aprendido casi nada de aquello. En la actualidad, el infame Estado sionista de Israel trata de manera similar -a como su etnia fué masacrada- al pueblo palestino, aunque las comunistas podrían quedar perfectamente adscritas al anacronismo de la sociedad occidental de finales del siglo XIX, momento en el que el periodista y comunista Upton Sinclair se recluyó a escribir la novela «La Jungla» tras su investigación dentro del gran matadero Union Corral de Chicago. Su intención final era la de concienciar a la clase obrera sobre las interconexiones de explotación que se daban entre amos y esclavos, sobre obreros-esclavos que mataban a su vez a los esclavos de otras especies, construido a través de la metáfora de hacer ver y reflexionar sobre la carne enferma relacionada con el enfermizo sistema capitalista. Sinclair admite su fracaso cuando dijo: «(…) quise hacer diana en el corazón de la clase trabajadora y, sin proponérmelo, hice blanco en su estómago». Qué vergüenza, más de 200 años de teorías por las liberaciones y las esclavas humanas todavía esclavizan animales.

El antropofascismo (científico o libertario) afirma que el animalismo/ecologismo revolucionario divide a la clase obrera por ser una ideología burguesa, cosmogónica y basada en mentiras y falsas argumentaciones (curiosamente lo mismo que decían sobre el feminismo), cuando lo que quiere esconder -sin conseguirlo-, es una triste actitud reaccionaria, idealista y distorsionada que necesita negar una realidad alarmantemente objetiva y materialmente desbordante. Abrazan el medioambientalismo más superficial, jugando en el mismo bando y sobre el mismo tablero imperialista y liberal, subordinando la naturaleza a la humanidad, y la humanidad y la vida a la condena a la extinción. Los capitalistas no son los únicos que se aprovechan de la desolación.

Y siguen que, en su obsesión, las animalistas/ecologistas revolucionarias son pecadoras de un «derivado» del “humanismo misericordioso y desclasado» que se dedica a proteger los perros y los gatos que el capitalismo promovió como idílico junto con una casa unifamiliar, con porche y jardín, en las afueras de los centros urbanos tras la 2ª GM en EE.UU., pero malintencionadamente olvidan que nuestra lucha tiene en realidad y, como objetivo sustancial, la liberación de todos los animales a expensas de saber que el sistema cederá en el reconocimiento de los derechos de ciertas especies por encima de otras a medio plazo, y que por eso, priorizamos las aboliciones sobre los sectores del entretenimiento o el vestido que pueden ser asumidas por el capitalismo para dirigirnos vertiginosamente hacia las esperadas pugnas para desencadenar a los animales del yugo pesquero-ganadero y de los laboratorios de exterminio en occidente.

La opresión y la explotación sobre la vida que señala nuestro ecologismo como objetivos de lucha es una más de las las brutalidades que el capitalismo quiere y consigue silenciar. Ahora bien, lo que de ninguna manera puede considerarse normal es que no sólo sea el liberalismo que las esconda, sino que lo haga el marxismo y el anarquismo con plena nocturnidad mental y alevosía dialectal para conservar las prerrogativas que pretende quitar a otros.

Rayan el esperpéntico a pesar de quererlo adornar con dos pasajitos, algún que otro aforismo memorizado y verborreas decorosamente floridas. Aún prosperan estas actitudes en sectores transformadores porque siempre encuentran la sonrisa cómplice de los ortodoxos del manual y los integristas del humanismo que sabe que está en mayoría dentro de las organizaciones, aquel que es excluyente a la vida y a menudo revestido de una dudosa filantropía que niega la acción directa para salvar los humanos de la explotación y la muerte. Las reconoceréis porque algunas tienen el batiscafo estropeado para bucear dentro de su mente, y otros creen que es un submarino armado y dispuesto a hacer razia contra sus ideas impolutas.

Pocas están dispuestas a combatir en paralelo la totalidad de discriminaciones y opresiones, ínfimas las que se han llegado a plantear nunca una revolución total, una liberación total, porque se ve que hay prioridades: -… primero la clase obrera, y luego ya veremos. Jódete! Y te lo dicen como si se necesitara de su permiso adoctrinado que dicta futuros y soluciones ilustradas. Por el lado más científico suspenden, por el ético y moral también. Si el comunismo no quiere entender las igualdades no podrá resolver la ecuación contra las opresiones porque sigue abstruso y atravesado en las simples reglas de 3 que rasgan de golpe las etiquetas (todas fabulosas) con las que se envuelven las miserias políticas y las excusas personales.

Si somos comunistas por ser materialistas, entonces deberemos estar de acuerdo en que el hambre, la sed, la explotación, la enfermedad, el anhelo justicia, de libertad, las persecuciones, las condenas, los estigmas, la soledad, el abandono, la opresión, el maltrato físico y psicológico, la violación, el rapto, la tortura y la muerte son materiales porque son reales. Pues hay que saber que los animales no humanos no sufren esta historicidad en discontinuo como el imperialismo nos lo aplica a nosotras; a los animales no humanos se les regala el concentrado de tormento extremo segundo a segundo y sin ningún tipo de tregua. Pero ey! Para los de la sinagoga del materialismo clásico se ve que el mismo sufrimiento aplicado a los animales no humanos no es materialismo! Vea no sean las máquinas inanimadas del renacimiento cartesiano y nosotras aquí diciendo y haciendo idioteces.

En el culo de Occidente hay quienes no nos imaginamos las independencias nacionales sin el socialismo, y las hay que no se imaginan esta suma sin una liberación para la mujer y las lgtbi como topes máximos. Así es como por la falta de discurso, debate y estrategia dentro de la izquierda hay discriminaciones que ya se deben dar por superadas, como el racismo, y opresiones que hay que dejar elegir y pagar a la carta como las religiones. He llegado a ver banderas verdes en alguna publicación del partido donde milito, -queriendo hacer ver que es ecologista-, y siento una profunda vergüenza ajena que hace que se me escape una sonrisa falaz y cargada de impotencia.

Vigilemos de no quedar envenenadas con las pociones de autoconsumo dentro de nuestros guetos donde a menudo chorrean más cobardías, reformas morales y metafísicas para poder camuflarse que no gotas de cerveza en los dispensadores de centros sociales y ateneos. Y no la voy a tirar nunca la toalla, pero por las actuales experiencias, por primera vez empiezo a pensar que no hay valor para acelerar una revuelta organizada, que la empatía no es suficientemente potente y que los personalismos predominan; que no hay voluntad de darle la vuelta a esto, que no hay ganas de ir a por los de arriba y, que de paseo por este camino que no se donde conduce, se martiriza a las de más abajo.

La izquierda anda coja y con un ojo tuerto, y no sólo después del derrumbamiento del muro, sino como causa de la subsunción del ecologismo revolucionario y por dejar abandonados todos los frentes interseccionales de lucha por la igualdad. Tras el «gran salto adelante» hará 40.000 años, la primera revolución industrial encendió otra mecha por la destrucción acelerada de nuestro mundo, y parece paradigmático que sólo pocas revolucionarias la quieran apagar, cuando el imperialismo antropocéntrico ha conseguido que la mayoría actuemos como detonadoras y que incluso estemos satisfechas de la propagación. La asunción de la lucha por los derechos de los animales y por un ecologismo radical dignificará y reforzará la causa de las trabajadoras, de las mujeres, de las lgtbi, de las discriminadas por razones de etnia y de los pueblos y naciones oprimidas en este planeta pequeño, finito y tocado de muerte. La revolución total y perfecta la haremos cuando dejemos de oprimir y aceptemos la necesidad de liberar los seres albados.

Cualquier organización de liberación -nueva o existente- que en su fundación o refundación ideológica no incluya las premisas y los preceptos de la lucha por los derechos de los animales y de la Tierra ya nace completamente desfasada. Quien no quiera fragmentar y especializar los frentes de lucha para asumirlos y combatirlos de forma conjunta contra el capitalismo no hace más que poner peso en el ancla que nos mantiene paradas en aguas de disidencia moral y reforma revolucionaria a la baja. Ninguna pretendida vanguardia surgida de alguna capilla no será más que humo abocado al fracaso si no combate el teísmo y el especismo aunque haya asumido la lucha contra otros dominacionismos más allá de la causa de las trabajadoras.

Toni Teixidó. Cosecha tarraconense del 80 y maestro vocacional. Comunista, porque sólo podrá ser la clase explotada la que termine liberando a sus esclavos no humanos. Persisto con la idea de combatir todas las opresiones en paralelo y hacerlas converger en el marco de la reunificación y la independencia de los Paises Catalanes; es por ello que actualmente y, a fin de poder compaginar estas luchas, milito en d’ARREL, en el MCAN-EI, colaboro con Libera! y soy coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña.

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Del aguafuerte de Goya me permito cambiar el título porque poco se puede soñar cuando tu vida está guiada según unas pautas políticas, filosóficas y morales que ya están escritas y se interpretan estáticas; no se puede soñar o crear con límites a menos que te guste la reclusión. Las pinturas, como otras piezas de arte, no comienzan ni terminan dentro del marco que las contiene. Me recuerda a aquella colección de libros infantiles “Elige tu aventura”, con la diferencia de que todavía ningún aventurero ha logrado sobrevivir y llegar al final de la odisea. Y el delirio persiste. Quiero aclarar antes de continuar que cuando hablo de comunistas, lo hago incluyendo en este saco a socialistas científicas y libertarias por igual.

La vida es la realidad suprema (Nietzche), por lo tanto, la vida es la madre de los materialismos, la filosofía, la práctica política, la ética y la moral. Pero a la vez, muchas no saben que el fin de la vida comenzó con la primera segregación, el primer rapto, el primer cautiverio, con las primeras hibridaciones, con la domesticación (eufemismo de subyugación), con la esclavitud, con la explotación y la discriminación de los primeros animales no humanos; comenzó con la modificación del medio natural por el antojo de la opulencia y la sensación de poder más que por nuestra exclusiva necesidad. El origen y la raíz de las discriminaciones y explotaciones entre humanas comenzó con el dominacionismo de la naturaleza.

El sexismo, el racismo, el expansionismo, la ocupación, la colonización, las religiones, el patriarcado, el dominio y el abuso de poder son el resultado del especismo original, con la caza ya innecesaria después de la glaciación de Würm como uno de los principales detonantes. No sólo empezamos una guerra contra los animales no humanos y el medio, sino que, de paso, nos especializamos en las discriminaciones y las técnicas de autodestrucción de nosotras mismas como futura civilización.

Como sostengo que el especismo está en la raíz y es el origen de toda desigualdad, señalo que debe ser la primera discriminación y explotación a ser analizada, aceptada y combatida desde todas las parcelas que trabajan por liberaciones desde la izquierda. Así pues, considero que el especismo es la caja de pandora de las que luchan por la libertad y la igualdad universal, la caja de los truenos que pocas comunistas osan abrir. Sirva como advenimiento que creo profundamente que acabando con esta discriminación y explotación de base, se acabaría con los «ismos» que afectan directamente a las humanas, y eso no quiere decir dejar de combatirlos, sino todo lo contrario, estoy bastante convencido de que el afianzamiento de estos derechos los conseguiremos con seguridad una vez lleguemos a un proceso socialista bastante largo y del brazo de un ecologismo revolucionario que contribuya a derribar el especismo y el capital.

Hablo del delirio de la defensa a ultranza del antropocentrismo revestido de humanismo pseudofilántropo dentro la izquierda revolucionaria, con lo que si es necesario, sus militantes y simpatizantes perderán las formas, se equivocarán de enemigo y proferiran ataques contra las animalistas para no tener que abandonarlo.

Marx y Engels o Bakunin, por poner unas pocas figuras de ejemplo, abandonaron una vida burguesa o acomodada para poner todo su conocimiento y potencialidad al servicio de la oprimida y explotada clase obrera, una lección impecable de empatía y solidaridad. Por esta causa, Ernesto Guevara y revolucionarias de todo tipo se dejaron la vida, y esto sin olvidar las muertas temporales que son las presas políticas que hoy habitan las celdas del imperialismo global.

Las revolucionarias que se lo hacen llamar y que pretenden serlo no quieren escuchar según qué sentencias rotundamente objetivas, imposibles de impugnar dialécticamente si no se formalizan disparates o afirmaciones absurdas, infantiles y maniqueas como contraataque, porque así es como se lo toman, como un ataque, y bien visible si observamos y lo comparamos con la cara de imbéciles que se les quedaba a los machos de no hace mucho cuando sus camaradas femeninas vindicavan sus derechos, esta misma cara larga y desvergonzada de ir contra la razón, tal vez precisamente porque la verdad siempre ha sido revolucionaria, y la hipocresía organizada, la verdadera bandera con la que ocultar unas defectuosidades demasiado parecidas a las de los capitalistas que procuran combatir. Es jodido confirmar que buena parte de las mentes más evolucionadas en ciertos aspectos políticos y filosóficos, son a la vez las más ridículas, cerradas y guiadas por una baja intensidad ética y moral, claramente incompatible con la filantropía, la sensibilidad, la biotropia, con la fragilidad, con la vida.

Aquí radican algunas de las motivaciones por las que rehuyen el diálogo sincero y las lecturas donde su estructura cognitiva deba transformarse nuevamente, no quieren hacer más investigaciones o conexiones con el mundo que las rodea porque no quieren atravesar la tapia mental de algunos cientifismos y admitir que su cabeza chorrea ortodoxia, que se piensa con incongruencia, se recita incoherencia, se cae en la demagogia, y que buena parte de sus acciones y planteamientos son o se convertirán en una simple pose, una fachada competitiva que se irá construyendo de ambiciones egocéntricas y otras miserias dentro del lapidario gueto antroporevolucionario que acabarán, como la mayoría de ellas, incapaces de hacer ninguna aportación a la causa subversiva.

Así nos encontramos con “monaguillos» vestidos con la marca de las multinacionales cosidas por las explotadas que quieren liberar, que se reúnen para rendir culto a dioses y profetas finiseculares, que pasan el cepillo en el bar, pero no en la hucha para las represaliadas. Y es que ellas esperan que llegue el día en que las calles quemarán, que entrarán en los cuarteles militares, nos proveerán de armas y, bajo su guía mesiánica, nos librarán de la burguesía… Que nadie lo crea, su aportación habrá sido debatir sobre libros incuestionables y una serie de belicosas intenciones que acabarán huyendo, por piernas, del motín popular tan esperado y por la frontera estatal más cercana a su domicilio.

Como no hay valor para acelerar una revuelta, y como no se tiene noción de haber identificado el momento estratégico para organizarla, las que se esperan al día en que porlagraciadediosnuestroseñor tomaremos el poder, pasan algunos ratos dando toda la culpa a las masas, y no les falta razón, como la razón de ir contra la razón y el ejemplo de buena parte de las revolucionarias que nos han precedido. Si nuestra acción es siempre superficial y no vamos a desarrollarla en las alcantarillas y centro de mando desde donde el imperialismo planifica y ejecuta la destrucción de nuestro mundo, con esta postura de ir esperando, cuando no quede mundo habitable ya podremos instaurar un nuevo orden socialista si nos llega el aliento para fabricar una punta de lanza.

Consignas gritadas que no se acaban cumpliendo, prédicas por los demás desde el nihilismo revolucionario, libros sagrados que entumecen la acción y que impiden la visión amplia de las explotaciones, activistas con anteojeras que no pueden ver los 300º restantes de la circunferencia que se debe liberar, un ángulo de visión recuperable cuando quieran librarse de más de dos y de tres de sus derechos que les ofrece el sistema que dicen detestar y de las prioridades con las que esconden y perpetúan lo que de hecho son sus sanguinarios privilegios sobre los seres vivos más débiles, indefensos e inocentes.

Manifiesta incapacidad para imaginarse qué política medioambiental debería acompañar un proceso de transición socialista. Haced la prueba, porque se ve que el comunismo que persiguen algunas podría llegar a albergar el doble de habitantes en este planeta… claro que también el doble de granjas industriales, el doble de contaminación, el doble agotamiento de recursos y materia prima… Y mientras cae el exabrupto no puedo dejar de pensar en bigotes de acero, grúas, tuberías, cemento, forjas, fuego, polvo, carburantes quemados y algún que otro centro de reeducación para disidentes del antropocentrismo o campos de trabajo forzados para animalistas que irán a descansar en el establo junto a los cerdos y las vacas «ecológicamente felices» del próximo Estado inmerso en alguna fase socialista.

Intentad preguntar a una militante sobre el siguiente supuesto y que responda: imagínate que estamos inmersos en un proceso socialista y que estás al frente del ministerio de medio ambiente, tienes plenos poderes decisorios y ejecutivos. En esta situación, qué políticas ecologistas aplicarías? En este proceso tendría cabida la explotación animal? Si se da en un ambiente político, ninguna de ellas sabrá imaginarlo ni responder a la primera sin antes haber hecho pausas interminables que acabarían rompiendo el silencio tirando balones fuera. En un ambiente más distendido, el tema de los animales y el desequilibrio natural simplemente no existirían o formarian parte de algun con la intencion de ridiculizar al interlocutor.

El medio ambiente, la vida y la preservación de la integridad física y psicológica de cada individualidad debe ser más importante que la economía, siempre, también y sobretodo en un proceso socialista. Sin un retorno al natural equilibrio medioambiental estamos muertas; no habrá tal paraíso para las futuras generaciones, y no nos engañemos, en occidente también sufriremos antes de los últimos suspiros. Deconstruyendo las infraestructuras capitalistas, decreciendo del delirio consumista, elevaremos todo nuestro potencial de amor y armonía interior, pues por el contrario ya conocemos nuestra capacidad de destrucción, y sabemos que no tiene límites, como la estupidez humana infinita en palabras de Einstein.

Nunca más un capitalismo de estado al estilo soviético también en términos medioambientales. Aprendamos de ello, pues no deberíamos hacer subir a las trabajadoras en el autobús de las liberaciones si no dejamos claro que de aquello sólo se tiene que aprender en un sentido histórico para no repetir lo que le llevó a su declive, y que ese proceso, sin renegar de él y estando agradecidas a sus sacrificios y aciertos, de ninguna manera fue una vía válida hacia el comunismo.

Especista-leninista o la anarcoespecista, es aquella que no quiere aceptar ni en abstracto la necesidad de unos derechos básicos para los animales no humanos. Creen que por haber semi-asumido o tolerado la lucha antipatriarcal ya lo han hecho todo, muchas también piensan que por haber dejado de reírse en la cara del «marica con pluma» deben sentirse satisfechas y vanagloriadas, cuando en realidad sólo se han librado de unos privilegios de bastante fácil asunción. Feministas y LGTBI miradas con respeto pero siempre con cierta condescendencia mientras no interfieran con el único objetivo de derribar el capitalismo. De otro modo las animalistas de clase, o sea, las ecologistas revolucionarias, todavía no somos ni un mal menor y la antipatía no se convertirá en oposición violenta, pues la fase de ridiculización está aún vigente.

Es la liberación animal y de la Tierra lo que nos conducirá a «la emancipación universal» y no sólo la liberación del proletariado tal como afirmaba K. Marx. Y para ello, hay que pasar de la propuesta del «hombre nuevo» del Che o el «superhombre» de Nietzche hacia la creación de la «humanidad por la vida” o “la nueva humanidad biocentrista».


Toni Teixidó. Cosecha tarraconense del 80 y maestro vocacional. Comunista, porque sólo podrá ser la clase explotada la que termine liberando a sus esclavos no humanos. Persisto con la idea de combatir todas las opresiones en paralelo y hacerlas converger en el marco de la reunificación y la independencia de los Paises Catalanes; es por ello que actualmente y, a fin de poder compaginar estas luchas, milito en d’ARREL, en el MCAN-EI, colaboro con Libera! y soy coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña.

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Hemos decidido luchar por los animales, de todas las injusticias habidas en este mundo , hemos decidido poner voz a los que no la tienen, dar la cara por los que a nadie importan. ¿Por que hemos elegido a los animales de entre tantas causas nobles por las que luchar?

Para empezar porque la explotación de los animales no humanos esta socialmente aceptada, hemos normalizado ciertas actividades, como el consumo de carne, leche o huevos, la tracción a sangre, los espectáculos a costa de privar de libertad a los animales, la experimentación y un largo etcétera que denunciar estas injusticias no esta bien visto. La mayoría de nuestras amigas y familias colaboran de forma directa o indirecta con la explotación, de forma consciente o inconsciente, ya sea cuando alguien compra un jabón testado en animales o un niño se come una salchicha fabricada con el cadáver de un cerdo. Detrás de estos comportamientos se encuentra una violencia asumida como normal, implícita, por la cual no esta bien visto alzarse en su contra, la sociedad se ha encargado de ocultar y silenciar el sufrimiento de los animales, para que lo ignoremos, e incluso lo ridiculicemos.

Los animales son totalmente inocentes, su único delito ha sido tener que compartir este planeta con un ser tan dañino y avaricioso como el humano, todos los animales viven en armonía con la naturaleza a excepción del hombre.

Nunca en la historia ha habido una opresión tan brutal hacia un grupo de seres inocentes, ni en numero ni en cantidad de dolor infringido. Si el dolor fuese medible, no tendríamos números para cuantificar lo que pasa en los mataderos, granjas, laboratorios y zoológicos del mundo.

Los animales son nuestros iguales en cuanto a su capacidad de sentir, dolor, alegría, tristeza, miedo, hambre, frío… compartimos con ellos muchos intereses, ignorarlos y no tenerlos en cuenta, adueñandonos de sus vidas, es un tipo de discriminación denominado especismo, tan grave y deplorable como el racismo o el sexismo.

Hemos decidido luchar por ellos y por eso somos continuamente cuestionados, juzgados, ignorados e incluso ridiculizados. Contra nosotros se utiliza un discurso demagógico. Es común que se nos pregunte por qué no nos implicamos en causas que son consideradas más “importantes” como ayudar a individuos de nuestra especie o que se cuestione nuestra congruencia porque utilizamos una tecnología que también puede generar sufrimiento a individuos inocentes como puede ser el uso de coltán en aparatos electrónicos o petróleo en el transporte. Este discurso tiene más como objetivo aplacar la conciencia de aquel que no hace nada, ni por animales, ni por humanos, que de crear un debate constructivo, no es un consejo lo que nos dan es una excusa barata, nunca se debería dejar de ayudar a alguien por no ser posible ayudar a todo el mundo.

El veganismo no significa un “en vez de” sino que es un “además” ser vegano y defender a los derechos de los animales no implica desvincularse de otras injusticias sociales o luchas en defensa del medio ambiente, o de cualquier desigualdad. de hecho el veganismo involucra luchar contra el hambre en el mundo, crear un planeta más sostenible, reducir los gases de efecto invernadero, un mundo de menos desigualdades.

En nuestra lucha intentamos ser coherentes, pero sin renunciar a nuestras vidas, haciendo el menor daño posible, eligiendo la opción mas compasiva, siempre que exista. Sin embargo, ¿por qué se sigue menospreciando la lucha en defensa de los derechos de los animales? porque los animales siguen siendo considerados víctimas de segunda categoría, no las ponemos a la misma altura que las demás, nadie se atrevería a llevar este discurso demagógico a quien esta implicado en otras luchas como la ayuda humanitaria en el tercer mundo. ¿Os imaginanáis a alguien recriminado a un activista que ayuda a los niños hambrientos que use un coche que consume petróleo, tachándolo de hipócrita? o que ¿por qué no ayuda a los niños de otra región que están más necesitados? Eso nunca pasa porque consideramos a los niños lo suficiente importantes para no frivolizar con su sufrimiento. En cambio a los que hemos decidido defender a los animales tenemos que escuchar repetidas veces ese: y por qué no ayudas a los niños.. y utilizas coche que consume petróleo… a los activistas de los animales nos exigen un grado de congruencia que raya el absurdo. Porque nadie pone a los animales a la misma altura que los humanos, y nadie se atrevería a usar argumentos tan absurdos cuando en el otro lado de la balanza se encuentran niños hambrientos humanos, pero si los bebés son de otra especie, allí cambia la película y podemos tratar de desprestigiar la causa con todo tipo de falacias.

Todo esto refleja lo poco que importan estas víctimas. Para empezar a cambiar esta situación deberíamos empezar por ser conscientes de su sufrimiento y no jerarquizar el dolor de los inocentes en función de su especie, no existen victimas de primera, segunda o tercera categoría.

¿Porque defendemos a los animales? porque consideramos que tienen el mismo derecho que nosotros a no ser torturados, esclavizados o asesinados y ademas sus derechos son totalmente ignorados por la gran mayoría de la gente, nos indigna y nos entristece profundamente que la gran mayoría de la gente, sea incapaz de ver algo tan sencillo.

El día que la gente se estremezca de la misma manera ante una injusticia, independientemente del sexo, la raza o la especie de la víctima habremos dado el primer paso para terminar con este holocausto.

Mientras tanto, seguiremos luchando por los que no tienen voz.

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

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El término mascota se ha hecho popular, tanto, que son muchas las personas que lo han adoptado para designar a los otros animales, aquellos que se adecúan a la idea de animal de familia, animal conviviente o animal de compañía, aunque, en este último caso, inferamos que se trata de una denominación absolutamente utilitarista del animal. De modo que parece que mascota anula, invisibiliza o resta importancia a esos apelativos que, a mi entender, son mucho más apropiados para designar a los animales que comparten, y con los que compartimos, nuestras vidas.

Desde la perspectiva social no animalista, los animales calificados como mascotas son opuestos a los clasificados como parias, a los cuales no se les cuida ni alimenta sino que, por el contrario, se les intenta exterminar como ocurre con los jabalíes, lobos, osos, ratas, palomas, cucarachas, etc. La distinción entre los animales considerados mascota y los imaginados como paria, presenta una variabilidad individual entre los integrantes de cada sociedad-cultura. En un mismo grupo social hay quien prefiere a los perros y gatos, o es hostil a una u otra especie; un porcentaje que se entusiasma con la visión de los peces, otros aficionados a los reptiles, a las aves, a los insectos y a lo que sea, con tal de poseer una mascota que colme sus deseos y expectativas.

Buscando la definición oficial de mascota en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) encontramos que proviene del francés mascotte y se explica como: 1) Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte; 2) Animal de compañía. Tienda de mascotas. Como las definiciones oficiales no satisfacen mi consideración y comprensión de lo que son los otros animales (que no son ni talismanes, ni aportan buena o mala suerte), y como no puedo aquí extenderme en analizar cómo se produjo la apropiación de la palabra mascota como genérico, me tomo la libertad de emplear, cuando convenga, la terminología que considero pertinente: animal conviviente o animal de familia.

Además del utilitarismo implícito en la definición de mascota, me pregunto ¿se comen las personas a las mascotas? La cuestión que planteo consiste en dilucidar si un animal que forma parte de la culinaria habitual de un pueblo puede continuar siendo una mascota. Es probable que la mayor parte de las personas responsables de animales de familia, sean o no animalistas, considere que no es posible comérselos. La antropología nos muestra que, entre los animales humanos y los otros animales considerados comestibles, pueden producirse relaciones muy similares a las que se dan entre los animales convivientes y las personas encargadas de su cuidado. En esa línea, la antropóloga Margaret Mead, en sus estudios de la sociedad en Nueva Guinea, decía que se mimaba y consentía tanto a los cerdos que estos adquirían características de los perros, por ejemplo, agachaban la cabeza cuando se les reprendía, se apretaban contra la persona responsable para recuperar su favor, etc., pero hasta el cerdo más consentido acababa siendo comido en un convite o donado a otro grupo para satisfacer al antepasado de otra persona.

Otra zona, conocida por el trato de animal de familia otorgado a los animales considerados comestibles, es África oriental. Pueblos pastores como los nuer, shilluk, masais o dinkas, que viven en el norte de Kenia o en el Sudán nilótico, miman a sus vacas. Los hombres, que son quienes se ocupan de las reses, ponen un nombre a cada ternero y cortan y retuercen progresivamente su cornamenta para darle formas curvadas que consideran bellas. Hablan de sus bueyes y vacas en sus pláticas cotidianas y esos animales ocupan un lugar relevante en sus canciones, les cuidan, les adornan con abalorios de madera, borlas, cencerros y cintas. En el caso de los dinkas, los hombres duermen junto a sus reses, en el establo que construyen para protegerlas de sus depredadores. La mayoría de estos grupos pastores obtienen su alimento básico a partir de la leche y los derivados lácteos, sin embargo, también les gusta mucho la carne de vacuno, que comen cuando una res vieja muere de muerte natural o en algún festín que celebran con motivo de un cambio de estación, matrimonio y funeral.

Lo que proponen los ejemplos citados es que la categoría de animal de familia no es un estado del ser excluyente. La gente puede otorgar a los animales trato de animal conviviente más o menos señalado. Así que, en lugar de discutir si el cerdo neoguineano o la vaca dinka son o no auténticos animales de familia, lo que debería hacerse es identificar el grado en que las relaciones entre animales humanos y los otros animales, en culturas concretas, presentan cualidades propias de una vinculación, fuerte o débil, entre persona responsable y animal de familia.

La relación con el animal paria, en general y excepto para quien es responsable de este, presenta el tipo de cualidades a las que me he referido pero no puede considerarse prototípica, por mucho amor que se tengan ambos. Además, algunos animales paria, como reptiles e insectos, no cumplen determinados criterios de la relación porque, por ejemplo, hay que mantenerlos entre paredes de cristal o en artefactos creados al efecto dado que no se les permite deambular libremente en el espacio doméstico (donde, en principio, los primeros no deberían de estar, al revés de lo que es propio con los segundos). Al contrario ocurre con los cerdos neoguineanos y con las reses africanas, los animales humanos los meten en sus casas y duermen a su lado. Pero, el gusto por la carne de sus compañeros humanos rebaja considerablemente su estatus de animales de familia. Porque, aunque se les permite compartir la intimidad familiar también son asesinados y acaban en el estómago de los miembros de la familia, fórmula que no afecta a los integrantes humanos del grupo entre sí, incluso en el caso de los caníbales.

Por ejemplo y al hilo de lo anterior, en un nivel superior se sitúa a la vaca hindú y al caballo que se convierten en objeto de interés religioso, utilitario o estético estableciéndose un vínculo de tipo moral que elimina cualquier pensamiento de comer carne de vacuno o de equino en determinadas culturas. Estos animales, por su tamaño, no acompañan a la familia en el interior de la casa sino que viven al aire libre para el deleite de los responsables. Esta relación de criterios de definición apunta a por qué, en la mirada occidental, gatos y perros son los modelos por excelencia de animales de familia: los alimentan, cuidan de ellos, conviven en los domicilios y duermen incluso en la propia cama de la persona responsable. El mutuo amor que se profesan no se ve nunca amortiguado por un deseo de comer su carne, deseo que, por lo que sabemos, podría ser recíproco.

Por tanto, puede afirmarse que en el grado más elevado de la condición de animal de familia, este no es “bueno” para comer aunque ello no signifique que no se consuman determinados animales porque son considerados convivientes. La condición de animal de familia no es nunca un factor independiente de los hábitos alimentarios. Porque, el motivo de que no se coma determinada especie y de que se convierta en animal conviviente, y no en paria, depende de cómo se articule este en el sistema de producción de alimentos y bienes de cada cultura.

Un ejemplo que confirma lo expresado se encuentra en el caso del perro. En Occidente, por lo general, no se consume carne de perro pero no porque sean animales favoritos, convivientes o de familia sino, básicamente, porque los occidentales disponen de una enorme variedad de animales paria que son creados y criados del modo más lucrativo y económico posible, sin atender a que son seres sintientes, para satisfacer sus ansias y su gusto por la carne. Mientras que los perros “prestan” numerosos servicios que tienen mucho más valor que su carne. Por el contrario, las culturas que comen cánidos no disponen o tienen pocas fuentes de alimentos de origen animal y el servicio que pueden prestar los perros no es suficiente para prescindir de los productos que proveen una vez que son asesinados. China era uno de esos países donde la escasez de carne y la inexistencia de una industria láctea provocaron pautas alimentarias basadas en el vegetarianismo involuntario. Allí el consumo de carne de perro era la norma, no la excepción. Sabemos que esta práctica continua vigente, a pesar de las normativas que, de modo más o menos estricto, prohíben, por ejemplo, la cría de perros para el consumo, en la ciudad de Pequín.

Resumiendo podemos establecer que, en determinadas culturas, el factor que prescribe que un animal de familia sea o no comido es su utilidad residual aunque, sin duda, hoy la persona responsable de un animal conviviente rebatirá apasionadamente esta afirmación. Porque mucha gente piensa que la característica fundamental de la condición de un animal es una utilidad relativa, es ser animal de compañía y, quizás, atraer la buena suerte. Aspectos que se encuentran implícitos en la definición de mascota que referí al inicio:”…que sirve de talismán, que trae buena suerte; …animal de compañía”.

La idea de que los animales convivientes son relativamente útiles e incluso inútiles, como frecuentemente se les considera en el ámbito rural, proviene de los hábitos y costumbres de posesión de animales de las clases aristocráticas. En las cortes imperiales del mundo antiguo existían jardines zoológicos donde se hacía alarde de animales exóticos, raros y particulares, con objeto de distraer al visitante y como símbolos de poder y riqueza. Estatus social que se muestra desde los egipcios y su pasión por los guepardos o por los felinos en general, o las egipcias que acostumbraban a lucir serpientes vivas alrededor del cuello, al modo como hacen hoy algunas mujeres vistiendo cadáveres de visón, lobo, etc., sobre sus hombros, hasta llegar a los emperadores romanos y su predilección por los leones.

O en el Medievo europeo, cuando las casas reales cobijaban todo tipo de animales que eran mimados por las mujeres o en el siglo XVII cuando las damas llevaban perritos sobre el pecho a los que alimentaban con golosinas. Toda una demostración de riqueza, un lujo, porque el pueblo no podía permitirse tener animales que no tuvieran utilidad ya fuera en la caza, pastoreo, protección, etc. Pero con la aparición de las denominadas clases capitalistas o mercantilistas, la posesión de animales por “placer” se convirtió en una de las formas de demostrar que no se era plebeyo. Porque disponer de animales con ese objetivo no era una actividad inútil, ya que acceder a los círculos del poder se logra a través del consumo de prestigio. Con lo que podríamos denominar democratización de la economía, la tenencia o posesión de animales caros o de lujo dejó de ser tan valiosa para el contacto social a diferencia de lo que fue antaño.

Desde la Antigüedad hasta hoy, los animales de familia han proporcionado “servicios” de compañía y de entretenimiento para el animal humano. Y, desde esta perspectiva, los animales convivientes contemporáneos no pueden competir con las prácticas que se realizaban antiguamente, por ejemplo, los combates que tenían lugar entre leones y elefantes (a pesar de las tremendas peleas de perros, gallos, etc. que se organizan en la actualidad). Aunque, analizando la cuestión se puede establecer que hoy, un perro que persigue una pelota y la devuelve o un gato cazando ratones imaginarios o moscas y aves, pueden crear un espectáculo y un embelesamiento absolutos para la persona responsable.

Para terminar añadir que, a través de un pequeño cuestionario, pregunté a una muestra aleatoria de 35 personas –animalistas o no– acerca de los “beneficios” de tener animales de familia o convivientes y las respuestas más significativas fueron: 1) uso mayoritario del término mascota (29 respuestas, contra el uso de animal de familia o conviviente, que en ocasiones fue necesario explicar); 2) beneficios: tenerlos por compañía (19 respuestas), por amor (12 respuestas), por pena (15 respuestas, solapadas con “por amor”), por placer (8 respuestas), por belleza (3 respuestas, solapadas con “por placer”), por protección (2 respuestas solapadas con “por compañía”). Podemos objetar que el cuestionario presentaba sesgos dado que era solo un “test” sin mayor ambición y porque se preguntaba acerca de los animales sin distinción. Además se realizó entre un circulo reducido de personas afines a quien escribe y en el ámbito territorial de Barcelona. Pero entiendo que sí se convierte en un pequeño indicador que se corresponde con lo presentado en este escrito.

Por último, desearía realizar una petición a todas las personas animalistas o no: ¿por qué no abandonamos el término mascota y nos acostumbrarnos a llamar animales de familia o animales convivientes a esos seres queridos que comparten nuestras vidas?

 

Antropóloga, activista por los derechos de los animales, feminista, vegana, heterodisidente. Acompaño y comparten mi vida tres gatas maravillosas. Fundadora de Antropología de la Vida Animal. Grupo de Estudios de Etnozoología. Profesora universitaria: explico a generaciones de jóvenes quiénes son los otros animales con la esperanza de que un día cambie la consideración hacia los animales no humanos.

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