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En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde detrás del uso de animales por diversión y, muy especialmente, de lo que llaman “deportes tradicionales”. Fue mientras hablaba del tiro y arrastre y de la colombicultura, dos prácticas que gozan de una “buena imagen” que se han ganado escondiendo lo que realmente son. Como dice Raquel Aguilar, se han valido de la figura del agricultor en el imaginario colectivo, un hombre bueno que trabaja y suda junto a su caballo, hace volar palomas y festeja la cosecha corriedo toros.

Lejos de ello, el tiro y arrastre es un espectáculo lamentable hecho con caballos que evidencian una indefensión aprendida perfectamente resumida en la frase de un famoso carretero: “¡el miedo guarda la viña!”. Los golpes “reglamentarios” con las varas van acompañados de fuertes palmadas con la mano abierta que dejan paso a los puñetazos e, incluso, a las patadas. Los animales las reciben en la cabeza, el cuello, el lomo, en la barriga, los testículos, en las patas…

Todo, en medio de esa letanía de gritos en la oreja del animales, de todas las clases de insultos y amenazas que ponen a los animales en estado de alerta, desesperados por encontrar la forma de escapar de lo que temen. Ese es el espectáculo que ven niños y niñas, lo que hay más allá de las fotos artísticas que quieren representar la falsa unión de animal y carretero en el esfuerzo. Escribo hombres, porque son hombres los que lo hacen.

Y, en cuanto a la colombicultura, lo que esconden es esa violación en grupo por delegación, representada una y otra vez en las sueltas y las competiciones. En estas últimas, una hembra que no debe ser “reconocida o enseñada”, si no es estrictamente necesario (Reglamento de competición de la Federación de Colombicultura de la Comunidad Valenciana (FCCV). Art. 35), es perseguida por una piña o “pilot” de machos que difícilmente será inferior a 25 individuos y que puede superar los 75, todos ellos adiestrados y para hacer lo que, según el reglamento, es una “muestra de cielo, constancia y habilidad en los métodos de seducción” (art. 1.a).

Todos ellos han sido reprogramados para manipular los rituales de cortejo de la especie y convertirlos en una persecución permanente. Como es prácticamente imposible que se inicie un apareamiento con una hembra sitiada y, sencillamente, enterrada bajo un gran número de machos, todo consiste en conseguir que estos superen a los otros competidores pasando “todo el tiempo que sea posible” junto a la hembra, acumulando puntos según un sistema que valora los gestos de imposición sobre ella, entre los que están picar la cabeza.

No existen imágenes de las hembras utilizadas en estas prácticas. Los propios practicantes han elaborado un “sistema de protección” que consiste en pegar en la cabeza de la hembra un capuchón hecho de cartulina. Con este invento, que pegan con pegamento y, teóricamente, arrancan después de la competición, pretenden mejorar la imagen de la externa de la colombicultura.

Estando entre esta gente mientras hacen lo que hacen, te sumerges en su realidad patriarcal, machista y tan unívocamente heteronormativa como homoafectiva, como explica Marilyn Frye. Si no fuera por lo que están haciendo, incluso haría gracia ver cómo son de felices en medio de esa especie de forocoches presencial, buscando permanentemente la atención, la aprobación, el consentimiento y el contacto con los demás hombres. Y haría más gracia aún en medio de un concurso de tiro y arrastre, con esa extraña obsesión por saltarse la normativa de indumentaria que los obliga a llevar la “blusa de competición” para ir lo más desnudos mejor, exhibiendo su cuerpo sudoroso y ennegrecido por el sol.

Eso si, como machos patriarcales y heteronormativos que son, muestran descarnadamente esta identidad. Y, lo que es más desconcertante, parece que los animales tengan un papel ritual o simbólico, ya que proyectan esta masculinidad sobre los animales machos que hacen de machos y que utilizan como proyecciones tanto a las hembras como a los machos que hacen el papel femenino.

Queda muy clara con los palomos machos, a los que convierten en “sólitos”, expertos, seguros y convencidos, que llevan la voz cantante por encima de una hembra desconocedora de todo lo que ellos saben… Y que lo hacen en “manada”, en grandes grupos y contra una sola hembra, mientras los hombres propietarios, “los deportistas”, miran complacidos y dicen que todo se trata de “habilidad, constancia, seducción y galantería”.

En el caso de los caballos, lo que vemos más claramente es como el animal puede servir para proyectar la masculinidad y la feminidad normativa al mismo tiempo. Por un lado, son los grandes caballos de tiro, machos de una virilidad gigante y que se llega a desbordar mientras caminan o les hacen calentar por los alrededores de la pista de competición, con todos los músculos del cuerpo marcados, competitivos y con una fuerza que los hace hacer grandes proezas. Por otra, son los seres miedosos, silenciosos, prudentes, con la cabeza baja, los que tienen que obedecer de manera diligente e inmediata al macho que sabe lo que debe hacer si no quieren sufrir las consecuencias, porque el macho nunca equivoca y nunca tiene la culpa de nada. Son a los que los machos tratan e insultan en femenino.

Pasa igual con las palomas y los toros, que deben tener todo lo que esperan de un macho y someterse como esperan que lo haga una hembra. Los “bous al carrer”, por ejemplo, combinan el linchamiento de hembras, los más numerosos porque las vaquillas son la modalidad más barata, con el de los machos, que tienen como máxima expresión el toro cerril. Es un gran animal de planta impresionante que exhiben con orgullo en los carteles con los cuernos, el cuello, el morrillo, la musculatura … Y, después, lo encierran, la impiden huir que es lo que quisiera, lao persiguen y lo acosan en grupo, lo derrotan, lo sometan a su masculinidad en una lucha que tenían ganada desde el principio. Lo “feminizan” y, cuando han terminado, lo envían al matadero.

No llevan nada bien que la proyección no funcione. No soportan que el caballo no tire del carro y que no obedezca, que el toro se quede parado y no envestisca, o que el palomo no sea “hábil, seductor, galante y constante”. En el reglamento de colombicultura, tienen un artículo descalificador de machos en competición que persiguen machos en lugar de ir a por la hembra, o que son perseguidos por machos que se distraen de la hembra. El artículo habla de “inequívoca desviación sexual”, diferenciada entre activa y pasiva, que es peor “en caso de observar la actitud reincidente”[1]. Es el palomo maricón, protagonista de la pesadilla del niño paloma.

Con los animales, las cosas son como ellos quieren que sean, sin un feminismo que los cuestione ni unas leyes que se lo pongan difícil. Los animales son los hombres superiores y las mujeres sumisas de su imaginario, como ocurre cuando cuentan sus batallitas y chistes de barra de bar o de vestuario de gimnasio. Después, ante el mundo real, pueden negar categóricamente estas relaciones, y mostrarse como las personas más civilizadas del mundo, que nunca han roto un plato. Lo evidencian, por ejemplo, cuando se prestan a hacer debates o cuando s’autovictimizan ante los medios de comunicación.

Estas competiciones son una ventana con vistas a esa patética masculinidad expresada con y a través de los animales. Como hombre con todas las características propias del género normativo, como si fuera uno de ellos y con un abismo entre nosotros, he pasado horas y horas viviendo esas realidades de cerca, viendo cosas que me resultan insoportables e incrementando mi “vergüenza de género “.

[1] Reglamento de competición… Art. 18. Funciones del equipo arbitral. e) Mandar cerrar los palomos que por lesión, enfermedad entorpezcan el desarrollo de la competición. En el supuesto de que algún palomo participante demuestre a juicio de los árbitros una actitud inequívoca de desviación sexual, persiguiendo insistentemente a otros palomos participantes o siendo perseguido por ellos, el árbitro procederá a descalificar dicho(-s) palomo(-s), realizando un primer aviso el primer día queadvierta dicha desviación sexual, retirando el palomo de la prueba y dejando de puntuar el mismo a partir de dicho momento. Dicho palomo podrá participar o ser soltado en la siguiente prueba, pero el árbitro ordenará su retirada definitiva en caso observar la actitud reincidente en dicha prueba.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

1505

Angry Bird ya está en su nuevo hogar. Allí estará rodeado de los suyos, verá todas las madrugadas y respirará el aire puro de la montaña con la seguridad y confianza de su palomar, una maravilla con una bonita puerta de madera siempre abierta, que cada día le dirá que es libre de salir y de volver a entrar a reencontrarse con su comida y su rinconcito. Allí será quien debe ser y nunca pudo ser dentro de la jaula más grande que pudimos encontrar, siempre encerrado y siempre a solas.

Es una paloma enorme. La primera vez que lo ví estaba lejos de mí. Cuando la perra Olaia lo encontró y él extendió las alas para intentar huir, pensé que era un pato de los que se refugian en el pequeño humedal cercano. La enorme herida abierta que tenía en la espalda y sus plumas cortadas, además del dolor, el hambre y el cansancio, no lo dejaban volar. Suerte que Olaia no lleva sus nervios y su curiosidad más allá de oler y mirar.

Las plumas remeras de las alas son, junto con las timoneras de la cola, las plumas de vuelo de las aves. Son largas y resistentes, y las de Angry tienen una caña muy fuerte y, a la vez, muy ligera, llena de aire. Son muy distintas a las plumas pequeñas y ligeras que le cubren el cuerpo. Las de las alas del Angry estaban cortadas casi por la mitad, con una forma recta para que no volara. Por suerte, las acabará cambiando por unas nuevas y, entonces, podrá volar de nuevo.

No sabemos quien la atacó, si una rapaz, una gaviota, un gato… Tampoco sabemos cómo es que una paloma que no puede volar, porque alguien no quería que volara, acabó allí y así. No sabemos cómo es que consiguió sobrevivir. La tuvimos que alimentar con bolitas de pienso molido y mojado, y darle el agua con una jeringuilla. Sólo tardó tres días en comer y beber a solas, y en unas pocas semanas no quedaba nada de aquella herida tan fea. Y empezó a bailar cada vez que entrábamos a su habitación, con el buche completamente hinchado y las plumas del cuello levantadas como si fuera un jefe guerrero.

Al parecer, pertenece a una de las muchísimas razas de lo que llaman palomas de raza, “ornamentales” o, incluso, “de fantasía”[1]. Por supuesto, no existen en la naturaleza, son cruces creados por los seres humanos a partir de unas pocas razas primigenias, también creadas por los humanos para explotarlas con determinados usos, principalmente como mensajeras, para engordarlas y comérselas o para la caza. En este caso, eran utilizadas para alimentar y entrenar rapaces, como cebo o, directamente, como arma de caza. Siempre se han adiestrado palomas de cualquier sexo para aprovechar sus cortejos, ya que podían atraer palomas salvajes al palomar que, así, se capturaban con facilidad.

Ahora, como ocurre con las razas de perros y sus pedigrís, son mayoritariamente caprichos, hobbies y negocios. Existen campeonatos y exhibiciones, donde los criadores y aficionados (como siempre, es difícil encontrar mujeres haciendo todo esto) muestran sus candidatos y hablan de sus técnicas de cría en busca de la “paloma perfecta”, dentro de los estándares de raza. Así, multiplican los cruces de individuos con “tipos fiables” y, llegado el caso, recurren a la consanguinidad para mantener y reforzar determinadas características y “tipos”, aprovechando lo que consideran como individuos fuertes.

Sólo en Europa, están reconocidas más de 400 razas distintas, múltiples variantes a partir de una gran diversidad de características y formas, que nuestra veterinaria llamó “mutaciones”. Varían las alturas, los tamaños y los pesos de los animales. Varía la forma, el tamaño, la anchura o la longitud de la cabeza, del pico, de las carúnculas nasales, los buches, los cuellos o de las patas. Varían enormemente los plumajes y, aún más, sus coloraciones. Pueden haber animales con viseras y dobles viseras de plumas sobre los ojos; también pueden haber “melenas” de plumas alrededor del cuello, haciendo efectos como de bufanda o de abrigo de pieles; hay de palomas que pueden tener las patas completamente emplumadas, hasta tapar los dedos y las garras.

Todas estas razas, han sido subdivididas en 10 grupos. Entre las que incluyen más diversidad, están las que se caracterizan por su gran buche, siempre hinchado y redondeado. Entre las de “tipo gallina” está la raza más criada en el mundo: la Modena. Suelen ser muy grandes, desarrolladas a partir de razas criadas para la producción cárnica. Su “parada” (postura natural) con su cuerpo corto y su cuello largo, hace que parecen gallinas pequeñas.

Las palomas de color, que también agrupan más de 80 razas, combinan una gran diversidad de éstos y, con la combinación de los de las diferentes plumas, pueden hacer dibujos uniformes o geométricos (sobre todo, en las alas). En los de estructura lo que se busca es su parada, pero también se desarrollan elementos característicos como colas de pavo real o enormes viseras y cofias. Pasa lo mismo con las palomas de forma, donde la parada se combina con características formas de la cabeza, del pico o de las patas.

De los grupos con menos diversidad de razas, destacan el de las palomas carunculadas que, obviamente, busca el desarrollo deforme de las carúnculas nasales, a menudo en crecimiento permanente durante toda la vida del animal. Otra horrible deformidad es el de las palomas encorbatadas, con picos que se prolongan desde los frente hacia abajo, sin ningún ángulo, y que a menudo son prácticamente inexistentes.

Finalmente están las razas caracterizadas por cuestiones no relacionadas con su aspecto, a pesar de que ya no se crían para otra cosa que para la exhibición. Las palomas tambores reciben su nombre de un arrullo muy característico: el canto de estas palomas recuerda el sonido de un tambor. Por su parte, las palomas de vuelo alto pueden llegar a ser un diminuto punto en el cielo, si es que alguna vez las dejan volar. Destacan las palomas volteadoras que, mientras vuelan, se dejan caer a peso muerto y dando vueltas, como si un cazador las hubiera abatido, antes de recuperar el vuelo normal (que también puede incorporar más vueltas). Incluso hay una raza, de origen estadounidense, que pierde la capacidad de volar a los 6 meses y que hace todo esto por tierra, mientras corre y camina.

Como siempre, lo más terrible es lo que esconden las apariencias, los espectáculos o las buenas palabras de los criadores. Las deformidades generadas por algunas de estas razas impiden a los individuos alimentar a sus crías y obliga a utilizar palomas nodriza. Esto ocurre especialmente entre las razas de pico casi inexistente y entre las de buche grande, que también se pueden distendir y deformar aún más, haciendo que los animales se lo pisen. Las que tienen largas plumas en las patas pueden romper sus huevos o tirarlos los nidos, y por eso se las cortan antes de la puesta. Las viseras de plumas pueden llegar a tapar completamente los ojos de los individuos.

Los criadores, para mostrar sus gran conocimientos y técnica, las manipulan y las enseñan sin ningún problema para inmovilizarlas las entre sus manos, que mueven de forma nerviosa arriba y abajo. Inmovilizan sus patas cogiéndolas entre los dedos, los ponen la mano sobre la cabeza, mueven los dedos delante de sus ojos o las giran bruscamente y, boca abajo, para estirar de su pico y mostrar los buches o los colores de los plumajes. También los podemos ver utilizar punteros de madera y otros objetos para señalar características de animales enjaulados, siempre tensos y tristemente habituados a todas estas manipulaciones.

Las preparan para concursos y exhibiciones con toda clase de instrumentos, con las que manipulan picos, uñas y plumajes. Con tijeras cortan plumas y generan efectos estéticos artificiales como, por ejemplo, el de eliminar las de determinados colores que están intercaladas entre las del dominante en el buche o en el resto del cuerpo. También utilizan limas y cortaúñas con las que manipulan las formas de los picos, llegando a buscar simetrías perfectas. Durante estas manipulaciones, también utilizan instrumentos inmovilizadores fabricados específicamente o cosas como un calcetín con la punta cortada, que ponen a los animales como si fuera un jersey para inmovilizar sus alas.

La mayoría de palomas de raza se pasan la vida encerradas en su palomar y, en el caso de los de razas que tienen el vuelo, la suelta y el cortejo como razón de ser, no dejan de sufrir una libertad limitada y permanentemente vigilada, sometida a trabajos forzados. Como ocurre siempre con todas estas prácticas, la cría es generadora de negocio, de transacciones y compra-ventas que a menudo son caprichosas, compulsivas. Y, alrededor de todo esto, están los negocios de los utensilios como palomares, jaulas y otros instrumentos, además de la farmacéutica, la veterinaria o la alimentación específica, que también generan investigación con animales infectados con enfermedades para probar la eficacia de complementos alimenticios o de medicamentos.

Y como también ocurre siempre con todos los animales utilizados y explotados, aún más en el caso de los que deben presentar unas características muy concretas, son víctimas permanentes de la selección y el descarte. Los criadores, dentro de inmaculados palomares que han preparado para las visitas, pueden llegar a hablar con frialdad de la eliminación “cualitativa y severa” de individuos para mantener los estándares de las razas. En casos como el de las palomas de escudo, esas que deben presentar dibujos muy uniformes por la combinación de los colores de las plumas en las alas, este descarte puede llegar hasta el 80 y 90% de los animales.

Esta pudo ser la vida del Angry Bird. Puede que fuera uno de estos descartes, en algún lugar donde los abandonan a su suerte en lugar de matarlos. Y puede ser que escapara accidentalmente, librándose de todo el proceso que lo tenía que convertir en un aspecto, una parada, un tamaño y un gran buche que enseñar cada vez que estabas con él. Ahora está donde todo esto no tiene ninguna importancia, porque él no es ni una imagen, ni una foto, ni un hito más en el palmarés de ningún criador.

Angry no es una fantasía ni un ornamento, y es mucho más que una paloma de raza. Él es un individuo único, diferente a todos los demás, sean de la raza o de la especie que sean, nunca mejor que nadie y siempre tan bueno como cualquiera. Tiene muchas ganas de vivir, y es lo que hará hasta su último día. Volará, sin condiciones ni vigilancias, sin aprovechamientos ni usos, y siempre tendrá esa hermosa puerta de madera abierta para volver a casa.

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[1] La mayor parte de la información se ha obtenido del documental Palomas ornamentales y de raza (2004). Es una película promocional de los piensos para palomas de Versele-Laga, empresa con sede en Deize (Flandes Oriental, Bélgica). Está disponible en Youtube, dividida en 9 partes:

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

3073

El ave será declarada buena cuando caiga herida o muerta por uno de los tiros y recogido dentro del radio de muerte. Reglas técnicas federativas.

Los cartuchos del nº7 van cargados de perdigones de 2,5mm. En el caso de la munición de 36 gramos, establecida por las reglas técnicas de palomas a brazo(1) de la federación española de caza(2), representan 408 perdigones en cada tiro contra un pequeño cuerpo. Nunca más de 380gr, 37cm del pico hasta la cola y 72 entre las alas, recibiendo una lluvia de plomo con toda la fuerza de un enorme calibre 12, preferido en EEUU para que matan con ellos aves grandes como pavos americanos y que se ha impuesto por cuestiones de moda.

El pasado domingo 27 de septiembre en Catarroja(3) (País Valenciano), los tiros tronaron uno tras otro y cubrieron el suelo de animales acrivillados. Era un entretenimiento del domingo para cazadores que disparaban a animales arrojados a brazo por unos hombres que hacían movimientos semejantes a los de un pitcher de béisbol.Captura de pantalla 2015-10-06 a la(s) 11.24.53En lugar de una pelota, lo que lanzan es una pobre ave con la cola mutilada que es ejecutada mientras intenta tomar el control con sus alas, mientras se esfuerza para dejar de ser la pelota de béisbol en que la acaban de convertir.

También se tiene que mencionar la otra forma de lanzamiento. Se hace con una máquina casi idéntica a las que lanza los platos de este mismo deporte, que maneja un “maquinista” con carné como el que deben tener los pitchers, conocidos como colombaires. La situación es idéntica si no fuera por el golpe del aparato eyector y la potencia del impulso. En todo caso, el ave se pasa los vitales primeros segundos luchando para tomar el control de un vuelo que no es suyo.

El alcance de las escopetas con una mínima precisión es muy corto, de unos 25 o 30m. Las personas tiradoras necesitan matar de cerca y rápido, y necesitan de la ventaja que les da un animal lanzado, desequilibrado y desorientado, que lucha por recuperarse y que, por supuesto, no sabe lo que le espera. También les sirven animales “liberados” desde cajas situadas en el punto de mira de las escopetas. Dicen los reglamentos que la persona tiradora debe situarse en posición y, ya preparada, esperará el aviso de “listo” de quien lanza o suelta las aves. Sólo cuando grita claramente “pájaro” le sueltan al animal, sobre el que puede hacer dos tiros reglamentarios(4). La única oportunidad de la paloma o de la codorniz es que la persona tiradora falle.

Estas normas, sin embargo, no dejan que el animal tenga otra consideración que el de pelota. Es aterrador verlo en los reglamentos como el objeto que permite valorar si un tiro es un acierto o un error, como prevén sus trayectorias de caída, ya llenos de perdigones, hacia dentro o fuera de la “zona de muerte” delimitada con rayas pintadas en el suelo, vallas de alambre, postes con banderas y cuerdas. Además de acertar el tiro, se ha de acertar la caída del animal dentro de los límites de una zona de juego al modo del tenis o del voleibol. Incluso se prevén los rebotes de los cuerpos por la fuerza de la caída y la posición sobre la misma línea y, como aún puede estar vivo, la posibilidad de que caiga dentro y consiga salir caminando o recuperando el vuelo.

También son el objeto de recuento, son goles tangibles. En este juego, cogen cadáveres y animales moribundos y los cuentan para ver quién ha hecho más “buenos”, para ver quién ha ganado entre risas, junto al bar y el restaurante donde pueden estar preparando la paella de la comida. Como quien los ha matado los ha pagado, después se las puede llevar o las puede tirar a la basura, las palomas muertas mezcladas con las que todavía están vivas y esperan una muerte tan lenta como la de las “errores”, los cadáveres de las que se pueden encontrar a decenas por el exterior del campo de tiro.

Estos cadáveres y su letal carga de plomo(5) quedan al alcance de roedores, felinos, mustélidos, córvidos… El saturnismo (intoxicación por plomo) matará muchos más animales, incluso especies protegidas como las águilas imperiales, y multiplicará el balance de víctimas de este macabro shooter(6) con sangre de verdad. El plomo puede estar contaminando los perros de caza a los que, según dicen, dan para comer estos “trofeos”, e incluso puede estar contaminando los mismos cazadores y sus familias.

Es más difícil de entender cuando esta práctica ya ha incorporado sus alternativas con objetos de verdad, que no se deben matar y que, por tanto, permitirían el uso de otros tipos de “metralla”. Es el tiro al plato con todas sus modalidades, tres de ellas olímpicas, o el tiro a hélices. Estos dispositivos tienen trayectorias que no se pueden predecir, aumentan su velocidad progresivamente durante el vuelo y obligan a centrar los tiros, ya que se ha de acertar el cuerpo de la hélice para tumbarla de la misma manera que hacen con las palomas, las perdices o las codornices. Sí, incluso tienen algo que simula la interacción con un animal que lucha por su vida… Y siguen matando.

En resumen, otra forma de diversión con el sufrimiento y la muerte, formas que se cuentan por cientos y que hablan de lo que es el ser humano y, sobre todo, de lo que el Progreso le obliga a dejar de ser. Reuniones de hombres, de machos que se justifican unos a otros en el abuso, que se refuerzan y se dotan de apoyo mutuo para aplastar a quien es más débil sin ninguna justificación. Como ocurre con la tortura taurina, basta decir que el siglo XXI está aquí para quedarse, y que esta forma de hacer tiene que irse como el pasado al que pertenecen.

Sencillamente, por la abolición de todas las formas de tiro a aves vivas, sin excepción alguna. Cambia palomas para platos o hélices.

 

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(1) Federación Andaluza de Caza, reglamentos de caza lanzada. http://www.fac.es/agenda/competiciones/caza-lanzada/. Artículo 15.13 de las reglas técnicas de palomas a brazo. A las reglas técniques de las codornices lanzadas a máquina, el calibre 12 e establece en el artículo 11.23.

(2) http://www.fecaza.com

(3) Acto de protesta de la operación para la prohibición del tiro a aves soltadas o lanzadas, sin ninguna excepción. https://www.facebook.com/events/833284843456276/

(4) Artículo 14.8 de las reglas técnicas de palomas a brazo; 11.2 i 11.3 de las reglas tècnicas de las codornices lanzadas a máquina.

(5) Animalisme CAT, 21/06/2013, Traces de metall, http://animalismecat.blogspot.com.es/2012/06/traces-de-metall.html?q=plom

(6) En la clasificación de los videojuegs, los de tiro.

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
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3011

Desde el punto de vista de optimización energética, la paloma invierte mucha en alzar su vuelo. Cortas alas en cuerpo pesado, un fastidio de aerodinámica. Pero una vez en el aire la cosa cambia. Cuando las palomas regresan a su casa de aire, éste se vuelve mejor respirable. Tanto, que llamamos paz a un manojo de palomas en el cielo.

La paloma ha conquistado casi todos los continentes, muchas especies y la triste gloria de la extinción del dodo (una paloma de 20 kilos) por culpa del carnismo. En las palomas y las ratas depositamos la infamia de nuestra suciedad, del mismo modo que en las cárceles disimulamos la desigualdad del sistema. La paloma florece para subrayar la hedionda evidencia de una especie sucia que descubió el concepto de basura inexistente en la naturaleza, una especie tremendamente despilfarradora que llama crisis a comer carne una vez al día en lugar de tres. Las palomas no obstante reciclan lo que nosotras deleznamos, y en lugar de alimentarse de semillas, les damos pan sin nutrientes. Aún así, con un 80 % de palomas enfermas en las ciudades, con dedos mutilados por materiales sinteticos en sus nidos, los accidentes de sobrevivir a nuestro tren de vida, sufriendo enfermedades gástricas y respiratorias,… Aún con todo ello, la paloma, heroína anónima, florece.

Una persona tan eminentemente aérea como la paloma, sufre la falta de aire. Eso lo saben las instituciones y ayuntamientos molestos con la floración de columbiformes, que toman la vía expeditiva de las soluciones rápidas (Hiroshima, Treblinka, gulags…), para gasearlas cuando las cifras se les disparan. Entonces las disparan. Redes de expansión para cazarlas humanitariamente y humanitariamente asfixiarlas. Es una barbaridad. Es una crueldad. Es una realidad. Miles de palomas son matadas por su éxito reproductivo para que sus excrementos no le manchen su apestoso coche al señor González, hijo de González, poseedor de otro apestoso coche.

Una siempre debe ponerse del lado de la víctima. Siempre. No significa justificar el exterminio palestino por las sionistas debido al precedente exterminio nazi. No significa apoyar el hembrismo androfóbico sólo porque la mujer sufra el insufrible heteropatriarcado (como muchos hombres). No significa encogerse de hombros cuando el gato trae el enésimo pajarito cazado como recompensa a nuestra fidelidad. La víctima siempre tiene la razón en primera instancia. Pero la paloma…¿cuál demonias es el pecado de la paloma?, ¿debe la paloma ahogarse en el mar abrupto de los contingentes no deseados, como migrantes desesperadas en la tumba del Mediterráneo?. ¿Debe la paloma saber contar para aprender cuándo son demasiadas?. ¿Enseñaremos por fin matemáticas a las palomas?

Llegadas a este punto me encantaría ofreceros información reservada, datos de casación objetivamente contrastados, manipuladas estadísticas de crecimiento exponencial, dudosos mapas de conflicto entre intereses públicos y población de palomas… Querría epataros con turbias financiaciones secretas sobre lo corrupto del sistema de gestión de palomas en los municipios, pero no dispongo de nada de ello, sólo tengo razón en las manos, no argumentos ni escándalos de portada. Sólo manejo empatía, justícia e igualdad, poco rentables escudos con los cuales defender a las palomas de la ley de la menos escrupulosa, plenipotenciaria desde que el totalitarismo descubre cómo fascistizar la democracia. Me encantaría que bastara escribir, proteger a las palomas con barricadas de palabras, pero los primeros 35 ejemplares de la Biblia de Guttenberg (el primer libro impreso), fueron hechos con las pieles de seis mil corderos lechales, degollados para la gloria de la escritura, la religión y el especismo. Entonces me dan ganas de dejar de escribir.

Escribimos sobre la muerte, la queremos comprender, incluso matamos para comprenderla… La estrategia de las palomas ( y en general las otras especies), es más sencilla y eficaz: se centran en la vida. Su estrategia es paladear todos los vientos como si fuera uno, mascar cada madrugada como si fuera la última, beber de la lluvia y disfrutar de la felicidad que les envidiamos. La belleza no es culpable de generar en unas adoración y en otras codicia.

Por nuestra parte, somos las mamíferas más frágiles sobre la biosfera. Desnudas, flojas, lentas, torpes, es un milagro que hayamos sobrevivido, pero no lo hemos hecho gracias a nuestra inteligencia, sino a la falta de escrúpulos, ahí sí superamos a los demás animales. No hay especie -incluso aquellas totalmente carnivoras- que sepa tanto de la indiferencia y la mezquindad como la nuestra. Construimos sociedades con ladrillos de complejos y frustraciones, cagamos con sentimiento de culpa, edificamos templos a nuestro miedo, inventamos las modas adecuadas a nuestra verguenza, adaptamos todas nuestras biografias a la cobardia. Vendemos todo lo vendible y explotamos a cambio de unas monedas todo lo que consideramos útil.

Construímos culturas que premian la falta de escrúpulos y gasean a quien estorba. Cuanta más adolece de remilgos una sociedad, más floreciente es la civilización resultante, inversamente proporcional al mimo, a la bondad y a la honestidad. La verdad y la justicia no arrojan beneficios, por eso el desarrollo económico y el carnismo son tan absolutos, ubicuos e incuestionables, porque jamás la civilización había alcanzado cotas tan altas de depredación contra la naturaleza y sus criaturas. Nuestra especie incluida. No sólo estoy hablando de cifras, sinó de refinamiento y mecanización del método. El problema del especismo y de la destrucción de las condiciones naturales que nos permiten la supervivencia a nuestra especie son, por tanto, más que una opción: son un imponderable.

El cerebro es una inflamación anormal sucedida a raiz de la perdida de la cresta sagital y la disminución de los maxilares. Una deformación especifica con efectos secundarios nocivos. Se ha destapado el pastel, se acabó el vivir de las rentas del antropocentrismo, basta de apropiarnos de las glorias de otras, lo que es cada una depende de cada una, no de la vecina, de la ciudad, la nación o la raza. Convencidas de ser las herederas de Da Vinci, descubrimos en nuestros genes quizas Hitler. Somos responsables de cuanto sucede por nuestras acciones e inacciones. Lo hagan una, diez personas o un billón de ellas. Auschwitz no lo construyeron las nazis, sino la indiferencia.

Hay gente que se queja de que los árboles de la ciudad ensucian con sus hojas otoñales las limpias calles, talémoslos. Hay gente que se queja de la suciedad de las palomas, no hay problema, gaseémoslas. Hay gente quejándose de la gente, que comience la barbarie… No cabían los perros vagabundos durante el Mundial de Fútbol en Ucrania, su destino fue el de las palomas de Barcelona y tantas otras ciudades. Matarlas sin hacerlas daño, degollarlas dulcemente, destruírlas con respeto, extinguirlas con dignidad, y delicadeza, asesinarlas sin sufrimiento, aniquilarlas humanitariamente, reventarlas con dulzura, incinerarlas con rito, sacrificarlas con profesionalidad, liquidarlas con legitimidad, eutanasiarlas con reparos, desaparecerlas con asepción,… tratarlas como si no hubiese muerto, como si no hubiera vivido, como mobiliario urbano.

Qué daría yo por saber qué se explican los leones recluidos en el parque zoológico de Barcelona, cuando por la noche se rugen y se llaman con dulces roncas voces de convocatoria. A pleno día, en estos momentos, las palomas en la misma ciudad siguen siendo exterminadas, pagando el precio de pertenecer de otra especie, a pesar de que se informa a la población de que dichos “métodos de control” estan en detrimento. Cada día que pasa deja un rastro de víctimas silenciosas tras el siseo del gas, de heroínas abatidas por el fascismo, de dulces palomas agonizando en cámaras de muerte. Detened YA la matanza.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

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Hasta la finalización del campeonato, constará a todos los efectos como deportista titular de la paloma aquel deportista con el que hubiera quedado inscrito en el comienzo del mismo.
Reglamento de competición de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana. Artículo 11.

Alcibíades, el militar ateniense rescatado por Sócrates tras ser herido en Potidea, ganó los laureles de la victoria en la carrera de carros de los Juegos Panhelénicos del 416 aC, la misma carrera donde también consiguió el segundo y el cuarto puesto. ¿Cómo? Sencillamente, porque “compitió” con siete carros distintos, llevados por aurigas jóvenes, altos y delgados. “Ganó” porque era el dueño de los caballos y de los humanos esclavos que se jugaron la vida, enganchados en aquellas peligrosas máquinas de dos ruedas.

En las competiciones de colombicultura también hay “deportistas” que aspiran a la victoria a través de las palomas, aurigas modernos que compiten para ellos en las pruebas de pica. Tienen ese nombre por la pluma blanca pegada a la cola de la hembra que la identifica (y que se llama así: pica). Es una competición de machos y, como dicen los “deportistas”, orgullosos del espíritu de este deporte, no gana el más fuerte, ni el más grande ni el más bonito; gana el más galante.

Esta práctica se aprovecha de los rituales de apareamiento de las palomas. El macho intenta llevar la hembra a su nido con exhibiciones como alzar el vuelo con el buche hinchado, que en colombicultura llama viaje, y otros que se conocen como trasteo y que incluyen perseguirla constantemente, intentar cortar su trayectoria de vuelo para provocar que le siga o, cuando están parados, picar su cabeza una y otra vez para llamar su atención.

La competición pone en esta situación a una sola hembra. Una frente a un número de machos en a determinar por la organización de cada prueba y que nunca es inferior a 25. Una hembra jóven, que no se haya apareado (1) y que, preferiblemente, no conozca el terreno (2), tiene que huir de la bandada de machos. La perseguirán sin descanso y, cuando se pare para recuperar el aliento, le caerán encima. Segundos después de detenerse en la rama de un árbol, a un cable de la luz o en un tejado, desaparecerá bajo un manto de colores y le picarán la cabeza una y otra vez. En poco tiempo, se la dejarán sin plumas y cubierta de sangre.

En la competición, la hembra es el objeto del juego. Como la pelota de fútbol. Todo se acabaría si diera la victoria a uno de esos machos volando hasta su cajón, pero es prácticamente imposible que esto ocurra porque ella, aturdida y asustada, no hace más que intentar huir. En la naturaleza no hay bandadas que vuelan contra una sola hembra. Por ello, la competición tiene una limitación de tiempo y se dirime por puntos: gana el macho que no la haya perdido de vista, que no haya dejado la persecución, que haya pasado más tiempo a su lado o encima de ella.

Los dueños, el resto de personas aficionadas y árbitros de tierra siguen a la bandada allí donde vaya con motos, coches, bicicletas… Las árbitros de terraza se sitúan en un punto elevado y controlan todo el terreno de competición con prismáticos y equipos para el seguimiento de la señal que emite una baliza colocada en la cola de la hembra, junto con la pica. Los machos llevan las alas pintadas de colores por debajo y, así, se distinguen unos de otros y se hace más fácil el seguimiento de la bandada. Las árbitros cronometran el tiempo que cada paloma pasa en la bandada persiguiendo a la hembra, y otorgaran puntos en virtud de este tiempo y de los trabajos que hayan hecho hasta que, como si de un partido de fútbol se tratara, decretaran el fin de la prueba.

Según el reglamento (3) de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana (4), tres hembras distintas pueden ser sometidas a diversas pruebas de dos horas y treinta y cinco minutos cada una. Otras hembras sufren la fase de enseñanza (5), con la que los machos reconocen el terreno y se habitúan a lo que será su palomar durante la competición, y la de acoplamiento (6), una especie de ensayo previo a la competición donde las personas árbitros ya ocupan sus lugares. Estas pruebas previas prevén tiempos con limitación de vuelo para la hembra, que permanecerá atada o encerrada mientras la acosa un macho o toda la bandada.

Fuera de competición, la función de las hembras es servir para el entrenamiento de los machos y para criar campeones. Las hijas de los machos más queridos son emparejadas con otros comprados a criadores para evitar la consanguinidad, y estos también son elegidos por su apellido o por el prestigio como criador de quien los pone a la venta.

Ellas tienen una pica en la cola, para que el macho aprenda a asociarla con el apareamiento. Según los escritos de los criadores, los pichones montan varias hembras que encierran con ellos dentro de una jaula y luego aprenden a perseguirlas en vuelo ellos solos, hasta que se aparean dos o tres veces más. Finalmente, comienzan a competir con otros 2 machos, luego con 4, 9, 14, 19, 29… Hasta que se entrenan en el seno de una bandada de 50 machos, en función de la evolución del adiestramiento.

Objetos de competición, señuelos para el entrenamiento e instrumentos para la cría. A través de la gente que se dedica, todo lo que podemos saber de las hembras es en virtud de lo que tienen que decir de los machos. No hay fotos de las hembras después de la competición ni nos cuentan lo que hacen con ellas después; no sabemos cuántas hembras usan para entrenamiento o para cría, si utilizan todas las que nacen o que hacen con las sobrantes. Respecto a los machos, tampoco nos cuentan si usan todos los que salen de todas las puestas o si los que no demuestran valía durante el entrenamiento tienen una vida apacible lejos de la competición. Sabemos que la cosa va por barrios y que, como suele ocurrir con los temas de dinero, hay elección, rechazo y “eliminación” de lo que sobra.

Este es el deporte de los deportistas que miran “su” competición. Son hombres que muestran la cultura escondida cuando forman grupos que miran hacia arriba. Complicidad masculina que da por bueno el “galanteo” a través de las palomas machos, que difumina la línea que separa la atracción del acoso a las hembras, que estalla de alegría ante la escenificación de una violación en grupo construida por ellos, que nunca se daría en la naturaleza. Uso de animales que esconde el sufrimiento detrás de idealizaciones como el amor y el cuidado por las palomas, como hacen los grupos de cazadores que cuentan sus hazañas con armas alrededor de una gran comilona y hablan de su amor por la naturaleza que destruyen.

Una bandada de palomas que muestra todos los colores del arco iris, y una hembra que huye. Un grupo de hombres que mira hacia arriba. Especismo humano que banaliza el sufrimiento de los otros animales, y sexismo patriarcal reflejado por estas dos escenas. Día de competición.

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(1) Las que ja se han apareado tienen preferencia por la que fue su pareja y complicarían la competición.
(2) Las hembras enseñadas se podrían refugiar en buenos escondites que ya tienen identificados y que serían de difícil 8 localización para los machos competidores. En ocasiones, la orografía del terreno aconseja el uso de hembras enseñadas para evitat que, por las dificultades de orientación, se paren cerca del lugar donde han sido soltadas e impidan la suelta de los machos competidores.
(3) http://www.colombicultura-c-v.es/50/secretaria/REGLAMENTO.pdf
(4) http://www.colombicultura-c-v.es
(5) Sin limitación de tiempo.
(6) Una prueba de un máximo de dos horas. Se puede establecer un tiempo de 30 minutos en el que la hembra tendrá limitaciones de vuelo.

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.

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El pasado domingo, 500 palomas fueron abatidas como objeto de ocio de un grupo de personas en Aranjuez, Madrid.

Esta modalidad de ocio cruel, conocida como “tiro de pichón”, se realiza en clubes de tiro como en el de Aranjuez. Se trata de lanzar las palomas al aire y dispararles mientras las aves intentan escapar volando para salvar su vida.

Sabiendo la crueldad de tal evento, la asociación “Mis amigas las palomas” y diversas personas particulares acudieron a rescatar aquellas supervivientes que cayeran fuera del vallado. “No nos dejaban entrar dentro del recinto. Si caían vivas al suelo, las remataban” afirma Antonio Mañas. 18 víctimas fueron liberadas, pero seis de ellas han fallecido y otras tantas están en estado crítico. “Una tenía el buche y los sacos aéreos rotos. Le faltaba una ala entera y se le veía el hueso. La tuvieron que dormir para que no sufriera” denuncia Antonio.

El grupo de activistas ha vuelto al club de tiro hasta tres veces para rescatar el mayor número posible de víctimas antes de que sean desechadas o depredadas. Una vez tras la abatida, otra por la noche con linternas y nuevamente el lunes por la mañana buscaron aquellas víctimas que aún permanecieran con vida: “Creemos que hay particulares llevándoselas. Cuando hemos llegado esta mañana no quedaba ninguna en todo el territorio, sólo hemos podido ver 5 muertas. Dos de ellas depredadas durante la noche”. No excluyen la idea de volver para rescatar más supervivientes.

Además de los rescates, las y los activistas realizaran denuncias individuales. Pese a tener la licencia “al día”, afirman que denunciarán la presencia de menores de 14 años, el abandono de animales heridos y la no trazabilidad del grupo de palomas.

El precio del asesinato fue de 5 euros por individua, a 12 palomas por tirador. El tiro del pichón es un tipo de entretenimiento que se realiza en algunas comunidades del Estado Español y que, desde diferentes organizaciones, se pide su prohibición. En el caso del club de tiro de Aranjuez, sólo con palomas, se realizan 3 tiradas al año. Varias más con codornices. Frente a ello, una recogida de firmas coge fuerza en la plataforma de Change.org: “Prohibición sin excepción del tiro de pichón y prácticas similares”. Mas de 2.300 personas ya han firmado para prohibir estos asesinatos como ocio.

Imagen: Mis amigas las palomas

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