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Cerca de Hawai, cada año cientos de ballenas Humpjack, se reencuentran. Son cetáceos polígamos y la congregación de machos espera ansiosa la señal de una hembra que con aletazos sobre la superficie del mar, indique su disposición al apareo. Como una exhalación, masas de carne y grasa bucean a 32 km/h para enfrentarse y epatar a la hembra, que escogerá al de su agrado. La carrera es violenta y en alguna ocasión mortal. Se empujan, se colean, se avasallan con virulencia, persiguiendo durante horas a la hembra, la cual mide también así en ellos su resistencia. Finalmente la hembra se aleja con un elegido, dejando un grupo de machos desbravados. Entonces ellos comienzan a acariciarse entre sí con dulzura, con una ternura amorosa que contrasta con la violencia con que se maltrataban anteriormente. Parecen pedirse perdón mutuamente por todo ese maltrato.

El veganismo es un modo de pedir perdón, la reacción lógica de la individua sana ante el espanto de la muerte prematura. No hay más extremismo que aceptar que degollar, esclavizar, orfanar, violar, torturar y asesinar a alguienes, sea justificado de algún modo. El veganismo no es mirar al animal matado, sino ser él, y morirse un poco en cada inocente, ver la propia muerte en un espejo sangrientamente injusto. Lo anormal, lo enfermo, es ver a las demás como comida, sexo o diversión. El veganismo es una postura de mínimos. El veganismo -es decir la consideración ética de las demás especies animales como beneficiarias de derechos fundamentales de vida, libertad e integridad física y psíquica-, conlleva lógicamente su dieta (como aspectos diferentes pero sinérgicos de una misma actitud), que hay que normalizar y trasladar a todos los aspectos de la sociedad, con argumentos progresistas, ecologistas, de salud…, siempre bajo el paraguas de la ética como motor. El veganismo propone una sociedad basada en la cultura del respeto y la igualdad, un paréntesis en la inercia brutal histórica, basada en pirámides, socialización de pérdidas o utilitarismo, dentro del cual el valor de la vida se alza, partiendo de una vertiente sensocentrista, pero con principios de precaución para otras formas de sensibilidad que desconocemos (animales no humanos sin sistema nervioso central).

La definición más exhaustiva de veganismo sería “abrir las manos”, dejar decidir acerca de sus vidas a las esclavas que apresamos, y sucede igual con el feminismo. Desde la corrupción que supone su “domesticación” (una megalomanía que sostiene la idea de que nuestra especie ha logrado someter los millones de años de genética de las evoluciones y culturas animales), hasta el desquiciado dogma de que el resto de faunas dependen de nosotras. La idea de la veganocracia, de un mundo vegano en el sentido mas amplio, pretende desbagatelizar el concepto del veganismo como simple dieta, aunque sea importante hablar de dieta porque es responsable de la casi totalidad de los asesinatos de no humanas, el veganismo es respeto inter y extraespecifico, la dieta es la consecuencia de ese respeto.

Una cita o una poesía no cambian el mundo, la literatura no amuralla el paso de lo burdo y el insolente avance de la estupidez; pero una cita o una poesía, como una chispa, una transgresión, pueden abrir una puerta y comenzar una corriente de aire el cual -en el marco de un pensamiento crítico-, detone una revolución. No hay que temer a las palabras, son meros fonemas invertebrados, las palabras no son nada, sino los gestos que de ellas emanan. En estos tiempos que corren, donde alcanzamos la cumbre de la crueldad contra las demás personas animales, el gesto del “no quiero”, -desanudando con ello las manos entorno al animal apresado-, ya es revolucionario y humanista. Hace falta compromiso, grito, protesta… pero ante todo abrir las manos, asomarse al acantilado de la lucidez, para contemplar la espectacular vista de un paisaje ancho, curioso y hermoso. Nada más excitante y temible que alguien pensando críticamente. No basta con provocar, ni con saber, sino gestionar la información con astucia y honradez, con objetividad y bondad, sin defender los propios privilegios, como acostumbramos. Eso es lo mejor de un ser humano.

La bondad, el altruísmo y la justicia son las formas más elevadas de inteligencia. Quien entiende la esclavitud y la muerte prematura como malas, entiende el veganismo. Si el veganismo es demasiado radical, entonces ¿qué es degollar a una vaca y verla desangrarse asfixiándose colgando de una pata?. No requiere más dinero, no requiere activa y drásticamente cambiar la propia vida, ni pasar horas siquiera haciendo proselitismo, simplemente renunciar a los asesinatos y las agonías para un capricho. El carnismo es un capricho de personas crueles y perezosas, adictas a no renunciar, a quererlo todo y a cualquier costa.

Aún no he salvado tantas personas como me he comido, pero dejar de comerlas sólo detiene la matanza simbólicamente. Quedan las deudas por saldar. Para eso está el activismo. Neutralidad, jamás, la neutralidad es otro de los nombres del fascismo. El precio del pensamiento crítico es la soledad, pero al mismo tiempo las mejores selectas compañías. La madurez de la activista consiste en lograr utilizar el dolor como herramienta y no como arma. Vivímos en el medioevo en nuestro trato a los animales así que la alternativa a explotar animales es dejar de hacerlo, como la alternativa a violar niñas es dejar de hacerlo. Todos los símiles cárnicos actuales -como las muñecas sexuales con formas de niña- sólo dirigen la sociedad a recanalizar las disfunciones y las adicciones con el objetivo de no renunciar a satisfacerlas, aunque ayuden. Es el triunfo incontestable del patriarcapitalismo, lograr una prostitución alegre, unos caprichos tóxicos diagnosticados como saludables y modernos y la absurda idea de que el poder de voluntad del ser humano no puede simplemente dejar de causar víctimas. El veganismo y el patriarcapitalismo son incompatibles entre sí porque el patriarcapitalismo es el sistema responsable del asesinato de millones de personas humanas y de miles de millones de personas no humanas. Pensar que el patriarcapitalismo “vegano” va a salvarnos es tan absurdo como rezar a dios para que te toque la lotería. El avance imparable de la dieta vegana puede parecer que debiera tener una repercusión cada vez mas importante en la sociedad, sin embargo el número de victimas crece exponencialmente en sentido contrario, es decir, que si se duplica el numero de personas que llevan una dieta vegana, se triplica el numero de no humanas asesinadas. La culpa de esa antítesis matemática la tiene el capitalismo, claro, por eso no podemos basar la dieta vegana en una mera cuestión consumista. La aceptación masiva del veganismo ha derivado en un veganismo de moda estructurado en QUÉ se come y CÓMO hacerlo, no centrado en destacar a QUIÉN no se come y en POR QUÉ no hacerlo. Los llamados “sacrificio eutanásico” y “por aturdimiento” son eufemismos dictados por el deseo de exculparse de las asesinas, para no reconocer a toda instancia las consecuencias de su labor. Modificando los términos, se crea un imaginario escenario benévolo que les otorga distancia con sus crímenes y responsabilidad ante ellos. Dicha exculpación abarca no sólo a quien planea y ejecuta los crimenes, sino tambien a quien se beneficia de ellos, la consumidora.

En la luna precisa, en la corriente adecuada de la noche perfecta, millones de corales liberan trillones de huevos y toneladas de esperma en el gran arrecife de coral australiano. Es la locura de la vida como una tormenta. Durante las guerras y los episodios de matanzas masivas la gente sigue pariéndole hijas al horror, condenándolas a una muerte casi segura ¿por qué?. En los campos nazis, en las guerras, en las dictaduras sangrientas… hay muchos ejemplos. Parir es la respuesta intestinal más animal existente, el desgarrador deseo de la vida, cruda, desesperada, ubícua, que desafía a la muerte del único modo que sabe. Los animales respondemos con vida cuando todo lo que nos rodea es muerte ¿qué otra respuesta más bella y lógica podemos esperar de la dinámica evolutiva?. La intuición es el material de construcción de los absurdos, pero también de las genialidades y un mundo nuevo no puede construirse con las viejas estructuras, sino sobre sus cenizas.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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¿Qué tiene que ver? Es la primera pregunta cuando explico que mi postura contraria a la gestación subrogada viene de la ideología antiespecista. Voy a intentar explicar muy brevemente la relación que veo y los motivos por los que entiendo que la gestación subrogada (vientres de alquiler) va más allá del debate feminista.

La gestación subrogada consiste en transferir al útero de una mujer un embrión fecundado con carga genética de una persona que no puede o no quiere gestar, pero sí desea tener una criatura que tenga su misma carga genética.

A mí me cuesta mucho pedir la prohibición de prácticas que se ejercen en base a una libertad individual y que no hacen daño a otras personas (humanas o no), pero es que en la gestación subrogada se dan prácticas de abuso que sí pueden implicar violencia y sí pueden implicar un daño que va a ser muy difícil reparar, si sucede, y hay posibilidades reales de que suceda.

Vamos por partes: existe todo un negocio montado alrededor de la gestación subrogada. Todo el mundo gana dinero (las agencias, los despachos de abogacía, los servicios médicos, etc.), sin embargo a la única persona a la que se le pide que actúe de forma altruista es precisamente la persona que más riesgo asume en todo el proceso: la mujer que va a gestar. De hecho, no se habla de un salario que va a recibir la mujer embarazada, sino de una “compensación” por las molestias. Y las molestias pueden ser muchas, por ejemplo, puede morir.

Imaginad esto: en Ucrania la gestación subrogada es legal, ¿una mujer de Kiev va a poner en riesgo su salud por amor hacia una pareja, no sé, de Tavernes de la Valldigna a la que no conoce de nada?, ¿se va a arriesgar a dejar a su familia en una situación de vulnerabilidad por amor a personas desconocidas? Ella lo hace por dinero y es algo comprensible, no juzgo eso, lo que es hipócrita es pedirle a ella, sólo a ella, altruismo. Ese discurso que implica que el trabajo, el tiempo, las energías, la vida, en definitiva, de las mujeres se cedan por amor es algo que nos resulta muy familiar. Es una de las bases del patriarcado.

Hasta hace relativamente poco, yo no tenía formada una opinión sobre la gestación subrogada. Fue en un debate que organizó el Col·lectiu Lambda cuando mi posición se definió y no fue por los argumentos de las personas contrarias a esta práctica, sino por los argumentos de las personas partidarias. En ese debate yo sólo hice una pregunta: ¿qué pasa si la mujer cambia de opinión? Respuesta: la mujer no puede cambiar de opinión.

Es decir, una mujer que acepta gestar debe someterse obligatoriamente a revisiones médicas, no puede tener relaciones sexuales durante el tiempo que determine el contrato, puede que no se le permita desplazarse a otras poblaciones si así lo determina el contrato, no puede interrumpir el embarazo si así lo desea y debe entregar al niño o a la niña quiera o no quiera, porque para eso ha firmado un contrato. No estamos hablando de una caja de patatas, se trata de una criatura que será entregada a alguien que no ha pasado ningún tipo de filtro psicólogico que descarte que sea una persona abusadora.

Porque esto es algo clave: en ninguna parte he leído que exista algún tipo de mecanismo para negar la paternidad/maternidad mediante gestación subrogada a personas que no deberían, bajo ningún concepto, ser las responsables de una criatura. Si pagas, te la llevas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los derechos animales, con el antiespecismo? Más allá de mi postura antinatalista, desde los derechos animales nos posicionamos contra la compra venta de seres, más allá de la especie, y de eso va todo esto, de compra-venta real de seres: firmas contrato, pagas, te lo llevas. La madre gestante podrá tener contacto o no con el bebé si lo permite la persona compradora, porque no tiene ninguna obligación. No importa que ese bebé también tenga su carga genética, no importa que ella haya cambiado de opinión. No tiene ningún derecho.

¿Y el niño o la niña? Puede, espero, que sea una persona querida, pero, aun así, nadie tiene derecho a comprar una criatura. No importa la cifra de la cuenta bancaria, legitimar la gestación subrogada implica aceptar que un deseo está por encima de los derechos humanos, algo que desde los derechos animales también conocemos bien. Desgraciadamente.

Si todas las energías, si todo el debate se centrara en reformar las leyes de adopción y la preocupación girara en proporcionar hogares a niños y niñas reales, con necesidades reales y que sí tienen derecho a crecer en un entorno de afecto y respeto, si eso se hiciera avanzaríamos tanto. El debate sobre la gestación subrogada explica tan bien el comportamiento de nuestra especie: hacer nacer niñas y niños porque queremos que tengan el color de nuestros ojos, porque podemos pagarlo, mientras niñas y niños que ya existen, que sufren y sienten, permanecen invisibles. Por eso la campaña “no compres, adopta” se amplía ahora a nuestra especie. Quién nos lo iba a decir.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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Hace unos días Gerald Dick, presidente de la WAZA (Asociación Mundial de Zoos y Acuarios) estuvo en Barcelona con el objetivo de preparar el congreso de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios) que tendrá lugar el año que viene en Barcelona.

Bien, empezaré por compartir unos datos sobre el historial de este “caballero”: el poderoso Gerald Dick trabajó, en su día, con la WWF y en proyectos de cooperación medioambiental en América Latina. Esta incoherencia solo se puede explicar con la evidencia de que no se entiende ni él, una vez leída la entrevista que El Periódico le concedió en su paso por la ciudad catalana.

Pero, ¿qué son la EAZA y la WAZA? Son el nexo de unión de muchos zoológicos de Europa y del mundo entero. Se encargan, entre otros trámites y tras el pago de una cuota anual, de gestionar los intercambios entre animales de los diferentes parques zoológicos que están asociados y de inspeccionar periódicamente los parques para comprobar que se ajusten a la normativa actual. Estas dos asociaciones permiten, entre otras barbaridades, que sus asociados realicen el “culling”, práctica que consiste en sacrificar (que no eutanasiar, hay una gran diferencia) las crías de cualquier especie que nazca en las instalaciones, entre otros motivos, como medida de control de la población. No hace mucho la asociación animalista LIBERA! denunció el sacrificio de una cría de nilgo que se encontraba en perfectas condiciones. La respuesta: “eso es legal”.

La última gracia perpetrada en el zoológico de Barcelona ha sido el traslado de dos delfines al Oceanográfico de Valencia, hace diez días. Cierto es que el delfinario de Barcelona es un lugar completamente inadecuado para los seis delfines que malviven en ese recinto desde hace ya demasiados años. La EAZA convino el 2018 como plazo máximo para adecuar las instalaciones con el objetivo de mejorar el bienestar de esos delfines. La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, con muy buen criterio, decidió que Barcelona no iba a gastar diez millones de euros en hacer otro delfinario. En la mesa había dos opciones: el traslado a otro delfinario o a un santuario de delfines. A día de hoy, dos de los delfines de Barcelona han caído en las garras del lamentable Oceanogràfic que tiene, entre otros cetáceos, dos belugas que fueron un día arrancadas de su hogar, el mar del Norte, y ahora están intentando sobrellevar su impuesta cautividad en unas condiciones deplorables. Una asociación, Archipelagos, que se puso en contacto con FAADA y que está preparando lo que sería el primer santuario de cetáceos de Europa en Grecia, está esperando con los brazos abiertos la llegada de esos delfines junto a su madre que se ha quedado en Barcelona con tres compañeros de grupo más.

Los delfines son mamíferos marinos con una fuerte cohesión social, muy inteligentes, con capacidad de autoreconocimiento, poseen una memoria a largo plazo, utilizan diferentes técnicas de caza dependiendo del lugar donde residan y tienen un sofisticado sistema de comunicación, llamándose a cada uno por su “nombre”. Un mamífero con unas conexiones neuronales que les provee de una capacidad emocional superior incluso que la del ser humano. Un depredador cuya vida se basa en nadar decenas de quilómetros al día, en cazar y en mantener unas complejas relaciones sociales, encerrado en una piscina de cemento. Con agua. Nada más. Eso no es enriquecimiento ambiental. ¿En qué se parece una piscina llena de aros, pelotas, ruedas de camión y mangueras donde esconder el pescado congelado “aderezado” con vitaminas…. a las plantas, peces, tortugas, mareas, arena, rocas… que hay en su casa, en el mar? Ningún delfinario, por grande que sea y por mucho que lo intenten los conservadores, proveerá a estos animales de las necesidades básicas para tener un nivel de bienestar tanto físico como emocional aceptable.

España es el país europeo con mayor cantidad de delfinarios: 11 y, si nadie lo remedia, en breve serán 12. Cien de los 300 delfines de toda Europa están en España. De ellos, aproximadamente la mitad son nacidos en cautividad. Lo curioso es que excepto uno, el resto de delfinarios están construídos en poblaciones costeras, desde donde se puede salir para ver a cetáceos de verdad, con su comportamiento de cetáceo y en su casa, el mar.

Que no nos engañen: Los delfinarios no tienen delfines en cautividad para realizar una labor educativa, de investigación y de conservación. Esto lo hacen porque deben cumplir la normativa vigente. Pero el objetivo final, como cualquier empresa, es ganar dinero. Está demostrado que la labor de conservación del delfín mular, con una subespecie en peligro, no se puede llevar a cabo ya que no se puede liberar a mar abierto un delfín nacido en cautividad y al cual no se le ha enseñado a cazar porque, muy probablemente y debido a éste y a otros factores, moriría. La mayoría de las labores de investigación se pueden y deben realizar in situ, en su medio natural, para obtener datos reales y que podamos trasladar a su habitat para poder ayudarles en su casa, no en la nuestra. Y respecto a la educación, no hay nada en un delfinario que no podamos enseñar a un niño mucho mejor de forma digital, con diversos métodos que seguro harían que esos pequeños se empaparan de conocimientos.

No se trata de “ver quién hace la piscina más grande”. En España tenemos aproximadamente 8.000 quilómetros de costa. Podríamos…. No, podríamos no: deberíamos construír santuarios en todo el planeta donde alojar a las poblaciones de delfines que hemos tenido desde hace décadas confinados en nuestras jaulas de cemento, obligándoles a hacer lo que nosotros queremos: entretener al público que paga una entrada. Debemos hacerlo porque se lo debemos. Por tantos años de sufrimiento. Porque ya estamos en el siglo XXI y la manera en la que tratamos al resto de animales debe cambiar. Ya no es tiempo de utilizar a las demás especies a nuestro antojo: ahora es el momento de ayudarlas a recuperar sus ecosistemas. Los mismos que, durante muchísimos años, los humanos nos hemos encargado de destruír.

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Nací en Barcelona y desde que tuve uso de razón quise ser veterinaria. Mis padres, gente humilde, me inculcaron, entre otros tantos maravillosos valores, el de el amor por el resto de animales. Gracias a ellos logré mi objetivo y soy veterinaria especializada en animales domésticos. Mi pasión es el mar y todo lo relacionado con él. He hecho cursos de submarinismo científico, de medicina veterinaria en mamíferos marinos y de atención a varamientos de animales marinos. He sido voluntaria de PROMAR, coordinadora de Sea Shepherd España en el área de Catalunya, y actualmente soy vocal de AVATMA en el área de Catalunya, voluntaria de Associació Cetàcea, miembro del Comité de Protección Animal del Colegio de Veterinarios de Barcelona y colaboro en el Proyecto ZOO XXI.

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Un grupo de personas investigadoras han creado el primer “Think tank” en Derechos Animales.

Procedentes de los ámbitos de comunicación, filosofía, derecho, literatura y sociología de la Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad de Girona, el Centro de Estudios de Ética Animal pretende ser un laboratorio de ideas para todo lo relacionado con el trato que los seres humanos dirigimos a las otras especies del planeta.

También pretende divulgar y promulgar todo tipo investigación y conocimiento que promueva el antiespecismo. Nuria Almirón nos cuenta en esta entrevista que el objetivo final es reducir la crueldad y la violencia existente en la sociedad a partir de la actitud especista que domina en muchísimas áreas.

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En una acción internacional activistas por la liberación animal bloquearon la entrada de camiones que transportaban animales no humanos vivos en los mataderos.

En la organización de la acción se coordinaron activistas independientes locales y el colectivo Pirañas Veganas con grupos por la liberación animal de Canadá, Inglaterra y Estados Unidos. En el estado español se llevo a cabo en mataderos Barcelona y Madrid, donde se consiguieron rescatar a un pollo y a un cerdo respectivamente.

En Barcelona se organizaron tres grupos que actuaron en Rubí, Castellbisbal y L’Hospitalet de Llobregat.

En todas las poblaciones se siguió la misma estrategia. Ante la llegada de los camiones, las activistas bloqueaban de forma pacífica el paso de los camiones llenos de bebés de vacas, ovejas y gallinas. Algunas activistas se encadenaban a los camiones, otras portaban pancartas, otras daban de beber e intentaban consolar a los pequeños condenados a muerte y algunas negociaban la liberación de alguno de los bebés consiguiendo sólo el rescate de un pollo en L’Hospitalet.

En Getafe, tras recibir amenzadas e insultos por parte de los camioneros, el dueño del matadero accedió a entregar un cerdito que los activistas tuvieron que ir a buscar a una granja.

Con estas acciones se pretende mostrar la realidad de los animales considerados de granja e intentar conscienciar a la sociedad de la crueldad y la violencia que conllevan determinados hábitos de consumo.

Los y las participantes esperan que estas acciones estimulen la formación de grupos independientes y la creación de una red internacional para aumentar la actividad por la liberacion animal.

Ahora los dos bebés rescatados tendrán una vida plena en diferentes santuarios.

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Xavi Bayle, ARTivista por los Derechos Animales nos presenta esta charla que ofreció en diciembre de 2015 en Can Batlló de Barcelona.

Consideraciones sobre la Imbécil Ética, o el por qué de las discriminaciones”, es una charla inspirada en el ensayo El Idiota Moral de Norbert Bilbeny, acerca de la banalidad del mal en nuestra historia. Banalidad que encuentra refugio en nuestra relación con las no humanas, pero que procede de la misma fuente que la cometida en discriminación contra nuestra propia especie.

Patología, sintomatología y visualización de la Imbécil Ética así como los motivos que la empujan a hacer y ser.

Foto: Blanca Hernández Jiménez

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El primer paso que deberíamos de dar para defender a alguien, es no contribuir a su sufrimiento. En el caso de los animales es esencial no colaborar con la industria que los asesina, esclaviza y tortura, no posicionarnos en ningún ámbito de nuestra vida, del lado del opresor, del dominador, ya sea en nuestra manera de alimentarnos, de vestirnos o entretenernos. Eso es al menos lo mínimo que deberíamos hacer, no ser causantes de la injusticia ni alimentarla. El segundo paso para tratar de salvar animales inocentes, seria tratar de hacer visible su maltrato, su vulneración de derechos y falta de respeto hacia su vida al mayor numero de personas, para que de esta forma se tome conciencia y la gente pueda tomar decisiones basadas en sus principios morales, de respeto e igualdad, y no basadas en los intereses económicos y egoistas de los que se lucran de su explotación. Hablo de igualdad, porque aunque en muchas cosas somos diferentes a los animales, en muchas otras somos iguales. Todos tenemos intereses similares: deseo de cobijo, de alimento, de estar con nuestras familias y amigos, y sobre todo deseo de no sentir dolor. Esta capacidad de sentir, de sufrir, es lo que nos hace iguales a todos. Según el principio de igualdad el sufrimiento de un individuo debería de ser tenido en cuenta independientemente del sexo, raza o especie de este. Algo tan sencillo como no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros.

Volviendo al tema anterior, ¿cual es la mejor manera de comunicar en nuestro entorno esta idea? la idea de que los animales son susceptibles de ser respetados, son capaces de sentir y sufrir y por eso deberíamos de otorgarlos unos derechos básicos que guarden estos intereses.

A la hora de comunicar a nuestros compañeros la idea de respetar a los animales, deberíamos de tratar ante todo de hacerlo de una manera útil, es muy común entre los veganos pasar por una fase, llamémosla de impacto, de impotencia, cuando abres los ojos y decides ver toda la realidad que antes te negabas a aceptar, esta realidad es tan dura que en ocasiones lleva a tener una actitud demasiado dura con nuestros compañeros humanos, que todavía se encuentran en la el estado de desconocimiento de esta realidad recriminándoles su modo de actuar.

En estos casos deberíamos utilizar nuestra empatía y poniéndonos en su lugar, recordar como solo hace unos pocos años nosotros tambien éramos capaces de consumir los cadáveres de animales a los que decíamos defender, caíamos inconscientemente en esta paradoja moral. Todos cargamos con nuestra historia, la tradición, la costumbre, la conveniencia, la comodidad, las convenciones sociales, todos estos motivos, en ocasiones, pesan tanto que aplastan nuestra capacidad de respetar a los inocentes.

Una corriente, últimamente, insta a tratar nuestra forma de comunicar, como una ciencia o una campaña de marketing, diseñando de esta forma una estrategia que salve al mayor numero de animales, aplicando estudios de psicología y sociología a este campo. Un activismo “útil”. De esta manera se llega a veces a conclusiones un poco contradictorias, por ejemplo, se sugiere que quizás sea más efectivo animar a la gente a reducir su consumo de carne en lugar de hacerse vegana, de esta manera al ser una medida más fácil de llevar a cabo, será adoptada por un mayor numero de personas, y el impacto en la industria será de menos animales ejecutados, que si un pequeño grupo de personas se hace totalmente vegana y solo son capaces de disminuir el consumo de animales en unas pocas unidades. También nos dicen que es más positivo campañas como el lunes sin carne, que pueden ser llevadas a un nivel masivo, que directamente abogar por la erradicación del consumo de ningún cadáver o producto de origen animal, práctica que será adoptada por un grupo reducido.

Por supuesto que los números no mienten con estos estudios y puede que se consiga menos animales explotados y asesinados a corto y medio plazo, pero ¿estamos realmente atacando el problema de raíz? ¿estamos dando a las víctimas el respeto que se merecen?

Vamos a trasladar la metodología de estas campañas a otras desigualdades o problemas de explotación para ver si obraríamos igual. Pongamos el caso de la violencia machista, podríamos sugerir campañas como: “Los lunes no pegues a tu mujer, solamente el resto de la semana” o “pega a tu mujer solamente una vez al día” “lo importante es reducir paulatinamente las palizas”, o “en vez de pegarle, mejor un insulto”. Está claro que esta medida disminuiría el numero de golpes recibidos por las mujeres maltratadas, pero también enviaría el mensaje de que pegar a las mujeres no esta mal, solamente hay que hacerlo con moderación. Estaríamos perdiendo de vista la raíz del problema, y es que la violencia injustificada no está bien bajo ningún concepto y debe de ser totalmente rechazada. Por otra parte trataríamos de dar a las víctimas el respeto que se debe y abordar la magnitud del problema acorde a su gravedad.

No estoy diciendo que campañas que intentan acabar con la explotación, de una manera gradual estén totalmente equivocadas, pero si creo que esta progresividad en los comportamientos debe de ir encaminada siempre a un fin, y este es la renuncia total y absoluta a la dominación y explotación de inocentes. El consumo de animales se sustenta bajo muchas mentiras, y a veces debemos dar luz a la verdad y promover cambios graduales en nuestras costumbres para que sean adoptadas más fácil y rápidamente por el mayor número de personas. Creo que es muy importante incidir que explotación es explotación, aunque sea ejercida a menos individuos o de una manera más suave y esta nunca debe de ser tolerada.

En mi opinión, es útil, por supuesto, reglar y analizar la efectividad de nuestros esfuerzos en el activismo, pero siempre mirando a largo lazo, sin perder la vista en las metas finales y mostrando un respeto total hacia los animales humanos y no humanos. Quizás nuestras metas, la liberación animal y humana, parecen muy lejanas ahora y sea necesario que para despertar las conciencias de la gente sea necesario aplicar cambios graduales, pero nada cambiará hasta que nos demos cuenta que no estamos hablando de números o cifras, sino que estamos hablando de salvar vidas, vidas individuales con un valor intrínseco. Por eso nuestro activismo, nuestra manera de comunicar debería siempre girar en torno hacia ese concepto, cada vida es igual de importante y valiosa que la nuestra.

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Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

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En una acción inédita en Catalunya y el resto del territorio peninsular, activistas independientes y miembros de Pirañas Veganas detuvieron un camión que transportaba vacas al matadero de Mercabarna en Barcelona.

Varias activistas bloquearon el paso del camión con flores poniendo de manifiesto que era una acción pacífica mientras dos más se encadenaban en la parte de atrás y el resto daba agua a los animales, con el objetivo de intentar reconfortarles en sus últimas momentos de vida.

El colectivo Pirañas Veganas, se siente animado a llevar a cabo otras acciones semejantes en los próximos meses dado el soporte popular recibido tras la acción a pesar de no haber conseguido el objetivo inicial.

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