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Jay Silvey, graduado en bioquímica y especializado en biotecnología
David Díaz, autor de www.respuestasveganas.org
Marc Barqué, responsable de comunicación y prensa de ¿Serás su voz?

INTRODUCCIÓN

El 16 de junio de 2018, el periódico digital El Confidencial publicó una entrevista a Lierre Keith titulada “La mayoría de veganos lo deja y los que insisten hacen trampas”. La señora Lierre Keith está realizando entrevistas en diversos medios para promocionar la próxima reedición de su libro “El Mito Vegetariano”, muy bien recibido por el lobby de la explotación animal. Curiosamente la señora Keith nunca ha sido vegana porque ella misma reconoció que en sus dos décadas de “veganismo” nunca dejó de comer leche y huevos…

A continuación procederemos a desmontar todas las falsedades que la señora Keith vierte en esta entrevista en concreto. El argumentario que Lierre Keith usa contra la alimentación vegetariana estricta (popularmente llamada “alimentación vegana”) y contra el veganismo se resume en estos cuatro puntos:

1) ÉTICA. Lierre Keith dice que no tenemos el deber ético de practicar el veganismo.

2) SALUD. Lierre Keith dice que la alimentación vegetariana estricta (“alimentación vegana”) es incompatible con una correcta salud humana y que causa, necesariamente, serios problemas de salud a largo plazo. Se pone a ella misma como ejemplo de mala salud. La señora Keith también dice que la gente no sabe leer estudios de nutrición debido a una falta de “formación científica”.

3) MEDIO AMBIENTE. Lierre Keith dice que la agricultura es la primera causa de destrucción del medio ambiente y que, por lo tanto, la adopción de una alimentación vegetariana estricta destruye el medio ambiente.

4) JUSTICIA SOCIAL Y HAMBRE. Lierre Keith dice que la adopción de una alimentación vegetariana estricta no tiene un efecto positivo contra la situación de hambruna que se padece en muchos países empobrecidos. Tácitamente, está afirmando que la producción de carne no tiene nada que ver con el hambre en el mundo.

En este artículo vamos a rebatir dichas afirmaciones de Lierre Keith (y a todas las personas que piensen como ella) desde el punto de vista de la Ética, de la Bioquímica y de las Ciencias Ambientales, demostrando que:

1) Es un deber ético adoptar el veganismo y por lo tanto adoptar una alimentación vegetariana estricta.
2) Una alimentación vegetariana estricta es perfectamente compatible con una correcta nutrición y una salud óptima. Hay una extensa bibliografía científica que avala la alimentación vegetariana estricta y que es muy clara e inequívoca en sus conclusiones. Al final de este artículo adjuntamos un anexo de estudios científicos sobre nutrición que la señora Keith debería aprender a leer.
3) La adopción generalizada de una alimentación vegetariana estricta es plenamente sostenible y beneficiosa medioambientalmente en relación al actual modelo alimenticio rico en productos ganaderos.
4) La producción de carne condena a hambrunas a los humanos que viven en los países más empobrecidos del mundo.

1) ÉTICA

Primeramente debemos aclarar que el veganismo no es una dieta. El veganismo es respetar a los demás, y los demás no son sólo humanos, sino todos los seres que tenemos una conciencia: los seres sintientes. Los seres sintientes tenemos experiencias e intereses, es decir, cada uno de nosotros es alguien, no algo. En nuestros intereses está implícita la exigencia de que deben respetarnos. Cuando dicha exigencia es universalizada, ésta se convierte en la Regla de Oro de la Ética: “A priori, los intereses no deben ser frustrados”. Dicha norma ética esencial contiene lógicamente el derecho ético a la salud y a la vida que todos los seres sintientes tenemos, y que tiene prioridad sobre todo lo demás. Por dicha razón no debemos ser explotados, y tampoco debemos ser maltratados directamente ni por omisión.
Podemos comprobar que todas las discriminaciones arbitrarias tienen su origen en no considerar los intereses de alguien esgrimiendo que dicho sujeto “es diferente física o psicológicamente”, cuando la Realidad es que todos somos diferentes unos de otros y que esas diferencias sólo implican una diferencia de trato (ajustado a las necesidades de cada uno), pero no una falta de respeto. No considerar por igual los intereses de quienes no son humanos es una discriminación arbitraria llamada “especismo”, en analogía al racismo, al sexismo y a cualquier otra discriminación.

En la entrevista, Lierre Keith dice que “para defender la compasión, la justicia y la sostenibilidad no es necesario cambiar a una alimentación vegana”. Por lo tanto, según la señora Keith, explotar a alguien y cortarle el cuello en un matadero es tan “compasivo” y “justo” como respetarle, con lo cual demuestra hasta qué punto la señora Keith es especista.

Para ser coherentes con la Ética, las personas éticas modifican sus hábitos, dejando de comprar productos y servicios de origen animal, de la misma manera que rechazan agredir y matar a los demás. La adopción de una alimentación vegana sólo es una parte necesaria para respetar el derecho a la salud y a la vida que todos los seres sintientes tenemos. Siguiendo la misma lógica, también debemos vestirnos sin usar la piel de otros, divertirnos respetando a los demás, etc.

Por lo tanto, cuando la señora Keith dice que “Aunque es cierto que, ante las horribles imágenes de animales torturados que todos hemos visto, hay motivos suficientes para rechazar la carne, también es cierto que ese es solo un modelo posible de ganadería” está reconociendo que hay algo éticamente horrible en la ganadería, pero luego viene a decir que “existe una manera ética de matar a quien quiere seguir viviendo mediante otro modelo de ganadería”. Esta idea de la señora Keith es errónea porque es un hecho que cuando se mata a quien quiere seguir viviendo se le hace un mal, así como se le hace un mal si se le fuerza sexualmente. Por lo tanto no ha existido, no existe y nunca existirá una manera ética de matar a quien quiere seguir viviendo. Los mataderos no son éticos, todos los mataderos son lugares donde se cometen actos horribles. Además, los mataderos no son necesarios para una correcta alimentación, pues existe una alimentación alternativa basada en Ética: la alimentación vegana, sobre la que hablamos en el siguiente punto y en el anexo final.

2) CIENCIA Y SALUD

“Para que unos vivan, otros deben morir”.

Le sugeriría a la señora Lierre Keith que volviese al siglo XXI desde la Edad Media. Este tipo de justificaciones se pueden aplicar a contextos que dudo mucho que busque normalizar. Menos aún en el campo de la biología, donde la gran mayoría de los organismos vivos de la Tierra, tanto en cuanto a biomasa activa total como en cuanto a número de individuos se refiere, no practican la heterotrofia. Pero no solo está algo perdida de planeta, sino de época. Volviendo a nuestra era actual, e incluso suponiendo vagamente que nuestros sistemas y mecanismos se adecuen a una dinámica trófica basada en el heterotrofismo prehistórico, contamos con las herramientas tecnológicas y de producción-distribución que no implican la masacre sistemática de otros. Incluso sabiendo que estas dinámicas, en sistemas naturales, son causa y efecto de equilibrios biogeoquímicos clave, nuestro estilo de vida en el sentido que la señora Keith defiende no lleva a otra cosa más que al colapso de modelos de producción completos, altas tasas de contaminación y agotamiento de recursos, pérdida de biodiversidad y de ecosistemas enteros, priorización vergonzosa de logística e investigación en pro de alimentar y tratar a animales de ganado y no a seres humanos, favorecimiento de patologías crónicas graves y un modelo de pensamiento antropocentrista que solo nos puede llevar a una selección negativa en el ambiente debido a la no comprensión de nuestra existencia como parte de la bioesfera.

“Los veganos te ofrecen un modelo perfecto”.

Esto es categóricamente falso. Cualquier antiespecista con un mínimo de formación biológica, ambiental, política y económica ofrecerá el veganismo como una alternativa más sostenible con un menor impacto en la integridad dinámica y estructural de nuestra sociedad, nuestro ecosistema y nuestro organismo. En absoluto es un modelo perfecto y en absoluto habrá semejante cosa: se busca reducir el impacto en el medio y en sus habitantes en la medida de lo posible.

“Periodista: ¿En qué consiste esa ignorancia en la que se mueven estas formas de entender la alimentación?”

De primeras el periodista no goza de demasiada praxis, protocolo y compostura crítica y objetiva que su oficio debería exaltar. Flaco favor hace dirigiendo la opinión pública antes de que la respuesta sea formulada. Los intereses son evidentes.

“Puedes seguir el régimen durante algunos años sin notar los efectos, pero si insistes, las lesiones acabarán surgiendo.”

¿De qué tipo de lesiones está hablando en concreto? ¿renales? ¿craneoencefálicas? ¿cardiovasculares? El concepto “lesión” aplicado al campo de la nutrición y la bioquímica metabólica no tiene demasiado sentido, como gran parte, sino todo, de lo que dice esta señora. Aún así, de conocer el mecanismo y la dinámica de la patología molecular concreta, y no explicarlo para concienciar y prevenir al público, parece algo egoísta e incluso cruel. Asumo que no es mala persona: asumo que simplemente lo ignora.

“Tu realidad física, en la que tu cuerpo se va destruyendo, no se corresponde con tu manera de pensar. La realidad es que la mayoría de personas que ha probado a ser vegano ha dejado el régimen. Pocos aguantan más de tres meses, pero nadie habla de eso. Las grandes figuras del veganismo mienten. He visto a gente que se estaba desvaneciendo por su dieta y que acababan yendo a la misma tienda de mariscos donde yo hago la compra”.

Para empezar desconozco cuántas realidades contempla esta señora, pero asumiré que simplemente es ambigua y disfuncional en terminología y concepto. Insisto en que describa el mecanismo, desde el molecular hasta el tisular y sistémico pasando por el celular (cascadas metabólicas y hormonales, secuencias de eventos subcelulares, ejes estímulo-respuesta conservados evolutivamente, etc), para afirmar que una alimentación baja en moléculas pro-inflamatorias, hormonas de estrés, productos de desecho metabólico, antibióticos y señalizadores de muerte celular tienden a “destruir” apocalípticamente el organismo al mismo tiempo que reducen la predisposición a sufrir enfermedades crónicas como cardiovasculares, neurodegenerativas, obesidad, diabetes o cáncer, así como alergias, intolerancias y procesos pro-inflamatorios en general. En cuanto al resto, supongo que tendrá evidencia registrada de lo que dice. Sobre todo la evidencia de que la mayoría de las figuras veganas del momento acuden a comprar marisco al supermercado de su barrio.

“Nuestra evolución como humanos se dio sobre todo cuando empezamos a comer animales que se alimentan de hierba. De este modo, mientras nuestro cerebro se hizo más grande, nuestro sistema digestivo se redujo.”

Podemos comprobar cómo en pleno siglo XXI la evolución sigue sin terminar de ser comprendida. Sin referencias antropológicas de especie de homínido, no podemos saber en qué momento la especialista en biología considera o no humano a un mamífero bípedo. Podemos imaginarnos cualquier cosa. De un modo u otro podemos decirle a la prolífica señora Keith que el lamarkismo se desestimó por el darwinismo y actualmente por el neodarwinismo hace siglos recién se propuso: comer animales que se alimentan de hierba no tiene ningún tipo de impacto en el individuo, haciéndolo crecer o atrofiar un órgano u otro de forma que, para colmo, sea transmisible generacionalmente. En todo caso, el cocinado de la carne pudo haber hecho innecesaria una dinámica y estructura craneal desarrollada y robusta de músculos risorio, depresor del ángulo de la boca, cigomáticos mayor y menor o temporal. Esto para nada atrofiaría los músculos de individuos concretos: sería un elemento de selección natural donde aquellos individuos con menor desarrollo, pero con el suficiente como para llevar a cabo una masticación funcional, se vieron favorecidos en cuanto a rendimiento y eficiencia energética se refiere. Lo mismo aplicaría al intestino o cualquier otro órgano, que no se vería alterado como órgano de especie porque individuos concretos ejecuten uno u otro comportamiento, sino porque individuos con unas características fenotípicas dadas se vieron selectivamente favorecidos para transferir su genotipo generacionalmente dado un estímulo ambiental o un comportamiento que actúa como agente de selección. La falacia del cerebro más grande por comer carne es algo desestimado no solo desde primaria, sino desde párvulos: la selección positiva tendría lugar en aquellos individuos que mejor supieron integrar el lenguaje articulado más complejo posible, así como la memoria técnica-espacial y la sofisticación neuromotora, la capacidad de seguir rutas migratorias, de establecer referencias de orientación espacial y temporal, de orquestar estrategias de caza y mutilación, elaborar trampas, optimizar y llevar a cabo la especificación de útiles, expandir el arsenal de técnicas y protocolos de actuación para mil y una situaciones en el grupo y, obviamente, la capacidad de transmitir estos conocimientos y enriquecerlos sistemáticamente. Sin caer en el lamarkismo, pues estas dinámicas no hicieron crecer ningún cerebro, un estilo de vida semejante que estimulaba el cerebro de esta manera sólo podía ser llevado a cabo con éxito por los individuos que contaban con la mejor predisposición genética y conductual para integrar las adaptaciones fisiológicas pertinentes, de entre los hijos de los cuales solo los mejor adaptados transferirían dicha predisposición con mayor éxito y frecuencia y así sucesivamente. De esta forma, no sería el consumo de carroña lo que estimuló ni el cerebro ni la selección de cerebros más complejos y de pensamiento cada vez más técnico y abstracto: lo fue el compendio de estrategias teóricas y prácticas en continua optimización, memoria y transmisión para conseguir y hacer más eficiente el consumo de carne.

“El 25% de nuestra energía va a parar a nuestro cerebro y para que este órgano trabaje como debe necesita grasas y proteínas.”

Esto es categóricamente falso: todo órgano está formado por tejidos que a su vez están formados por células que requieren de fuentes de energía química y fuentes de carbono, pero no necesitan proteínas ni lípidos ni carbohidratos ni ácidos nucleicos. Nuestro cerebro requiere, como el resto de nuestro organismo, de acetil-CoA que incorporar al ciclo de los ácidos tricarboxílicos. En este ciclo metabólico se obtiene poder reductor en forma de NADH y FADH2 con el que llevar electrones a la cadena de transporte electrónico mitocondrial. Finalmente, se logra así producir la energía química mencionada, en forma de ATP, por medio de una ATPasa incorporada a la membrana interna mitocondrial que acopla el paso de protones a favor de gradiente químico hacia la matriz a la fosforilación de una molécula de ADP. El ciclo de los ácidos tricarboxílicos también permite obtener aminoácidos como el alfa ceto glutarato y ácidos como el citrato o el oxalacetato, sirviendo de punto de confluencia multidireccional con metabolismo de carbohidratos, de proteína y de lípidos. Esta fuente de acetil-CoA puede proceder de la b-oxidación de ácidos grasos a acil-CoA y de nuevo a acetil-CoA, de la oxidación de piruvato procedente de la glucólisis o de la descondensación de cuerpos cetónicos como el beta hidroxibutirado en estado de cetosis. Ni siquiera el oxígeno es tan intuitivamente fundamental como lo parece ser a nivel macroscópico: el O2 sólo es un aceptor de los electrones, que se reduce a agua, transportados por el NADH y el FADH2 producidos en el ciclo de los ácidos tricarboxílicos. Tras ser incorporados a la cadena de transporte electrónico donde permiten actuar a los complejos I, III y IV como bomba de protones para generar un contragradiente que la ATPasa también mencionada alivia para producir ATP, los electrones son recibidos por moléculas de O2. Pero ni el cerebro ni nadie necesitan ninguna entidad macromolecular, y menos aún polímeros como la proteína. Como fuente de carbono necesitaría en todo caso cadenas de carbono que pueden proceder de aminoácidos, ácidos grasos o monosacáridos, pero también de moléculas no monoméricas reales como alcoholes como el glicerol y ácidos de cadena corta como el acetato.

“Con una dieta basada en alimentos de origen vegetal no estás consiguiendo ni grasas ni proteínas. Lo único que tienes es un montón de azúcar. Llámalo carbohidratos complejos, si eso te hace sentir mejor, pera cada molécula de esos carbohidratos acabará convirtiéndose al final en azúcares simples. Así que lo que comes es azúcar, azúcar y más azúcar.”

Esto es categórica e intuitivamente falso. Para empezar, una alimentación vegetariana estricta no se basa en productos de origen vegetal: se basa en productos de origen no animal, por lo que no solo incluye toda la variedad de productos vegetales, sino fúngicos como setas y levadura nutricional, algas como nori o wakame y cianobacterias como espirulina. Quizás empiece a tener sentido que esta señora estuviese enferma por cuestiones nutricionales si solo se alimentaba a base de manzanas y apios. Desconoce, supongo, que las grasas son el formato molecular más frecuente de lípidos en animales, con ácidos grasos fundamentalmente saturados y de consistencia sólida a temperatura ambiente, mientras que los aceites lo son en las especies no animales, con ácidos grasos fundamentalmente insaturados y consistencia líquida a temperatura ambiente. Ignora, obviamente, que el porcentaje de ácidos grasos, ya sea poliinsaturados o saturados, es de hasta 60% en frutos secos y semillas, por no hablar de un 98% en aceites de diversas fuentes vegetales. También están presentes de manera significativa en gran variedad de frutas, legumbres y cereales, revisable con una búsqueda mínima que a Keith parece no serle prioritario a la hora de influir en el hábito de consumo de la población, asumiendo supongo las responsabilidades que eso conlleva. Con las proteínas la señora Keith se deja aún más en evidencia: cereales, frutos secos, semillas y legumbres son las principales fuentes de proteína vegetal en un rango comprendido desde los 8-10g hasta los 23-30g por cada cien gramos. Esto sin contar alimentos no vegetales, donde mencionados como la levadura llega a los 50g e incluso la espirulina a los 67g de proteína por cada cien gramos de alimento. La falta de conocimiento mínimo y la poca importancia que le da a pronunciarse en público sin revisar una base establecida ya como cultura general nos permite entender que esta persona estuviera tan sumamente enferma como consecuencia de su propia falta de atención y responsabilidad con su propia salud. En los alimentos mencionados como fuente de lípidos y proteína, obviamente los carbohidratos no constituyen ni la mitad del porcentaje en masa. De modo que la alimentación vegana no se basa en carbohidratos a menos que se busque de manera intencionada bajo un fin que ignoro. Lo que también ignora la señora es que se puede ser vegan y llevar una dieta Atkins rica en proteína, una cetogénica rica en lípidos, una high carb rica en carbohidratos o un protocolo de ingesta basado en ayunos. Visto lo visto, parece cada vez más incomprensible que le hayan publicado un solo libro. Cosa que resulta dramática a nivel de criterio y profesionalidad editorial, pudiéndose efectuar una reflexión sobre el grado de ignorancia ya no científica, sino culinaria mínima en el mundo occidental. Lo que explica que diferentes páginas diesen difusión a sus palabras.

“El ser humano ha evolucionado para no comer azúcar. Nuestro cuerpo no lo maneja bien, no tenemos una manera de metabolizarlo que sea saludable.”

Hasta aquí nada relativamente pecaminoso comparado con lo anterior.

“Si sigues, sin embargo, una dieta con una presencia destacada de grasas y proteínas, el azúcar en sangre se vuelve más estable y el cerebro trabaja mejor.”

Poco ha durado. El azúcar, aparte de ser un término ambiguo, no es un isótopo radiactivo. La estabilidad del azúcar es la misma sin importar la presencia de lípidos y proteínas en la ingesta. No sé si la señora en cuestión quería referirse a los niveles de glucosa en sangre o la tendencia a ciclar de determinados monosacáridos. Su incompetencia terminológica da para mucho sin llegar a ningún lado. La presencia de más o menos ácidos grasos solubles y de aminoácidos en sangre no altera la estructura y dinámica de carbohidratos ni su metabolismo. A la inversa sí: a mayor glucosa en sangre mayor insulina secretada y menor tendencia a metabolizar lípidos como fuente de energía. Del mismo modo al contrario, pudiéndose llegar al estado metabólico y hormonal de cetosis tras un mínimo de 15-18h sin comer, estado en el que se usan los ácidos grasos como fuente de acetil-CoA en el hígado para producir cuerpos cetónicos. El cerebro “trabaja” mejor, efectivamente señora Keith, con menores niveles de “azúcar”, aunque esto es especialmente representativo bajo estados metabólicos absolutos de privación de alimento y cetosis, no por tener una dieta baja en carbohidratos. A menor glucosa menor producción de glutamato, un aminoácido no esencial neurotransmisor responsable de la excitotoxicidad que no solo produce oxidación de membranas y cambios de conformación en proteínas transportadoras y receptores, sino que sus niveles son determinantes a nivel patológico en alteraciones neurológicas importantes desde déficit de atención y hasta epilepsia por ser neurotransmisor de neuronas excitatorias. Casi, pero lamentablemente insuficiente como siempre, tiene razón en un punto. Solo sería relevante esta ingesta de lípidos y proteína con una cetogénica estricta que una dieta convencional, basada en productos de origen animal o no, no puede permitir.

“Tus neurotransmisores necesitan las proteínas. Por ejemplo, el cuerpo no produce triptófano por sí mismo. El triptófano es el precursor natural de la serotonina y no hay buenas fuentes vegetales que lo contengan. Solo puedes obtenerlo a través de esas proteínas, por lo que si las eliminas, también eliminas la serotonina.”

Volvemos a lo mismo pero aún más rocambolesco. Mis neurotransmisores no necesitan nada porque son aminoácidos y no tienen necesidades. Ni sienten ni padecen. Las proteínas, como flagrantemente ignora, son secuencias concretas de aminoácidos dispuestos en una conformación tridimensional dada a través de enlaces covalentes como los puentes disulfuro y no covalentes como las interacciones electrostáticas e iónicas, adquiriendo una solubilidad dada en medio acuoso en su conformación nativa, aquella en la que dichas proteínas son activas bien estructuralmente, mecánicamente o químicamente. De manera anecdótica, el origen de los aminoácidos en la Tierra es tanto extraterrestre abiótico a través de su diseminación desde meteoritos como terrestre biótico a través de los primeros organismos fijadores de nitrógeno: bacterias y, mucho más adelante, relaciones planta-bacteria (rizobios) en las leguminosas. Lo único que hacemos los animales es, por tanto reciclar aminoácidos ajenos para producir nuestras propias proteínas. Dicho de otra manera: las proteínas terrestres, como entidad macromolecular cuya síntesis tal y como la conocemos requiere de otras proteínas, son todas de origen no animal. Apunte anecdótico a parte, todo organismo necesita aminoácidos para sintetizar sus propias proteínas. De éstos, un cierto número son sintetizados de manera endógena, los no esenciales, y otros son requeridos de obtener por ingesta o aportación exógena, los esenciales. Con estos aminoácidos, cada organismo sintetiza sus propias proteínas en los ribosomas tanto solubles en el citoplasma como en las paredes del retículo citoplasmático de la célula. Pero ningún organismo que consuma materia biológica ajena necesita proteínas, puesto que: 1) las proteínas de especies ajenas no son útiles interespecie 2) de serlo sería irrelevante porque no pueden mantener su conformación activa tras la actuación de cambios bruscos de pH y de enzimas proteolíticas y 3) porque tampoco podrían, en animales, atravesar las vellosidades intestinales e ingresar al torrente sanguíneo debido a que 4) no hay transportadores de proteínas, sino de aminoácidos y 5) inducirían una hiperproteinemia en sangre que, aparte de desencadenar una respuesta alérgica letal al tratarse de proteínas no solo no propias de la sangre sino exógenas, podrían llegar a producir cuerpos precipitados, puesto que no todas las proteínas serían solubles en las condiciones químicas de la sangre, induciendo obstrucciones del flujo sanguíneo y con ello isquemias e infartos. Parece que la forma de incorporar aminoácidos a las células desde las proteínas de la ingesta, en cuanto a secuencia de eventos, es la que es y no otra por varios motivos claros. Volviendo al drama existencial de la vida de los neurotransmisores que necesitan proteínas, éstos son aminoácidos como el glutamato, la glicina o el GABBA, ésteres como la acetilcolina o moléculas inorgánicas como el óxido nítrico NO. La serotonina, un neurotransmisor del grupo de adrenérgicos y en concreto de las indolaminas como la metionina, se sintetiza en neuronas serotoninérgicas a partir del 5-hidroxitriptófano, que a su vez es una modificación del triptófano, aminoácido ciertamente esencial, a través de la actuación enzimática secuencial de una hidrolasa y una descarboxilasa. Hasta aquí Keith no está equivocada. Pero de nuevo vuelve a fuego para continuar en su línea de incompetencia a fin de no decepcionar al espectador. Si bien el triptófano es un aminoácido esencial, decir que las fuentes vegetales no son suficientes o inaccesibles es no solo tosco y bruto, sino falso. De entre las fuentes no animales de triptófano caben destacar frutas como el plátano, la piña, el aguacate o la ciruela; frutos secos como las almendras, las nueces, los dátiles, los pistachos o los anacardos; cereales integrales como el arroz y la avena; verduras y raíces como los berros, las espinacas, la remolacha, el brócoli o la zanahoria; semillas como de sésamo, de girasol o de calabaza, legumbres como los garbanzos, las habas y las lentejas; y microorganismos como la levadura de cerveza y la cianobacteria spirulina. O una de dos, o la señora Keith ignoraba todos estos alimentos y por ello estaba enferma y moribunda, o simplemente no ha hecho un mínimo de revisión en cualquier fuente de nutrición y metabolismo. De necesitar 1000-1500mg de triptófano al día, 100g de soja, de pistachos, de alubias, de almendras y de lentejas aportan hasta 1600mg. Sobran los comentarios.

“La soja no es realmente un alimento. Los humanos no la digerimos bien, a no ser que se utilice como condimento fermentado, que es como se toma en Japón. ¿Emplearla como fuente de proteínas? Nadie en la historia de la humanidad lo ha hecho nunca.”

La carroña no es realmente un alimento, al igual que los huevos. Le leche de vaca tampoco es un alimento para humanos y menos aún tras el periodo de lactancia, pues para colmo produce intolerancias y alergias en el 75% de la población del planeta. Su criterio no parece ser esgrimido, para sorpresa de nadie, con demasiada estrategia. De un modo u otro, la población caucásica tolera el trigo sin problemas digestivos representativos exceptuando celíacos, mientras la oriental lo hace de igual manera con la soja. Señalar que la civilización china lleva más de 5.000 años alimentándose de soja. Pero según Keith a nadie se le ha ocurrido nunca usarla como alimento. Decir que los humanos no la digerimos bien es nuevamente, aparte de etnocéntrico occidentalista, falso. Aunque puede estar tranquila: la soja no es la base nutricional de ningún vegano y ni siquiera todos los veganos la consumen. Huele a la legua que esta señora no sabe mucho de veganismo ni se ha movido demasiado en círculos veganos. Sobre los antinutrientes también dice medias verdades y mentiras enteras. Son mecanismos moleculares desarrollados por especies fundamentalmente vegetales que inhiben la actuación de enzimas o dificultan la absorción de minerales por parte de sus ingestantes. Ahora bien y como bien dice Keith, llevamos 10.000 años de actividad agrícola y, de un modo u otro, de domesticación y selección artificial de especies de consumo. No sólo hemos seleccionado aquellos organismos de cada especie que menos problemas puedan ocasionarnos y más beneficios puedan aportarnos, sino que gozamos de una técnica primitiva pero relativamente eficiente denominada cocción. Por no hablar del uso de microorganismos para efectuar procesos fermentativos. No obstante, no todos los antinutrientes son “armas químicas” como fantasea la señora, pues moléculas como los isoflavonoides y los polifenoles tienen efectos antioxidantes y antiinflamatorios en nuestro organismo. Por esa regla de tres, habría que erradicar el consumo de vino y aceitunas y dudo mucho que esto tenga gran acogida en un país como desde el que le escribimos. Los antinutrientes de cereales, frutos secos y legumbres son retirados, como veo que ignora, al contacto con el agua: la actividad de agua del medio es un indicador de germinación. De esta forma, no solo se dejan de producir antinutrientes, sino que se limpia el alimento de éstos al eliminar el agua en los que han sido hidratados. Le comunicamos que puede estar tranquila desde hace miles de años. Sospechosamente, le vemos poco activa y preocupada a la hora de comunicar los problemas de salud que los productos de origen animal pueden ocasionar a la salud o cómo de adaptados estamos los seres humanos como especie para depredar animales y procesar sus tejidos. Espero leerlo algún día. Aunque con un poco más de base, rigor y decencia.

“Algunos de los problemas de salud que arrastraba mejoraron, otros se solucionaron por completo, como mi depresión, o los que afectaban a mis órganos reproductivos. Tenía una piel tan seca que dolía. En cuanto incorporé la grasa animal a mi dieta pude, por fin, doblar mis hombros y mis rodillas sin que aquello fuera un calvario.”

Es intrigante que Keith hable de aminoácidos esenciales, pero no de ácidos grasos esenciales. Lo importante en todo esto es la relación entre ácidos grasos de la ingesta, pues unos u otros tienen un impacto claro en el perfil pro o antiinflamatorio del organismo y el balance final del efecto neto de la actuación de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos vendrá dado por este balance de ingesta. Alimentos ricos en omega6 se asocian con un aumento en la incidencia de las enfermedades inflamatorias como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, la obesidad, enfermedades autoinmunes, así como asma y depresión. Nuestros ancestros consumían aproximadamente unas proporciones de omega3:omega6 de 1:1 o 1:2 respectivamente. La dieta estándar actual, en promedio, tiende a una proporción 1:15 o incluso 1:30, bastante común en Estados Unidos y Argentina, países ampliamente conocidos por su elevado consumo de productos de origen animal y de carne en concreto. En cambio, las recomendaciones oficiales apuntan a que la relación correcta entre debería ser de 1:5 o inferior. Esto podría ser preocupante para las personas que consumen grandes cantidades de productos animales como carne, embutidos y lácteos de producción intensiva, así como de altos niveles de aceite de girasol y procesados de soja. Keith se recuperó milagrosamente de afecciones inflamatorias retirando el consumo de ácidos grasos poliinsaturados antiinflamatorios (frutos secos, semillas, aceites, frutas y verduras) y sustituyéndolo por el de ácidos grasos saturados proinflamatorios (sebo de animales muertos). Sin comentarios de nuevo.

“Al final de mi etapa como vegana, mi columna vertebral estaba destrozada -ya tenía espondiolosis con dieciocho años, un instante de la vida en que debería haber estado con el máximo de energía-, así me que me pasaba la vida tirada en el sofá. Ahora puedo caminar durante al menos media hora.”

Esta historia, si bien es fantástica en todos los sentidos de la palabra, resulta un tanto sospechosa: una dieta vegetariana estricta no produce espondilosis (no espondiolosis), sino que lo produce el envejecimiento, las posiciones sostenida durante largos periodos de tiempo y los malos hábitos posturales, los ejercicios de alto impacto en la columna que dudo que haya realizado nunca y ciertas anomalías genéticas que afectan al metabolismo y estructura ósea de la columna. Y como no es necesario un máster para saber que un hábito de vida sedentario obviamente trae problemas graves de movilidad y fuerza física, su estado de salud y funcionalidad se veían recíprocamente afectados por cuestiones que difieren ámpliamente de la alimentación. Invitamos a la señora Keith a que utilice el tren inferior de su cuerpo para algo más que para calentar el sofá si tan mejor se encuentra después de comer bacon y tortilla con un vaso de leche. No obstante, efectuar una búsqueda mínima bibliográfica tanto de consulta como de revisión no requiere de una dinámica locomotora atlética y es algo que podría haber hecho sin moverse del sofá evitando así tal ingente ridículo. Si ha podido escribir un libro, también pudo haberse informado sobre lo que implica y requiere de hacerlo con criterio. También le invitamos a activar su detección de mentiras no sólo para los veganos que van a comprar marisco al supermercado de su barrio, sino con ella misma, y efectuar una mínima autocrítica sobre el grado y dedicación de formación y preparación en su discurso, así como la responsabilidad que ha tenido como agente en su disfuncional estructura y dinámica como ser humano.

3) MEDIO AMBIENTE

La señora Keith afirma que “la agricultura es la práctica humana más destructiva”. Sin embargo, cualquier persona mínimamente formada en el tema sabe que la agricultura es una de las formas más demandantes de recursos tanto hídricos como de área de cultivo. Y la demanda reciente y actual lleva a una deforestación masiva de terreno boscoso, como es el caso de la selva del Amazonas. En cualquier caso y como bien dice esta señora, ha sido un grave problema desde hace miles de años: miles de años en los que el motivo no ha sido una demanda de biomasa vegetal para consumo humano vegano, sino de biomasa vegetal para cebado de animales para consumo humano no vegano, incluyendo terreno de pastoreo para ganadería extensiva. De modo que empezamos pronto y mal: el impacto de la agricultura hasta el día de hoy no se debe ni histórica ni económicamente a la población vegana, sino a la población no vegana. Para más inri, desconozco el grado de intuición de la señora en cuestión, cuando considero evidente que animales de más de 400kg consumen mayor biomasa vegetal que animales de 60-80kg. Efectivamente, usar 16kg de cereal y 10.000L de agua para producir 1kg de carne de vacuno resulta bochornosamente ineficiente. Considere esas cantidades para abastecer a la población general. No basta con saber que la agricultura daña el ecosistema: hay que aplicar cuál es la principal demanda y cuál el principal consumo de dicha producción. Países como Guatemala y Etiopía tienen altas tasas de malnutrición infantil, pero son de los principales exportadores de cereal de su región: los recursos agrícolas van destinados a cebar animales en occidente para consumo occidental americano y europeo.

En efecto, la agricultura es una actividad que fuerza el suelo y puede llegar a agotar la capacidad de un terreno para dar alimentos. Además, para crear campos de cultivos es necesario arrasar espacios salvajes. Sin embargo, esta práctica es necesaria para la subsistencia humana, puesto que de los alimentos vegetales obtenemos todos los nutrientes que nuestro organismo necesita. Debemos cultivar para sobrevivir. También es cierto que el actual modelo de agricultura industrial está devastando amplias zonas vitales para la supervivencia del ecosistema mundial, como por ejemplo la Amazonia. Pero la señora Keith está obviando, por ignorancia o por mala fe (o ambas cosas), y queremos reiterarlo, que la mayor parte de la agricultura mundial, actualmente, no se destina a consumo humano, sino a la fabricación de piensos para alimentar a los animales explotados en ganaderías. Es la llamada “agricultura animal”, cuya devastación medioambiental es extremadamente agresiva. Por ese motivo, muchas entidades ecologistas señalan que, para poder preservar el medio ambiente, es necesario que la población mundial consuma menos alimentos de origen animal y base su dieta en productos de origen vegetal. Por supuesto, ofrecemos nuestras fuentes de información (algo que la señora Keith no hace en ningún momento). Cabe recordar que los piensos ganaderos se fabrican, fundamentalmente, con soja centroamericana y con cereales africanos, y que debido a esto, la producción de carne está íntimamente ligada a las hambrunas que se dan en países pobres (cuestión que la señora Keith parece desconocer, o bien que obvia deliberadamente, y que desarrollaremos más adelante).

Actualmente, la ganadería (tanto por el gasto en recursos del mantenimiento del ganado como por la ya mencionada agricultura animal) está provocando la saturación de las tierras y el agotamiento de los recursos hídricos del planeta (http://www.worldwatch.org/peak-meat-production-strains-land-and-water-resources-1), y https://academic.oup.com/bioscience/article/54/10/909/230205, puesto que el gasto en agua sólo para producir vegetales para consumo humano es menor que el gasto en agua para producir vegetales que alimenten el ganado, además del agua que debe consumir ese ganado. También está afectando seriamente a la biodiversidad: la ganadería es la principal responsable de la extinción de especies silvestres (http://www.sciencemag.org/news/2015/08/meat-eaters-may-speed-worldwide-species-extinction-study-warns).

¿Seguimos? La ganadería también emite más cantidad de gases de efecto invernadero que los transportes (http://www.fao.org/newsroom/en/news/2006/1000448/index.html), puesto que además de todo lo emitido por la agricultura animal, hay que sumarle el metano que produce el ganado.

La práctica ganadera es, además, la principal causa de la destrucción de la Amazonia (http://archivo-es.greenpeace.org/espana/es/reports/impacto-de-la-ganader-a-en-la-2/), no sólo porque requiere enormes hectáreas para pasturaje, sino porque la mayoría de piensos ganaderos se fabrican, entre otras cosas, con soja cultivada en esa zona del planeta. La señora Keith llegó a afirmar que la soja se cultiva para las personas veganas. No entendemos cómo tantas personas pueden tomarse en serio a alguien que afirma tales barbaridades. No hay tanta gente vegana como para tener que cultivar soja arrasando la Amazonia. De verdad la señora Keith no ve que eso no cuadra por ningún lado? Suponiendo que la soja se produjese específicamente para el colectivo vegano….¿abastecer de soja a menos de un 1% de la población mundial requeriría deforestar la Amazonia? Señora Keith: ¿tan ignorante cree que es su público?

Por todo ello, adoptar una dieta pobre en alimentos animales (y, por lo tanto, en mayor medida una totalmente libre de ellos) es beneficioso para el medio ambiente, ya que ahorramos agua, liberamos tierra cultivable, reducimos la emisión de gases de efecto invernadero (metano, CO2, óxido nitroso, amoniaco, etc.), y la generación de residuos (como los purines, que contaminan las reservas de agua potable), etc: https://link.springer.com/article/10.1007/s10584-008-9534-6, https://www.nature.com/articles/ncomms11382, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24898222.

En conclusión, seguir una alimentación vegetariana estricta es perfectamente sostenible y, además, es más beneficiosa para el medio ambiente que las actuales dietas ricas en productos animales, puesto que requiere de menos agua, menos tierra cultivada, emite menos gases de efecto invernadero y genera menos residuos (está exenta de purines). Según un reciente estudio (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5522483/) , abandonando la carne, los lácteos y loa huevos, disminuimos nuestras emisiones de CO2 diarios de 4 kg a 2,25 kg, el agua consumida diariamente de 3,1 kl a 2,1 kl, y reducimos la tierra cultivable explotada diariamente de 25 m2 a 15 m2. Repetimos: esto diariamente. Imaginémonos anualmente.

Incluso la ganadería extensiva, al estar dedicada a abastecer el mercado, es una de las causas principales de degradación ambiental, puesto que necesita una enorme extensión de tierra para mantener una productividad adecuada (https://es.mongabay.com/2017/01/la-ganaderia-extensiva-esta-acabando-los-bosques-colombia/). De todos modos, aunque existiese algún modelo de ganadería hipotéticamente sostenible medioambientalmente, seguiría siendo éticamente inaceptable, porque la ganadería nunca es ética, lo hemos explicado antes. Una alimentación vegetariana estricta es ética y sostenible, y ésa debe ser la opción alimenticia que una persona debe elegir si quiere ser congruente con la Ética.

4) JUSTICIA SOCIAL Y HAMBRE

En el punto anterior ya demostramos que el impacto ecológico de una alimentación vegetariana estricta es muchísimo menor que el impacto ecológico de una alimentación no vegetariana. Asimismo, la alimentación vegetariana es muchísimo más eficiente. Ya en 1965, se publicó el libro ”Proteins: Their Chemistry and Politics”, en el que el Dr. Aaron M. Altschul señaló que, en unidades calóricas por hectárea, una alimentación a base de cereales, verduras y legumbres puede alimentar a un número de humanos veinte veces mayor que una alimentación a base de carne. Por lo tanto, adoptar una alimentación vegetariana estricta es necesaria para reducir los daños y el agotamiento del medio ambiente, del cual dependen para subsistir los humanos más pobres, y ciertamente todos nosotros.

La señora Keith dice en su entrevista que “Los veganos te ofrecen un modelo perfecto: basta cambiar un factor tan elemental como la dieta y solucionaremos los problemas de aquellos que mueren de inanición”… Si alguien está muriendo de inanición ¿la señora Keith no ve que ese es el problema de esa persona? ¿a qué otros problemas se refiere?… Existen humanos que mueren de inanición porque no tienen dinero para comprar suficiente comida, ni propiedades para intercambiarlas por ésta. Por lo tanto el origen del hambre es económico y, consecuentemente, es un problema político; tanto de la política de esos países empobrecidos, como de las políticas de la comunidad internacional. La Política son normas sociales que deben estar basadas en la Ética, sí, esa Ética que rechaza la señora Keith y la mayoría de la sociedad. Por esta razón no se hacen políticas efectivas contra el hambre, sino efectivas para el beneficio económico de unos pocos, por eso se permite que “mueran” (realmente son asesinados) humanos por inanición, cuyas vidas a muchos les importan tanto como les importan las vidas de los animales no humanos que son víctimas del consumo: nada.

Las sociedades humanas actuales dan prioridad a la alimentación de los animales explotados en las granjas, sobre la alimentación de los humanos pobres que mueren de hambre. Esto ocurre por una pura cuestión de beneficio económico, pues ese es el que rige las sociedades liberales y a su sistema económico capitalista.

Pero es muy importante darse cuenta de que el problema del hambre no es sólo económico, sino también de disponibilidad de recursos. De nada sirve tener dinero si no hay suficiente para todos… Vivimos en un mundo con unos recursos finitos y que dependen del clima. Cuando la oferta de una materia prima escasea, los precios de ésta se disparan y sólo los más pudientes pueden comprarla. Esto mismo es lo que ocurre con los precios de los cereales y de la soja.

En el punto anterior ya demostramos que la razón del elevado consumo de cereales y de soja es de la producción de piensos para alimentar a los miles de millones de animales que son explotados para producir carne, leche y huevos. El problema de la elevada demanda de cereales y de soja se complica con la especulación de los precios de estas materias primas y se convierte en catástrofe humanitaria cuando llega una sequía, pues se reduce la oferta y entonces los precios de los alimentos suben aún mucho más. La consecuencia de esto es que los humanos más pobres no tienen suficiente dinero para comprar la cantidad de cereal que necesitan para sobrevivir y por lo tanto “mueren” de hambre. Entonces en la televisión nos “informan” de las “hambrunas” que hay en África, como si el consumo de carne en los países ricos no tuviera nada que ver con eso. Como es lógico, este problema se reduciría enormemente si se adoptara masivamente una alimentación vegetariana estricta, pues habría mucha menos demanda de cereales, por lo que los precios bajarían mucho y ya no sería tan fácil especular con ellos. Nada de esto cuenta la señora Keith en su entrevista.

En el año 2002, el economista Jeremy Rifkin en un artículo titulado “Ante una auténtica crisis alimentaria global” (https://elpais.com/diario/2002/06/10/opinion/1023660008_850215.html) nos advertía de que los hábitos alimenticios de Occidente (basados en alimentos de origen animal) eran una de las causas de las terribles hambrunas africanas. La tierra de África es trabajada por africanos, pero es propiedad de empresas multinacionales occidentales, que son las que venden todas esas toneladas de grano etíope, mozambiqueño, etc. a otras empresas para que fabriquen el pienso destinado a engordar los animales que se explotan y matan en los países ricos para producir carne (destinada a esos países ricos; no a los pobres). Nos decía el propio Rifkin: “Es terrible que un 80% de los niños hambrientos en el mundo vivan en países con excedentes alimentarios, la mayoría en forma de piensos para animales que, a su vez, sólo serán consumidos por los más ricos”. Por esta misma razón, Phillip Wollen afirmó en uno de sus mejores discursos (https://youtu.be/nhnWB4heVHs) que “comer carne es dar una bofetada en la cara de un niño africano hambriento”.

Al final de la entrevista, la señora Keith reconoce que “El problema real es que, quizás, somos demasiados seres humanos” y que eso llevará a la civilización humana al colapso. Estamos de acuerdo en que la población humana debería ser muchísimo menor que los 7623 millones de humanos (y creciendo) que existen en la fecha en la que se publica el presente artículo, pero ese es otro problema que podemos abordar en otra ocasión. Lo cierto es que existen demasiados humanos y por lo tanto, mientras buscamos una solución para eso, estos deben producir el menor impacto posible en el medio ambiente para así perjudicar lo menos posible a los demás. Ya vimos que, en lo referente a la alimentación, el menor impacto medioambiental se consigue mediante una alimentación vegetariana estricta, que es la única propuesta realista y ética.

No hace tantos años, en junio de 2010, el periódico «The Guardian» publicó un artículo titulado ”UN urges global move to meat and dairy-free diet” en que el que se advertía de que «un cambio global hacia una dieta vegana es vital para salvar al mundo del hambre, la escasez de combustible y los peores impactos del cambio climático». El artículo hace referencia a un informe de la ONU titulado ”Assessing the environmental impacts of consumption And production. Priority Products and Materials”, publicado ese mismo año. Dicho informe de la ONU nos advierte de que “Se espera que los impactos de la agricultura aumentarán sustancialmente debido al crecimiento de la población y al creciente consumo de productos de origen animal. A diferencia de los combustibles fósiles, es difícil buscar alternativas: la gente tiene que comer. Una reducción sustancial de los impactos sólo sería posible mediante un cambio sustancial en la alimentación en todo el mundo, lejos de los productos de origen animal”. La conclusión es clara: el consumo de productos de origen animal aumenta el impacto negativo de la agricultura. La solución también es clara: debemos dejar de consumir productos de origen animal para reducir dicho impacto. Tome nota, señora Keith, y deje de ser una irresponsable.

Quien esté interesado en la relación carne-hambre puede encontrar más datos en el artículo “El veganismo no ayuda a reducir la pobreza”, ( https://www.respuestasveganas.org/2006/11/argumento-veganismo-no-ayuda-erradicar_6474.html ) que es actualizado periódicamente.

5) ANEXO BIBLIOGRÁFICO: https://www.facebook.com/serassuvoz/posts/1790053177699259

Artículo también disponible en https://www.respuestasveganas.org/2018/07/respuesta-lierre-keith-entrevista-veganos-trampas-mito-vegetariano.html?m=1

Cerca de Hawai, cada año cientos de ballenas Humpjack, se reencuentran. Son cetáceos polígamos y la congregación de machos espera ansiosa la señal de una hembra que con aletazos sobre la superficie del mar, indique su disposición al apareo. Como una exhalación, masas de carne y grasa bucean a 32 km/h para enfrentarse y epatar a la hembra, que escogerá al de su agrado. La carrera es violenta y en alguna ocasión mortal. Se empujan, se colean, se avasallan con virulencia, persiguiendo durante horas a la hembra, la cual mide también así en ellos su resistencia. Finalmente la hembra se aleja con un elegido, dejando un grupo de machos desbravados. Entonces ellos comienzan a acariciarse entre sí con dulzura, con una ternura amorosa que contrasta con la violencia con que se maltrataban anteriormente. Parecen pedirse perdón mutuamente por todo ese maltrato.

El veganismo es un modo de pedir perdón, la reacción lógica de la individua sana ante el espanto de la muerte prematura. No hay más extremismo que aceptar que degollar, esclavizar, orfanar, violar, torturar y asesinar a alguienes, sea justificado de algún modo. El veganismo no es mirar al animal matado, sino ser él, y morirse un poco en cada inocente, ver la propia muerte en un espejo sangrientamente injusto. Lo anormal, lo enfermo, es ver a las demás como comida, sexo o diversión. El veganismo es una postura de mínimos. El veganismo -es decir la consideración ética de las demás especies animales como beneficiarias de derechos fundamentales de vida, libertad e integridad física y psíquica-, conlleva lógicamente su dieta (como aspectos diferentes pero sinérgicos de una misma actitud), que hay que normalizar y trasladar a todos los aspectos de la sociedad, con argumentos progresistas, ecologistas, de salud…, siempre bajo el paraguas de la ética como motor. El veganismo propone una sociedad basada en la cultura del respeto y la igualdad, un paréntesis en la inercia brutal histórica, basada en pirámides, socialización de pérdidas o utilitarismo, dentro del cual el valor de la vida se alza, partiendo de una vertiente sensocentrista, pero con principios de precaución para otras formas de sensibilidad que desconocemos (animales no humanos sin sistema nervioso central).

La definición más exhaustiva de veganismo sería “abrir las manos”, dejar decidir acerca de sus vidas a las esclavas que apresamos, y sucede igual con el feminismo. Desde la corrupción que supone su “domesticación” (una megalomanía que sostiene la idea de que nuestra especie ha logrado someter los millones de años de genética de las evoluciones y culturas animales), hasta el desquiciado dogma de que el resto de faunas dependen de nosotras. La idea de la veganocracia, de un mundo vegano en el sentido mas amplio, pretende desbagatelizar el concepto del veganismo como simple dieta, aunque sea importante hablar de dieta porque es responsable de la casi totalidad de los asesinatos de no humanas, el veganismo es respeto inter y extraespecifico, la dieta es la consecuencia de ese respeto.

Una cita o una poesía no cambian el mundo, la literatura no amuralla el paso de lo burdo y el insolente avance de la estupidez; pero una cita o una poesía, como una chispa, una transgresión, pueden abrir una puerta y comenzar una corriente de aire el cual -en el marco de un pensamiento crítico-, detone una revolución. No hay que temer a las palabras, son meros fonemas invertebrados, las palabras no son nada, sino los gestos que de ellas emanan. En estos tiempos que corren, donde alcanzamos la cumbre de la crueldad contra las demás personas animales, el gesto del “no quiero”, -desanudando con ello las manos entorno al animal apresado-, ya es revolucionario y humanista. Hace falta compromiso, grito, protesta… pero ante todo abrir las manos, asomarse al acantilado de la lucidez, para contemplar la espectacular vista de un paisaje ancho, curioso y hermoso. Nada más excitante y temible que alguien pensando críticamente. No basta con provocar, ni con saber, sino gestionar la información con astucia y honradez, con objetividad y bondad, sin defender los propios privilegios, como acostumbramos. Eso es lo mejor de un ser humano.

La bondad, el altruísmo y la justicia son las formas más elevadas de inteligencia. Quien entiende la esclavitud y la muerte prematura como malas, entiende el veganismo. Si el veganismo es demasiado radical, entonces ¿qué es degollar a una vaca y verla desangrarse asfixiándose colgando de una pata?. No requiere más dinero, no requiere activa y drásticamente cambiar la propia vida, ni pasar horas siquiera haciendo proselitismo, simplemente renunciar a los asesinatos y las agonías para un capricho. El carnismo es un capricho de personas crueles y perezosas, adictas a no renunciar, a quererlo todo y a cualquier costa.

Aún no he salvado tantas personas como me he comido, pero dejar de comerlas sólo detiene la matanza simbólicamente. Quedan las deudas por saldar. Para eso está el activismo. Neutralidad, jamás, la neutralidad es otro de los nombres del fascismo. El precio del pensamiento crítico es la soledad, pero al mismo tiempo las mejores selectas compañías. La madurez de la activista consiste en lograr utilizar el dolor como herramienta y no como arma. Vivímos en el medioevo en nuestro trato a los animales así que la alternativa a explotar animales es dejar de hacerlo, como la alternativa a violar niñas es dejar de hacerlo. Todos los símiles cárnicos actuales -como las muñecas sexuales con formas de niña- sólo dirigen la sociedad a recanalizar las disfunciones y las adicciones con el objetivo de no renunciar a satisfacerlas, aunque ayuden. Es el triunfo incontestable del patriarcapitalismo, lograr una prostitución alegre, unos caprichos tóxicos diagnosticados como saludables y modernos y la absurda idea de que el poder de voluntad del ser humano no puede simplemente dejar de causar víctimas. El veganismo y el patriarcapitalismo son incompatibles entre sí porque el patriarcapitalismo es el sistema responsable del asesinato de millones de personas humanas y de miles de millones de personas no humanas. Pensar que el patriarcapitalismo “vegano” va a salvarnos es tan absurdo como rezar a dios para que te toque la lotería. El avance imparable de la dieta vegana puede parecer que debiera tener una repercusión cada vez mas importante en la sociedad, sin embargo el número de victimas crece exponencialmente en sentido contrario, es decir, que si se duplica el numero de personas que llevan una dieta vegana, se triplica el numero de no humanas asesinadas. La culpa de esa antítesis matemática la tiene el capitalismo, claro, por eso no podemos basar la dieta vegana en una mera cuestión consumista. La aceptación masiva del veganismo ha derivado en un veganismo de moda estructurado en QUÉ se come y CÓMO hacerlo, no centrado en destacar a QUIÉN no se come y en POR QUÉ no hacerlo. Los llamados “sacrificio eutanásico” y “por aturdimiento” son eufemismos dictados por el deseo de exculparse de las asesinas, para no reconocer a toda instancia las consecuencias de su labor. Modificando los términos, se crea un imaginario escenario benévolo que les otorga distancia con sus crímenes y responsabilidad ante ellos. Dicha exculpación abarca no sólo a quien planea y ejecuta los crimenes, sino tambien a quien se beneficia de ellos, la consumidora.

En la luna precisa, en la corriente adecuada de la noche perfecta, millones de corales liberan trillones de huevos y toneladas de esperma en el gran arrecife de coral australiano. Es la locura de la vida como una tormenta. Durante las guerras y los episodios de matanzas masivas la gente sigue pariéndole hijas al horror, condenándolas a una muerte casi segura ¿por qué?. En los campos nazis, en las guerras, en las dictaduras sangrientas… hay muchos ejemplos. Parir es la respuesta intestinal más animal existente, el desgarrador deseo de la vida, cruda, desesperada, ubícua, que desafía a la muerte del único modo que sabe. Los animales respondemos con vida cuando todo lo que nos rodea es muerte ¿qué otra respuesta más bella y lógica podemos esperar de la dinámica evolutiva?. La intuición es el material de construcción de los absurdos, pero también de las genialidades y un mundo nuevo no puede construirse con las viejas estructuras, sino sobre sus cenizas.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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¿Qué tiene que ver? Es la primera pregunta cuando explico que mi postura contraria a la gestación subrogada viene de la ideología antiespecista. Voy a intentar explicar muy brevemente la relación que veo y los motivos por los que entiendo que la gestación subrogada (vientres de alquiler) va más allá del debate feminista.

La gestación subrogada consiste en transferir al útero de una mujer un embrión fecundado con carga genética de una persona que no puede o no quiere gestar, pero sí desea tener una criatura que tenga su misma carga genética.

A mí me cuesta mucho pedir la prohibición de prácticas que se ejercen en base a una libertad individual y que no hacen daño a otras personas (humanas o no), pero es que en la gestación subrogada se dan prácticas de abuso que sí pueden implicar violencia y sí pueden implicar un daño que va a ser muy difícil reparar, si sucede, y hay posibilidades reales de que suceda.

Vamos por partes: existe todo un negocio montado alrededor de la gestación subrogada. Todo el mundo gana dinero (las agencias, los despachos de abogacía, los servicios médicos, etc.), sin embargo a la única persona a la que se le pide que actúe de forma altruista es precisamente la persona que más riesgo asume en todo el proceso: la mujer que va a gestar. De hecho, no se habla de un salario que va a recibir la mujer embarazada, sino de una “compensación” por las molestias. Y las molestias pueden ser muchas, por ejemplo, puede morir.

Imaginad esto: en Ucrania la gestación subrogada es legal, ¿una mujer de Kiev va a poner en riesgo su salud por amor hacia una pareja, no sé, de Tavernes de la Valldigna a la que no conoce de nada?, ¿se va a arriesgar a dejar a su familia en una situación de vulnerabilidad por amor a personas desconocidas? Ella lo hace por dinero y es algo comprensible, no juzgo eso, lo que es hipócrita es pedirle a ella, sólo a ella, altruismo. Ese discurso que implica que el trabajo, el tiempo, las energías, la vida, en definitiva, de las mujeres se cedan por amor es algo que nos resulta muy familiar. Es una de las bases del patriarcado.

Hasta hace relativamente poco, yo no tenía formada una opinión sobre la gestación subrogada. Fue en un debate que organizó el Col·lectiu Lambda cuando mi posición se definió y no fue por los argumentos de las personas contrarias a esta práctica, sino por los argumentos de las personas partidarias. En ese debate yo sólo hice una pregunta: ¿qué pasa si la mujer cambia de opinión? Respuesta: la mujer no puede cambiar de opinión.

Es decir, una mujer que acepta gestar debe someterse obligatoriamente a revisiones médicas, no puede tener relaciones sexuales durante el tiempo que determine el contrato, puede que no se le permita desplazarse a otras poblaciones si así lo determina el contrato, no puede interrumpir el embarazo si así lo desea y debe entregar al niño o a la niña quiera o no quiera, porque para eso ha firmado un contrato. No estamos hablando de una caja de patatas, se trata de una criatura que será entregada a alguien que no ha pasado ningún tipo de filtro psicólogico que descarte que sea una persona abusadora.

Porque esto es algo clave: en ninguna parte he leído que exista algún tipo de mecanismo para negar la paternidad/maternidad mediante gestación subrogada a personas que no deberían, bajo ningún concepto, ser las responsables de una criatura. Si pagas, te la llevas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los derechos animales, con el antiespecismo? Más allá de mi postura antinatalista, desde los derechos animales nos posicionamos contra la compra venta de seres, más allá de la especie, y de eso va todo esto, de compra-venta real de seres: firmas contrato, pagas, te lo llevas. La madre gestante podrá tener contacto o no con el bebé si lo permite la persona compradora, porque no tiene ninguna obligación. No importa que ese bebé también tenga su carga genética, no importa que ella haya cambiado de opinión. No tiene ningún derecho.

¿Y el niño o la niña? Puede, espero, que sea una persona querida, pero, aun así, nadie tiene derecho a comprar una criatura. No importa la cifra de la cuenta bancaria, legitimar la gestación subrogada implica aceptar que un deseo está por encima de los derechos humanos, algo que desde los derechos animales también conocemos bien. Desgraciadamente.

Si todas las energías, si todo el debate se centrara en reformar las leyes de adopción y la preocupación girara en proporcionar hogares a niños y niñas reales, con necesidades reales y que sí tienen derecho a crecer en un entorno de afecto y respeto, si eso se hiciera avanzaríamos tanto. El debate sobre la gestación subrogada explica tan bien el comportamiento de nuestra especie: hacer nacer niñas y niños porque queremos que tengan el color de nuestros ojos, porque podemos pagarlo, mientras niñas y niños que ya existen, que sufren y sienten, permanecen invisibles. Por eso la campaña “no compres, adopta” se amplía ahora a nuestra especie. Quién nos lo iba a decir.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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Hace unos días Gerald Dick, presidente de la WAZA (Asociación Mundial de Zoos y Acuarios) estuvo en Barcelona con el objetivo de preparar el congreso de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios) que tendrá lugar el año que viene en Barcelona.

Bien, empezaré por compartir unos datos sobre el historial de este “caballero”: el poderoso Gerald Dick trabajó, en su día, con la WWF y en proyectos de cooperación medioambiental en América Latina. Esta incoherencia solo se puede explicar con la evidencia de que no se entiende ni él, una vez leída la entrevista que El Periódico le concedió en su paso por la ciudad catalana.

Pero, ¿qué son la EAZA y la WAZA? Son el nexo de unión de muchos zoológicos de Europa y del mundo entero. Se encargan, entre otros trámites y tras el pago de una cuota anual, de gestionar los intercambios entre animales de los diferentes parques zoológicos que están asociados y de inspeccionar periódicamente los parques para comprobar que se ajusten a la normativa actual. Estas dos asociaciones permiten, entre otras barbaridades, que sus asociados realicen el “culling”, práctica que consiste en sacrificar (que no eutanasiar, hay una gran diferencia) las crías de cualquier especie que nazca en las instalaciones, entre otros motivos, como medida de control de la población. No hace mucho la asociación animalista LIBERA! denunció el sacrificio de una cría de nilgo que se encontraba en perfectas condiciones. La respuesta: “eso es legal”.

La última gracia perpetrada en el zoológico de Barcelona ha sido el traslado de dos delfines al Oceanográfico de Valencia, hace diez días. Cierto es que el delfinario de Barcelona es un lugar completamente inadecuado para los seis delfines que malviven en ese recinto desde hace ya demasiados años. La EAZA convino el 2018 como plazo máximo para adecuar las instalaciones con el objetivo de mejorar el bienestar de esos delfines. La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, con muy buen criterio, decidió que Barcelona no iba a gastar diez millones de euros en hacer otro delfinario. En la mesa había dos opciones: el traslado a otro delfinario o a un santuario de delfines. A día de hoy, dos de los delfines de Barcelona han caído en las garras del lamentable Oceanogràfic que tiene, entre otros cetáceos, dos belugas que fueron un día arrancadas de su hogar, el mar del Norte, y ahora están intentando sobrellevar su impuesta cautividad en unas condiciones deplorables. Una asociación, Archipelagos, que se puso en contacto con FAADA y que está preparando lo que sería el primer santuario de cetáceos de Europa en Grecia, está esperando con los brazos abiertos la llegada de esos delfines junto a su madre que se ha quedado en Barcelona con tres compañeros de grupo más.

Los delfines son mamíferos marinos con una fuerte cohesión social, muy inteligentes, con capacidad de autoreconocimiento, poseen una memoria a largo plazo, utilizan diferentes técnicas de caza dependiendo del lugar donde residan y tienen un sofisticado sistema de comunicación, llamándose a cada uno por su “nombre”. Un mamífero con unas conexiones neuronales que les provee de una capacidad emocional superior incluso que la del ser humano. Un depredador cuya vida se basa en nadar decenas de quilómetros al día, en cazar y en mantener unas complejas relaciones sociales, encerrado en una piscina de cemento. Con agua. Nada más. Eso no es enriquecimiento ambiental. ¿En qué se parece una piscina llena de aros, pelotas, ruedas de camión y mangueras donde esconder el pescado congelado “aderezado” con vitaminas…. a las plantas, peces, tortugas, mareas, arena, rocas… que hay en su casa, en el mar? Ningún delfinario, por grande que sea y por mucho que lo intenten los conservadores, proveerá a estos animales de las necesidades básicas para tener un nivel de bienestar tanto físico como emocional aceptable.

España es el país europeo con mayor cantidad de delfinarios: 11 y, si nadie lo remedia, en breve serán 12. Cien de los 300 delfines de toda Europa están en España. De ellos, aproximadamente la mitad son nacidos en cautividad. Lo curioso es que excepto uno, el resto de delfinarios están construídos en poblaciones costeras, desde donde se puede salir para ver a cetáceos de verdad, con su comportamiento de cetáceo y en su casa, el mar.

Que no nos engañen: Los delfinarios no tienen delfines en cautividad para realizar una labor educativa, de investigación y de conservación. Esto lo hacen porque deben cumplir la normativa vigente. Pero el objetivo final, como cualquier empresa, es ganar dinero. Está demostrado que la labor de conservación del delfín mular, con una subespecie en peligro, no se puede llevar a cabo ya que no se puede liberar a mar abierto un delfín nacido en cautividad y al cual no se le ha enseñado a cazar porque, muy probablemente y debido a éste y a otros factores, moriría. La mayoría de las labores de investigación se pueden y deben realizar in situ, en su medio natural, para obtener datos reales y que podamos trasladar a su habitat para poder ayudarles en su casa, no en la nuestra. Y respecto a la educación, no hay nada en un delfinario que no podamos enseñar a un niño mucho mejor de forma digital, con diversos métodos que seguro harían que esos pequeños se empaparan de conocimientos.

No se trata de “ver quién hace la piscina más grande”. En España tenemos aproximadamente 8.000 quilómetros de costa. Podríamos…. No, podríamos no: deberíamos construír santuarios en todo el planeta donde alojar a las poblaciones de delfines que hemos tenido desde hace décadas confinados en nuestras jaulas de cemento, obligándoles a hacer lo que nosotros queremos: entretener al público que paga una entrada. Debemos hacerlo porque se lo debemos. Por tantos años de sufrimiento. Porque ya estamos en el siglo XXI y la manera en la que tratamos al resto de animales debe cambiar. Ya no es tiempo de utilizar a las demás especies a nuestro antojo: ahora es el momento de ayudarlas a recuperar sus ecosistemas. Los mismos que, durante muchísimos años, los humanos nos hemos encargado de destruír.

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Nací en Barcelona y desde que tuve uso de razón quise ser veterinaria. Mis padres, gente humilde, me inculcaron, entre otros tantos maravillosos valores, el de el amor por el resto de animales. Gracias a ellos logré mi objetivo y soy veterinaria especializada en animales domésticos. Mi pasión es el mar y todo lo relacionado con él. He hecho cursos de submarinismo científico, de medicina veterinaria en mamíferos marinos y de atención a varamientos de animales marinos. He sido voluntaria de PROMAR, coordinadora de Sea Shepherd España en el área de Catalunya, y actualmente soy vocal de AVATMA en el área de Catalunya, voluntaria de Associació Cetàcea, miembro del Comité de Protección Animal del Colegio de Veterinarios de Barcelona y colaboro en el Proyecto ZOO XXI.

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Un grupo de personas investigadoras han creado el primer “Think tank” en Derechos Animales.

Procedentes de los ámbitos de comunicación, filosofía, derecho, literatura y sociología de la Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad de Girona, el Centro de Estudios de Ética Animal pretende ser un laboratorio de ideas para todo lo relacionado con el trato que los seres humanos dirigimos a las otras especies del planeta.

También pretende divulgar y promulgar todo tipo investigación y conocimiento que promueva el antiespecismo. Nuria Almirón nos cuenta en esta entrevista que el objetivo final es reducir la crueldad y la violencia existente en la sociedad a partir de la actitud especista que domina en muchísimas áreas.

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En una acción internacional activistas por la liberación animal bloquearon la entrada de camiones que transportaban animales no humanos vivos en los mataderos.

En la organización de la acción se coordinaron activistas independientes locales y el colectivo Pirañas Veganas con grupos por la liberación animal de Canadá, Inglaterra y Estados Unidos. En el estado español se llevo a cabo en mataderos Barcelona y Madrid, donde se consiguieron rescatar a un pollo y a un cerdo respectivamente.

En Barcelona se organizaron tres grupos que actuaron en Rubí, Castellbisbal y L’Hospitalet de Llobregat.

En todas las poblaciones se siguió la misma estrategia. Ante la llegada de los camiones, las activistas bloqueaban de forma pacífica el paso de los camiones llenos de bebés de vacas, ovejas y gallinas. Algunas activistas se encadenaban a los camiones, otras portaban pancartas, otras daban de beber e intentaban consolar a los pequeños condenados a muerte y algunas negociaban la liberación de alguno de los bebés consiguiendo sólo el rescate de un pollo en L’Hospitalet.

En Getafe, tras recibir amenzadas e insultos por parte de los camioneros, el dueño del matadero accedió a entregar un cerdito que los activistas tuvieron que ir a buscar a una granja.

Con estas acciones se pretende mostrar la realidad de los animales considerados de granja e intentar conscienciar a la sociedad de la crueldad y la violencia que conllevan determinados hábitos de consumo.

Los y las participantes esperan que estas acciones estimulen la formación de grupos independientes y la creación de una red internacional para aumentar la actividad por la liberacion animal.

Ahora los dos bebés rescatados tendrán una vida plena en diferentes santuarios.

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Xavi Bayle, ARTivista por los Derechos Animales nos presenta esta charla que ofreció en diciembre de 2015 en Can Batlló de Barcelona.

Consideraciones sobre la Imbécil Ética, o el por qué de las discriminaciones”, es una charla inspirada en el ensayo El Idiota Moral de Norbert Bilbeny, acerca de la banalidad del mal en nuestra historia. Banalidad que encuentra refugio en nuestra relación con las no humanas, pero que procede de la misma fuente que la cometida en discriminación contra nuestra propia especie.

Patología, sintomatología y visualización de la Imbécil Ética así como los motivos que la empujan a hacer y ser.

Foto: Blanca Hernández Jiménez

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El primer paso que deberíamos de dar para defender a alguien, es no contribuir a su sufrimiento. En el caso de los animales es esencial no colaborar con la industria que los asesina, esclaviza y tortura, no posicionarnos en ningún ámbito de nuestra vida, del lado del opresor, del dominador, ya sea en nuestra manera de alimentarnos, de vestirnos o entretenernos. Eso es al menos lo mínimo que deberíamos hacer, no ser causantes de la injusticia ni alimentarla. El segundo paso para tratar de salvar animales inocentes, seria tratar de hacer visible su maltrato, su vulneración de derechos y falta de respeto hacia su vida al mayor numero de personas, para que de esta forma se tome conciencia y la gente pueda tomar decisiones basadas en sus principios morales, de respeto e igualdad, y no basadas en los intereses económicos y egoistas de los que se lucran de su explotación. Hablo de igualdad, porque aunque en muchas cosas somos diferentes a los animales, en muchas otras somos iguales. Todos tenemos intereses similares: deseo de cobijo, de alimento, de estar con nuestras familias y amigos, y sobre todo deseo de no sentir dolor. Esta capacidad de sentir, de sufrir, es lo que nos hace iguales a todos. Según el principio de igualdad el sufrimiento de un individuo debería de ser tenido en cuenta independientemente del sexo, raza o especie de este. Algo tan sencillo como no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros.

Volviendo al tema anterior, ¿cual es la mejor manera de comunicar en nuestro entorno esta idea? la idea de que los animales son susceptibles de ser respetados, son capaces de sentir y sufrir y por eso deberíamos de otorgarlos unos derechos básicos que guarden estos intereses.

A la hora de comunicar a nuestros compañeros la idea de respetar a los animales, deberíamos de tratar ante todo de hacerlo de una manera útil, es muy común entre los veganos pasar por una fase, llamémosla de impacto, de impotencia, cuando abres los ojos y decides ver toda la realidad que antes te negabas a aceptar, esta realidad es tan dura que en ocasiones lleva a tener una actitud demasiado dura con nuestros compañeros humanos, que todavía se encuentran en la el estado de desconocimiento de esta realidad recriminándoles su modo de actuar.

En estos casos deberíamos utilizar nuestra empatía y poniéndonos en su lugar, recordar como solo hace unos pocos años nosotros tambien éramos capaces de consumir los cadáveres de animales a los que decíamos defender, caíamos inconscientemente en esta paradoja moral. Todos cargamos con nuestra historia, la tradición, la costumbre, la conveniencia, la comodidad, las convenciones sociales, todos estos motivos, en ocasiones, pesan tanto que aplastan nuestra capacidad de respetar a los inocentes.

Una corriente, últimamente, insta a tratar nuestra forma de comunicar, como una ciencia o una campaña de marketing, diseñando de esta forma una estrategia que salve al mayor numero de animales, aplicando estudios de psicología y sociología a este campo. Un activismo “útil”. De esta manera se llega a veces a conclusiones un poco contradictorias, por ejemplo, se sugiere que quizás sea más efectivo animar a la gente a reducir su consumo de carne en lugar de hacerse vegana, de esta manera al ser una medida más fácil de llevar a cabo, será adoptada por un mayor numero de personas, y el impacto en la industria será de menos animales ejecutados, que si un pequeño grupo de personas se hace totalmente vegana y solo son capaces de disminuir el consumo de animales en unas pocas unidades. También nos dicen que es más positivo campañas como el lunes sin carne, que pueden ser llevadas a un nivel masivo, que directamente abogar por la erradicación del consumo de ningún cadáver o producto de origen animal, práctica que será adoptada por un grupo reducido.

Por supuesto que los números no mienten con estos estudios y puede que se consiga menos animales explotados y asesinados a corto y medio plazo, pero ¿estamos realmente atacando el problema de raíz? ¿estamos dando a las víctimas el respeto que se merecen?

Vamos a trasladar la metodología de estas campañas a otras desigualdades o problemas de explotación para ver si obraríamos igual. Pongamos el caso de la violencia machista, podríamos sugerir campañas como: “Los lunes no pegues a tu mujer, solamente el resto de la semana” o “pega a tu mujer solamente una vez al día” “lo importante es reducir paulatinamente las palizas”, o “en vez de pegarle, mejor un insulto”. Está claro que esta medida disminuiría el numero de golpes recibidos por las mujeres maltratadas, pero también enviaría el mensaje de que pegar a las mujeres no esta mal, solamente hay que hacerlo con moderación. Estaríamos perdiendo de vista la raíz del problema, y es que la violencia injustificada no está bien bajo ningún concepto y debe de ser totalmente rechazada. Por otra parte trataríamos de dar a las víctimas el respeto que se debe y abordar la magnitud del problema acorde a su gravedad.

No estoy diciendo que campañas que intentan acabar con la explotación, de una manera gradual estén totalmente equivocadas, pero si creo que esta progresividad en los comportamientos debe de ir encaminada siempre a un fin, y este es la renuncia total y absoluta a la dominación y explotación de inocentes. El consumo de animales se sustenta bajo muchas mentiras, y a veces debemos dar luz a la verdad y promover cambios graduales en nuestras costumbres para que sean adoptadas más fácil y rápidamente por el mayor número de personas. Creo que es muy importante incidir que explotación es explotación, aunque sea ejercida a menos individuos o de una manera más suave y esta nunca debe de ser tolerada.

En mi opinión, es útil, por supuesto, reglar y analizar la efectividad de nuestros esfuerzos en el activismo, pero siempre mirando a largo lazo, sin perder la vista en las metas finales y mostrando un respeto total hacia los animales humanos y no humanos. Quizás nuestras metas, la liberación animal y humana, parecen muy lejanas ahora y sea necesario que para despertar las conciencias de la gente sea necesario aplicar cambios graduales, pero nada cambiará hasta que nos demos cuenta que no estamos hablando de números o cifras, sino que estamos hablando de salvar vidas, vidas individuales con un valor intrínseco. Por eso nuestro activismo, nuestra manera de comunicar debería siempre girar en torno hacia ese concepto, cada vida es igual de importante y valiosa que la nuestra.

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Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

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En una acción inédita en Catalunya y el resto del territorio peninsular, activistas independientes y miembros de Pirañas Veganas detuvieron un camión que transportaba vacas al matadero de Mercabarna en Barcelona.

Varias activistas bloquearon el paso del camión con flores poniendo de manifiesto que era una acción pacífica mientras dos más se encadenaban en la parte de atrás y el resto daba agua a los animales, con el objetivo de intentar reconfortarles en sus últimas momentos de vida.

El colectivo Pirañas Veganas, se siente animado a llevar a cabo otras acciones semejantes en los próximos meses dado el soporte popular recibido tras la acción a pesar de no haber conseguido el objetivo inicial.

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