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colombicultura

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En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde detrás del uso de animales por diversión y, muy especialmente, de lo que llaman “deportes tradicionales”. Fue mientras hablaba del tiro y arrastre y de la colombicultura, dos prácticas que gozan de una “buena imagen” que se han ganado escondiendo lo que realmente son. Como dice Raquel Aguilar, se han valido de la figura del agricultor en el imaginario colectivo, un hombre bueno que trabaja y suda junto a su caballo, hace volar palomas y festeja la cosecha corriedo toros.

Lejos de ello, el tiro y arrastre es un espectáculo lamentable hecho con caballos que evidencian una indefensión aprendida perfectamente resumida en la frase de un famoso carretero: “¡el miedo guarda la viña!”. Los golpes “reglamentarios” con las varas van acompañados de fuertes palmadas con la mano abierta que dejan paso a los puñetazos e, incluso, a las patadas. Los animales las reciben en la cabeza, el cuello, el lomo, en la barriga, los testículos, en las patas…

Todo, en medio de esa letanía de gritos en la oreja del animales, de todas las clases de insultos y amenazas que ponen a los animales en estado de alerta, desesperados por encontrar la forma de escapar de lo que temen. Ese es el espectáculo que ven niños y niñas, lo que hay más allá de las fotos artísticas que quieren representar la falsa unión de animal y carretero en el esfuerzo. Escribo hombres, porque son hombres los que lo hacen.

Y, en cuanto a la colombicultura, lo que esconden es esa violación en grupo por delegación, representada una y otra vez en las sueltas y las competiciones. En estas últimas, una hembra que no debe ser “reconocida o enseñada”, si no es estrictamente necesario (Reglamento de competición de la Federación de Colombicultura de la Comunidad Valenciana (FCCV). Art. 35), es perseguida por una piña o “pilot” de machos que difícilmente será inferior a 25 individuos y que puede superar los 75, todos ellos adiestrados y para hacer lo que, según el reglamento, es una “muestra de cielo, constancia y habilidad en los métodos de seducción” (art. 1.a).

Todos ellos han sido reprogramados para manipular los rituales de cortejo de la especie y convertirlos en una persecución permanente. Como es prácticamente imposible que se inicie un apareamiento con una hembra sitiada y, sencillamente, enterrada bajo un gran número de machos, todo consiste en conseguir que estos superen a los otros competidores pasando “todo el tiempo que sea posible” junto a la hembra, acumulando puntos según un sistema que valora los gestos de imposición sobre ella, entre los que están picar la cabeza.

No existen imágenes de las hembras utilizadas en estas prácticas. Los propios practicantes han elaborado un “sistema de protección” que consiste en pegar en la cabeza de la hembra un capuchón hecho de cartulina. Con este invento, que pegan con pegamento y, teóricamente, arrancan después de la competición, pretenden mejorar la imagen de la externa de la colombicultura.

Estando entre esta gente mientras hacen lo que hacen, te sumerges en su realidad patriarcal, machista y tan unívocamente heteronormativa como homoafectiva, como explica Marilyn Frye. Si no fuera por lo que están haciendo, incluso haría gracia ver cómo son de felices en medio de esa especie de forocoches presencial, buscando permanentemente la atención, la aprobación, el consentimiento y el contacto con los demás hombres. Y haría más gracia aún en medio de un concurso de tiro y arrastre, con esa extraña obsesión por saltarse la normativa de indumentaria que los obliga a llevar la “blusa de competición” para ir lo más desnudos mejor, exhibiendo su cuerpo sudoroso y ennegrecido por el sol.

Eso si, como machos patriarcales y heteronormativos que son, muestran descarnadamente esta identidad. Y, lo que es más desconcertante, parece que los animales tengan un papel ritual o simbólico, ya que proyectan esta masculinidad sobre los animales machos que hacen de machos y que utilizan como proyecciones tanto a las hembras como a los machos que hacen el papel femenino.

Queda muy clara con los palomos machos, a los que convierten en “sólitos”, expertos, seguros y convencidos, que llevan la voz cantante por encima de una hembra desconocedora de todo lo que ellos saben… Y que lo hacen en “manada”, en grandes grupos y contra una sola hembra, mientras los hombres propietarios, “los deportistas”, miran complacidos y dicen que todo se trata de “habilidad, constancia, seducción y galantería”.

En el caso de los caballos, lo que vemos más claramente es como el animal puede servir para proyectar la masculinidad y la feminidad normativa al mismo tiempo. Por un lado, son los grandes caballos de tiro, machos de una virilidad gigante y que se llega a desbordar mientras caminan o les hacen calentar por los alrededores de la pista de competición, con todos los músculos del cuerpo marcados, competitivos y con una fuerza que los hace hacer grandes proezas. Por otra, son los seres miedosos, silenciosos, prudentes, con la cabeza baja, los que tienen que obedecer de manera diligente e inmediata al macho que sabe lo que debe hacer si no quieren sufrir las consecuencias, porque el macho nunca equivoca y nunca tiene la culpa de nada. Son a los que los machos tratan e insultan en femenino.

Pasa igual con las palomas y los toros, que deben tener todo lo que esperan de un macho y someterse como esperan que lo haga una hembra. Los “bous al carrer”, por ejemplo, combinan el linchamiento de hembras, los más numerosos porque las vaquillas son la modalidad más barata, con el de los machos, que tienen como máxima expresión el toro cerril. Es un gran animal de planta impresionante que exhiben con orgullo en los carteles con los cuernos, el cuello, el morrillo, la musculatura … Y, después, lo encierran, la impiden huir que es lo que quisiera, lao persiguen y lo acosan en grupo, lo derrotan, lo sometan a su masculinidad en una lucha que tenían ganada desde el principio. Lo “feminizan” y, cuando han terminado, lo envían al matadero.

No llevan nada bien que la proyección no funcione. No soportan que el caballo no tire del carro y que no obedezca, que el toro se quede parado y no envestisca, o que el palomo no sea “hábil, seductor, galante y constante”. En el reglamento de colombicultura, tienen un artículo descalificador de machos en competición que persiguen machos en lugar de ir a por la hembra, o que son perseguidos por machos que se distraen de la hembra. El artículo habla de “inequívoca desviación sexual”, diferenciada entre activa y pasiva, que es peor “en caso de observar la actitud reincidente”[1]. Es el palomo maricón, protagonista de la pesadilla del niño paloma.

Con los animales, las cosas son como ellos quieren que sean, sin un feminismo que los cuestione ni unas leyes que se lo pongan difícil. Los animales son los hombres superiores y las mujeres sumisas de su imaginario, como ocurre cuando cuentan sus batallitas y chistes de barra de bar o de vestuario de gimnasio. Después, ante el mundo real, pueden negar categóricamente estas relaciones, y mostrarse como las personas más civilizadas del mundo, que nunca han roto un plato. Lo evidencian, por ejemplo, cuando se prestan a hacer debates o cuando s’autovictimizan ante los medios de comunicación.

Estas competiciones son una ventana con vistas a esa patética masculinidad expresada con y a través de los animales. Como hombre con todas las características propias del género normativo, como si fuera uno de ellos y con un abismo entre nosotros, he pasado horas y horas viviendo esas realidades de cerca, viendo cosas que me resultan insoportables e incrementando mi “vergüenza de género “.

[1] Reglamento de competición… Art. 18. Funciones del equipo arbitral. e) Mandar cerrar los palomos que por lesión, enfermedad entorpezcan el desarrollo de la competición. En el supuesto de que algún palomo participante demuestre a juicio de los árbitros una actitud inequívoca de desviación sexual, persiguiendo insistentemente a otros palomos participantes o siendo perseguido por ellos, el árbitro procederá a descalificar dicho(-s) palomo(-s), realizando un primer aviso el primer día queadvierta dicha desviación sexual, retirando el palomo de la prueba y dejando de puntuar el mismo a partir de dicho momento. Dicho palomo podrá participar o ser soltado en la siguiente prueba, pero el árbitro ordenará su retirada definitiva en caso observar la actitud reincidente en dicha prueba.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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Angry Bird ya está en su nuevo hogar. Allí estará rodeado de los suyos, verá todas las madrugadas y respirará el aire puro de la montaña con la seguridad y confianza de su palomar, una maravilla con una bonita puerta de madera siempre abierta, que cada día le dirá que es libre de salir y de volver a entrar a reencontrarse con su comida y su rinconcito. Allí será quien debe ser y nunca pudo ser dentro de la jaula más grande que pudimos encontrar, siempre encerrado y siempre a solas.

Es una paloma enorme. La primera vez que lo ví estaba lejos de mí. Cuando la perra Olaia lo encontró y él extendió las alas para intentar huir, pensé que era un pato de los que se refugian en el pequeño humedal cercano. La enorme herida abierta que tenía en la espalda y sus plumas cortadas, además del dolor, el hambre y el cansancio, no lo dejaban volar. Suerte que Olaia no lleva sus nervios y su curiosidad más allá de oler y mirar.

Las plumas remeras de las alas son, junto con las timoneras de la cola, las plumas de vuelo de las aves. Son largas y resistentes, y las de Angry tienen una caña muy fuerte y, a la vez, muy ligera, llena de aire. Son muy distintas a las plumas pequeñas y ligeras que le cubren el cuerpo. Las de las alas del Angry estaban cortadas casi por la mitad, con una forma recta para que no volara. Por suerte, las acabará cambiando por unas nuevas y, entonces, podrá volar de nuevo.

No sabemos quien la atacó, si una rapaz, una gaviota, un gato… Tampoco sabemos cómo es que una paloma que no puede volar, porque alguien no quería que volara, acabó allí y así. No sabemos cómo es que consiguió sobrevivir. La tuvimos que alimentar con bolitas de pienso molido y mojado, y darle el agua con una jeringuilla. Sólo tardó tres días en comer y beber a solas, y en unas pocas semanas no quedaba nada de aquella herida tan fea. Y empezó a bailar cada vez que entrábamos a su habitación, con el buche completamente hinchado y las plumas del cuello levantadas como si fuera un jefe guerrero.

Al parecer, pertenece a una de las muchísimas razas de lo que llaman palomas de raza, “ornamentales” o, incluso, “de fantasía”[1]. Por supuesto, no existen en la naturaleza, son cruces creados por los seres humanos a partir de unas pocas razas primigenias, también creadas por los humanos para explotarlas con determinados usos, principalmente como mensajeras, para engordarlas y comérselas o para la caza. En este caso, eran utilizadas para alimentar y entrenar rapaces, como cebo o, directamente, como arma de caza. Siempre se han adiestrado palomas de cualquier sexo para aprovechar sus cortejos, ya que podían atraer palomas salvajes al palomar que, así, se capturaban con facilidad.

Ahora, como ocurre con las razas de perros y sus pedigrís, son mayoritariamente caprichos, hobbies y negocios. Existen campeonatos y exhibiciones, donde los criadores y aficionados (como siempre, es difícil encontrar mujeres haciendo todo esto) muestran sus candidatos y hablan de sus técnicas de cría en busca de la “paloma perfecta”, dentro de los estándares de raza. Así, multiplican los cruces de individuos con “tipos fiables” y, llegado el caso, recurren a la consanguinidad para mantener y reforzar determinadas características y “tipos”, aprovechando lo que consideran como individuos fuertes.

Sólo en Europa, están reconocidas más de 400 razas distintas, múltiples variantes a partir de una gran diversidad de características y formas, que nuestra veterinaria llamó “mutaciones”. Varían las alturas, los tamaños y los pesos de los animales. Varía la forma, el tamaño, la anchura o la longitud de la cabeza, del pico, de las carúnculas nasales, los buches, los cuellos o de las patas. Varían enormemente los plumajes y, aún más, sus coloraciones. Pueden haber animales con viseras y dobles viseras de plumas sobre los ojos; también pueden haber “melenas” de plumas alrededor del cuello, haciendo efectos como de bufanda o de abrigo de pieles; hay de palomas que pueden tener las patas completamente emplumadas, hasta tapar los dedos y las garras.

Todas estas razas, han sido subdivididas en 10 grupos. Entre las que incluyen más diversidad, están las que se caracterizan por su gran buche, siempre hinchado y redondeado. Entre las de “tipo gallina” está la raza más criada en el mundo: la Modena. Suelen ser muy grandes, desarrolladas a partir de razas criadas para la producción cárnica. Su “parada” (postura natural) con su cuerpo corto y su cuello largo, hace que parecen gallinas pequeñas.

Las palomas de color, que también agrupan más de 80 razas, combinan una gran diversidad de éstos y, con la combinación de los de las diferentes plumas, pueden hacer dibujos uniformes o geométricos (sobre todo, en las alas). En los de estructura lo que se busca es su parada, pero también se desarrollan elementos característicos como colas de pavo real o enormes viseras y cofias. Pasa lo mismo con las palomas de forma, donde la parada se combina con características formas de la cabeza, del pico o de las patas.

De los grupos con menos diversidad de razas, destacan el de las palomas carunculadas que, obviamente, busca el desarrollo deforme de las carúnculas nasales, a menudo en crecimiento permanente durante toda la vida del animal. Otra horrible deformidad es el de las palomas encorbatadas, con picos que se prolongan desde los frente hacia abajo, sin ningún ángulo, y que a menudo son prácticamente inexistentes.

Finalmente están las razas caracterizadas por cuestiones no relacionadas con su aspecto, a pesar de que ya no se crían para otra cosa que para la exhibición. Las palomas tambores reciben su nombre de un arrullo muy característico: el canto de estas palomas recuerda el sonido de un tambor. Por su parte, las palomas de vuelo alto pueden llegar a ser un diminuto punto en el cielo, si es que alguna vez las dejan volar. Destacan las palomas volteadoras que, mientras vuelan, se dejan caer a peso muerto y dando vueltas, como si un cazador las hubiera abatido, antes de recuperar el vuelo normal (que también puede incorporar más vueltas). Incluso hay una raza, de origen estadounidense, que pierde la capacidad de volar a los 6 meses y que hace todo esto por tierra, mientras corre y camina.

Como siempre, lo más terrible es lo que esconden las apariencias, los espectáculos o las buenas palabras de los criadores. Las deformidades generadas por algunas de estas razas impiden a los individuos alimentar a sus crías y obliga a utilizar palomas nodriza. Esto ocurre especialmente entre las razas de pico casi inexistente y entre las de buche grande, que también se pueden distendir y deformar aún más, haciendo que los animales se lo pisen. Las que tienen largas plumas en las patas pueden romper sus huevos o tirarlos los nidos, y por eso se las cortan antes de la puesta. Las viseras de plumas pueden llegar a tapar completamente los ojos de los individuos.

Los criadores, para mostrar sus gran conocimientos y técnica, las manipulan y las enseñan sin ningún problema para inmovilizarlas las entre sus manos, que mueven de forma nerviosa arriba y abajo. Inmovilizan sus patas cogiéndolas entre los dedos, los ponen la mano sobre la cabeza, mueven los dedos delante de sus ojos o las giran bruscamente y, boca abajo, para estirar de su pico y mostrar los buches o los colores de los plumajes. También los podemos ver utilizar punteros de madera y otros objetos para señalar características de animales enjaulados, siempre tensos y tristemente habituados a todas estas manipulaciones.

Las preparan para concursos y exhibiciones con toda clase de instrumentos, con las que manipulan picos, uñas y plumajes. Con tijeras cortan plumas y generan efectos estéticos artificiales como, por ejemplo, el de eliminar las de determinados colores que están intercaladas entre las del dominante en el buche o en el resto del cuerpo. También utilizan limas y cortaúñas con las que manipulan las formas de los picos, llegando a buscar simetrías perfectas. Durante estas manipulaciones, también utilizan instrumentos inmovilizadores fabricados específicamente o cosas como un calcetín con la punta cortada, que ponen a los animales como si fuera un jersey para inmovilizar sus alas.

La mayoría de palomas de raza se pasan la vida encerradas en su palomar y, en el caso de los de razas que tienen el vuelo, la suelta y el cortejo como razón de ser, no dejan de sufrir una libertad limitada y permanentemente vigilada, sometida a trabajos forzados. Como ocurre siempre con todas estas prácticas, la cría es generadora de negocio, de transacciones y compra-ventas que a menudo son caprichosas, compulsivas. Y, alrededor de todo esto, están los negocios de los utensilios como palomares, jaulas y otros instrumentos, además de la farmacéutica, la veterinaria o la alimentación específica, que también generan investigación con animales infectados con enfermedades para probar la eficacia de complementos alimenticios o de medicamentos.

Y como también ocurre siempre con todos los animales utilizados y explotados, aún más en el caso de los que deben presentar unas características muy concretas, son víctimas permanentes de la selección y el descarte. Los criadores, dentro de inmaculados palomares que han preparado para las visitas, pueden llegar a hablar con frialdad de la eliminación “cualitativa y severa” de individuos para mantener los estándares de las razas. En casos como el de las palomas de escudo, esas que deben presentar dibujos muy uniformes por la combinación de los colores de las plumas en las alas, este descarte puede llegar hasta el 80 y 90% de los animales.

Esta pudo ser la vida del Angry Bird. Puede que fuera uno de estos descartes, en algún lugar donde los abandonan a su suerte en lugar de matarlos. Y puede ser que escapara accidentalmente, librándose de todo el proceso que lo tenía que convertir en un aspecto, una parada, un tamaño y un gran buche que enseñar cada vez que estabas con él. Ahora está donde todo esto no tiene ninguna importancia, porque él no es ni una imagen, ni una foto, ni un hito más en el palmarés de ningún criador.

Angry no es una fantasía ni un ornamento, y es mucho más que una paloma de raza. Él es un individuo único, diferente a todos los demás, sean de la raza o de la especie que sean, nunca mejor que nadie y siempre tan bueno como cualquiera. Tiene muchas ganas de vivir, y es lo que hará hasta su último día. Volará, sin condiciones ni vigilancias, sin aprovechamientos ni usos, y siempre tendrá esa hermosa puerta de madera abierta para volver a casa.

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[1] La mayor parte de la información se ha obtenido del documental Palomas ornamentales y de raza (2004). Es una película promocional de los piensos para palomas de Versele-Laga, empresa con sede en Deize (Flandes Oriental, Bélgica). Está disponible en Youtube, dividida en 9 partes:

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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Hasta la finalización del campeonato, constará a todos los efectos como deportista titular de la paloma aquel deportista con el que hubiera quedado inscrito en el comienzo del mismo.
Reglamento de competición de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana. Artículo 11.

Alcibíades, el militar ateniense rescatado por Sócrates tras ser herido en Potidea, ganó los laureles de la victoria en la carrera de carros de los Juegos Panhelénicos del 416 aC, la misma carrera donde también consiguió el segundo y el cuarto puesto. ¿Cómo? Sencillamente, porque “compitió” con siete carros distintos, llevados por aurigas jóvenes, altos y delgados. “Ganó” porque era el dueño de los caballos y de los humanos esclavos que se jugaron la vida, enganchados en aquellas peligrosas máquinas de dos ruedas.

En las competiciones de colombicultura también hay “deportistas” que aspiran a la victoria a través de las palomas, aurigas modernos que compiten para ellos en las pruebas de pica. Tienen ese nombre por la pluma blanca pegada a la cola de la hembra que la identifica (y que se llama así: pica). Es una competición de machos y, como dicen los “deportistas”, orgullosos del espíritu de este deporte, no gana el más fuerte, ni el más grande ni el más bonito; gana el más galante.

Esta práctica se aprovecha de los rituales de apareamiento de las palomas. El macho intenta llevar la hembra a su nido con exhibiciones como alzar el vuelo con el buche hinchado, que en colombicultura llama viaje, y otros que se conocen como trasteo y que incluyen perseguirla constantemente, intentar cortar su trayectoria de vuelo para provocar que le siga o, cuando están parados, picar su cabeza una y otra vez para llamar su atención.

La competición pone en esta situación a una sola hembra. Una frente a un número de machos en a determinar por la organización de cada prueba y que nunca es inferior a 25. Una hembra jóven, que no se haya apareado (1) y que, preferiblemente, no conozca el terreno (2), tiene que huir de la bandada de machos. La perseguirán sin descanso y, cuando se pare para recuperar el aliento, le caerán encima. Segundos después de detenerse en la rama de un árbol, a un cable de la luz o en un tejado, desaparecerá bajo un manto de colores y le picarán la cabeza una y otra vez. En poco tiempo, se la dejarán sin plumas y cubierta de sangre.

En la competición, la hembra es el objeto del juego. Como la pelota de fútbol. Todo se acabaría si diera la victoria a uno de esos machos volando hasta su cajón, pero es prácticamente imposible que esto ocurra porque ella, aturdida y asustada, no hace más que intentar huir. En la naturaleza no hay bandadas que vuelan contra una sola hembra. Por ello, la competición tiene una limitación de tiempo y se dirime por puntos: gana el macho que no la haya perdido de vista, que no haya dejado la persecución, que haya pasado más tiempo a su lado o encima de ella.

Los dueños, el resto de personas aficionadas y árbitros de tierra siguen a la bandada allí donde vaya con motos, coches, bicicletas… Las árbitros de terraza se sitúan en un punto elevado y controlan todo el terreno de competición con prismáticos y equipos para el seguimiento de la señal que emite una baliza colocada en la cola de la hembra, junto con la pica. Los machos llevan las alas pintadas de colores por debajo y, así, se distinguen unos de otros y se hace más fácil el seguimiento de la bandada. Las árbitros cronometran el tiempo que cada paloma pasa en la bandada persiguiendo a la hembra, y otorgaran puntos en virtud de este tiempo y de los trabajos que hayan hecho hasta que, como si de un partido de fútbol se tratara, decretaran el fin de la prueba.

Según el reglamento (3) de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana (4), tres hembras distintas pueden ser sometidas a diversas pruebas de dos horas y treinta y cinco minutos cada una. Otras hembras sufren la fase de enseñanza (5), con la que los machos reconocen el terreno y se habitúan a lo que será su palomar durante la competición, y la de acoplamiento (6), una especie de ensayo previo a la competición donde las personas árbitros ya ocupan sus lugares. Estas pruebas previas prevén tiempos con limitación de vuelo para la hembra, que permanecerá atada o encerrada mientras la acosa un macho o toda la bandada.

Fuera de competición, la función de las hembras es servir para el entrenamiento de los machos y para criar campeones. Las hijas de los machos más queridos son emparejadas con otros comprados a criadores para evitar la consanguinidad, y estos también son elegidos por su apellido o por el prestigio como criador de quien los pone a la venta.

Ellas tienen una pica en la cola, para que el macho aprenda a asociarla con el apareamiento. Según los escritos de los criadores, los pichones montan varias hembras que encierran con ellos dentro de una jaula y luego aprenden a perseguirlas en vuelo ellos solos, hasta que se aparean dos o tres veces más. Finalmente, comienzan a competir con otros 2 machos, luego con 4, 9, 14, 19, 29… Hasta que se entrenan en el seno de una bandada de 50 machos, en función de la evolución del adiestramiento.

Objetos de competición, señuelos para el entrenamiento e instrumentos para la cría. A través de la gente que se dedica, todo lo que podemos saber de las hembras es en virtud de lo que tienen que decir de los machos. No hay fotos de las hembras después de la competición ni nos cuentan lo que hacen con ellas después; no sabemos cuántas hembras usan para entrenamiento o para cría, si utilizan todas las que nacen o que hacen con las sobrantes. Respecto a los machos, tampoco nos cuentan si usan todos los que salen de todas las puestas o si los que no demuestran valía durante el entrenamiento tienen una vida apacible lejos de la competición. Sabemos que la cosa va por barrios y que, como suele ocurrir con los temas de dinero, hay elección, rechazo y “eliminación” de lo que sobra.

Este es el deporte de los deportistas que miran “su” competición. Son hombres que muestran la cultura escondida cuando forman grupos que miran hacia arriba. Complicidad masculina que da por bueno el “galanteo” a través de las palomas machos, que difumina la línea que separa la atracción del acoso a las hembras, que estalla de alegría ante la escenificación de una violación en grupo construida por ellos, que nunca se daría en la naturaleza. Uso de animales que esconde el sufrimiento detrás de idealizaciones como el amor y el cuidado por las palomas, como hacen los grupos de cazadores que cuentan sus hazañas con armas alrededor de una gran comilona y hablan de su amor por la naturaleza que destruyen.

Una bandada de palomas que muestra todos los colores del arco iris, y una hembra que huye. Un grupo de hombres que mira hacia arriba. Especismo humano que banaliza el sufrimiento de los otros animales, y sexismo patriarcal reflejado por estas dos escenas. Día de competición.

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(1) Las que ja se han apareado tienen preferencia por la que fue su pareja y complicarían la competición.
(2) Las hembras enseñadas se podrían refugiar en buenos escondites que ya tienen identificados y que serían de difícil 8 localización para los machos competidores. En ocasiones, la orografía del terreno aconseja el uso de hembras enseñadas para evitat que, por las dificultades de orientación, se paren cerca del lugar donde han sido soltadas e impidan la suelta de los machos competidores.
(3) http://www.colombicultura-c-v.es/50/secretaria/REGLAMENTO.pdf
(4) http://www.colombicultura-c-v.es
(5) Sin limitación de tiempo.
(6) Una prueba de un máximo de dos horas. Se puede establecer un tiempo de 30 minutos en el que la hembra tendrá limitaciones de vuelo.

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.

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