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Hace unos días Gerald Dick, presidente de la WAZA (Asociación Mundial de Zoos y Acuarios) estuvo en Barcelona con el objetivo de preparar el congreso de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios) que tendrá lugar el año que viene en Barcelona.

Bien, empezaré por compartir unos datos sobre el historial de este “caballero”: el poderoso Gerald Dick trabajó, en su día, con la WWF y en proyectos de cooperación medioambiental en América Latina. Esta incoherencia solo se puede explicar con la evidencia de que no se entiende ni él, una vez leída la entrevista que El Periódico le concedió en su paso por la ciudad catalana.

Pero, ¿qué son la EAZA y la WAZA? Son el nexo de unión de muchos zoológicos de Europa y del mundo entero. Se encargan, entre otros trámites y tras el pago de una cuota anual, de gestionar los intercambios entre animales de los diferentes parques zoológicos que están asociados y de inspeccionar periódicamente los parques para comprobar que se ajusten a la normativa actual. Estas dos asociaciones permiten, entre otras barbaridades, que sus asociados realicen el “culling”, práctica que consiste en sacrificar (que no eutanasiar, hay una gran diferencia) las crías de cualquier especie que nazca en las instalaciones, entre otros motivos, como medida de control de la población. No hace mucho la asociación animalista LIBERA! denunció el sacrificio de una cría de nilgo que se encontraba en perfectas condiciones. La respuesta: “eso es legal”.

La última gracia perpetrada en el zoológico de Barcelona ha sido el traslado de dos delfines al Oceanográfico de Valencia, hace diez días. Cierto es que el delfinario de Barcelona es un lugar completamente inadecuado para los seis delfines que malviven en ese recinto desde hace ya demasiados años. La EAZA convino el 2018 como plazo máximo para adecuar las instalaciones con el objetivo de mejorar el bienestar de esos delfines. La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, con muy buen criterio, decidió que Barcelona no iba a gastar diez millones de euros en hacer otro delfinario. En la mesa había dos opciones: el traslado a otro delfinario o a un santuario de delfines. A día de hoy, dos de los delfines de Barcelona han caído en las garras del lamentable Oceanogràfic que tiene, entre otros cetáceos, dos belugas que fueron un día arrancadas de su hogar, el mar del Norte, y ahora están intentando sobrellevar su impuesta cautividad en unas condiciones deplorables. Una asociación, Archipelagos, que se puso en contacto con FAADA y que está preparando lo que sería el primer santuario de cetáceos de Europa en Grecia, está esperando con los brazos abiertos la llegada de esos delfines junto a su madre que se ha quedado en Barcelona con tres compañeros de grupo más.

Los delfines son mamíferos marinos con una fuerte cohesión social, muy inteligentes, con capacidad de autoreconocimiento, poseen una memoria a largo plazo, utilizan diferentes técnicas de caza dependiendo del lugar donde residan y tienen un sofisticado sistema de comunicación, llamándose a cada uno por su “nombre”. Un mamífero con unas conexiones neuronales que les provee de una capacidad emocional superior incluso que la del ser humano. Un depredador cuya vida se basa en nadar decenas de quilómetros al día, en cazar y en mantener unas complejas relaciones sociales, encerrado en una piscina de cemento. Con agua. Nada más. Eso no es enriquecimiento ambiental. ¿En qué se parece una piscina llena de aros, pelotas, ruedas de camión y mangueras donde esconder el pescado congelado “aderezado” con vitaminas…. a las plantas, peces, tortugas, mareas, arena, rocas… que hay en su casa, en el mar? Ningún delfinario, por grande que sea y por mucho que lo intenten los conservadores, proveerá a estos animales de las necesidades básicas para tener un nivel de bienestar tanto físico como emocional aceptable.

España es el país europeo con mayor cantidad de delfinarios: 11 y, si nadie lo remedia, en breve serán 12. Cien de los 300 delfines de toda Europa están en España. De ellos, aproximadamente la mitad son nacidos en cautividad. Lo curioso es que excepto uno, el resto de delfinarios están construídos en poblaciones costeras, desde donde se puede salir para ver a cetáceos de verdad, con su comportamiento de cetáceo y en su casa, el mar.

Que no nos engañen: Los delfinarios no tienen delfines en cautividad para realizar una labor educativa, de investigación y de conservación. Esto lo hacen porque deben cumplir la normativa vigente. Pero el objetivo final, como cualquier empresa, es ganar dinero. Está demostrado que la labor de conservación del delfín mular, con una subespecie en peligro, no se puede llevar a cabo ya que no se puede liberar a mar abierto un delfín nacido en cautividad y al cual no se le ha enseñado a cazar porque, muy probablemente y debido a éste y a otros factores, moriría. La mayoría de las labores de investigación se pueden y deben realizar in situ, en su medio natural, para obtener datos reales y que podamos trasladar a su habitat para poder ayudarles en su casa, no en la nuestra. Y respecto a la educación, no hay nada en un delfinario que no podamos enseñar a un niño mucho mejor de forma digital, con diversos métodos que seguro harían que esos pequeños se empaparan de conocimientos.

No se trata de “ver quién hace la piscina más grande”. En España tenemos aproximadamente 8.000 quilómetros de costa. Podríamos…. No, podríamos no: deberíamos construír santuarios en todo el planeta donde alojar a las poblaciones de delfines que hemos tenido desde hace décadas confinados en nuestras jaulas de cemento, obligándoles a hacer lo que nosotros queremos: entretener al público que paga una entrada. Debemos hacerlo porque se lo debemos. Por tantos años de sufrimiento. Porque ya estamos en el siglo XXI y la manera en la que tratamos al resto de animales debe cambiar. Ya no es tiempo de utilizar a las demás especies a nuestro antojo: ahora es el momento de ayudarlas a recuperar sus ecosistemas. Los mismos que, durante muchísimos años, los humanos nos hemos encargado de destruír.

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Nací en Barcelona y desde que tuve uso de razón quise ser veterinaria. Mis padres, gente humilde, me inculcaron, entre otros tantos maravillosos valores, el de el amor por el resto de animales. Gracias a ellos logré mi objetivo y soy veterinaria especializada en animales domésticos. Mi pasión es el mar y todo lo relacionado con él. He hecho cursos de submarinismo científico, de medicina veterinaria en mamíferos marinos y de atención a varamientos de animales marinos. He sido voluntaria de PROMAR, coordinadora de Sea Shepherd España en el área de Catalunya, y actualmente soy vocal de AVATMA en el área de Catalunya, voluntaria de Associació Cetàcea, miembro del Comité de Protección Animal del Colegio de Veterinarios de Barcelona y colaboro en el Proyecto ZOO XXI.

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Un grupo de personas investigadoras han creado el primer “Think tank” en Derechos Animales.

Procedentes de los ámbitos de comunicación, filosofía, derecho, literatura y sociología de la Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad de Girona, el Centro de Estudios de Ética Animal pretende ser un laboratorio de ideas para todo lo relacionado con el trato que los seres humanos dirigimos a las otras especies del planeta.

También pretende divulgar y promulgar todo tipo investigación y conocimiento que promueva el antiespecismo. Nuria Almirón nos cuenta en esta entrevista que el objetivo final es reducir la crueldad y la violencia existente en la sociedad a partir de la actitud especista que domina en muchísimas áreas.

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En una acción internacional activistas por la liberación animal bloquearon la entrada de camiones que transportaban animales no humanos vivos en los mataderos.

En la organización de la acción se coordinaron activistas independientes locales y el colectivo Pirañas Veganas con grupos por la liberación animal de Canadá, Inglaterra y Estados Unidos. En el estado español se llevo a cabo en mataderos Barcelona y Madrid, donde se consiguieron rescatar a un pollo y a un cerdo respectivamente.

En Barcelona se organizaron tres grupos que actuaron en Rubí, Castellbisbal y L’Hospitalet de Llobregat.

En todas las poblaciones se siguió la misma estrategia. Ante la llegada de los camiones, las activistas bloqueaban de forma pacífica el paso de los camiones llenos de bebés de vacas, ovejas y gallinas. Algunas activistas se encadenaban a los camiones, otras portaban pancartas, otras daban de beber e intentaban consolar a los pequeños condenados a muerte y algunas negociaban la liberación de alguno de los bebés consiguiendo sólo el rescate de un pollo en L’Hospitalet.

En Getafe, tras recibir amenzadas e insultos por parte de los camioneros, el dueño del matadero accedió a entregar un cerdito que los activistas tuvieron que ir a buscar a una granja.

Con estas acciones se pretende mostrar la realidad de los animales considerados de granja e intentar conscienciar a la sociedad de la crueldad y la violencia que conllevan determinados hábitos de consumo.

Los y las participantes esperan que estas acciones estimulen la formación de grupos independientes y la creación de una red internacional para aumentar la actividad por la liberacion animal.

Ahora los dos bebés rescatados tendrán una vida plena en diferentes santuarios.

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Xavi Bayle, ARTivista por los Derechos Animales nos presenta esta charla que ofreció en diciembre de 2015 en Can Batlló de Barcelona.

Consideraciones sobre la Imbécil Ética, o el por qué de las discriminaciones”, es una charla inspirada en el ensayo El Idiota Moral de Norbert Bilbeny, acerca de la banalidad del mal en nuestra historia. Banalidad que encuentra refugio en nuestra relación con las no humanas, pero que procede de la misma fuente que la cometida en discriminación contra nuestra propia especie.

Patología, sintomatología y visualización de la Imbécil Ética así como los motivos que la empujan a hacer y ser.

Foto: Blanca Hernández Jiménez

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El primer paso que deberíamos de dar para defender a alguien, es no contribuir a su sufrimiento. En el caso de los animales es esencial no colaborar con la industria que los asesina, esclaviza y tortura, no posicionarnos en ningún ámbito de nuestra vida, del lado del opresor, del dominador, ya sea en nuestra manera de alimentarnos, de vestirnos o entretenernos. Eso es al menos lo mínimo que deberíamos hacer, no ser causantes de la injusticia ni alimentarla. El segundo paso para tratar de salvar animales inocentes, seria tratar de hacer visible su maltrato, su vulneración de derechos y falta de respeto hacia su vida al mayor numero de personas, para que de esta forma se tome conciencia y la gente pueda tomar decisiones basadas en sus principios morales, de respeto e igualdad, y no basadas en los intereses económicos y egoistas de los que se lucran de su explotación. Hablo de igualdad, porque aunque en muchas cosas somos diferentes a los animales, en muchas otras somos iguales. Todos tenemos intereses similares: deseo de cobijo, de alimento, de estar con nuestras familias y amigos, y sobre todo deseo de no sentir dolor. Esta capacidad de sentir, de sufrir, es lo que nos hace iguales a todos. Según el principio de igualdad el sufrimiento de un individuo debería de ser tenido en cuenta independientemente del sexo, raza o especie de este. Algo tan sencillo como no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros.

Volviendo al tema anterior, ¿cual es la mejor manera de comunicar en nuestro entorno esta idea? la idea de que los animales son susceptibles de ser respetados, son capaces de sentir y sufrir y por eso deberíamos de otorgarlos unos derechos básicos que guarden estos intereses.

A la hora de comunicar a nuestros compañeros la idea de respetar a los animales, deberíamos de tratar ante todo de hacerlo de una manera útil, es muy común entre los veganos pasar por una fase, llamémosla de impacto, de impotencia, cuando abres los ojos y decides ver toda la realidad que antes te negabas a aceptar, esta realidad es tan dura que en ocasiones lleva a tener una actitud demasiado dura con nuestros compañeros humanos, que todavía se encuentran en la el estado de desconocimiento de esta realidad recriminándoles su modo de actuar.

En estos casos deberíamos utilizar nuestra empatía y poniéndonos en su lugar, recordar como solo hace unos pocos años nosotros tambien éramos capaces de consumir los cadáveres de animales a los que decíamos defender, caíamos inconscientemente en esta paradoja moral. Todos cargamos con nuestra historia, la tradición, la costumbre, la conveniencia, la comodidad, las convenciones sociales, todos estos motivos, en ocasiones, pesan tanto que aplastan nuestra capacidad de respetar a los inocentes.

Una corriente, últimamente, insta a tratar nuestra forma de comunicar, como una ciencia o una campaña de marketing, diseñando de esta forma una estrategia que salve al mayor numero de animales, aplicando estudios de psicología y sociología a este campo. Un activismo “útil”. De esta manera se llega a veces a conclusiones un poco contradictorias, por ejemplo, se sugiere que quizás sea más efectivo animar a la gente a reducir su consumo de carne en lugar de hacerse vegana, de esta manera al ser una medida más fácil de llevar a cabo, será adoptada por un mayor numero de personas, y el impacto en la industria será de menos animales ejecutados, que si un pequeño grupo de personas se hace totalmente vegana y solo son capaces de disminuir el consumo de animales en unas pocas unidades. También nos dicen que es más positivo campañas como el lunes sin carne, que pueden ser llevadas a un nivel masivo, que directamente abogar por la erradicación del consumo de ningún cadáver o producto de origen animal, práctica que será adoptada por un grupo reducido.

Por supuesto que los números no mienten con estos estudios y puede que se consiga menos animales explotados y asesinados a corto y medio plazo, pero ¿estamos realmente atacando el problema de raíz? ¿estamos dando a las víctimas el respeto que se merecen?

Vamos a trasladar la metodología de estas campañas a otras desigualdades o problemas de explotación para ver si obraríamos igual. Pongamos el caso de la violencia machista, podríamos sugerir campañas como: “Los lunes no pegues a tu mujer, solamente el resto de la semana” o “pega a tu mujer solamente una vez al día” “lo importante es reducir paulatinamente las palizas”, o “en vez de pegarle, mejor un insulto”. Está claro que esta medida disminuiría el numero de golpes recibidos por las mujeres maltratadas, pero también enviaría el mensaje de que pegar a las mujeres no esta mal, solamente hay que hacerlo con moderación. Estaríamos perdiendo de vista la raíz del problema, y es que la violencia injustificada no está bien bajo ningún concepto y debe de ser totalmente rechazada. Por otra parte trataríamos de dar a las víctimas el respeto que se debe y abordar la magnitud del problema acorde a su gravedad.

No estoy diciendo que campañas que intentan acabar con la explotación, de una manera gradual estén totalmente equivocadas, pero si creo que esta progresividad en los comportamientos debe de ir encaminada siempre a un fin, y este es la renuncia total y absoluta a la dominación y explotación de inocentes. El consumo de animales se sustenta bajo muchas mentiras, y a veces debemos dar luz a la verdad y promover cambios graduales en nuestras costumbres para que sean adoptadas más fácil y rápidamente por el mayor número de personas. Creo que es muy importante incidir que explotación es explotación, aunque sea ejercida a menos individuos o de una manera más suave y esta nunca debe de ser tolerada.

En mi opinión, es útil, por supuesto, reglar y analizar la efectividad de nuestros esfuerzos en el activismo, pero siempre mirando a largo lazo, sin perder la vista en las metas finales y mostrando un respeto total hacia los animales humanos y no humanos. Quizás nuestras metas, la liberación animal y humana, parecen muy lejanas ahora y sea necesario que para despertar las conciencias de la gente sea necesario aplicar cambios graduales, pero nada cambiará hasta que nos demos cuenta que no estamos hablando de números o cifras, sino que estamos hablando de salvar vidas, vidas individuales con un valor intrínseco. Por eso nuestro activismo, nuestra manera de comunicar debería siempre girar en torno hacia ese concepto, cada vida es igual de importante y valiosa que la nuestra.

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Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

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En una acción inédita en Catalunya y el resto del territorio peninsular, activistas independientes y miembros de Pirañas Veganas detuvieron un camión que transportaba vacas al matadero de Mercabarna en Barcelona.

Varias activistas bloquearon el paso del camión con flores poniendo de manifiesto que era una acción pacífica mientras dos más se encadenaban en la parte de atrás y el resto daba agua a los animales, con el objetivo de intentar reconfortarles en sus últimas momentos de vida.

El colectivo Pirañas Veganas, se siente animado a llevar a cabo otras acciones semejantes en los próximos meses dado el soporte popular recibido tras la acción a pesar de no haber conseguido el objetivo inicial.

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Foto: Pirañas Veganas

En vísperas de las celebraciones de Navidad, durante las que el consumo de animales se dispara, un grupo de activistas antiespecistas junto con miembros del colectivo Pirañas Veganas llevaron a cabo tres acciones, el mismo dia, en espacios símbólicos del consumo navideño en Barcelona.

La primera acción se desarrolló en el súpermercado de El Corte Inglés, la segunda en el mercado de La Boqueria y la tercera en el Bar-Restaurante y Museo Jamón Experience.

En todas ellas el grupo de activistas recorrieron los locales con pancartas y carteles y con consignas como “Basta ya de explotación animal” para informar a la clientela sobre el sufrimiento de los animales y su voluntad de vivir, ser libres y no padecer, con el objetivo común de reflejar que la Navidad, si se cree en ella, debe ser igual para todos y todas.

En los puntos más concurridos de cada centro se leyó un manifiesto que explicaba el testimonio de un cerdito para concienciar y promover el veganismo.

Entre las personas que realizaban sus compras de productos animales se vieron reacciones de todo tipo incluyendo el apoyo.

El colectivo Pirañas Veganas asegura que llevarán a cabo más acciones -siempre de forma pacífica- por el fin de la esclavitud.

 

Acción en El Corte Inglés:

 

Acción en la Boqueria:

 

Acción en el restaurante:

 

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El 13 de diciembre de 1916, en la localidad de Erwin (Tenesse), el director de circo Charlie Sparks ordenó ahorcar públicamente a una de sus elefantas. Durante un desfile callejero, Mary, aquejada de un fuerte dolor de muelas, fue aguijoneada en la boca por el gancho del entrenador que la montaba, lo cual provocó su pánico y el que con su trompa lo estrellara contra el suelo. El circo fue boicoteado por la población local, y la sed de venganza de la masa asistente, incapaz de comprender nada, exigía el linchamiento inmediato del paquidermo, hasta que dicho director accedió, cobrando una entrada para el espectáculo como modo de compensar la pérdida económica de su propiedad. Con una grúa y ante la mirada golosa de tres mil personas, colgaron del cuello a Mary, que se sacudía desesperada y que logró que sus cinco toneladas rompieran la cadena que la ahorcaba. La multitud frustrada y exacerbada, reclamaba a gritos “mata al elefante”, “mata al elefante”. Fue colgada una segunda vez, hasta su muerte.

Muchas personas, ciegas al concepto de La Ley como máximo exponente de civilización, advierten que los derechos para las no humanas, al igual que para las humanas, deben conllevar una reciprocidad de deberes, como en el caso de Mary, cuyo deber era no reaccionar así porque para ello le fue destruida la voluntad y convertida en esclava. De ese modo a un caballo le es permitido vivir si a cambio trabaja arrastrando un carro o un arado, un oso puede ser alimentado, si a cambio realiza grotescas acrobacias, o un perro tiene derecho a vivir para la sociedad, siempre y cuando tenga una dueña o sirva a una humana invidente, o vea pasar su vida atado a una cadena o sea acribillada en acciones antiterroristas de la policía. Aplicando en todo momento un supuesto beneficio hacia las no humanas basándonos en ese miserable mundo de pactos de esclavitud que llamamos civilización humana.

Inventamos la presunción de inocencia para el ser humano, pretendiendo que ello nos haría mejores. No nos ha ido demasiado bien desde aquel momento, sobretodo porque paralelamente a nuestra presunción de inocencia, creamos la presunción de culpa para las demás especies animales, argumentando nuestra teórica superioridad ética e intelectual, según modelos de ética e intelectualidad antropocéntricos. La culpa pesa sobre los otros animales como una losa gruesa, la cual usamos de escalón para subir un palmo por encima de la tierra y coquetear con la idea de acercarnos al cielo divino. Nuestra divinidad es un espejismo con el cual poder disponer del planeta y sus vecinas a nuestro antojo. Y nuestro antojo no les resulta barato, como sabemos.

Les cargamos a las no humanas la culpa de ser sabrosas, de ser fuertes, de tener morfologías similares a las nuestras, de funciones orgánicas idénticas, les cargamos con la culpa de poseer pieles gruesas suaves y calientes, culpables de fiereza en defensa de nuestras posesiones o ideas, culpables de ingenuidad sobretodo, por someterse incrédulas a nuestra degeneración. Precisamente. Las culpamos de nuestras culpabilidades y carencias.

Pero la presunción de inocencia en nuestra especie es errónea. Somos una jovencísima protoespecie con un largo camino evolutivo por delante, desde el plano ético hasta el fisiológico. La imbecilidad ética y la banalidad del mal señorean las sociedades, y por eso necesitamos reglamentos morales para las más sensibles y comprensibles, y leyes, para las temerarias y criminales. Aparenta ingenuo decir que somos malas, infantil incluso, porque la maldad se ha enaltecido como un valor añadido en la sociedad contemporánea, algo así como un sinónimo de rebeldía, al igual que enaltecemos la ambición y la astucia para lograr nuestros objetivos personales. Pero lo cierto es que la maldad representa el cien por cien de los desastres inter y extraespecíficos que provocamos. Talamos selvas porque somos malas, violamos niñas porque somos malas, encerramos y ejecutamos no humanas porque somos malas, justificamos el fascismo porque somos malas, nos matamos y usamos entre nosotras porque somos malas y, en resumen, rompemos todos los códigos de armonía social porque somos malas. Por eso se inventó la penitencia religiosa, la misa en domingo, la limosna, el saludo vecinal, la sonrisa, o los “buenos días”, etc… para convencernos entre nosotras que no somos “tan” malas. O acaso que somos malas-buenas o algún oxímoron semejante.

La presunción de inocencia hay que ganársela, como el respeto. La ingenuidad que pretendo afirmando esto es la de las no humanas, inocentes, ininteligibles, mejores. Y no, no estoy idealizando el mundo animal. Estoy informada de los comportamientos aparentemente mezquinos de las interrelaciones entre individuas de otras diversas especies animales (violaciones, asesinatos, mentiras, “crueldad”…). Pero en nuestras sociedades y culturas hemos pactado mediante estamentos que abarcan desde lo cultural, lo religioso, o lo jurídico que mentir es malo, que engañar o aprovecharse de una debilidad para robar dinero, sexo o favores es malo. Sin embargo son acciones cometidas a diario, por las individuas y por los estados, mediante un comportamiento perverso comprendido, codificado y naturalizado en nuestra cotidianeidad hasta formar una amalgama ósea que hace el papel de un verdadero esqueleto social bajo el descargo popular de “el mundo es así”. Lo peor de todo es que nos sostiene, tambaleantes, homicidas, crueles, criminales en un inestable equilibrio sobre el curso de las circunstancias, a cual más horrible.

Llegados a este punto y concretando: si debemos convivir con las no humanas -habida cuenta de que sólo existe un planeta común-, y no sabemos respetar las exigencias características de las demás especies, y sus necesidades primarias (hasta el punto de extinguir miles de especies cada año), se hace imponderable establecer unos derechos éticos y jurídicos fundamentales para ellas también, como individuas pasivas de derecho sin deberes, como los son las niñas o las personas enajenadas sin conciencia de nuestras reglas de convivencia. Les debemos dichos derechos porque son personas, porque poseen personalidad, individualidad, conciencia de sí mismas y de su entorno, y sobretodo porque son seres sintientes. ¿Cuáles deben ser dichos derechos?. El primero su derecho a vivir, el segundo su derecho a la libertad (y no invadir los territorios donde lo hacen), y el tercero su derecho a no ser vulneradas. Entendiendo todo ello como derechos de nacimiento, como los nuestros, y que no conllevan el derecho a votar en nuestras elecciones, pero tampoco el deber de pagar impuestos, por ejemplo. Son derechos universales y fundamentales, al margen de toda concepción de reciprocidad jurídica, pero deben tener validez en las leyes, para poder regular nuestro (mal) comportamiento para con las demás especies. Un mal comportamiento que asesina, viola, tortura y masacra a 68.000 millones de personas no humanas cada año, con la más aberrante impunidad.

Una vez decretados y regulados dichos tres derechos fundamentales, la primera medida obligatoria consiste en la prohibición inmediata del consumo de carne y otros productos de origen animal, así como la estabulación y acoso a cualquier persona no humana.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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