Etiquetes Entrades etiquetades amb "especisme"

especisme

720

Jay Silvey, graduado en bioquímica y especializado en biotecnología
David Díaz, autor de www.respuestasveganas.org
Marc Barqué, responsable de comunicación y prensa de ¿Serás su voz?

INTRODUCCIÓN

El 16 de junio de 2018, el periódico digital El Confidencial publicó una entrevista a Lierre Keith titulada “La mayoría de veganos lo deja y los que insisten hacen trampas”. La señora Lierre Keith está realizando entrevistas en diversos medios para promocionar la próxima reedición de su libro “El Mito Vegetariano”, muy bien recibido por el lobby de la explotación animal. Curiosamente la señora Keith nunca ha sido vegana porque ella misma reconoció que en sus dos décadas de “veganismo” nunca dejó de comer leche y huevos…

A continuación procederemos a desmontar todas las falsedades que la señora Keith vierte en esta entrevista en concreto. El argumentario que Lierre Keith usa contra la alimentación vegetariana estricta (popularmente llamada “alimentación vegana”) y contra el veganismo se resume en estos cuatro puntos:

1) ÉTICA. Lierre Keith dice que no tenemos el deber ético de practicar el veganismo.

2) SALUD. Lierre Keith dice que la alimentación vegetariana estricta (“alimentación vegana”) es incompatible con una correcta salud humana y que causa, necesariamente, serios problemas de salud a largo plazo. Se pone a ella misma como ejemplo de mala salud. La señora Keith también dice que la gente no sabe leer estudios de nutrición debido a una falta de “formación científica”.

3) MEDIO AMBIENTE. Lierre Keith dice que la agricultura es la primera causa de destrucción del medio ambiente y que, por lo tanto, la adopción de una alimentación vegetariana estricta destruye el medio ambiente.

4) JUSTICIA SOCIAL Y HAMBRE. Lierre Keith dice que la adopción de una alimentación vegetariana estricta no tiene un efecto positivo contra la situación de hambruna que se padece en muchos países empobrecidos. Tácitamente, está afirmando que la producción de carne no tiene nada que ver con el hambre en el mundo.

En este artículo vamos a rebatir dichas afirmaciones de Lierre Keith (y a todas las personas que piensen como ella) desde el punto de vista de la Ética, de la Bioquímica y de las Ciencias Ambientales, demostrando que:

1) Es un deber ético adoptar el veganismo y por lo tanto adoptar una alimentación vegetariana estricta.
2) Una alimentación vegetariana estricta es perfectamente compatible con una correcta nutrición y una salud óptima. Hay una extensa bibliografía científica que avala la alimentación vegetariana estricta y que es muy clara e inequívoca en sus conclusiones. Al final de este artículo adjuntamos un anexo de estudios científicos sobre nutrición que la señora Keith debería aprender a leer.
3) La adopción generalizada de una alimentación vegetariana estricta es plenamente sostenible y beneficiosa medioambientalmente en relación al actual modelo alimenticio rico en productos ganaderos.
4) La producción de carne condena a hambrunas a los humanos que viven en los países más empobrecidos del mundo.

1) ÉTICA

Primeramente debemos aclarar que el veganismo no es una dieta. El veganismo es respetar a los demás, y los demás no son sólo humanos, sino todos los seres que tenemos una conciencia: los seres sintientes. Los seres sintientes tenemos experiencias e intereses, es decir, cada uno de nosotros es alguien, no algo. En nuestros intereses está implícita la exigencia de que deben respetarnos. Cuando dicha exigencia es universalizada, ésta se convierte en la Regla de Oro de la Ética: “A priori, los intereses no deben ser frustrados”. Dicha norma ética esencial contiene lógicamente el derecho ético a la salud y a la vida que todos los seres sintientes tenemos, y que tiene prioridad sobre todo lo demás. Por dicha razón no debemos ser explotados, y tampoco debemos ser maltratados directamente ni por omisión.
Podemos comprobar que todas las discriminaciones arbitrarias tienen su origen en no considerar los intereses de alguien esgrimiendo que dicho sujeto “es diferente física o psicológicamente”, cuando la Realidad es que todos somos diferentes unos de otros y que esas diferencias sólo implican una diferencia de trato (ajustado a las necesidades de cada uno), pero no una falta de respeto. No considerar por igual los intereses de quienes no son humanos es una discriminación arbitraria llamada “especismo”, en analogía al racismo, al sexismo y a cualquier otra discriminación.

En la entrevista, Lierre Keith dice que “para defender la compasión, la justicia y la sostenibilidad no es necesario cambiar a una alimentación vegana”. Por lo tanto, según la señora Keith, explotar a alguien y cortarle el cuello en un matadero es tan “compasivo” y “justo” como respetarle, con lo cual demuestra hasta qué punto la señora Keith es especista.

Para ser coherentes con la Ética, las personas éticas modifican sus hábitos, dejando de comprar productos y servicios de origen animal, de la misma manera que rechazan agredir y matar a los demás. La adopción de una alimentación vegana sólo es una parte necesaria para respetar el derecho a la salud y a la vida que todos los seres sintientes tenemos. Siguiendo la misma lógica, también debemos vestirnos sin usar la piel de otros, divertirnos respetando a los demás, etc.

Por lo tanto, cuando la señora Keith dice que “Aunque es cierto que, ante las horribles imágenes de animales torturados que todos hemos visto, hay motivos suficientes para rechazar la carne, también es cierto que ese es solo un modelo posible de ganadería” está reconociendo que hay algo éticamente horrible en la ganadería, pero luego viene a decir que “existe una manera ética de matar a quien quiere seguir viviendo mediante otro modelo de ganadería”. Esta idea de la señora Keith es errónea porque es un hecho que cuando se mata a quien quiere seguir viviendo se le hace un mal, así como se le hace un mal si se le fuerza sexualmente. Por lo tanto no ha existido, no existe y nunca existirá una manera ética de matar a quien quiere seguir viviendo. Los mataderos no son éticos, todos los mataderos son lugares donde se cometen actos horribles. Además, los mataderos no son necesarios para una correcta alimentación, pues existe una alimentación alternativa basada en Ética: la alimentación vegana, sobre la que hablamos en el siguiente punto y en el anexo final.

2) CIENCIA Y SALUD

“Para que unos vivan, otros deben morir”.

Le sugeriría a la señora Lierre Keith que volviese al siglo XXI desde la Edad Media. Este tipo de justificaciones se pueden aplicar a contextos que dudo mucho que busque normalizar. Menos aún en el campo de la biología, donde la gran mayoría de los organismos vivos de la Tierra, tanto en cuanto a biomasa activa total como en cuanto a número de individuos se refiere, no practican la heterotrofia. Pero no solo está algo perdida de planeta, sino de época. Volviendo a nuestra era actual, e incluso suponiendo vagamente que nuestros sistemas y mecanismos se adecuen a una dinámica trófica basada en el heterotrofismo prehistórico, contamos con las herramientas tecnológicas y de producción-distribución que no implican la masacre sistemática de otros. Incluso sabiendo que estas dinámicas, en sistemas naturales, son causa y efecto de equilibrios biogeoquímicos clave, nuestro estilo de vida en el sentido que la señora Keith defiende no lleva a otra cosa más que al colapso de modelos de producción completos, altas tasas de contaminación y agotamiento de recursos, pérdida de biodiversidad y de ecosistemas enteros, priorización vergonzosa de logística e investigación en pro de alimentar y tratar a animales de ganado y no a seres humanos, favorecimiento de patologías crónicas graves y un modelo de pensamiento antropocentrista que solo nos puede llevar a una selección negativa en el ambiente debido a la no comprensión de nuestra existencia como parte de la bioesfera.

“Los veganos te ofrecen un modelo perfecto”.

Esto es categóricamente falso. Cualquier antiespecista con un mínimo de formación biológica, ambiental, política y económica ofrecerá el veganismo como una alternativa más sostenible con un menor impacto en la integridad dinámica y estructural de nuestra sociedad, nuestro ecosistema y nuestro organismo. En absoluto es un modelo perfecto y en absoluto habrá semejante cosa: se busca reducir el impacto en el medio y en sus habitantes en la medida de lo posible.

“Periodista: ¿En qué consiste esa ignorancia en la que se mueven estas formas de entender la alimentación?”

De primeras el periodista no goza de demasiada praxis, protocolo y compostura crítica y objetiva que su oficio debería exaltar. Flaco favor hace dirigiendo la opinión pública antes de que la respuesta sea formulada. Los intereses son evidentes.

“Puedes seguir el régimen durante algunos años sin notar los efectos, pero si insistes, las lesiones acabarán surgiendo.”

¿De qué tipo de lesiones está hablando en concreto? ¿renales? ¿craneoencefálicas? ¿cardiovasculares? El concepto “lesión” aplicado al campo de la nutrición y la bioquímica metabólica no tiene demasiado sentido, como gran parte, sino todo, de lo que dice esta señora. Aún así, de conocer el mecanismo y la dinámica de la patología molecular concreta, y no explicarlo para concienciar y prevenir al público, parece algo egoísta e incluso cruel. Asumo que no es mala persona: asumo que simplemente lo ignora.

“Tu realidad física, en la que tu cuerpo se va destruyendo, no se corresponde con tu manera de pensar. La realidad es que la mayoría de personas que ha probado a ser vegano ha dejado el régimen. Pocos aguantan más de tres meses, pero nadie habla de eso. Las grandes figuras del veganismo mienten. He visto a gente que se estaba desvaneciendo por su dieta y que acababan yendo a la misma tienda de mariscos donde yo hago la compra”.

Para empezar desconozco cuántas realidades contempla esta señora, pero asumiré que simplemente es ambigua y disfuncional en terminología y concepto. Insisto en que describa el mecanismo, desde el molecular hasta el tisular y sistémico pasando por el celular (cascadas metabólicas y hormonales, secuencias de eventos subcelulares, ejes estímulo-respuesta conservados evolutivamente, etc), para afirmar que una alimentación baja en moléculas pro-inflamatorias, hormonas de estrés, productos de desecho metabólico, antibióticos y señalizadores de muerte celular tienden a “destruir” apocalípticamente el organismo al mismo tiempo que reducen la predisposición a sufrir enfermedades crónicas como cardiovasculares, neurodegenerativas, obesidad, diabetes o cáncer, así como alergias, intolerancias y procesos pro-inflamatorios en general. En cuanto al resto, supongo que tendrá evidencia registrada de lo que dice. Sobre todo la evidencia de que la mayoría de las figuras veganas del momento acuden a comprar marisco al supermercado de su barrio.

“Nuestra evolución como humanos se dio sobre todo cuando empezamos a comer animales que se alimentan de hierba. De este modo, mientras nuestro cerebro se hizo más grande, nuestro sistema digestivo se redujo.”

Podemos comprobar cómo en pleno siglo XXI la evolución sigue sin terminar de ser comprendida. Sin referencias antropológicas de especie de homínido, no podemos saber en qué momento la especialista en biología considera o no humano a un mamífero bípedo. Podemos imaginarnos cualquier cosa. De un modo u otro podemos decirle a la prolífica señora Keith que el lamarkismo se desestimó por el darwinismo y actualmente por el neodarwinismo hace siglos recién se propuso: comer animales que se alimentan de hierba no tiene ningún tipo de impacto en el individuo, haciéndolo crecer o atrofiar un órgano u otro de forma que, para colmo, sea transmisible generacionalmente. En todo caso, el cocinado de la carne pudo haber hecho innecesaria una dinámica y estructura craneal desarrollada y robusta de músculos risorio, depresor del ángulo de la boca, cigomáticos mayor y menor o temporal. Esto para nada atrofiaría los músculos de individuos concretos: sería un elemento de selección natural donde aquellos individuos con menor desarrollo, pero con el suficiente como para llevar a cabo una masticación funcional, se vieron favorecidos en cuanto a rendimiento y eficiencia energética se refiere. Lo mismo aplicaría al intestino o cualquier otro órgano, que no se vería alterado como órgano de especie porque individuos concretos ejecuten uno u otro comportamiento, sino porque individuos con unas características fenotípicas dadas se vieron selectivamente favorecidos para transferir su genotipo generacionalmente dado un estímulo ambiental o un comportamiento que actúa como agente de selección. La falacia del cerebro más grande por comer carne es algo desestimado no solo desde primaria, sino desde párvulos: la selección positiva tendría lugar en aquellos individuos que mejor supieron integrar el lenguaje articulado más complejo posible, así como la memoria técnica-espacial y la sofisticación neuromotora, la capacidad de seguir rutas migratorias, de establecer referencias de orientación espacial y temporal, de orquestar estrategias de caza y mutilación, elaborar trampas, optimizar y llevar a cabo la especificación de útiles, expandir el arsenal de técnicas y protocolos de actuación para mil y una situaciones en el grupo y, obviamente, la capacidad de transmitir estos conocimientos y enriquecerlos sistemáticamente. Sin caer en el lamarkismo, pues estas dinámicas no hicieron crecer ningún cerebro, un estilo de vida semejante que estimulaba el cerebro de esta manera sólo podía ser llevado a cabo con éxito por los individuos que contaban con la mejor predisposición genética y conductual para integrar las adaptaciones fisiológicas pertinentes, de entre los hijos de los cuales solo los mejor adaptados transferirían dicha predisposición con mayor éxito y frecuencia y así sucesivamente. De esta forma, no sería el consumo de carroña lo que estimuló ni el cerebro ni la selección de cerebros más complejos y de pensamiento cada vez más técnico y abstracto: lo fue el compendio de estrategias teóricas y prácticas en continua optimización, memoria y transmisión para conseguir y hacer más eficiente el consumo de carne.

“El 25% de nuestra energía va a parar a nuestro cerebro y para que este órgano trabaje como debe necesita grasas y proteínas.”

Esto es categóricamente falso: todo órgano está formado por tejidos que a su vez están formados por células que requieren de fuentes de energía química y fuentes de carbono, pero no necesitan proteínas ni lípidos ni carbohidratos ni ácidos nucleicos. Nuestro cerebro requiere, como el resto de nuestro organismo, de acetil-CoA que incorporar al ciclo de los ácidos tricarboxílicos. En este ciclo metabólico se obtiene poder reductor en forma de NADH y FADH2 con el que llevar electrones a la cadena de transporte electrónico mitocondrial. Finalmente, se logra así producir la energía química mencionada, en forma de ATP, por medio de una ATPasa incorporada a la membrana interna mitocondrial que acopla el paso de protones a favor de gradiente químico hacia la matriz a la fosforilación de una molécula de ADP. El ciclo de los ácidos tricarboxílicos también permite obtener aminoácidos como el alfa ceto glutarato y ácidos como el citrato o el oxalacetato, sirviendo de punto de confluencia multidireccional con metabolismo de carbohidratos, de proteína y de lípidos. Esta fuente de acetil-CoA puede proceder de la b-oxidación de ácidos grasos a acil-CoA y de nuevo a acetil-CoA, de la oxidación de piruvato procedente de la glucólisis o de la descondensación de cuerpos cetónicos como el beta hidroxibutirado en estado de cetosis. Ni siquiera el oxígeno es tan intuitivamente fundamental como lo parece ser a nivel macroscópico: el O2 sólo es un aceptor de los electrones, que se reduce a agua, transportados por el NADH y el FADH2 producidos en el ciclo de los ácidos tricarboxílicos. Tras ser incorporados a la cadena de transporte electrónico donde permiten actuar a los complejos I, III y IV como bomba de protones para generar un contragradiente que la ATPasa también mencionada alivia para producir ATP, los electrones son recibidos por moléculas de O2. Pero ni el cerebro ni nadie necesitan ninguna entidad macromolecular, y menos aún polímeros como la proteína. Como fuente de carbono necesitaría en todo caso cadenas de carbono que pueden proceder de aminoácidos, ácidos grasos o monosacáridos, pero también de moléculas no monoméricas reales como alcoholes como el glicerol y ácidos de cadena corta como el acetato.

“Con una dieta basada en alimentos de origen vegetal no estás consiguiendo ni grasas ni proteínas. Lo único que tienes es un montón de azúcar. Llámalo carbohidratos complejos, si eso te hace sentir mejor, pera cada molécula de esos carbohidratos acabará convirtiéndose al final en azúcares simples. Así que lo que comes es azúcar, azúcar y más azúcar.”

Esto es categórica e intuitivamente falso. Para empezar, una alimentación vegetariana estricta no se basa en productos de origen vegetal: se basa en productos de origen no animal, por lo que no solo incluye toda la variedad de productos vegetales, sino fúngicos como setas y levadura nutricional, algas como nori o wakame y cianobacterias como espirulina. Quizás empiece a tener sentido que esta señora estuviese enferma por cuestiones nutricionales si solo se alimentaba a base de manzanas y apios. Desconoce, supongo, que las grasas son el formato molecular más frecuente de lípidos en animales, con ácidos grasos fundamentalmente saturados y de consistencia sólida a temperatura ambiente, mientras que los aceites lo son en las especies no animales, con ácidos grasos fundamentalmente insaturados y consistencia líquida a temperatura ambiente. Ignora, obviamente, que el porcentaje de ácidos grasos, ya sea poliinsaturados o saturados, es de hasta 60% en frutos secos y semillas, por no hablar de un 98% en aceites de diversas fuentes vegetales. También están presentes de manera significativa en gran variedad de frutas, legumbres y cereales, revisable con una búsqueda mínima que a Keith parece no serle prioritario a la hora de influir en el hábito de consumo de la población, asumiendo supongo las responsabilidades que eso conlleva. Con las proteínas la señora Keith se deja aún más en evidencia: cereales, frutos secos, semillas y legumbres son las principales fuentes de proteína vegetal en un rango comprendido desde los 8-10g hasta los 23-30g por cada cien gramos. Esto sin contar alimentos no vegetales, donde mencionados como la levadura llega a los 50g e incluso la espirulina a los 67g de proteína por cada cien gramos de alimento. La falta de conocimiento mínimo y la poca importancia que le da a pronunciarse en público sin revisar una base establecida ya como cultura general nos permite entender que esta persona estuviera tan sumamente enferma como consecuencia de su propia falta de atención y responsabilidad con su propia salud. En los alimentos mencionados como fuente de lípidos y proteína, obviamente los carbohidratos no constituyen ni la mitad del porcentaje en masa. De modo que la alimentación vegana no se basa en carbohidratos a menos que se busque de manera intencionada bajo un fin que ignoro. Lo que también ignora la señora es que se puede ser vegan y llevar una dieta Atkins rica en proteína, una cetogénica rica en lípidos, una high carb rica en carbohidratos o un protocolo de ingesta basado en ayunos. Visto lo visto, parece cada vez más incomprensible que le hayan publicado un solo libro. Cosa que resulta dramática a nivel de criterio y profesionalidad editorial, pudiéndose efectuar una reflexión sobre el grado de ignorancia ya no científica, sino culinaria mínima en el mundo occidental. Lo que explica que diferentes páginas diesen difusión a sus palabras.

“El ser humano ha evolucionado para no comer azúcar. Nuestro cuerpo no lo maneja bien, no tenemos una manera de metabolizarlo que sea saludable.”

Hasta aquí nada relativamente pecaminoso comparado con lo anterior.

“Si sigues, sin embargo, una dieta con una presencia destacada de grasas y proteínas, el azúcar en sangre se vuelve más estable y el cerebro trabaja mejor.”

Poco ha durado. El azúcar, aparte de ser un término ambiguo, no es un isótopo radiactivo. La estabilidad del azúcar es la misma sin importar la presencia de lípidos y proteínas en la ingesta. No sé si la señora en cuestión quería referirse a los niveles de glucosa en sangre o la tendencia a ciclar de determinados monosacáridos. Su incompetencia terminológica da para mucho sin llegar a ningún lado. La presencia de más o menos ácidos grasos solubles y de aminoácidos en sangre no altera la estructura y dinámica de carbohidratos ni su metabolismo. A la inversa sí: a mayor glucosa en sangre mayor insulina secretada y menor tendencia a metabolizar lípidos como fuente de energía. Del mismo modo al contrario, pudiéndose llegar al estado metabólico y hormonal de cetosis tras un mínimo de 15-18h sin comer, estado en el que se usan los ácidos grasos como fuente de acetil-CoA en el hígado para producir cuerpos cetónicos. El cerebro “trabaja” mejor, efectivamente señora Keith, con menores niveles de “azúcar”, aunque esto es especialmente representativo bajo estados metabólicos absolutos de privación de alimento y cetosis, no por tener una dieta baja en carbohidratos. A menor glucosa menor producción de glutamato, un aminoácido no esencial neurotransmisor responsable de la excitotoxicidad que no solo produce oxidación de membranas y cambios de conformación en proteínas transportadoras y receptores, sino que sus niveles son determinantes a nivel patológico en alteraciones neurológicas importantes desde déficit de atención y hasta epilepsia por ser neurotransmisor de neuronas excitatorias. Casi, pero lamentablemente insuficiente como siempre, tiene razón en un punto. Solo sería relevante esta ingesta de lípidos y proteína con una cetogénica estricta que una dieta convencional, basada en productos de origen animal o no, no puede permitir.

“Tus neurotransmisores necesitan las proteínas. Por ejemplo, el cuerpo no produce triptófano por sí mismo. El triptófano es el precursor natural de la serotonina y no hay buenas fuentes vegetales que lo contengan. Solo puedes obtenerlo a través de esas proteínas, por lo que si las eliminas, también eliminas la serotonina.”

Volvemos a lo mismo pero aún más rocambolesco. Mis neurotransmisores no necesitan nada porque son aminoácidos y no tienen necesidades. Ni sienten ni padecen. Las proteínas, como flagrantemente ignora, son secuencias concretas de aminoácidos dispuestos en una conformación tridimensional dada a través de enlaces covalentes como los puentes disulfuro y no covalentes como las interacciones electrostáticas e iónicas, adquiriendo una solubilidad dada en medio acuoso en su conformación nativa, aquella en la que dichas proteínas son activas bien estructuralmente, mecánicamente o químicamente. De manera anecdótica, el origen de los aminoácidos en la Tierra es tanto extraterrestre abiótico a través de su diseminación desde meteoritos como terrestre biótico a través de los primeros organismos fijadores de nitrógeno: bacterias y, mucho más adelante, relaciones planta-bacteria (rizobios) en las leguminosas. Lo único que hacemos los animales es, por tanto reciclar aminoácidos ajenos para producir nuestras propias proteínas. Dicho de otra manera: las proteínas terrestres, como entidad macromolecular cuya síntesis tal y como la conocemos requiere de otras proteínas, son todas de origen no animal. Apunte anecdótico a parte, todo organismo necesita aminoácidos para sintetizar sus propias proteínas. De éstos, un cierto número son sintetizados de manera endógena, los no esenciales, y otros son requeridos de obtener por ingesta o aportación exógena, los esenciales. Con estos aminoácidos, cada organismo sintetiza sus propias proteínas en los ribosomas tanto solubles en el citoplasma como en las paredes del retículo citoplasmático de la célula. Pero ningún organismo que consuma materia biológica ajena necesita proteínas, puesto que: 1) las proteínas de especies ajenas no son útiles interespecie 2) de serlo sería irrelevante porque no pueden mantener su conformación activa tras la actuación de cambios bruscos de pH y de enzimas proteolíticas y 3) porque tampoco podrían, en animales, atravesar las vellosidades intestinales e ingresar al torrente sanguíneo debido a que 4) no hay transportadores de proteínas, sino de aminoácidos y 5) inducirían una hiperproteinemia en sangre que, aparte de desencadenar una respuesta alérgica letal al tratarse de proteínas no solo no propias de la sangre sino exógenas, podrían llegar a producir cuerpos precipitados, puesto que no todas las proteínas serían solubles en las condiciones químicas de la sangre, induciendo obstrucciones del flujo sanguíneo y con ello isquemias e infartos. Parece que la forma de incorporar aminoácidos a las células desde las proteínas de la ingesta, en cuanto a secuencia de eventos, es la que es y no otra por varios motivos claros. Volviendo al drama existencial de la vida de los neurotransmisores que necesitan proteínas, éstos son aminoácidos como el glutamato, la glicina o el GABBA, ésteres como la acetilcolina o moléculas inorgánicas como el óxido nítrico NO. La serotonina, un neurotransmisor del grupo de adrenérgicos y en concreto de las indolaminas como la metionina, se sintetiza en neuronas serotoninérgicas a partir del 5-hidroxitriptófano, que a su vez es una modificación del triptófano, aminoácido ciertamente esencial, a través de la actuación enzimática secuencial de una hidrolasa y una descarboxilasa. Hasta aquí Keith no está equivocada. Pero de nuevo vuelve a fuego para continuar en su línea de incompetencia a fin de no decepcionar al espectador. Si bien el triptófano es un aminoácido esencial, decir que las fuentes vegetales no son suficientes o inaccesibles es no solo tosco y bruto, sino falso. De entre las fuentes no animales de triptófano caben destacar frutas como el plátano, la piña, el aguacate o la ciruela; frutos secos como las almendras, las nueces, los dátiles, los pistachos o los anacardos; cereales integrales como el arroz y la avena; verduras y raíces como los berros, las espinacas, la remolacha, el brócoli o la zanahoria; semillas como de sésamo, de girasol o de calabaza, legumbres como los garbanzos, las habas y las lentejas; y microorganismos como la levadura de cerveza y la cianobacteria spirulina. O una de dos, o la señora Keith ignoraba todos estos alimentos y por ello estaba enferma y moribunda, o simplemente no ha hecho un mínimo de revisión en cualquier fuente de nutrición y metabolismo. De necesitar 1000-1500mg de triptófano al día, 100g de soja, de pistachos, de alubias, de almendras y de lentejas aportan hasta 1600mg. Sobran los comentarios.

“La soja no es realmente un alimento. Los humanos no la digerimos bien, a no ser que se utilice como condimento fermentado, que es como se toma en Japón. ¿Emplearla como fuente de proteínas? Nadie en la historia de la humanidad lo ha hecho nunca.”

La carroña no es realmente un alimento, al igual que los huevos. Le leche de vaca tampoco es un alimento para humanos y menos aún tras el periodo de lactancia, pues para colmo produce intolerancias y alergias en el 75% de la población del planeta. Su criterio no parece ser esgrimido, para sorpresa de nadie, con demasiada estrategia. De un modo u otro, la población caucásica tolera el trigo sin problemas digestivos representativos exceptuando celíacos, mientras la oriental lo hace de igual manera con la soja. Señalar que la civilización china lleva más de 5.000 años alimentándose de soja. Pero según Keith a nadie se le ha ocurrido nunca usarla como alimento. Decir que los humanos no la digerimos bien es nuevamente, aparte de etnocéntrico occidentalista, falso. Aunque puede estar tranquila: la soja no es la base nutricional de ningún vegano y ni siquiera todos los veganos la consumen. Huele a la legua que esta señora no sabe mucho de veganismo ni se ha movido demasiado en círculos veganos. Sobre los antinutrientes también dice medias verdades y mentiras enteras. Son mecanismos moleculares desarrollados por especies fundamentalmente vegetales que inhiben la actuación de enzimas o dificultan la absorción de minerales por parte de sus ingestantes. Ahora bien y como bien dice Keith, llevamos 10.000 años de actividad agrícola y, de un modo u otro, de domesticación y selección artificial de especies de consumo. No sólo hemos seleccionado aquellos organismos de cada especie que menos problemas puedan ocasionarnos y más beneficios puedan aportarnos, sino que gozamos de una técnica primitiva pero relativamente eficiente denominada cocción. Por no hablar del uso de microorganismos para efectuar procesos fermentativos. No obstante, no todos los antinutrientes son “armas químicas” como fantasea la señora, pues moléculas como los isoflavonoides y los polifenoles tienen efectos antioxidantes y antiinflamatorios en nuestro organismo. Por esa regla de tres, habría que erradicar el consumo de vino y aceitunas y dudo mucho que esto tenga gran acogida en un país como desde el que le escribimos. Los antinutrientes de cereales, frutos secos y legumbres son retirados, como veo que ignora, al contacto con el agua: la actividad de agua del medio es un indicador de germinación. De esta forma, no solo se dejan de producir antinutrientes, sino que se limpia el alimento de éstos al eliminar el agua en los que han sido hidratados. Le comunicamos que puede estar tranquila desde hace miles de años. Sospechosamente, le vemos poco activa y preocupada a la hora de comunicar los problemas de salud que los productos de origen animal pueden ocasionar a la salud o cómo de adaptados estamos los seres humanos como especie para depredar animales y procesar sus tejidos. Espero leerlo algún día. Aunque con un poco más de base, rigor y decencia.

“Algunos de los problemas de salud que arrastraba mejoraron, otros se solucionaron por completo, como mi depresión, o los que afectaban a mis órganos reproductivos. Tenía una piel tan seca que dolía. En cuanto incorporé la grasa animal a mi dieta pude, por fin, doblar mis hombros y mis rodillas sin que aquello fuera un calvario.”

Es intrigante que Keith hable de aminoácidos esenciales, pero no de ácidos grasos esenciales. Lo importante en todo esto es la relación entre ácidos grasos de la ingesta, pues unos u otros tienen un impacto claro en el perfil pro o antiinflamatorio del organismo y el balance final del efecto neto de la actuación de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos vendrá dado por este balance de ingesta. Alimentos ricos en omega6 se asocian con un aumento en la incidencia de las enfermedades inflamatorias como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, la obesidad, enfermedades autoinmunes, así como asma y depresión. Nuestros ancestros consumían aproximadamente unas proporciones de omega3:omega6 de 1:1 o 1:2 respectivamente. La dieta estándar actual, en promedio, tiende a una proporción 1:15 o incluso 1:30, bastante común en Estados Unidos y Argentina, países ampliamente conocidos por su elevado consumo de productos de origen animal y de carne en concreto. En cambio, las recomendaciones oficiales apuntan a que la relación correcta entre debería ser de 1:5 o inferior. Esto podría ser preocupante para las personas que consumen grandes cantidades de productos animales como carne, embutidos y lácteos de producción intensiva, así como de altos niveles de aceite de girasol y procesados de soja. Keith se recuperó milagrosamente de afecciones inflamatorias retirando el consumo de ácidos grasos poliinsaturados antiinflamatorios (frutos secos, semillas, aceites, frutas y verduras) y sustituyéndolo por el de ácidos grasos saturados proinflamatorios (sebo de animales muertos). Sin comentarios de nuevo.

“Al final de mi etapa como vegana, mi columna vertebral estaba destrozada -ya tenía espondiolosis con dieciocho años, un instante de la vida en que debería haber estado con el máximo de energía-, así me que me pasaba la vida tirada en el sofá. Ahora puedo caminar durante al menos media hora.”

Esta historia, si bien es fantástica en todos los sentidos de la palabra, resulta un tanto sospechosa: una dieta vegetariana estricta no produce espondilosis (no espondiolosis), sino que lo produce el envejecimiento, las posiciones sostenida durante largos periodos de tiempo y los malos hábitos posturales, los ejercicios de alto impacto en la columna que dudo que haya realizado nunca y ciertas anomalías genéticas que afectan al metabolismo y estructura ósea de la columna. Y como no es necesario un máster para saber que un hábito de vida sedentario obviamente trae problemas graves de movilidad y fuerza física, su estado de salud y funcionalidad se veían recíprocamente afectados por cuestiones que difieren ámpliamente de la alimentación. Invitamos a la señora Keith a que utilice el tren inferior de su cuerpo para algo más que para calentar el sofá si tan mejor se encuentra después de comer bacon y tortilla con un vaso de leche. No obstante, efectuar una búsqueda mínima bibliográfica tanto de consulta como de revisión no requiere de una dinámica locomotora atlética y es algo que podría haber hecho sin moverse del sofá evitando así tal ingente ridículo. Si ha podido escribir un libro, también pudo haberse informado sobre lo que implica y requiere de hacerlo con criterio. También le invitamos a activar su detección de mentiras no sólo para los veganos que van a comprar marisco al supermercado de su barrio, sino con ella misma, y efectuar una mínima autocrítica sobre el grado y dedicación de formación y preparación en su discurso, así como la responsabilidad que ha tenido como agente en su disfuncional estructura y dinámica como ser humano.

3) MEDIO AMBIENTE

La señora Keith afirma que “la agricultura es la práctica humana más destructiva”. Sin embargo, cualquier persona mínimamente formada en el tema sabe que la agricultura es una de las formas más demandantes de recursos tanto hídricos como de área de cultivo. Y la demanda reciente y actual lleva a una deforestación masiva de terreno boscoso, como es el caso de la selva del Amazonas. En cualquier caso y como bien dice esta señora, ha sido un grave problema desde hace miles de años: miles de años en los que el motivo no ha sido una demanda de biomasa vegetal para consumo humano vegano, sino de biomasa vegetal para cebado de animales para consumo humano no vegano, incluyendo terreno de pastoreo para ganadería extensiva. De modo que empezamos pronto y mal: el impacto de la agricultura hasta el día de hoy no se debe ni histórica ni económicamente a la población vegana, sino a la población no vegana. Para más inri, desconozco el grado de intuición de la señora en cuestión, cuando considero evidente que animales de más de 400kg consumen mayor biomasa vegetal que animales de 60-80kg. Efectivamente, usar 16kg de cereal y 10.000L de agua para producir 1kg de carne de vacuno resulta bochornosamente ineficiente. Considere esas cantidades para abastecer a la población general. No basta con saber que la agricultura daña el ecosistema: hay que aplicar cuál es la principal demanda y cuál el principal consumo de dicha producción. Países como Guatemala y Etiopía tienen altas tasas de malnutrición infantil, pero son de los principales exportadores de cereal de su región: los recursos agrícolas van destinados a cebar animales en occidente para consumo occidental americano y europeo.

En efecto, la agricultura es una actividad que fuerza el suelo y puede llegar a agotar la capacidad de un terreno para dar alimentos. Además, para crear campos de cultivos es necesario arrasar espacios salvajes. Sin embargo, esta práctica es necesaria para la subsistencia humana, puesto que de los alimentos vegetales obtenemos todos los nutrientes que nuestro organismo necesita. Debemos cultivar para sobrevivir. También es cierto que el actual modelo de agricultura industrial está devastando amplias zonas vitales para la supervivencia del ecosistema mundial, como por ejemplo la Amazonia. Pero la señora Keith está obviando, por ignorancia o por mala fe (o ambas cosas), y queremos reiterarlo, que la mayor parte de la agricultura mundial, actualmente, no se destina a consumo humano, sino a la fabricación de piensos para alimentar a los animales explotados en ganaderías. Es la llamada “agricultura animal”, cuya devastación medioambiental es extremadamente agresiva. Por ese motivo, muchas entidades ecologistas señalan que, para poder preservar el medio ambiente, es necesario que la población mundial consuma menos alimentos de origen animal y base su dieta en productos de origen vegetal. Por supuesto, ofrecemos nuestras fuentes de información (algo que la señora Keith no hace en ningún momento). Cabe recordar que los piensos ganaderos se fabrican, fundamentalmente, con soja centroamericana y con cereales africanos, y que debido a esto, la producción de carne está íntimamente ligada a las hambrunas que se dan en países pobres (cuestión que la señora Keith parece desconocer, o bien que obvia deliberadamente, y que desarrollaremos más adelante).

Actualmente, la ganadería (tanto por el gasto en recursos del mantenimiento del ganado como por la ya mencionada agricultura animal) está provocando la saturación de las tierras y el agotamiento de los recursos hídricos del planeta (http://www.worldwatch.org/peak-meat-production-strains-land-and-water-resources-1), y https://academic.oup.com/bioscience/article/54/10/909/230205, puesto que el gasto en agua sólo para producir vegetales para consumo humano es menor que el gasto en agua para producir vegetales que alimenten el ganado, además del agua que debe consumir ese ganado. También está afectando seriamente a la biodiversidad: la ganadería es la principal responsable de la extinción de especies silvestres (http://www.sciencemag.org/news/2015/08/meat-eaters-may-speed-worldwide-species-extinction-study-warns).

¿Seguimos? La ganadería también emite más cantidad de gases de efecto invernadero que los transportes (http://www.fao.org/newsroom/en/news/2006/1000448/index.html), puesto que además de todo lo emitido por la agricultura animal, hay que sumarle el metano que produce el ganado.

La práctica ganadera es, además, la principal causa de la destrucción de la Amazonia (http://archivo-es.greenpeace.org/espana/es/reports/impacto-de-la-ganader-a-en-la-2/), no sólo porque requiere enormes hectáreas para pasturaje, sino porque la mayoría de piensos ganaderos se fabrican, entre otras cosas, con soja cultivada en esa zona del planeta. La señora Keith llegó a afirmar que la soja se cultiva para las personas veganas. No entendemos cómo tantas personas pueden tomarse en serio a alguien que afirma tales barbaridades. No hay tanta gente vegana como para tener que cultivar soja arrasando la Amazonia. De verdad la señora Keith no ve que eso no cuadra por ningún lado? Suponiendo que la soja se produjese específicamente para el colectivo vegano….¿abastecer de soja a menos de un 1% de la población mundial requeriría deforestar la Amazonia? Señora Keith: ¿tan ignorante cree que es su público?

Por todo ello, adoptar una dieta pobre en alimentos animales (y, por lo tanto, en mayor medida una totalmente libre de ellos) es beneficioso para el medio ambiente, ya que ahorramos agua, liberamos tierra cultivable, reducimos la emisión de gases de efecto invernadero (metano, CO2, óxido nitroso, amoniaco, etc.), y la generación de residuos (como los purines, que contaminan las reservas de agua potable), etc: https://link.springer.com/article/10.1007/s10584-008-9534-6, https://www.nature.com/articles/ncomms11382, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24898222.

En conclusión, seguir una alimentación vegetariana estricta es perfectamente sostenible y, además, es más beneficiosa para el medio ambiente que las actuales dietas ricas en productos animales, puesto que requiere de menos agua, menos tierra cultivada, emite menos gases de efecto invernadero y genera menos residuos (está exenta de purines). Según un reciente estudio (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5522483/) , abandonando la carne, los lácteos y loa huevos, disminuimos nuestras emisiones de CO2 diarios de 4 kg a 2,25 kg, el agua consumida diariamente de 3,1 kl a 2,1 kl, y reducimos la tierra cultivable explotada diariamente de 25 m2 a 15 m2. Repetimos: esto diariamente. Imaginémonos anualmente.

Incluso la ganadería extensiva, al estar dedicada a abastecer el mercado, es una de las causas principales de degradación ambiental, puesto que necesita una enorme extensión de tierra para mantener una productividad adecuada (https://es.mongabay.com/2017/01/la-ganaderia-extensiva-esta-acabando-los-bosques-colombia/). De todos modos, aunque existiese algún modelo de ganadería hipotéticamente sostenible medioambientalmente, seguiría siendo éticamente inaceptable, porque la ganadería nunca es ética, lo hemos explicado antes. Una alimentación vegetariana estricta es ética y sostenible, y ésa debe ser la opción alimenticia que una persona debe elegir si quiere ser congruente con la Ética.

4) JUSTICIA SOCIAL Y HAMBRE

En el punto anterior ya demostramos que el impacto ecológico de una alimentación vegetariana estricta es muchísimo menor que el impacto ecológico de una alimentación no vegetariana. Asimismo, la alimentación vegetariana es muchísimo más eficiente. Ya en 1965, se publicó el libro ”Proteins: Their Chemistry and Politics”, en el que el Dr. Aaron M. Altschul señaló que, en unidades calóricas por hectárea, una alimentación a base de cereales, verduras y legumbres puede alimentar a un número de humanos veinte veces mayor que una alimentación a base de carne. Por lo tanto, adoptar una alimentación vegetariana estricta es necesaria para reducir los daños y el agotamiento del medio ambiente, del cual dependen para subsistir los humanos más pobres, y ciertamente todos nosotros.

La señora Keith dice en su entrevista que “Los veganos te ofrecen un modelo perfecto: basta cambiar un factor tan elemental como la dieta y solucionaremos los problemas de aquellos que mueren de inanición”… Si alguien está muriendo de inanición ¿la señora Keith no ve que ese es el problema de esa persona? ¿a qué otros problemas se refiere?… Existen humanos que mueren de inanición porque no tienen dinero para comprar suficiente comida, ni propiedades para intercambiarlas por ésta. Por lo tanto el origen del hambre es económico y, consecuentemente, es un problema político; tanto de la política de esos países empobrecidos, como de las políticas de la comunidad internacional. La Política son normas sociales que deben estar basadas en la Ética, sí, esa Ética que rechaza la señora Keith y la mayoría de la sociedad. Por esta razón no se hacen políticas efectivas contra el hambre, sino efectivas para el beneficio económico de unos pocos, por eso se permite que “mueran” (realmente son asesinados) humanos por inanición, cuyas vidas a muchos les importan tanto como les importan las vidas de los animales no humanos que son víctimas del consumo: nada.

Las sociedades humanas actuales dan prioridad a la alimentación de los animales explotados en las granjas, sobre la alimentación de los humanos pobres que mueren de hambre. Esto ocurre por una pura cuestión de beneficio económico, pues ese es el que rige las sociedades liberales y a su sistema económico capitalista.

Pero es muy importante darse cuenta de que el problema del hambre no es sólo económico, sino también de disponibilidad de recursos. De nada sirve tener dinero si no hay suficiente para todos… Vivimos en un mundo con unos recursos finitos y que dependen del clima. Cuando la oferta de una materia prima escasea, los precios de ésta se disparan y sólo los más pudientes pueden comprarla. Esto mismo es lo que ocurre con los precios de los cereales y de la soja.

En el punto anterior ya demostramos que la razón del elevado consumo de cereales y de soja es de la producción de piensos para alimentar a los miles de millones de animales que son explotados para producir carne, leche y huevos. El problema de la elevada demanda de cereales y de soja se complica con la especulación de los precios de estas materias primas y se convierte en catástrofe humanitaria cuando llega una sequía, pues se reduce la oferta y entonces los precios de los alimentos suben aún mucho más. La consecuencia de esto es que los humanos más pobres no tienen suficiente dinero para comprar la cantidad de cereal que necesitan para sobrevivir y por lo tanto “mueren” de hambre. Entonces en la televisión nos “informan” de las “hambrunas” que hay en África, como si el consumo de carne en los países ricos no tuviera nada que ver con eso. Como es lógico, este problema se reduciría enormemente si se adoptara masivamente una alimentación vegetariana estricta, pues habría mucha menos demanda de cereales, por lo que los precios bajarían mucho y ya no sería tan fácil especular con ellos. Nada de esto cuenta la señora Keith en su entrevista.

En el año 2002, el economista Jeremy Rifkin en un artículo titulado “Ante una auténtica crisis alimentaria global” (https://elpais.com/diario/2002/06/10/opinion/1023660008_850215.html) nos advertía de que los hábitos alimenticios de Occidente (basados en alimentos de origen animal) eran una de las causas de las terribles hambrunas africanas. La tierra de África es trabajada por africanos, pero es propiedad de empresas multinacionales occidentales, que son las que venden todas esas toneladas de grano etíope, mozambiqueño, etc. a otras empresas para que fabriquen el pienso destinado a engordar los animales que se explotan y matan en los países ricos para producir carne (destinada a esos países ricos; no a los pobres). Nos decía el propio Rifkin: “Es terrible que un 80% de los niños hambrientos en el mundo vivan en países con excedentes alimentarios, la mayoría en forma de piensos para animales que, a su vez, sólo serán consumidos por los más ricos”. Por esta misma razón, Phillip Wollen afirmó en uno de sus mejores discursos (https://youtu.be/nhnWB4heVHs) que “comer carne es dar una bofetada en la cara de un niño africano hambriento”.

Al final de la entrevista, la señora Keith reconoce que “El problema real es que, quizás, somos demasiados seres humanos” y que eso llevará a la civilización humana al colapso. Estamos de acuerdo en que la población humana debería ser muchísimo menor que los 7623 millones de humanos (y creciendo) que existen en la fecha en la que se publica el presente artículo, pero ese es otro problema que podemos abordar en otra ocasión. Lo cierto es que existen demasiados humanos y por lo tanto, mientras buscamos una solución para eso, estos deben producir el menor impacto posible en el medio ambiente para así perjudicar lo menos posible a los demás. Ya vimos que, en lo referente a la alimentación, el menor impacto medioambiental se consigue mediante una alimentación vegetariana estricta, que es la única propuesta realista y ética.

No hace tantos años, en junio de 2010, el periódico «The Guardian» publicó un artículo titulado ”UN urges global move to meat and dairy-free diet” en que el que se advertía de que «un cambio global hacia una dieta vegana es vital para salvar al mundo del hambre, la escasez de combustible y los peores impactos del cambio climático». El artículo hace referencia a un informe de la ONU titulado ”Assessing the environmental impacts of consumption And production. Priority Products and Materials”, publicado ese mismo año. Dicho informe de la ONU nos advierte de que “Se espera que los impactos de la agricultura aumentarán sustancialmente debido al crecimiento de la población y al creciente consumo de productos de origen animal. A diferencia de los combustibles fósiles, es difícil buscar alternativas: la gente tiene que comer. Una reducción sustancial de los impactos sólo sería posible mediante un cambio sustancial en la alimentación en todo el mundo, lejos de los productos de origen animal”. La conclusión es clara: el consumo de productos de origen animal aumenta el impacto negativo de la agricultura. La solución también es clara: debemos dejar de consumir productos de origen animal para reducir dicho impacto. Tome nota, señora Keith, y deje de ser una irresponsable.

Quien esté interesado en la relación carne-hambre puede encontrar más datos en el artículo “El veganismo no ayuda a reducir la pobreza”, ( https://www.respuestasveganas.org/2006/11/argumento-veganismo-no-ayuda-erradicar_6474.html ) que es actualizado periódicamente.

5) ANEXO BIBLIOGRÁFICO: https://www.facebook.com/serassuvoz/posts/1790053177699259

Artículo también disponible en https://www.respuestasveganas.org/2018/07/respuesta-lierre-keith-entrevista-veganos-trampas-mito-vegetariano.html?m=1

660

Angry Bird ya está en su nuevo hogar. Allí estará rodeado de los suyos, verá todas las madrugadas y respirará el aire puro de la montaña con la seguridad y confianza de su palomar, una maravilla con una bonita puerta de madera siempre abierta, que cada día le dirá que es libre de salir y de volver a entrar a reencontrarse con su comida y su rinconcito. Allí será quien debe ser y nunca pudo ser dentro de la jaula más grande que pudimos encontrar, siempre encerrado y siempre a solas.

Es una paloma enorme. La primera vez que lo ví estaba lejos de mí. Cuando la perra Olaia lo encontró y él extendió las alas para intentar huir, pensé que era un pato de los que se refugian en el pequeño humedal cercano. La enorme herida abierta que tenía en la espalda y sus plumas cortadas, además del dolor, el hambre y el cansancio, no lo dejaban volar. Suerte que Olaia no lleva sus nervios y su curiosidad más allá de oler y mirar.

Las plumas remeras de las alas son, junto con las timoneras de la cola, las plumas de vuelo de las aves. Son largas y resistentes, y las de Angry tienen una caña muy fuerte y, a la vez, muy ligera, llena de aire. Son muy distintas a las plumas pequeñas y ligeras que le cubren el cuerpo. Las de las alas del Angry estaban cortadas casi por la mitad, con una forma recta para que no volara. Por suerte, las acabará cambiando por unas nuevas y, entonces, podrá volar de nuevo.

No sabemos quien la atacó, si una rapaz, una gaviota, un gato… Tampoco sabemos cómo es que una paloma que no puede volar, porque alguien no quería que volara, acabó allí y así. No sabemos cómo es que consiguió sobrevivir. La tuvimos que alimentar con bolitas de pienso molido y mojado, y darle el agua con una jeringuilla. Sólo tardó tres días en comer y beber a solas, y en unas pocas semanas no quedaba nada de aquella herida tan fea. Y empezó a bailar cada vez que entrábamos a su habitación, con el buche completamente hinchado y las plumas del cuello levantadas como si fuera un jefe guerrero.

Al parecer, pertenece a una de las muchísimas razas de lo que llaman palomas de raza, “ornamentales” o, incluso, “de fantasía”[1]. Por supuesto, no existen en la naturaleza, son cruces creados por los seres humanos a partir de unas pocas razas primigenias, también creadas por los humanos para explotarlas con determinados usos, principalmente como mensajeras, para engordarlas y comérselas o para la caza. En este caso, eran utilizadas para alimentar y entrenar rapaces, como cebo o, directamente, como arma de caza. Siempre se han adiestrado palomas de cualquier sexo para aprovechar sus cortejos, ya que podían atraer palomas salvajes al palomar que, así, se capturaban con facilidad.

Ahora, como ocurre con las razas de perros y sus pedigrís, son mayoritariamente caprichos, hobbies y negocios. Existen campeonatos y exhibiciones, donde los criadores y aficionados (como siempre, es difícil encontrar mujeres haciendo todo esto) muestran sus candidatos y hablan de sus técnicas de cría en busca de la “paloma perfecta”, dentro de los estándares de raza. Así, multiplican los cruces de individuos con “tipos fiables” y, llegado el caso, recurren a la consanguinidad para mantener y reforzar determinadas características y “tipos”, aprovechando lo que consideran como individuos fuertes.

Sólo en Europa, están reconocidas más de 400 razas distintas, múltiples variantes a partir de una gran diversidad de características y formas, que nuestra veterinaria llamó “mutaciones”. Varían las alturas, los tamaños y los pesos de los animales. Varía la forma, el tamaño, la anchura o la longitud de la cabeza, del pico, de las carúnculas nasales, los buches, los cuellos o de las patas. Varían enormemente los plumajes y, aún más, sus coloraciones. Pueden haber animales con viseras y dobles viseras de plumas sobre los ojos; también pueden haber “melenas” de plumas alrededor del cuello, haciendo efectos como de bufanda o de abrigo de pieles; hay de palomas que pueden tener las patas completamente emplumadas, hasta tapar los dedos y las garras.

Todas estas razas, han sido subdivididas en 10 grupos. Entre las que incluyen más diversidad, están las que se caracterizan por su gran buche, siempre hinchado y redondeado. Entre las de “tipo gallina” está la raza más criada en el mundo: la Modena. Suelen ser muy grandes, desarrolladas a partir de razas criadas para la producción cárnica. Su “parada” (postura natural) con su cuerpo corto y su cuello largo, hace que parecen gallinas pequeñas.

Las palomas de color, que también agrupan más de 80 razas, combinan una gran diversidad de éstos y, con la combinación de los de las diferentes plumas, pueden hacer dibujos uniformes o geométricos (sobre todo, en las alas). En los de estructura lo que se busca es su parada, pero también se desarrollan elementos característicos como colas de pavo real o enormes viseras y cofias. Pasa lo mismo con las palomas de forma, donde la parada se combina con características formas de la cabeza, del pico o de las patas.

De los grupos con menos diversidad de razas, destacan el de las palomas carunculadas que, obviamente, busca el desarrollo deforme de las carúnculas nasales, a menudo en crecimiento permanente durante toda la vida del animal. Otra horrible deformidad es el de las palomas encorbatadas, con picos que se prolongan desde los frente hacia abajo, sin ningún ángulo, y que a menudo son prácticamente inexistentes.

Finalmente están las razas caracterizadas por cuestiones no relacionadas con su aspecto, a pesar de que ya no se crían para otra cosa que para la exhibición. Las palomas tambores reciben su nombre de un arrullo muy característico: el canto de estas palomas recuerda el sonido de un tambor. Por su parte, las palomas de vuelo alto pueden llegar a ser un diminuto punto en el cielo, si es que alguna vez las dejan volar. Destacan las palomas volteadoras que, mientras vuelan, se dejan caer a peso muerto y dando vueltas, como si un cazador las hubiera abatido, antes de recuperar el vuelo normal (que también puede incorporar más vueltas). Incluso hay una raza, de origen estadounidense, que pierde la capacidad de volar a los 6 meses y que hace todo esto por tierra, mientras corre y camina.

Como siempre, lo más terrible es lo que esconden las apariencias, los espectáculos o las buenas palabras de los criadores. Las deformidades generadas por algunas de estas razas impiden a los individuos alimentar a sus crías y obliga a utilizar palomas nodriza. Esto ocurre especialmente entre las razas de pico casi inexistente y entre las de buche grande, que también se pueden distendir y deformar aún más, haciendo que los animales se lo pisen. Las que tienen largas plumas en las patas pueden romper sus huevos o tirarlos los nidos, y por eso se las cortan antes de la puesta. Las viseras de plumas pueden llegar a tapar completamente los ojos de los individuos.

Los criadores, para mostrar sus gran conocimientos y técnica, las manipulan y las enseñan sin ningún problema para inmovilizarlas las entre sus manos, que mueven de forma nerviosa arriba y abajo. Inmovilizan sus patas cogiéndolas entre los dedos, los ponen la mano sobre la cabeza, mueven los dedos delante de sus ojos o las giran bruscamente y, boca abajo, para estirar de su pico y mostrar los buches o los colores de los plumajes. También los podemos ver utilizar punteros de madera y otros objetos para señalar características de animales enjaulados, siempre tensos y tristemente habituados a todas estas manipulaciones.

Las preparan para concursos y exhibiciones con toda clase de instrumentos, con las que manipulan picos, uñas y plumajes. Con tijeras cortan plumas y generan efectos estéticos artificiales como, por ejemplo, el de eliminar las de determinados colores que están intercaladas entre las del dominante en el buche o en el resto del cuerpo. También utilizan limas y cortaúñas con las que manipulan las formas de los picos, llegando a buscar simetrías perfectas. Durante estas manipulaciones, también utilizan instrumentos inmovilizadores fabricados específicamente o cosas como un calcetín con la punta cortada, que ponen a los animales como si fuera un jersey para inmovilizar sus alas.

La mayoría de palomas de raza se pasan la vida encerradas en su palomar y, en el caso de los de razas que tienen el vuelo, la suelta y el cortejo como razón de ser, no dejan de sufrir una libertad limitada y permanentemente vigilada, sometida a trabajos forzados. Como ocurre siempre con todas estas prácticas, la cría es generadora de negocio, de transacciones y compra-ventas que a menudo son caprichosas, compulsivas. Y, alrededor de todo esto, están los negocios de los utensilios como palomares, jaulas y otros instrumentos, además de la farmacéutica, la veterinaria o la alimentación específica, que también generan investigación con animales infectados con enfermedades para probar la eficacia de complementos alimenticios o de medicamentos.

Y como también ocurre siempre con todos los animales utilizados y explotados, aún más en el caso de los que deben presentar unas características muy concretas, son víctimas permanentes de la selección y el descarte. Los criadores, dentro de inmaculados palomares que han preparado para las visitas, pueden llegar a hablar con frialdad de la eliminación “cualitativa y severa” de individuos para mantener los estándares de las razas. En casos como el de las palomas de escudo, esas que deben presentar dibujos muy uniformes por la combinación de los colores de las plumas en las alas, este descarte puede llegar hasta el 80 y 90% de los animales.

Esta pudo ser la vida del Angry Bird. Puede que fuera uno de estos descartes, en algún lugar donde los abandonan a su suerte en lugar de matarlos. Y puede ser que escapara accidentalmente, librándose de todo el proceso que lo tenía que convertir en un aspecto, una parada, un tamaño y un gran buche que enseñar cada vez que estabas con él. Ahora está donde todo esto no tiene ninguna importancia, porque él no es ni una imagen, ni una foto, ni un hito más en el palmarés de ningún criador.

Angry no es una fantasía ni un ornamento, y es mucho más que una paloma de raza. Él es un individuo único, diferente a todos los demás, sean de la raza o de la especie que sean, nunca mejor que nadie y siempre tan bueno como cualquiera. Tiene muchas ganas de vivir, y es lo que hará hasta su último día. Volará, sin condiciones ni vigilancias, sin aprovechamientos ni usos, y siempre tendrá esa hermosa puerta de madera abierta para volver a casa.

——-

[1] La mayor parte de la información se ha obtenido del documental Palomas ornamentales y de raza (2004). Es una película promocional de los piensos para palomas de Versele-Laga, empresa con sede en Deize (Flandes Oriental, Bélgica). Está disponible en Youtube, dividida en 9 partes:

—————————————

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

1375

Somos animales sensibles. Al enfermar de una fiebre corporal de 42 grados de temperatura las proteínas se deforman, desnaturalizando las enzimas, dejando de catalizar funciones químicas vitales, todo lo cual nos aboca al colapso irreversible y la muerte. Asimismo a la inversa, un organismo humano en hipotermia a partir de 2 grados de menos, empieza a ralentizarse, se desorienta, delata semiinconsciencia, falta de memoria, bajada de tensión, dilatación de pupilas y muerte térmica. Muchos otros animales de sangre caliente sin embargo, sobreviven a diferencias de temperatura de 60 grados. Respiramos de 13 a 16 veces por minuto para oxigenar una sangre que exige de tal actividad, porque de otro modo nos asfixiamos y morimos. Hay animales que viven semanas sin agua, nosotras al tercer día sin hidratar nuestro cuerpo, morimos.

Somos animales frágiles, de piel desnuda y delicada, con tolerancia y defensas propias cada vez más minadas por la adicción a medicamentos y un estilo de vida tóxico. Los huesos sufren nuestra verticalidad, poseemos vista mediocre, oído torpe, olfato obtuso, velocidad ridícula y unas capacidades de supervivencia fuera de la comunidad bastante disminuídas, cuando no nulas. Fisiológicamente somos animales realmente patéticos y hemos logrado sobrevivir y medrar gracias al celo constante y la cooperación. Así como hemos sufrido y muerto gracias a la competitividad y los odios.

Somos animales débiles, sin embargo aplicamos en el día a día la ley de la jungla y la violencia, nos rompemos los corazones, nos dañamos, nos peleamos, nos insultamos, causamos y sentimos indiferencia por y de las demás. Mantenemos decenas de guerras en el mundo, fabricamos armas para que las personas se despedacen entre sí, minas antipersona con forma de juguete para que las niñas pierdan brazos y piernas queriendo jugar con ellas. Inventamos banderas para poder hacer eso con supuestos argumentos, religiones de enfrentamientos y desprecio, inventamos miedos más allá de nuestra cautela imprescindible, dejando ahogarse en el mar a otras personas que sólo querían vivir, porque nuestro estilo de vida esquilmó sus recursos en sus territorios. Nos aterrorizan las diferencias y discriminamos a quienes difieren de nuestro pensamiento, medida y patrón de todas las cosas. Llamamos perdedoras a la gente que el sistema económico -que crearon para nosotras y que abrazamos sin rechistar-, no pudo soportar, acusamos de los errores sin dar opción a repararlos, o nos mantenemos soberbias y altaneras en los nuestros, para no sufrir el escarnio público o la falta de esa macilenta autoestima que vamos día a día tratando de mantener. La sociedad empodera a las personas en la medida de las necesita como consumidoras y sólo en ese aspecto, la salud psíquica y física de cada individua no importa más que a un nivel financiero o simbólico. No nos cuidamos, dividimos a las personas en útiles o inútiles a nuestros perspectivas o intereses, no valoramos el sufrimiento ajeno, nos adiestran en la impasibilidad. La precaución natural ha derivado en neutralidad feroz, el descuido por las demás (cuando son ellas las que conducen nuestros tranvías y cosen nuestros zapatos), nuestra fingida insensibilidad que deriva a un desprecio y una discriminación más… añadida a las que nos prestan los miedos de otras. La indolencia, la desgana, la tibieza por los asuntos comunes que no sufrimos, pero podríamos sufrir en cualquier momento porque la vida son nuestras circunstancias y un compendio de suerte, justicia y destreza a partes iguales. La sociedad es displicente, desapegada molecularmente, como el tumulto que se disgrega cuando se declara un incendio. Señorean el desamor, el desdén, la frialdad y la pereza que puedan fastidiar nuestra zona de confort.

Amamos a las personas en función de las ventajas que obtenemos de ella y no por lo que es en sí cada una, por sus méritos propios; es un amor que rentabiliza la relación y la condiciona a la recicprocidad y la egolatría. Disculpamos en las demás aquellos defectos que compartimos, pero somos intransigentes con aquellos de los cuales estamos exentas, como si nosotras mismas fueramos el ejemplo a seguir. Despedazamos a seres inocentes para obtener de ellos sus más íntimos zumos, partes de su cuerpo o su cuerpo entero, simplemente para disfrutar un capricho. Nos causa pereza entender otras realidades cuando muchos cambios debemos hacerlos solas, hasta que un día la comunidasd los adopta. Nos duele la civilización, y decimos que la occidental tiene pros y contras como llamamos suerte a que nos atropelle una ambulancia. Pero lo que sabemos está limitado a lo que sabemos.

Vivir es absurdo, tanto como morir. Pero lo absurdo es lo único que tenemos. Si un perro parece pesado al pedir afecto, debemos recordar que es por el tamaño de su corazón, puro y natural por más que lo llamemos “domesticado”. La obsesión enfermiza de mostrar una naturaleza dividida en comer-ser comida, proviene de una mentalidad capitalista, donde el éxito o el fracaso son los dos únicos caminos. El éxito será premiado por la dudosa gloria de la depredación, y el fracaso será el ostracismo, la soledad, la impopularidad o el anonimato de la muerte prematura. Un sistema binario tipicamente miope que hace ver la vida en blanco y negro. Con dos únicos prismas. La falacia de la superviviencia de la más fuerte se desmiente en la sociedad, donde sobrevive por la suerte, los roles sociales o la falta de escrúpulos, porque lamentablemente la maldad puede ayudar a sobrevivir en una favela, donde la genialidad en materia científica es inútil, dado que no hay posibilidades para ejercerla, y donde el imperativo es encontrar comida.

¿Viajaríamos tanto si no tuviéramos a quién decir dónde fuímos o a quién enseñar las fotos del viaje? ¿Compraríamos tanta ropa si nadie pudiera apreciar nuestra vanidad?. Vivimos vidas que giran entorno al aspecto de las cosas y nos consideramos cosas estéticas. Hemos relegado lo esencial, emitiendo opiniones según nuestro miedo y no según la objetividad. En todo caso sufrimos la cultura de la violación patriarcapitalista, la cual mediante fuerza bruta y no argumentos masacra a billones de animales no humanos, para engordar ese ego inmisericorde, injusto y epicureo, tratando esterilmente por otro lado de satisfacer un apetito que el sistema y la mezquindad colectiva se encargan de que siempre sea insaciable.

Sin embargo, cuando las vulneraciones que cometemos contra las demás se vuelven contra nosotras, lloramos previsiblemente.

Somos animales sensibles, y no podemos basar la sociedad en la desatención de los problemas fundamentales y la empatía, por eso la doctrina de la falta de escrúpulos es un lujo que no debemos permitirnos. Estamos condenadas biológicamente a la cultura del cuidado, a la civilización de los mimitos y las carícias, de la independencia autonómica de cada individua pero en una comunidad global. Y no hay argumento válido que pueda colocar un disparo donde debió haber un beso. Somos animales delicados, pero los gobiernos invierten nuestro trabajo e impuestos en armamento y alzado de fronteras de todo tipo, en fortalecer el miedo cobarde disfrazado de bravuconería del macho patriarcal, manteniendo el terrorismo capitalista y especista. El despilfarro material y energético siempre tiene un coste medioambiental o personal. Alguien paga lo barato, nuestro turismo lúdico, y todos nuestros derechos no pueden pasar por eliminar los de otras. ¿Es esto todo lo que nos ha enseñado nuestra fragilidad durante cientos de miles de años?. Sabemos lo que nos duele y castigamos a las demás con ese dolor… convencidas de que esa llaga no volverá a nosotras algún día.

Podemos hacerlo mejor, de eso va nuestra especie y de eso el humanismo, de apartar al antropocentrismo para que la lógica del ser triunfe sobre la del mercado. Podemos crear culturas de diálogo, espacios de comprensión mutua basados en la vida, en nuestra inestable verticalidad, en nuestros treintaiseis grados y medio, en el oleaje perfecto del deseo de la vida. Todas queremos vivir, ese es el único precepto entorno al cual contruir sociedades sólidamente frágiles, como nosotras, porque las que creamos están llenas de víctimas, silenciosas e invisibles a nuestra egolatría, tras concertinas y muros de mataderos, escondidas en decretos ley y veredictos sangrientos, y porque sabemos bien que en este prado, todas las flores son necesarias.

————————————————

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

848

La Junta de Andalucía, a través del Instituto Andaluz de la Juventud y el Instituto Andaluz de la Mujer, ha lanzado una campaña para denunciar el acoso sexual callejero, bajo el lema “no seas animal”.

En esta campaña, hombres con máscaras de animales no humanos (buitre, pulpo, cerdo, gallo) acosan de diferentes formas a mujeres en el espacio público. Una voz en off masculina advierte que los animales de la fauna callejera están al acecho, animales que deben extinguirse, desaparecer. Porque esos comportamientos, de esos señores con máscaras de animales, son “más propios de animales que de personas”. Por si quedara alguna duda, el vídeo cierra con un: “estos comportamientos no son propios de personas”.

Pues vale. Supongo que la campaña busca ser intencionadamente polémica. Una polémica puede ser inteligente y de calidad. Se puede hacer, pero no así.

El primer paso para solucionar un problema es afrontarlo como es. Ninguna mujer ha sido acosada por buitres, pulpos, cerdos, o gallos. No. Las mujeres son acosadas por hombres (hombres, no personas en abstracto) que se consideran con derecho a opinar sobre el cuerpo de una mujer, seguir a una mujer, tocarla sin su permiso, etc. Esos hombres, que tienen esos comportamientos, se consideran legitimados socialmente. Por eso actúan así, porque creen que tienen impunidad para hacerlo. Hacen lo que hacen porque han aprendido que pueden.

Con esta campaña la responsabilidad en el acoso sexual callejero no sólo se diluye, es mucho peor. Ese discurso culpabiliza a criaturas que no nos han hecho nunca ningún daño. Esa campaña refuerza prejuicios que están en el imaginario y que generan violencia.

La cosificación (convertir a alguien en algo) necesita de las palabras. Es el primer paso. Con las palabras se genera desprecio, se difunden mentiras que legitiman la dominación, la discriminación, la sumisión. El feminismo, desde el principio, se enfrentó estas a lógicas de dominación, que asignan a las mujeres unas características determinadas (ser irracionales, emocionales, instintivas, etc.), con una intencionalidad. De esta forma, la violencia simbólica se transforma en violencia física. El feminismo sabe mucho de los daños que causan los símbolos, las representaciones colectivas.

Calificar a alguien de plaga a extinguir, difundir la idea de que los cerdos son asquerosos o que los buitres son repulsivos sigue una lógica parecida. Esta campaña se ensaña con quienes ya sufren nuestra violencia diaria, con quienes no nos dañan nunca y con quienes no se pueden defender. Es muy curioso que nuestra especie se haya construido negando su animalidad y, sin embargo, cada vez que tiene ocasión, responsabiliza a individuos de otras especies de violencias que son 100% humanas. Porque no, esos comportamientos no son propios de animales no humanos, son propios de nuestra especie, concretamente de algunos hombres de nuestra especie. Se llama patriarcado. A las cosas se las llama por su nombre.

———————————–

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

1357

Todo el mundo ha oído hablar del autobús de HazteOir y de su mensaje tránsfobo. Es una forma de darle la vuelta a la tortilla desde el privilegio, que se presenta como víctima de complots urdidos con oscuras intenciones por organizaciones perversas como el lobby gay, las feminazis o los ecoterroristas. A mi me gusta la de los antitaurinos pagados por Holanda, según denuncian los que todavía no han encontrado la forma de organizar una matanza “benéfica” sin quedarse con casi todo el dinero.

Quien, consciente o inconscientemente, se beneficia de una determinada situación injusta, genera un discurso victimista alrededor de su “normalidad” atacada. Así, nos muestran un mundo de hombres cis y heterosexuales, occidentales y blancos, con papeles y derechos, con casa, coche y nevera llena, siempre perseguidos y amenazados en sus libertades mientras a su alrededor las mujeres “se mueren” a diario a pesar de que ya han conseguido la igualdad, donde las personas migrantes se empeñan en hacer peligrar la seguridad a pesar de nuestra gran solidaridad, donde las que vulneran la heteronorma se empeñan en hacerse visibles en la calle e incluso, en la escuela…

En resumen, los que están arriba rebosan unas lagrimitas acompañadas de una llamada a la hermandad, a “conservar” un irreal punto de equilibrio que las de abajo quieren romper con sus luchas y reivindicaciones. Así, con toda la cara del mundo (sea conscientemente o no). Seguro que os suena aquello de “ni machismo ni feminismo: igualdad”. Si las personas negras de EEUU se movilizan frente a la discriminación y el racismo que aprieta el gatillo fácil de tantos policías, si usan un lema que dice que las vidas de las personas negras importan, aparecen voces blancas que dicen que las suyas también, que lo que importan son las personas. Hay muchos ejemplos.

Y, para ello, que mejor manera que forzar escenarios donde los niños y niñas son las víctimas y “las igualitarias” se presentan como sus supuestas defensoras. Esto es lo que hace HazteOir con su autobús, con el que quieren convertir su discurso de odio y exclusión en “libertad de expresión” y en persecución política. No hace falta un autobús: este mismo papel de apoyo para la creación de escenarios ficticios lo puede hacer un modesto biberón en medio de un restaurante vegano, hasta dar lugar a otro lema de la falsa víctima: “ni personas ni animales, todas somos seres vivos”.

Para quien no haya oído hablar de la campaña de acoso que ha sufrido el restaurante el Vergel de Tarragona, está perfectamente resumida en el interesante artículo de Aula Animal que se titula “Un restaurante vegano no permite la uso de leche de vaca”. La conclusión de este artículo es que habría sido más eficiente la “flexibilidad” en la aplicación de la norma antiespecista del restaurante. Así deberíamos hacer en todas las situaciones que implican “los sectores de la sociedad más vulnerables, especialmente si se trata de bebés, niños o niñas”.

Nos explican que “tener razón no es siempre suficiente”, y que “a veces, lo más coherente es ser incoherentes”. Como se trata de una oportunidad perfectamente aprovechada mediáticamente, y como el movimiento por los derechos de los animales no ha tenido capacidad de revertir este aprovechamiento con sus argumentos, habría sido mejor evitar esa oportunidad. Es por este mismo motivo que “las organizaciones más influyentes” no salieoan en defensa del restaurante y su gente. La batalla estaba perdida y, además, “tienen una imagen pública que les ha supuesto mucho esfuerzo construir”. Debemos saber retroceder, teniendo en cuenta qué actitudes “son mejores para los animales en la realidad social que vivimos”.

Comprendo lo que quieren decir. Creo que yo mismo habría mirado hacia otro lado, con esa aparente naturalidad de las que se ven obligadas a convivir con discriminaciones cotidianas. Recuerdo una charla-debate sobre antiespecismo en un local muy izquierdoso de Valencia y con cena vegana posterior, y como uno de los integrantes de la asociación puso los huevos sobre la mesa. Eran de gallinas esclavas. Ocupó la cocina donde trabajaba la persona que preparaba la cena, se los frió con unas longanizas valencianas y, por supuesto, hizo ostentación machuna de su resistencia a la opresión mientras se los comía. Aceptamos la derrota como inevitable, con el consuelo de toda la gente que escuchó, comió vegano y debatió con respeto.

Pero, ¿por qué tiene que ser el pragmatismo la única opción? La lógica de la legalidad, los papeles en regla y el no haber roto nunca un plato no se pueden aplicar siempre. Quizás, querer esquivar ciertos golpes sea lo mismo que no ver más que la tenebrosa sombra de unos pocos árboles en el enorme bosque que estamos cruzando. Puede que la campaña mediática contra el Vergel se vaya como el humo, y que la coherencia de su acción, mezcla de firmeza, empatía y delicadeza, sea el fuego que deja huella.

No todo es comunicación: la reivindicación y la concienciación son la sangre que corre por las venas del movimiento antiespecista. Dentro de ese biberón estaba, sobre todo, la vida de una vaca esclava y la de su ternero de este año.

También había gente que decía que no se tenia que dar publicidad gratuita a HazteOir y su autobús, pero pronto quedó claro que siempre lo dicen quienes no se encuentran en el punto de mira. Aquel biberón se ha querido utilizar para convertir la intransigencia de una parte en un ataque a la infancia por la otra, para trasladar interesadamente el punto clave del asunto, desde el momento que una persona escribe una mala crítica a una página de reseñas por haber sido cuestionada, hasta la falsa escena en que le quitan la comida de la boca a una pobre criatura.

En todo caso, tenemos un problema cuando reaccionamos así ante nuestra gente que decide plantar cara, que no atacar ni agredir. Cuando en el mejor de los casos se le dice que lo más inteligente hubiera sido no hacerlo, y en los peores se le tacha de intransigente y de hacerle un flaco favor al movimiento. Tenemos un problema cuando el análisis se centra en el restaurante y sus errores de comunicación y no en toda esas reacciones marcadas por el síndrome de Estocolmo.

El problema, seguramente, estará en el principal argumento que se ha puesto sobre la mesa: nuestra debilidad, que debemos tener permanentemente presiente y que debe condicionar cada cosa que hacemos, como si el movimiento antiespecista fuera el personaje de un juego del rol y esta fuera su principal característica.

————–

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

1491

Mientras veía Los Hombres Libres de Jones y el caballero del Sur, como tantas otras veces, iba a violar a la esclava Rachel, me vino a la cabeza aquella escena de Braveheart del derecho de pernada. En realidad, los documentos históricos no dan ninguna señal que permita constatar nada que se le asemeje, y menos con ese nombre. Incluso, cuando aparece, es para que los señores afirmen que no tienen constancia de que se haya aplicado nunca y que, en todo caso, renuncian a ese supuesto derecho por “injusto y deshonesto“.

En realidad, no necesitaban apelar a ningún derecho para forzar a una mujer campesina, sólo debían hacerlo con su impunidad y la indefensión de las víctimas como escudo y, por supuesto, lejos de cualquier ostentación. La igualdad ante la ley y la seguridad jurídica no son conceptos de aquella sociedad estamental. Por otra parte, el honor de la familia se podía obviar a cambio de tanta proximidad al poder, que podía otorgar beneficios, excepciones y privilegios. Las mujeres eran usadas como instrumentos de promoción y monedas de cambio; estaban socialmente más abajo que los hombres que podían sacar provecho de esa situación, desde el violador hasta los miembros de su propia familia.

Tal vez nos encontramos ante la explicación a que las violaciones sean el icono por excelencia de la injusticia, del abuso. La lucha no se genera desde la solidaridad y la empatía, sino de la del instrumentalización heteropatriarcal del hecho; el sufrimiento de las mujeres es sufrimiento, sobre todo, cuando conviene para “las luchas de los hombres”, continúa saliendo de la oscuridad sólo cuando los hombres deben clamar contra sus agravios. Un buen ejemplo de todo esto, aunque llevado hasta el ridículo, es este video del Tetazo al Obelisco de Buenos Aires donde, por sorprendente que parezca, la exclusión de los hombres “feministas” ocupa el centro de la noticia.

Entre los Hombres Libres de Jones podemos ver claramente esa instrumentalización, con el racismo y la esclavitud como protagonistas. Los hombres blancos se sublevan porque no es su guerra, porque los dueños de más de 20 esclavos no deben morir en el campo de batalla. En el norte pasaba algo parecido: los ricos podían huir de la muerte comprando su licencia, como se puede ver en la película Gangs of New York. En la guerra morían los pobres para defender los intereses de los ricos, y es así como algunos se dieron cuenta que no eran muy diferentes de los negros esclavos.

Pero, incluso así, les salía su privilegio ante los negros. Cuando la lucha se convierte en una lucha que es claramente contra el racismo y los abusos que justifica, la mayoría de los rebeldes blancos se desentienden. Antes, durante la guerra, cuando se proclamaba la igualdad de blancos y negros, se hacía dejando claro que es la gente desfavorecida y explotada toda junta, blanca y negra, la que tiene que dejar de serlo. La reivindicación se adapta fácilmente a las necesidades del privilegio blanco, porque no lo es en este contexto.

La forma de plantear esta reivindicación recuerda mucho las de la época medieval: “si tiene dos piernas, es una persona”, “puedes ser dueño de un caballo, de una vaca, de un buey o de una mula, pero no puedes ser dueño de un ser humano”. Como antes, la cuestión de los derechos se plantea como una ampliación del círculo restringido del privilegio para que, dentro, quepan más de los que cabían antes. Para que quepamos “nosotros”, dejando claro que “los y las demás” por debajo nuestro se quedarán fuera.

Viendo esto, podemos entender mejor cómo funciona la explotación. Es como un alquitrán espeso y pegajoso que brota por arriba de la pirámide social y fluye lentamente hacia abajo, dejando más poso cuanto más bajo está, pero sin dejar de caer hasta ahogar a los individuos más oprimidos. Las luchas por librarse de este alquitrán no lo son para dejar de lanzarlo hacia los de abajo; se trata de dejar de ser oprimidos sin renunciar a la capacidad de oprimir.

Es muy gratificante que el movimiento antiespecista, el de los y las sin voz, represente todo lo contrario. Es el mismo impulso de las personas antiesclavistas blancas que, sin tener nada que ganar, se jugaron la libertad y la vida; de las que dejan atrás la seguridad de Occidente para trabajar en un campo de refugiados o para patrullar el Mediterráneo para salvar vidas, los hombres heterosexuales feministas o militantes LGTB (los que de verdad lo han entendido).

Es por ello que nos ponemos en la piel de los otros animales y hacemos eso que sus explotadores llaman “humanizarlos”, que no nos suele gustar que se instrumentalice la lucha para que sea más cómoda para quien no quiere renunciar a ciertos privilegios. Es por eso que mostramos terribles imágenes de torturas y asesinatso que nunca sufriremos, y es por eso que nos manifestamos “contra la libertad” de quienes explotan animales.

Por cierto, el auténtico derecho de pernada medieval no puede ser otra cosa que el cobro por parte de los señores, que podían hacerlo porque eran los señores de las tierras que trabajaban los campesinos, de un muslo de cada animal que estos hubieran criado y matado. El auténtico derecho de pernada es, en realidad, un gran ejemplo del abuso y la explotación de los seres humanos sobre el abuso y la explotación de los demás animales.

———————

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

3193

La carga cultural del entorno en que aprendemos y somos socializados es muy importante y nos marca de por vida. Del mismo modo, así tan importante es el sentido que tienen las expresiones, frases y palabras que usamos, porque revelan no sólo el mensaje que literalmente transmiten: también llevan implícita una carga de valores, ideas, pre-concepciones del mundo que se revelan y que al usarlos, estamos legitimando como válidos.

Cuando usamos lenguajes y expresiones como “hijo de puta”, “maricón”, “¡es niñita!”, el mensaje implícito es la burla, el escarnio y la descalificación. Con esas palabras intentamos negar la dignidad que es intrínseca a cada persona, objetivándola mediante un sustantivo que la califica como inferior, como algo risible y e indigno. Lo mismo pasa cuando usamos nombres de animales no humanos con similares fines denigrantes: “zorra”, “perra”, “es un cerdo” o “es una rata”, entre otras muchas expresiones que se utilizan con el fin de menospreciar, al tiempo de hacer escarnio sobre aquel/aquella que se profieren. Usando estas palabras se “rebaja” la condición humana de la otra persona, mediante un calificativo que alude a la condición de animales “inferiores” y que no tienen ninguna relevancia ni validez moral. Es más, en muchas ocasiones la descalificación a través de nombres de animales busca la objetivización e infravaloración sexual de la mujer, cuando son referidas como “perras”, “gatas en celo”, “pussies”…

Existe un hecho indisociable del que usemos palabras y expresiones denigrantes para tratar a otros humanos: la manera en que nos referimos a ellos determina cómo los tratamos. Si podemos referirnos a otro significándolo desde la cosificación risible y vaciada de dignidad, nuestro trato hacia ellos estará marcado por la falta de respeto. Porque no existe un deber moral de respetar a aquel que no es digno, que es menos humano. Asimismo, la manera en que nos referimos a los animales no humanos determina nuestro trato hacia/para con ellos. Si no son más que cosas, instrumentos para nuestros fines, objetos sin dignidad, no importa cómo los tratemos ni qué cosas les hagamos.

El filósofo y antropólogo holandés Raymond Corbey se refiere a estos usos como “dispositivos de distanciamiento”, en cuanto permiten clasificar separadamente a los seres humanos de los otros animales. Mientras usamos estos dispositivos del lenguaje, nos alienamos y distanciamos de lo que podamos tener en común con los otros animales, para de esta manera, sentirnos protegidos de la culpa por un trato irrespetuoso, cruel o irresponsable. Usar dispositivos distanciadores en el lenguaje, en la manera en que nos referimos a los otros, es la génesis y origen de la manera en que posteriormente los tratemos, individual o colectivamente. Porque si una mujer es un “puta” o una “perra”, merece un castigo por esta condición que viola la normatividad moral y social humana. Y si ser “zorra”, “cerdo” o “rata” alude a una categoría inferior, entonces la animalidad de estos animales manifiesta su imperfección, incompletitud, la falta de lo humano y que es, por tanto, carente de dignidad. Entonces no importa cómo los tratemos: al final, no son más que animales.

Una reciente investigación llevada a cabo en el Instituto de Psicología de la Universidad de Oslo, reveló que el uso de términos descriptivos como “bistec” y “jamón” crean distancia emocional entre los consumidores y los animales que son asesinados y consumidos. Alienar al animal a través de un eufemismo, hace mucho más fácil comer su carne o justificar su envío al matadero. En contraste, los términos “vaca” y “cerdo” (que hacen referencia a los animales vivos) disminuyen los deseos de consumir el animal. Aquí también operan los dispositivos de distanciamiento: no queremos recordar que ese trozo de carne fue un animal con vida, con deseos, con intereses. Denominamos y apelamos a mecanismos verbales que nos permitan limpiar nuestra conciencia y depurar nuestra responsabilidad del destino de los otros animales.

Este es un llamado a la reconsideración verbal de los otros animales. Porque su tratamiento depende de cómo los pensamos, cómo nos referimos a ellos, y cómo construimos un mundo que deje de considerarlos como seres sin dignidad.

——————–

Sóc vegana i des de la meva infantesa m’ha preocupat la relació especista antropocèntrica que la humanitat manté amb la resta dels animals. Encara busco respostes a moltes preguntes d’aleshores. Sóc Treballadora social, màster en Filosofia Política i màster en Bioètica i Dret. Doctora en Filosofia, tractant sobre els límits de la filosofia moral, la bioètica i els drets dels animals. He estat activa en el món de l’animalisme des de fa més d’una dècada, sempre amb un peu en la teoria i un altre a la pràctica. Comparteixo la meva vida amb el meu marit, tres gates i un nombre sempre canviant de gats rescatats del carrer als quals donem en adopció.

2703

El día 16 de julio, el colectivo Abriendo Jaulas, realizó una acción en el centro de Barcelona contra la industria de la violación, el orfanato y la muerte prematura que secuestra, roba y exprime a las hembras de otras especies y a su descendencia, con el objetivo de conseguir ese producto sangriento llamado leche, llamado queso, llamado lácteos.

Era una acción curiosa y diferente, pero en Barcelona todo es posible. Desnudas y con expresión deprimida, las activistas tenían conectados los pechos por tubos a recipientes donde se simulaba un ordeño automático de ubres, como el que sufren las cerca de 900.000 vacas explotadas en el estado español. Las vacas son violadas e inseminadas y su ternero o ternera, recién nacido, es separado violentamente de la madre para ser a su vez explotada para dichos lácteos, asesinada para carne de lujo o para ser engordado con el mismo fin. El engorde se realiza mediante preparados industriales bajos en hierro y sales (de ahí que dichos animales laman los barrotes de las granjas o las manos de las humanas, buscando nuestras sales), que garanticen la palidez de sus músculos. Las vacas son tratadas como máquinas orgánicas, circunstancialmente vivas. Son consideradas como mecanismos, y por lo tanto no adquieren ni siquiera el estatus de esclavitud, porque las máquinas han sido creadas para servir, no para tener anhelos propios de la vida y la libertad.

Imatge: Montse García
Imatge: Montse García

No fueron pocos los pseudoperiódicos y las personas que ridiculizaron y criticaron dicha acción. Es lógico y consecuente para el macho acomplejado hacer comentarios acerca de la mujer que no puede alcanzar, bien por su ideología, bien por su nivel intelectual, por su estupidez o bien por su torpeza. Es lógico y pronosticable que la gente que vive o apoya la cultura patriarcal de la dominación y la violación, comentaran y lanzaran sus absurdas opiniones al aire virtual. Es lógico y presumible que el macho abra su bocaza para continuar con la dinámica de estultez invasiva y la estupidización anormal que caracteriza al machismo. Lo ilógico, lo inesperado, sería que la cerraran. Que las machistas cerraran la boca, eso sería excepcional.

Es previsible también que el rigor periodístico de cualquiera dotada de poca objetividad y mínima comprensión sobre el tema de los lácteos, redunde en las publicaciones derivadas de la acción. Las personas adictas no piensan con congruencia.

La lactocaseína es un adhesivo presente en todos los lácteos, además de ser una proteína de efectos similares a los opiáceos, pues libera casomorfinas y genera una adicción de baja intensidad en las humanas, como el café o el tabaco. Esta adicción y la dificultad de “desengancharse”, empuja a comportamientos acérrimos en su defensa, tales como los de las personas resistentes a aceptar la realidad química de los lácteos.

Durante la acción en Barcelona hubo burlas, desprecio, insultos velados, comentarios machistas sobre la estética de las activistas, sobre cómo deberían ser para ajustarse al cánon impuesto por el patriarcapitalismo, sobre su vello, etc, para sumarse al abanico de despropósitos que acompañan al activismo por las personas no humanas, propio de una sociedad machihembrada a la rutina y a la discriminación de lo diferente. No falta quien opine que las activistas necesitan una buena polla, ofreciendo por supuesto la suya para el propósito.

Por alguna razón misteriosa, las activistas veganas que visualizan la realidad que ocultan las explotaciones inmisericordes del especismo, son atacadas, burladas con sarcasmos, agredidas física, verbal o emocionalmente, desprestigiadas, difamadas y ninguneadas de un modo casi sistemático entre la horda machirula. Por alguna razón misteriosa la persona que pasea el espacio público o virtual, cree tener su derecho a escupir su opinión irreflexiva para vulnerar con ella a las voluntarias y sobretodo a las víctimas no humanas. El cuestionamiento de los estándares de vida actual mediante la visualización de las víctimas son despreciados por el pensamiento antropocentrista imperante, y en el caso de la defensa animal no humana, es casi ineludible este tipo de situaciones. Nadie osaría criticar a un grupo de voluntarias que protestara en contra de la guerra entre humanas, pero en oposición a la guerra contra las no humanas, sí, porque al parecer, hay víctimas de primera, segunda y tercera clase en el imaginario de la ciudadana de a pie.

La lucha antiespecista es eminentemente hembra, sin embargo, no es proporcional el número de mujeres que llevan la voz cantante en las reivindicaciones de vida, libertad e integridad física que se reclaman para las especies de animales no humanas. Esto es debido a que el monopolio mediático y social sigue situando a los hombres en categorias de verosimilitud excluyente, armoniosas con el heteropatriarcado. Ese mismo motor precisamente causante del capitalismo brutal que sitúa a las vacas en el lugar de las cosas rentables, usando cíclicas crisis, crucifijos sangrientos u otras chucherías. Las mujeres y las vacas tienen un rol que cumplir ante los ojos de la sociedad, por eso se les sugiere o impone cómo tienen que comportarse, amenazándolas con los peligros de disidir, con la exclusión y las burlas, culpabilizándolas por su modo de vivir y la gestión de su propio cuerpo.

Si los hombres sufrieran durante una sóla semana lo que las mujeres padecen cada hora y cada día de sus vidas, desde la marginación socioeconómica hasta el acoso, las violaciones de espacio y voluntad, el paternalismo o la cosificación de sus expectativas, simplemente estallaría una revolución cruenta y sangrienta con cientos de millones de víctimas humanas, la de los testículos mancillados. Sin embargo cualquier subida de tono en la reivindicación femenina -bien sea en favor de la hembra humana o la de otra fauna-, es recibida como un ataque “feminazi”, cuando el feminismo es una cuestión de mínimos justos, de mínimos apenas… Las activistas de la acción barcelonesa recibieron la ignominia por partida doble: por ser activistas animalistas, y por ser mujeres. Por mi parte sólo un caluroso aplauso.

Tetas, lucha y oprobio por el control de las tetas, menosprecio al dolor intenso y constante de las mamíferas que pagan con sus vidas y sus muertes el precio del capricho de los paladares y la adicción social a las “drogas de siempre”. Risas cuando la mujer se alza por sus derechos y los derechos de las suyas, risas cuando deciden ser manada… Risas, porque la risa del macho en decadencia es la antesala de su miedo ancestral, del miedo a perder privilegios, a perderse el mejor cacho de carne, del miedo a estar bajo la bota y no dentro de ella, miedo a que las cosas cambien como irremisiblemente está sucediendo, miedo a perder el vigor y agresividad que en la leyenda otorga la depredación y la falta de escrúpulos.

Miedo a ser tratado como una mujer, miedo a no poder beberse un jodido vaso de leche.

——————

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

2402

Lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida
Silvio Rodriguez

El periquito Flipper, la cernícala Karolina, el perro Pysio, el estornino Federico, la paloma Josefina y las otras, la grajilla Karlota, la zorrita Michalinka, las docenas de gatas y gatos que han pasado temporal o indefinidamente bajo nuestra custodia: Tola, Filutek, Gadulka, Kasia, Filutka, Grzegorz, Bambo, Lola, Groszek, Kassandra, Laura, Felek, Garfield, Pioruń, Blanco, las hermanas Tofu, Tempeh, Seitan y Miso, Bolsita, Bicho, Bimba, Chmurka, Kleopatra, Cuprynka, Curro, Pixie y Dixie, Chinchorrina, Basztet, Chorrito, Dolores, Doska, Tosiek, Ewa, Maja, Marysia, Pajęczyca, … son algunas de las personas no humanas con las cuales he podido aprender el sencillo arte de vivir, un arte tan sencillo que a la mayoria de humanas les transcurre la vida sin aprenderlo. Personas con las cuales he podido establecer una comunicación a diversas profundidades, íntimos diálogos, observaciones, aprendizajes y un impagable enriquecimiento personal. Desechadas de casas sin escrúpulos, heridas, caidas de nidos, indefensas, víctimas de accidentes, rescatadas para la vida, salvadas de la absolutidad de la muerte, pudieron tener esa segunda oportunidad que le debemos a las personas.

Ningún estudio en Harvard, ningún seguimiento etológico, ninguna tesis en neurobiologia conductiva, ningún parámetro sobre reacción de neuroreceptores, ningún análisis exhaustivo sobre reacción psicológica puede convencerme ni siquiera atestiguar tan fielmente como mi propia experiencia personal con ellas, que cada animal tenemos propia idiosincrasia, propio carácter, propia interpretación del mundo -interior y exterior-, personalidad única, identidad irrepetible, inteligencia y concepción abstracta del espacio y del tiempo, asi como una sensibilidad a niveles extraordinarios, diversificados no por gradientes sino por idiosincrasias. Si las no humanas se limítan como sugirió tradicionalmente la “ciencia”, a errar, copiar y repetir, entonces nosotras también, si las no humanas aplican la regla del acierto error para sus aprendizajes, entonces nosotras también, si las no humanas intuyen y saben y comprenden, entonces nosotras también.

Quienes conviven con personas no humanas saben sabiendo (diferente de saber estudiando) que estas se comportan de modo MUY diferente en un estado de sosiego con sensación de seguridad y libertad, que en situaciones de estrés o presión por la obtención de respuestas, de experimentación o de tensión. No hace falta más ciencia que la del respeto -la acostumbrada gran ausente en los estudios con personas no humanas- para contemplar el espectáculo fascinante de la unicidad de cada animal. Del mismo modo una pareja de humanas no se acaban de conocer bien hasta que comparten un mismo espacio durante 24 horas al día, cada día. Y aún así tampoco garantiza conocimiento total, sencillamente porque todas las personas de cualquier especie cambiamos con el tiempo.

Las humanas somos animales tontos en lo esencial, aunque nuestra habilidad con pulgares oponibles y capacidad de curiosidad haga que alguna de las individuas de nuestra especie (no todas, ni mucho menos) creen, transformen, ingenien y aporten cosas positivas al medio ambiente y a la propia civilización. Lamentablemente el grueso de acciones neutras cuando no nocivas, tóxicas e incluso fatales, es bastante mayor al de las útiles, desde la contaminación ambiental o los residuos nucleares, o regímenes totalitarios, hasta la tecnocracia, la irresponsabilidad, la avaricia, la falsa democracia, pasando por el horror de todas las discriminaciones… Entre estas últimas cabe destacar la del especismo, el fascismo más aniquilador de entre todos los habidos en la historia, por su aceptación en la historia, en las clases, siendo igual de purulento entre las humanas oprimidas como entre las opresoras, tanto cuantitativa como cualitativamente.

El especismo está regulado por la ley, apoyado por todas las politicas, financiado por todas las economías, presente en cada país, cada ciudad, cada calle, cada persona con una ubicuidad similar a la de la Europa dominada por las nazis, de donde no era posible escapar más que por las chimeneas del crematorio.

Contra el especismo tenemos a la ética, eterno escudo, paria e hija no deseada de la evolución humana, y responsable paradójicamente de TODOS los bienes de nuestra especie. Gracias a la ética esta prohibido por ejemplo violar sexualmente a alguien… humano. Por supuesto se hace, pero a escondidas, con verguenza, con temor de las represalias jurídicas y sociales, en las sombras, sin apoyo colectivo ni legal. Si esa misma violación sexual se comete contra una cerda para producción de carne, o contra una vaca para producción de leche, entonces es legal, tradicional, financiada, bien vista y digna de ser enseñada a las niñas. ¿Paradojas? ¿Doble moral? ¿Hipocresia? ¿Alienación? ¿Todo junto?. Sin embargo las violaciones son actos de violencia cometidos en contra de la voluntad de la víctima y entendiendo en ella capacidad de sentir, de doler, de disfrutar o de morirse de tristeza y soledad. Por todo ello estan condenadas.

Los derechos para las humanas se basan en un cierto reconocimiento universal incondicional de personalidad a quienes la disfrutan, independientemente de si se hallan en formación, sujetas a enajenación mental o en coma incluso. Por ello los derechos a las no humanas deben basarse también en ello, no sólamente en el no sufrimiento (gente tetrapléjica insensible), sino en la presunción de personalidad, de identidad y consciencia.

El gobierno hindú hace poco tiempo reconoció a los delfines como personas no humanas. Un juzgado argentino otorgó hace poco más de un año el habeas corpus a una orangutana encerrada en un zoo, asumiendo que podía razonar, comunicarse, sentir afecto, penas y pérdidas, y que poseía concepción abstracta del tiempo y el espacio o transmitir enseñanzas, cualidades más que mínimas para ser considerada persona, y como tal, liberada.

Las patriarcales oscurantistas que ayer invocaban a Dios y hoy se parapetan en la ciencia excluyente, van desinflando su prepotencia para poco a poco, informe a informe, publicación a publicación, rendirse a la evidencia entorno a la personalidad individual de un gran grupo de animales no humanos. No todos, hasta lo que sabemos, pero sí aquellos que representan la inmensa mayoría de los utilizados por el ser humanos para el capricho de la gastronomía, la experimentación pseudocientífica, los espectáculos o las pieles, por citar algunos ejemplos. Si la personalidad, la individualidad y la conciencia de sí mismo y de su entorno son considerados finalmente ante la ley, de igual modo que lo están ante la ética, no nos va a quedar más remedio que ser coherentes con el proceso civilizatorio en el cual estamos, y legislar en su favor, otorgándole derechos fundamentales de vida, libertad e integridad, como vecinas de planeta que son, como seres conscientes y sintientes que son, como personas que son.

——————-

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

2868

Hemos decidido luchar por los animales, de todas las injusticias habidas en este mundo , hemos decidido poner voz a los que no la tienen, dar la cara por los que a nadie importan. ¿Por que hemos elegido a los animales de entre tantas causas nobles por las que luchar?

Para empezar porque la explotación de los animales no humanos esta socialmente aceptada, hemos normalizado ciertas actividades, como el consumo de carne, leche o huevos, la tracción a sangre, los espectáculos a costa de privar de libertad a los animales, la experimentación y un largo etcétera que denunciar estas injusticias no esta bien visto. La mayoría de nuestras amigas y familias colaboran de forma directa o indirecta con la explotación, de forma consciente o inconsciente, ya sea cuando alguien compra un jabón testado en animales o un niño se come una salchicha fabricada con el cadáver de un cerdo. Detrás de estos comportamientos se encuentra una violencia asumida como normal, implícita, por la cual no esta bien visto alzarse en su contra, la sociedad se ha encargado de ocultar y silenciar el sufrimiento de los animales, para que lo ignoremos, e incluso lo ridiculicemos.

Los animales son totalmente inocentes, su único delito ha sido tener que compartir este planeta con un ser tan dañino y avaricioso como el humano, todos los animales viven en armonía con la naturaleza a excepción del hombre.

Nunca en la historia ha habido una opresión tan brutal hacia un grupo de seres inocentes, ni en numero ni en cantidad de dolor infringido. Si el dolor fuese medible, no tendríamos números para cuantificar lo que pasa en los mataderos, granjas, laboratorios y zoológicos del mundo.

Los animales son nuestros iguales en cuanto a su capacidad de sentir, dolor, alegría, tristeza, miedo, hambre, frío… compartimos con ellos muchos intereses, ignorarlos y no tenerlos en cuenta, adueñandonos de sus vidas, es un tipo de discriminación denominado especismo, tan grave y deplorable como el racismo o el sexismo.

Hemos decidido luchar por ellos y por eso somos continuamente cuestionados, juzgados, ignorados e incluso ridiculizados. Contra nosotros se utiliza un discurso demagógico. Es común que se nos pregunte por qué no nos implicamos en causas que son consideradas más “importantes” como ayudar a individuos de nuestra especie o que se cuestione nuestra congruencia porque utilizamos una tecnología que también puede generar sufrimiento a individuos inocentes como puede ser el uso de coltán en aparatos electrónicos o petróleo en el transporte. Este discurso tiene más como objetivo aplacar la conciencia de aquel que no hace nada, ni por animales, ni por humanos, que de crear un debate constructivo, no es un consejo lo que nos dan es una excusa barata, nunca se debería dejar de ayudar a alguien por no ser posible ayudar a todo el mundo.

El veganismo no significa un “en vez de” sino que es un “además” ser vegano y defender a los derechos de los animales no implica desvincularse de otras injusticias sociales o luchas en defensa del medio ambiente, o de cualquier desigualdad. de hecho el veganismo involucra luchar contra el hambre en el mundo, crear un planeta más sostenible, reducir los gases de efecto invernadero, un mundo de menos desigualdades.

En nuestra lucha intentamos ser coherentes, pero sin renunciar a nuestras vidas, haciendo el menor daño posible, eligiendo la opción mas compasiva, siempre que exista. Sin embargo, ¿por qué se sigue menospreciando la lucha en defensa de los derechos de los animales? porque los animales siguen siendo considerados víctimas de segunda categoría, no las ponemos a la misma altura que las demás, nadie se atrevería a llevar este discurso demagógico a quien esta implicado en otras luchas como la ayuda humanitaria en el tercer mundo. ¿Os imaginanáis a alguien recriminado a un activista que ayuda a los niños hambrientos que use un coche que consume petróleo, tachándolo de hipócrita? o que ¿por qué no ayuda a los niños de otra región que están más necesitados? Eso nunca pasa porque consideramos a los niños lo suficiente importantes para no frivolizar con su sufrimiento. En cambio a los que hemos decidido defender a los animales tenemos que escuchar repetidas veces ese: y por qué no ayudas a los niños.. y utilizas coche que consume petróleo… a los activistas de los animales nos exigen un grado de congruencia que raya el absurdo. Porque nadie pone a los animales a la misma altura que los humanos, y nadie se atrevería a usar argumentos tan absurdos cuando en el otro lado de la balanza se encuentran niños hambrientos humanos, pero si los bebés son de otra especie, allí cambia la película y podemos tratar de desprestigiar la causa con todo tipo de falacias.

Todo esto refleja lo poco que importan estas víctimas. Para empezar a cambiar esta situación deberíamos empezar por ser conscientes de su sufrimiento y no jerarquizar el dolor de los inocentes en función de su especie, no existen victimas de primera, segunda o tercera categoría.

¿Porque defendemos a los animales? porque consideramos que tienen el mismo derecho que nosotros a no ser torturados, esclavizados o asesinados y ademas sus derechos son totalmente ignorados por la gran mayoría de la gente, nos indigna y nos entristece profundamente que la gran mayoría de la gente, sea incapaz de ver algo tan sencillo.

El día que la gente se estremezca de la misma manera ante una injusticia, independientemente del sexo, la raza o la especie de la víctima habremos dado el primer paso para terminar con este holocausto.

Mientras tanto, seguiremos luchando por los que no tienen voz.

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

LA PLUMA

308
En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde...

NUTRICION

2611
Barcelona degusta, el salón de la alimentación para el consumidor, se ha celebrado los días 2, 3 y 4 de diciembre en el recinto...