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El término mascota se ha hecho popular, tanto, que son muchas las personas que lo han adoptado para designar a los otros animales, aquellos que se adecúan a la idea de animal de familia, animal conviviente o animal de compañía, aunque, en este último caso, inferamos que se trata de una denominación absolutamente utilitarista del animal. De modo que parece que mascota anula, invisibiliza o resta importancia a esos apelativos que, a mi entender, son mucho más apropiados para designar a los animales que comparten, y con los que compartimos, nuestras vidas.

Desde la perspectiva social no animalista, los animales calificados como mascotas son opuestos a los clasificados como parias, a los cuales no se les cuida ni alimenta sino que, por el contrario, se les intenta exterminar como ocurre con los jabalíes, lobos, osos, ratas, palomas, cucarachas, etc. La distinción entre los animales considerados mascota y los imaginados como paria, presenta una variabilidad individual entre los integrantes de cada sociedad-cultura. En un mismo grupo social hay quien prefiere a los perros y gatos, o es hostil a una u otra especie; un porcentaje que se entusiasma con la visión de los peces, otros aficionados a los reptiles, a las aves, a los insectos y a lo que sea, con tal de poseer una mascota que colme sus deseos y expectativas.

Buscando la definición oficial de mascota en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) encontramos que proviene del francés mascotte y se explica como: 1) Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte; 2) Animal de compañía. Tienda de mascotas. Como las definiciones oficiales no satisfacen mi consideración y comprensión de lo que son los otros animales (que no son ni talismanes, ni aportan buena o mala suerte), y como no puedo aquí extenderme en analizar cómo se produjo la apropiación de la palabra mascota como genérico, me tomo la libertad de emplear, cuando convenga, la terminología que considero pertinente: animal conviviente o animal de familia.

Además del utilitarismo implícito en la definición de mascota, me pregunto ¿se comen las personas a las mascotas? La cuestión que planteo consiste en dilucidar si un animal que forma parte de la culinaria habitual de un pueblo puede continuar siendo una mascota. Es probable que la mayor parte de las personas responsables de animales de familia, sean o no animalistas, considere que no es posible comérselos. La antropología nos muestra que, entre los animales humanos y los otros animales considerados comestibles, pueden producirse relaciones muy similares a las que se dan entre los animales convivientes y las personas encargadas de su cuidado. En esa línea, la antropóloga Margaret Mead, en sus estudios de la sociedad en Nueva Guinea, decía que se mimaba y consentía tanto a los cerdos que estos adquirían características de los perros, por ejemplo, agachaban la cabeza cuando se les reprendía, se apretaban contra la persona responsable para recuperar su favor, etc., pero hasta el cerdo más consentido acababa siendo comido en un convite o donado a otro grupo para satisfacer al antepasado de otra persona.

Otra zona, conocida por el trato de animal de familia otorgado a los animales considerados comestibles, es África oriental. Pueblos pastores como los nuer, shilluk, masais o dinkas, que viven en el norte de Kenia o en el Sudán nilótico, miman a sus vacas. Los hombres, que son quienes se ocupan de las reses, ponen un nombre a cada ternero y cortan y retuercen progresivamente su cornamenta para darle formas curvadas que consideran bellas. Hablan de sus bueyes y vacas en sus pláticas cotidianas y esos animales ocupan un lugar relevante en sus canciones, les cuidan, les adornan con abalorios de madera, borlas, cencerros y cintas. En el caso de los dinkas, los hombres duermen junto a sus reses, en el establo que construyen para protegerlas de sus depredadores. La mayoría de estos grupos pastores obtienen su alimento básico a partir de la leche y los derivados lácteos, sin embargo, también les gusta mucho la carne de vacuno, que comen cuando una res vieja muere de muerte natural o en algún festín que celebran con motivo de un cambio de estación, matrimonio y funeral.

Lo que proponen los ejemplos citados es que la categoría de animal de familia no es un estado del ser excluyente. La gente puede otorgar a los animales trato de animal conviviente más o menos señalado. Así que, en lugar de discutir si el cerdo neoguineano o la vaca dinka son o no auténticos animales de familia, lo que debería hacerse es identificar el grado en que las relaciones entre animales humanos y los otros animales, en culturas concretas, presentan cualidades propias de una vinculación, fuerte o débil, entre persona responsable y animal de familia.

La relación con el animal paria, en general y excepto para quien es responsable de este, presenta el tipo de cualidades a las que me he referido pero no puede considerarse prototípica, por mucho amor que se tengan ambos. Además, algunos animales paria, como reptiles e insectos, no cumplen determinados criterios de la relación porque, por ejemplo, hay que mantenerlos entre paredes de cristal o en artefactos creados al efecto dado que no se les permite deambular libremente en el espacio doméstico (donde, en principio, los primeros no deberían de estar, al revés de lo que es propio con los segundos). Al contrario ocurre con los cerdos neoguineanos y con las reses africanas, los animales humanos los meten en sus casas y duermen a su lado. Pero, el gusto por la carne de sus compañeros humanos rebaja considerablemente su estatus de animales de familia. Porque, aunque se les permite compartir la intimidad familiar también son asesinados y acaban en el estómago de los miembros de la familia, fórmula que no afecta a los integrantes humanos del grupo entre sí, incluso en el caso de los caníbales.

Por ejemplo y al hilo de lo anterior, en un nivel superior se sitúa a la vaca hindú y al caballo que se convierten en objeto de interés religioso, utilitario o estético estableciéndose un vínculo de tipo moral que elimina cualquier pensamiento de comer carne de vacuno o de equino en determinadas culturas. Estos animales, por su tamaño, no acompañan a la familia en el interior de la casa sino que viven al aire libre para el deleite de los responsables. Esta relación de criterios de definición apunta a por qué, en la mirada occidental, gatos y perros son los modelos por excelencia de animales de familia: los alimentan, cuidan de ellos, conviven en los domicilios y duermen incluso en la propia cama de la persona responsable. El mutuo amor que se profesan no se ve nunca amortiguado por un deseo de comer su carne, deseo que, por lo que sabemos, podría ser recíproco.

Por tanto, puede afirmarse que en el grado más elevado de la condición de animal de familia, este no es “bueno” para comer aunque ello no signifique que no se consuman determinados animales porque son considerados convivientes. La condición de animal de familia no es nunca un factor independiente de los hábitos alimentarios. Porque, el motivo de que no se coma determinada especie y de que se convierta en animal conviviente, y no en paria, depende de cómo se articule este en el sistema de producción de alimentos y bienes de cada cultura.

Un ejemplo que confirma lo expresado se encuentra en el caso del perro. En Occidente, por lo general, no se consume carne de perro pero no porque sean animales favoritos, convivientes o de familia sino, básicamente, porque los occidentales disponen de una enorme variedad de animales paria que son creados y criados del modo más lucrativo y económico posible, sin atender a que son seres sintientes, para satisfacer sus ansias y su gusto por la carne. Mientras que los perros “prestan” numerosos servicios que tienen mucho más valor que su carne. Por el contrario, las culturas que comen cánidos no disponen o tienen pocas fuentes de alimentos de origen animal y el servicio que pueden prestar los perros no es suficiente para prescindir de los productos que proveen una vez que son asesinados. China era uno de esos países donde la escasez de carne y la inexistencia de una industria láctea provocaron pautas alimentarias basadas en el vegetarianismo involuntario. Allí el consumo de carne de perro era la norma, no la excepción. Sabemos que esta práctica continua vigente, a pesar de las normativas que, de modo más o menos estricto, prohíben, por ejemplo, la cría de perros para el consumo, en la ciudad de Pequín.

Resumiendo podemos establecer que, en determinadas culturas, el factor que prescribe que un animal de familia sea o no comido es su utilidad residual aunque, sin duda, hoy la persona responsable de un animal conviviente rebatirá apasionadamente esta afirmación. Porque mucha gente piensa que la característica fundamental de la condición de un animal es una utilidad relativa, es ser animal de compañía y, quizás, atraer la buena suerte. Aspectos que se encuentran implícitos en la definición de mascota que referí al inicio:”…que sirve de talismán, que trae buena suerte; …animal de compañía”.

La idea de que los animales convivientes son relativamente útiles e incluso inútiles, como frecuentemente se les considera en el ámbito rural, proviene de los hábitos y costumbres de posesión de animales de las clases aristocráticas. En las cortes imperiales del mundo antiguo existían jardines zoológicos donde se hacía alarde de animales exóticos, raros y particulares, con objeto de distraer al visitante y como símbolos de poder y riqueza. Estatus social que se muestra desde los egipcios y su pasión por los guepardos o por los felinos en general, o las egipcias que acostumbraban a lucir serpientes vivas alrededor del cuello, al modo como hacen hoy algunas mujeres vistiendo cadáveres de visón, lobo, etc., sobre sus hombros, hasta llegar a los emperadores romanos y su predilección por los leones.

O en el Medievo europeo, cuando las casas reales cobijaban todo tipo de animales que eran mimados por las mujeres o en el siglo XVII cuando las damas llevaban perritos sobre el pecho a los que alimentaban con golosinas. Toda una demostración de riqueza, un lujo, porque el pueblo no podía permitirse tener animales que no tuvieran utilidad ya fuera en la caza, pastoreo, protección, etc. Pero con la aparición de las denominadas clases capitalistas o mercantilistas, la posesión de animales por “placer” se convirtió en una de las formas de demostrar que no se era plebeyo. Porque disponer de animales con ese objetivo no era una actividad inútil, ya que acceder a los círculos del poder se logra a través del consumo de prestigio. Con lo que podríamos denominar democratización de la economía, la tenencia o posesión de animales caros o de lujo dejó de ser tan valiosa para el contacto social a diferencia de lo que fue antaño.

Desde la Antigüedad hasta hoy, los animales de familia han proporcionado “servicios” de compañía y de entretenimiento para el animal humano. Y, desde esta perspectiva, los animales convivientes contemporáneos no pueden competir con las prácticas que se realizaban antiguamente, por ejemplo, los combates que tenían lugar entre leones y elefantes (a pesar de las tremendas peleas de perros, gallos, etc. que se organizan en la actualidad). Aunque, analizando la cuestión se puede establecer que hoy, un perro que persigue una pelota y la devuelve o un gato cazando ratones imaginarios o moscas y aves, pueden crear un espectáculo y un embelesamiento absolutos para la persona responsable.

Para terminar añadir que, a través de un pequeño cuestionario, pregunté a una muestra aleatoria de 35 personas –animalistas o no– acerca de los “beneficios” de tener animales de familia o convivientes y las respuestas más significativas fueron: 1) uso mayoritario del término mascota (29 respuestas, contra el uso de animal de familia o conviviente, que en ocasiones fue necesario explicar); 2) beneficios: tenerlos por compañía (19 respuestas), por amor (12 respuestas), por pena (15 respuestas, solapadas con “por amor”), por placer (8 respuestas), por belleza (3 respuestas, solapadas con “por placer”), por protección (2 respuestas solapadas con “por compañía”). Podemos objetar que el cuestionario presentaba sesgos dado que era solo un “test” sin mayor ambición y porque se preguntaba acerca de los animales sin distinción. Además se realizó entre un circulo reducido de personas afines a quien escribe y en el ámbito territorial de Barcelona. Pero entiendo que sí se convierte en un pequeño indicador que se corresponde con lo presentado en este escrito.

Por último, desearía realizar una petición a todas las personas animalistas o no: ¿por qué no abandonamos el término mascota y nos acostumbrarnos a llamar animales de familia o animales convivientes a esos seres queridos que comparten nuestras vidas?

 

Antropóloga, activista por los derechos de los animales, feminista, vegana, heterodisidente. Acompaño y comparten mi vida tres gatas maravillosas. Fundadora de Antropología de la Vida Animal. Grupo de Estudios de Etnozoología. Profesora universitaria: explico a generaciones de jóvenes quiénes son los otros animales con la esperanza de que un día cambie la consideración hacia los animales no humanos.

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· “Según rescatistas de Vegan Hope Animal Association, más de 20.000 víctimas han fallecido durante la crecida del río Ebro
· No pertenecer al círculo moral, la justificación para no ser salvadas.

Es un deber ético matar a los animales de producción que padecen un gran sufrimiento si no existe ningún modo económicamente viable de aliviarlos” (Reglamento Nº 1099/2009 del Consejo Europeo). Ellos y ellas, los más de 10.000 -según las fuentes oficiales-, no recibieron ayuda humanitaria por parte del Estado y sus órganos de Protección Civil: ni refugios, ni albergues, ni rescates, tampoco salvamento o asistencia sanitaria. Para los animales que no sean humanos, no hay obligación de garantizar el derecho a la vida y a la integridad física. Son daños materiales, “económicamente inviable” fue salvar sus latidos.

Durante un riesgo de inundación, el Plan Estatal de Protección Civil diferencia las fases de pre-emergencia, emergencia y normalización. Primero informar de que va a producirse la catástrofe, luego actuar en consecuencia y finalmente restablecer la norma. Con los no humanos, si conocido el riesgo de inundación no se produjo la prevención ni la intervención inmediata, sí el posterior momento de restitución de la normalidad. Una normalidad que se basa en el resurgimiento de la explotación y opresión.

Fase de pre-emergencia

Lo ocurrido en Zaragoza, dice Laura Luengo cofundadora del Santuario Wings of Heart, “sólo pone de relieve, para los animales de granja, las condiciones en las que viven”. “Son simples mercancías, nadie entiende que puedan llegar a sufrir”. Algunas explotaciones ganaderas evacuaron a sus propiedades antes de que se produjera la riada, pero según Luz Navarro, de Vegan Hope Animal Association, “si los han salvado es porque no querían perder dinero”. “Yo he estado con ellos (los granjeros) y son violentos. Lo único que les preocupa es el dinero que pueden ganar, nada más. Una persona que se dedica a criar un animal para producción en lo único que se preocupa en una inundación es en el dinero que va a perder”.

Fase de emergencia

Decenas de los considerados mercancías, quienes tienen incrustados dígitos en sus orejas y no nombres en su persona, fueron rescatados por diferentes grupos. Vegan Hope Animal Association, Amnistía Animal, Adala Zaragoza, Askekintza-Liberacción Animalista y otras asociaciones reunieron recursos humanos y materiales para realizar el mayor número de rescates posibles. “Había muchos animales muertos, tanto de granja como perros, gatos, caballos… que aún seguían atados con cadenas o dentro de cercados sin haber podido tener posibilidad de salvarse por si mismos; un paisaje desolador y muy triste. Bastantes de los animales rescatados llevaban días sin comer, otros habían pasado mucho tiempo con la mitad de su cuerpo en el agua, enfermos, con neumonías, al límite de sus fuerzas; muchos no han conseguido superarlo tras el rescate por mucha ayuda y tratamientos que les hemos dado” según Adala Zaragoza.

Muchas de las caras de los animales muertos reflejaban la agonía que habían pasado”, denuncia Luz Navarro. “Hemos encontrado unas imágenes dantescas, de corderitos recién nacidos ahogados, de cuerpos ya descompuestos, de cuatro bebés cerditos uno de ellos echando espuma por la boca… Hemos visto unas imágenes que la verdad que son muy dolorosas”.

Y aunque muchos ya estaban muertos, algunos habían que seguían en pie. En el marco legislativo, existe un concepto clave: matanza de emergencia. “Matanza de animales heridos o afectados por una enfermedad que conlleve un intenso dolor o sufrimiento cuando no exista otra posibilidad práctica de aliviarlos” (Reglamento Nº 1099/2009 del Consejo Europeo). En ocasiones se producía con intenso dolor y violencia (“le dimos con la maza 50 veces y el hijo puta -un cerdo que sobrevivió- no moría” decía uno de los operarios encargados de retirar los cadáveres) o ni siquiera se realizaba: “He visto tirar a un camión varios animales vivos aún” afirma el fotoactivista detrás de Tras los Muros. “Fue devastador. Vi cuerpos de cerdos muertos colgados de alturas que habían intentado escapar, supervivientes sobreviviendo entre montañas de cadáveres tras 5 días sin agua potable, calor, comida o atención veterinaria, tractores cargando cuerpos sin vida que amontonaban en camiones. Jamás había presenciado un escenario tan desolador. La tragedia dentro de la tragedia. Por si no fuera poco la vida a la que han sido condenados son víctimas además de una inundación”.

Hemos ido rescatando los animales conforme podíamos tener acceso a las zonas, en muchas se nos denegaba el acceso bien por peligro para nosotros, por ser zonas privadas sin accesos permitidos o simplemente no nos dejaban pasar por otras causas ajenas a nosotras” afirman desde Adala Zaragoza. Los impedimentos para acceder a las zonas afectadas tenían que ver con el medio de transporte, la consideración de los grupos de rescate como personas civiles y, además y sobre todo, el carácter de las víctimas como propiedades de explotadores. Según Luz Navarro, que ha recibido amenazas a través de WhatsApp, “el día que fuimos a rescatar a los cerdos, la gente del pueblo estaba en la granja con escopetas y azadas interceptando nuestros coches, amenazándonos… Afortunadamente no pasó nada, pero podría haber pasado alguna desgracia”.

El precio de cada individuo cuenta. Diferentes voluntarias y activistas afirman que los y las explotadoras no deseaban salvar las vidas de los individuos confinados en granjas por motivos económicos: el seguro sale más rentable. Además, el Estado ha aprobado un Real decreto en el que no sólo se indemnizará económicamente a las empresas ganaderas afectadas, sino que se les adjudicarán, también, diferentes beneficios fiscales. Según el diario ABC “la riada del Ebro les costará a las aseguradoras más de 10 millones de euros”.

Para la persona que está Tras los Muros: “Los responsables de esta tragedia no son el gobierno o las autoridades, sino cada consumidor de carne para el que la industria ganadera existe”. Así lo entienden Evelyn Gutierrez y Diango Casabella, fundadores de Leon Vegano Animal Sanctuary: “Desde nuestro enfoque antiespecista, y lo que es conveniente para los animales, hay que tener en cuenta que las granjas, los mataderos y cualquier otro centro y/o forma de explotación animal no debería existir. Al Estado no le rentaría ni le interesaría dedicar recursos humanos para montar un dispositivo de evacuación temprana de los mas de 10.000 animales muertos por las inundaciones, es mas fácil pagar indemnizaciones del dinero público. Al final, todos esos animales iban a morir en un matadero. Todos los animales que murieron son para el Estado máquinas de producción muy económicas y fácilmente reemplazables. Nosotros creemos que ya que al menos el Estado jamás mostrará (ni mostró) preocupación por las verdaderas víctimas de esta catástrofe, al menos debieron permitir el acceso a los equipos de rescate formados por voluntarios que acudieron desde todas partes del país para salvar animales, que en muchos casos se encontraron con la negativa de las autoridades y la hostilidad de los explotadores”. Si el uso es institucional y amparado por la ley, está legitimada y justificada cualquier explotación.

Según decía Gary Francione en Lluvía sin truenos “en el uso institucional, quienes explotan animales (que en la mayor parte de los casos también son sus dueños) determinan que de ese uso del animal se obtienen beneficios y la ley lo acepta. Pero si la ‘crueldad’ o la ‘necesidad’ de dolor, sufrimiento o la muerte las determinan, no la conformidad de la acción con un criterio abstracto, sino los beneficios derivados de ella que establezcan los propietarios, entonces, a no ser que los dueños de la propiedad no actúen racionalmente (si se da la circunstancia de que no maximizan el valor de su propiedad animal), la ley pensará en todos los casos que su conducta está justificada. Es su propiedad y la utilizan del modo más rentable para extremar su valor”.

Además de las víctimas confinadas en granjas, otras las hubieron también en casas, las consideradas mascotas. Caballos, perros y gatos se ahogaron tras la riada del Ebro. Según Charlie Green, de Amnistia Animal, “en tema de perros y gatos la gente suele volcarse más. Están más sensibles con los animales de casa”, por ello se estima que el número de supervivientes es superior ya que más personas se dedicaron al rescate de estos damnificados. De las víctimas silvestres poco se sabe. No se conocen cifras, porque en parte no son propiedad cuantificable de nadie. Por lo tanto, nadie exige recompensa económica por sus fallecimientos. Se estima que pueden haber sido muy pocas porque la zona afectada por la riada son pueblos cercanos a Zaragoza y mayormente ocupados por granjas.

Aunque miles de individuas fallecieron tras los muros del especismo, más de 30 vidas recluidas en la industria tuvieron una segunda oportunidad. “La historia de Pablo es una historia un tanto peculiar, no ha estado a punto de matarle la riada, sino la vida en una granja”, explica Laura Luengo. Sobrevivió al augurio de la matanza grabada con tinta morada en su espalda. Lo rescataron de una muerte segura. También a Aske, otro cordero refugiado proveniente de Zaragoza que encontraron en una granja junto a una montaña de cadáveres. Chris y Lamby, Joel, Olga y Eneko, Moisés, Guillem y Ramón y decenas de gallinas y gallos como Pedro, Victor, Samu, Jorge y Diego viven actualmente en diferentes santuarios del Estado Español. Llegaron con la pierna rota, con estrés, con deshidratación y una infección general, con hipotermia y completamente desnutridos o con neumonía o sarna, pero a partir de hoy los refugiados pasarán el resto de sus días recuperándose de las secuelas de su pasado. “La mayoría de los santuarios, incluidos nosotros, trabajamos por encima de nuestras posibilidades. Pero bueno… siempre intentas hacer un esfuerzo más allá o buscarte la vida. En el caso de los animales de Zaragoza: o les acogíamos o estaban condenados a morir allí” comenta Laura Luengo. Charlie Green, de Amnistía Animal, lamenta las muchas vidas que se podían haber salvado: “Podríamos haber estado rescatando a cada hora: habían muchos animales en muy malas condiciones y se podían sacar vivos, pero como no hay dónde meterlos, ahí se iban a morir” y es que, los santuarios de animales sufren diversas dificultades que les hacen complicado acoger a todos los refugiados que quisieran. “Ahora mismo el mayor impedimento para acoger a nuevos habitantes es la falta de dinero. Ingresamos menos de 900€ al mes para costear los gastos de alimentación, veterinaria y mantenimiento de las instalaciones. Y en el mismo orden de importancia, está la falta de espacio para nuevas acogidas. Todo esto sumado, hace que estemos trabajando siempre al límite, muy por encima de nuestras posibilidades” afirman Diango Casabella y Evelyn Gutierrez.

Fase de normalización

Una vez rescatados, los y las refugiadas deben volver a la normalidad. Normalidad entendida de forma diferente en los santuarios a la entendida en la vida tras los muros: una normalidad libre de explotación y opresión. Todo ello pasando primero por la sociabilización: “(Chris y Lamby) Son dos bebés huérfanos que han visto morir ahogada a toda su familia y ellos mismos estuvieron a punto de no sobrevivir. Su estado anímico al llegar era muy bajo, se juntaban los dos en las esquinas, uno intentando esconder la cabeza debajo del otro debido al miedo. Poco a poco comienzan a confiar en nosotros. Es un proceso muy complicado que requiere de mucha paciencia y horas de dedicación diarias, de estar con ellos. La primera semana, Diango durmió con ellos cada noche para ayudarles en este proceso. Ahora lo seguimos de día, en su nuevo cobertizo de cuarentena”.

Se auspician futuras catástrofes, nuevas tragedias dentro de la tragedia de la explotación y opresión. Por ello, además de una mayor implicación y organización de rescatistas, presencia veterinaria y la necesaria captación de recursos económicos, se precisa la ayuda a santuarios. Desde Leon Vegano se quiere insistir en no olvidar “que cuando los animales llegan a los santuarios, comienzan una larga vida que sin dinero es imposible que podamos mantener, por lo que rescatar es tan importante como proveer o captar los fondos económicos que nos permitan sustentar esas vidas”. Las decenas de vidas rescatadas del especismo tras las riadas del Ebro sólo seguirán viviendo si hay una colaboración total con los santuarios que salvan sus vidas día a día, después de la catástrofe y cuando la emergencia se olvida.

 

 

Informa: Diana Lsid
Imágenes: Tras los Muros / PACMA

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Malditas mujeres, malditas esas, siempre jodiendo todo… Malditas. Malditas mujeres cuestionando la tecnocracia. Malditas mujeres recolectoras, pretendiendo desbancar la gloria de la caza macho. Malditas ateas, desafiantes a dios padre testicular. Malditas, todas. Malditas paridoras, malditas menstruadoras, malditas babosas, malditos sus flujos y sus curvas transgresoras de la geometría regular. Malditas sus sucias reglas y malditas mil veces cuando mencionan a Pachamama, maldita la mujer de pequeño huerto, de pequeña economía, maldita la mujer de mundo comprensible. Malditas mujeres, queriendo decidir sobre sus cuerpos, malditos sus cuerpos cuando no cumplen con los requisitos exigidos, malditas feas, malditas gordas, guarras, tortilleras. Malditas putas. Maldita la mujer guerrera, maldita la que opina y resiste, maldita contempladora del tiempo, cuidadoras de aves, amamantadoras de paz y de disidencia, malditas ellas y sus ideas propias. Malditas por querer globalizar el derecho al aborto, malditas asesinas. Malditas insumisas al heteropatriarcado, maldita su desobediencia al capitalismo, maldito su antimilitarismo, maldita su mania de cuidar y acariciar y dialogar, maldita su nauseabunda obsesión por el respeto, maldito su infantilismo, su terquedad de querer amar contra el odio y el desprecio.

Malditas las indigenas, las migrantes, las campesinas, malditas las veganas, las que no se callan, las que no acatan, las que dicen que no, maldito su no. Maldita su arrogancia, jodidas mujeres. Malditas, todas…

Hoy millones de mujeres y hombres no machistas han salido a protestar en el mundo entero. No es casual que el movimiento de defensa animal es y haya sido femenino, quién mejor que las mujeres para desenmascarar la brutalidad, qué mejor que la conciencia de la discriminación en la propia carne para deshebrar el metálico tejido de las desigualdades. La mujer que sobrevive al patriarcado no es dominada, pero tampoco dominante. Alfa y omega son importantes, no significan mejor o peor, no son aplicables a los roles sociales. Vulnerables todas, inexpugnables todas. Sin homofobias, sin heterofobias.

No es casual que el movimiento animalista sea eminentemente femenino, aunque haya hombres, claro, masculinos, claro, que lloran en contra del mito machista y dejan hablar, pero que no anulan el carácter defensor del antiespecismo. La conciencia de la discriminación obliga a tratar de que la vida contenga tanta poesía como la poesía, vida. Contra el Vietnam de mujeres sin cabeza con el cuero desollado, contra el patriarcado armado y los frágiles cuerpos ardiendo de Nagasaki, contra la eficacia masculina nazi de las granjas y los mataderos, contra los papeles mojados de la igualdad cosmética, contra las bombas de racimo, las minas buscando manos de chiquilla, las genocidas religiones todas, la obsesión fálica de los obeliscos, los rascacielos, las torres, los cañones. Contra el machismo de las vacas lecheras abasteciendo el mercado de la carne, violadas, exprimidas, y llevadas al matadero tras años de vejaciones y sufrimiento. Contra la mecanización: la maldita mujer.

Maldita mujer, soledad, angustias, dolores, martirio…. pero mujer clara, blanca, luz, consuelo, milagros, concepción, libertad,… los nombres. Malditas las que se crispan y se apaciguan y que saben que cambiar el mundo será con todas. Contra algunas, es inevitable, pero con todas.

Es sumamente importante que el patriarcado exponga bien sus cojones, mostrándose sin tapujos, porque entonces se hace más fácil darle unas buenas y certeras patadas. No hay que salir un día a gritar y callar cuando las aguas amainen, el Día de la mujer es del 9 al 7 de marzo. Cada año de lucha es un año menos de dictadura. El futuro será igualitarista o no será.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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La crecida del río Ebro deja miles de animales muertos a su paso. Las autoridades y servicios de emergencia han actuado salvando a la especie humana, dejando de lado la ayuda al resto de animales. Las protectoras de animales piden ayuda desesperada para socorrer al mayor número posible de víctimas.

Cientos de personas han sido evacuadas a medida que el desbordamiento del río Ebro avanzaba. Animales confinados en diferentes explotaciones no han corrido con la misma suerte. Según la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN), los daños rondan más del millón de euros sin contar infraestructuras. Los animales son considerados propiedad, por eso también se les considera “daños materiales”, algo sustituible y exento de ayuda humanitaria. Esta consideración como propiedad refleja la inexistencia de un servicio de emergencia para los animales.

La crítica situación de estos individuos ha puesto en marcha a diferentes asociaciones de Zaragoza que están organizando grupos de personas para realizar todos los rescates posibles. Desde el comienzo de la crecida del río, las protectoras han intentado acceder a los lugares donde estaban los afectados, pero afirman que los bomberos y la Guardia Civil les negaban el paso por “cuestiones de seguridad pública”. Vegan Hope, Espolones, Adala Zaragoza, el Partido Animalista PACMA, Amnistía Animal y Zaragoza Animalista se han unido para realizar uno de los rescates más complejos y colosales del Estado Español. Así mismo, diferentes santuarios de animales están haciendo hueco para recibir los y las rescatadas, según se afirma desde Vegan Hope.

Las protectoras piden ayuda urgente: precisan mantas, collares, correas y material para reconstruir los refugios dañados. También medios de transporte, barcas y recursos económicos para animales grandes. Con el objetivo de ayudar en todo ello, ponerse en contacto con Vegan Hope a través de un mensaje a su Facebook, al correo econ@veganhope.org

Hasta el momento, diferentes medios de comunicación informan sobre algunos casos de animales damnificados. Como los 2.600 cerdos estimados que se creen fallecidos en una explotación de Villafranca del Ebro o los toros cautivos en una explotación de Alfajarín. El barrio rural de Juslibol también ha visto cómo se han ahogado varios caballos.

Imagen: Vegan Hope Animal Association

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En Valencia hay una plaza dedicada a Cánovas del Castillo. No es la única. Una simple búsqueda en Google permite comprobar el número de calles, avenidas, colegios e institutos que llevan el nombre de este político. Incluso en el Senado español hay un monumento en su memoria. Es un nombre de prestigio.

Sin embargo, Antonio Cánovas del Castillo fue un hombre que defendió la esclavitud humana hasta tal punto que logró retrasar su abolición. Cuando la esclavitud humana sólo subsistía en Brasil y Las Antillas, cuando ya había un consenso internacional que estaba de acuerdo en que esclavizar a hombres y mujeres estaba mal y era éticamente inaceptable, Cánovas del Castillo siguió defendiendo en las Cortes españolas las bondades de la esclavitud. Y hay monumentos en su memoria.

Hace unos años, la editorial Capitán Swing publicó “Vida de un esclavo americano escrita por él mismo” de Frederick Douglass*. Es el relato, en primera persona, de un hombre esclavizado y de su lucha por la libertad. Para ser libre tuvo que desobedecer la ley que le decía que él era una propiedad.

Es uno de esos libros que hay que leer, porque proporciona una descripción bastante precisa de qué es la esclavitud, de cómo afecta a las personas esclavizadas y de cómo corrompe a las esclavistas. No hay bondad en la esclavitud, no puede haberla. No hay bondad en comprar a una mujer con el objetivo de “hacerla criar” y vender a sus hijas e hijos (el “propietario” podía alquilar a un hombre esclavizado para ese propósito o bien encargarse él mismo). No hay bondad en abandonar a su suerte a una anciana esclava, casi ciega, porque ya no tiene utilidad. Ni hay bondad en vender a un hombre y separarlo para siempre de su familia, como castigo por no haber saludado correctamente al “amo”. Esto ahora nos parece obvio. Ahora.

En nuestra sociedad condenamos la esclavitud humana, pero cuando se trata del resto de animales no reconocemos ni esclavitud ni dominación. Y, en esencia, es lo mismo. A Douglass le trataron como un animal, porque así se trata a los animales: se abandonan cuando no son útiles, se les aplican castigos correctivos, se les persigue cuando intentan huir y, si atacan al ser humano que los atormenta, se les asesina.

Veo casi cada día la esclavitud que Douglass describe en el caballo que, cerca de casa, ara la tierra arriba y abajo, sin poder parar salvo cuando el amo se lo permite; una vez que ya no tenga fuerzas acabará en el matadero. Al pasar las páginas, recordé mi primera y única visita al zoo de niña, reconocí las miradas vacías descritas en las páginas del libro. Recordé a Coco, un chimpancé asesinado a tiros cuando intentaba huir con su familia de aquel zoo inmundo, en el año 2005. Era agresivo, decían. Después de 27 años encerrado en aquella jaula, ¿quién no lo sería?

Cuando Douglass huyó vivía esclavo con una familia blanca que sentía aprecio por él. A diferencia de otros lugares en los que había vivido, allí no le pegaban, no pasaba hambre ni frío. En aquella casa le trataban más o menos bien. Pero él quería ser libre, sabía que la esclavitud significa la pérdida de su propia vida y la arriesgó para ser libre. Esto, insisto, nos parece obvio ahora, pero en la época en que Douglass vivió ni era obvio ni era evidente. Las poderosas voces esclavistas exigían que se cumpliera la ley, desde la biología se argumentaba la inferioridad y la animalidad de las “razas inferiores”, incluso se llegó a defender que las personas esclavizadas estaban en una mejor situación que las personas obreras libres.

“Una negra se vende, recién parida, con abundante leche, …”. Así comienza un anuncio publicado en Cuba, en 1846. Era normal, era legal. Hoy, de la biografía de tipos como Cánovas del Castillo se omite su defensa de esa legalidad, su defensa de la esclavitud. Al omitirse, no se reconoce ni la responsabilidad ni la posibilidad de reparación, aunque sea simbólica.

Y todo esto lo debemos conocer, porque el animalismo es esencialmente, y por encima de cualquier otra cosa, una lucha antiesclavista. Heredamos la lucha de Douglass y de todas las mujeres y los hombres que se enfrentaron a la mentalidad de Cánovas. Aunque no tengan monumentos en el Senado, ni calles, ni colegios con su nombre, su desobediencia civil pacífica fue la que consiguió la abolición.

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*Douglass, Frederick, Historia de un esclavo americano escrita por él mismo, Madrid, Capitán Swing Libros, 2010.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

2148

“En la línea del Frente” es el título del nuevo disco 100% benéfico de Eu Libre, lanzado el pasado mes de marzo. Este álbum es el tercero en la trayectoria de esta peculiar banda que hace de su música una forma de activismo contra el especismo y en favor de los Derechos Animales y otras causas sociales.

En el disco ha habido una evolución clara hacia estilos más electrónicos y mayor versatilidad en las voces. También hacen incursiones en otras lenguas, además del castellano. De los 16 temas, hay uno íntegro en inglés y varios en los que tiene presencia este idioma, un tema en euskera y otro en catalán.

El disco cuenta con la colaboración de Mars de Habeas Corpus y Riot Propaganda, Mïnsa de Desechos, Tizslow, Cesk Freixas, Mario de Revolta, Crae y Olduvai entre otros. Además, está desarrollado sobre las bases de cuatro productores: Filter DJ, 1101vs13, Nabil Moratalla y Dru.

Con canciones como Especismo, Eterna Primavera o I’m vegan, “En la linea del Frente” denuncia las situaciones que viven los animales no humanos, anima a combatir las discriminaciones y muestra opciones éticas para acabar con las injusticias.

 

 

EU LIBRE apoya a multitud de colectivos y organizaciones con la donación de sus discos, así como con conciertos benéficos. En esta ocasión todo lo recaudado será destinado al Grupo de Apoyo de presos del A.L.F. (ALFSG).

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Desde el pasado día 16 de octubre se puede visitar la exposición fotográfica “ESPECISMO” en la sala Alhóndiga de Zamora.

El especismo es la discriminación basada en la diferencia de especie. En analogía con el racismo y el sexismo se trata de favorecer los intereses de unos individuos en oposición a los de otros por no pertenecer a la misma especie.

La muestra, compuesta por treinta imágenes con textos explicativos, pone la mirada sobre el trato que se da a los animales y el uso que se hace de ellos.

Las fotografías han sido realizadas por alumnado del IES La Vaguada, como parte de un proyecto de del Grado Medio de Laboratorio de Imagen.

La iniciativa surge a partir de una charla ofrecida por la asociación antiespecista Defensa Animal Zamora (DAZ) en el centro educativo despertando el interés por el tema entre un grupo de ocho alumnas y alumnos y su profesora decidiendo, entre todas, plantear esta iniciativa a DAZ.

El abandono, las fiestas populares, la vida de los animales en los circos y en los zoos, la caza, la industria alimentaria o la experimentación son algunas de las realidades captadas por los y las jóvenes fotógrafas. También se puede ver una comparación con el racismo y el sexismo través de retratos y otra sobre el proyecto Gran Simio.

Desde la asociación valoran muy positivamente el proyecto por ser una forma de normalizar el mensaje antiespecista en un ámbito concreto de la sociedad.

DAZ pone a disposición de cualquier colectivo o administración la exposición y confían en que se pueda exponer en el mayor número posible de sitios. La Universidad de Valladolid ha manifestado el interés de contar con ella.

La muestra se puede visitar hasta el día 26 de octubre de 10 a 14 horas y de 17 a 21 horas en el Palacio de la Alhóndiga, en la Plaza Santa Ana, s/n, en Zamora.

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