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Leo este mensaje sobre el “reportaje” de una revista que se llama Bous al Carrer, y que estoy seguro que será para conservar y enmarcar. Amenazan con que el título es “Los menores en los toros”, en castellano, porque es la lengua dominante. Han recortado lo que debe ser la idea central de este texto, que nos dice que hay que decir la verdad a los niños en masculino genérico, porque es el género dominante.

Estaría muy bien que contaran la verdad a las niñas y a los niños. Que contaran la verdad de la carne que comen, de su jersey de lana o de la medicina que toman cuando les duele la garganta. La verdad de los animales que ven en el circo, el zoo o el acuario, de los que acarician en la granja escuela, de la vaca que ríe y del caballo que tira de la calesa. La verdad de ese precioso toro que les impresiona desde la primera vez que lo ven. La verdad de los cuernos con los que les hacen jugar a bous al carrer.

Si contaran esas verdades no “desmontarían el mensaje animalista”, que sencillamente consiste en contar, una y otra vez y hasta la extenuación, esas verdades que tanto les incomodan. El mensaje animalista es levantar la alfombra para enseñar la mierda de verdad que se esconde debajo, con crudas imágenes de granjas y mataderos, de toros atormentados, perros maltratados y abandonados, ovejas degolladas, lobos colgando de árboles o delfines que se suicidan. La verdad del mensaje animalista es, también, la de las alternativas: protectoras, rescates, refugios, veganismo… Respeto.

Claro, de lo que hablan es de “su verdad”. Esa donde se come ternera o merluza “para sobrevivir”, donde se montan a los caballos y se torean a los toros… porque si, porque lo ha decidido Dios o porque somos la especie dominante, la raza dominante, el continente dominante, la nación dominante, la clase dominante, el género dominante, el sexo dominante o la identidad sexual dominante. Hablan de un viejo concepto de verdad que les viene dada, que no se contesta ni discute porque siempre ha sido así, porque es tradición y orden. Esa verdad de siempre sin empatía, sin solidaridad, sin justicia. Esa verdad que les es necesaria para contestar un cambio que puede acabar con su dominio, con su privilegio.

Necesitan de esa verdad que no es verdad, que los justifica. Es su puerto seguro, desde donde parten sus reflexiones y sobre las que se construyen sus argumentos. Si queréis ver un ejemplo, creo que uno de los mejores es el del alegato final de Marta Trenzano, alcaldesa de Algemesí, para justificar la abstención del PSPV-PSOE ante una moción para que no se volvieran a autorizar toros embolados en el municipio y que, por supuesto, no prosperó. Toda esa construcción, hecha sobre el dogma de que la tortura taurina y los linchamientos de bous al carrer son prácticas legales, normales e incuestionables, incluye la frase “ser progresista es tener capacidad de empatizar con los demás”.

Si, los dogmas son sus cartas de navegación y, sin ellos, naufragan rápidamente. El dogma especista es el que permite a la alcaldesa hablar de empatía con otros seres humanos que no saben lo que es la empatía con los demás animales, toros en este caso, y que sólo tienen el dogma especista para justificar sus linchamientos. De este lado, estos discursos suenan tan marcianos como los discursos racistas, xenófobos, supremacistas blancos, como los machistas, misóginos, como los antielección, como los LGTBfóbicos…

No puedo entender qué manía les ha cogido con Disney. ¿Se creerán de verdad que ver Bambi inhibe la normalización de la violencia con los otros animales, y te permite ver que no son objetos con los que hacer lo que sea? ¿Se creerán de verdad que el estado normal de conciencia consiste en ir a mirar la tortura pública de un toro, oír sus gritos, ver brotar su sangre, sin sufrir ningún rechazo? ¿Se creeran de verdad que “la fantasía que muestra la tele”, con animales que hablan y van a la oficina, es la causante única de la ruptura de su “normalidad”?

Un gran problema que tienen es que piensan que los niños y niñas deben ser esponjas dóciles a sus normalidades, a su adoctrinamiento y sólo al suyo. Piensan que tienen que tragar su forma de entender la vida sin cuestionarla, y llega el día en que se dan cuenta de que los niños y niñas tienen ojos en la cara, capacidad reflexiva y crítica, deseo de justicia, compromiso. Tienen una vida que va sumando años, y encuentran caminos y herramientas para acceder a mejores referentes que los de la normalización del privilegio, de la injusticia, del abuso.

Los adoctrinadores topan con un pensamiento crítico que no entienden ni soportan, que siempre han querido erradicar. Chocan de frente con las personas que fueron niños, que no se tragaron o que han vomitado ese adoctrinamiento suyo. El problema es que, a veces, ese pensamiento crítico es el de un niño o niña bajo la tutela de uno de estos adoctrinadores que, llegado el caso, estará dispuesto a aplicar la terrible máxima de “la letra, con sangre entra”.

Recuerdo la historia de una persona que admiro mucho y que, todavía adolescente, tuvo que huir de un padre falangista que la amenazó de muerte con su pistola, después de haber encontrado las publicaciones clandestinas comunistas que leía a escondidas. También recuerdo la pesadilla del niño paloma, que es como la de todos los niños que “salen maricones” a cualquiera de estos adoctrinadores. Y es la historia de todos esos niños y, sobre todo, todas esas niñas vincianas, personas que empatizan de forma natural con los otros animales y rechazan desde el primer momento todas las formas de abuso contra ellos. Esos niños y niñas están entre quienes obligan a presenciar la tortura más salvaje, a comer la explotación de la que no quieren participar.

Adoctrinadores, contad a los niños y a las niñas todas las verdades que manipuláis y que les escodéis por conveniencia. Contadnos la verdad, y tendréis que ver que el único mensaje desmontado será vuestro.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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El sábado 24 de septiembre, unas personas que intentaban impedir el linchamiento de animales fueron apaleadas, bajo la atenta mirada de la policía local. En Algemesí.
La sangre de las personas animalistas, a quienes la tauromaquia acusa de violentas, se mezcló con la de los erales y novillos torturados hasta la muerte en esa carnicería que se llama Setmana de bous d’Algemesí.

Este año hay una novedad: a pocos metros del lugar en el que se arrastran los cadáveres de las crías de toro (los cadáveres o los animales agonizando), allí donde las personas animalistas fueron golpeadas, hay un estand y un photocall donde se pide unas fiestas de igualdad y respeto. El lema de una de estas campañas es el título de este artículo, “no es no”, en referencia a la violencia sexual.

Cada vez que la tauromaquia quiere renovar su imagen y disfrazarla de modernidad suele utilizar la presencia de mujeres, como toreras, rejoneadoras o como público. Esto es un clásico. Por eso la insistencia de Mar Pintor, concejala de igualdad de Esquerra Unida del País Valencià y taurina declarada, en vincular la campaña feminista con la semana de toros.

Que Esquerra Unida del País Valencià sea un partido estatutariamente antitaurino no es un obstáculo para que una concejala haga de la tortura taurina su bandera. Pero el feminismo lucha precisamente contra aquello que la Sra. Pintor quiere fomentar. El feminismo identifica las lógicas de dominación que quieren someter otros cuerpos y se enfrenta a ellas. La interseccionalidad es eso: nació como un grito desde los márgenes, desde el feminismo no blanco, no heterosexual y puso sobre la mesa que no hay opresiones de segunda, hay opresiones que no sufrimos. Desde la defensa animal, tomamos ese grito y lo hacemos nuestro.

Así que la instrumentalización que hace el ayuntamiento de Algemesí de la lucha feminista es un purplewashing de manual: intenta utilizar la lucha feminista para legitimar una injusticia. Porque ¿se puede pedir igualdad y respeto, mientras se aplaude como unos cuerpos son castigados por considerarse “inferiores”? Castigados hasta la muerte porque se tiene la fuerza para hacerlo, porque hay personas que lo encuentran divertido. No hace falta ser psicóloga para entender que en el momento en que se banaliza la violencia contra unos cuerpos, es muy fácil hacer un click mental y extender la violencia hacia otros y, sobre todo, hacia otras.

El heteropatriarcado está dentro de la plaza de toros de Algemesí y cuenta con el apoyo de una concejala de igualdad, que tiene la silla en una candidatura de un partido político estatutariamente antitaurino. Eso es una traición. He sido militante de EUPV y he formado parte del área de feminismos: lo que hace la Sra. Pintor es una traición y está arropada por todo su grupo municipal.

En ese estand se quiere denunciar la violencia machista y eso, por supuesto, es algo muy necesario y, como feminista comprometida, lo apoyo. Pero por la calle Muntanya de Algemesí corre la sangre y esa sangre no debería ser invisible. Como tampoco deberíamos ser invisibles nosotras, las mujeres animalistas, las que sufrimos la violencia cuando los machirulos taurinos nos piden que “les enseñemos las tetas”, cuando nos mandan a fregar o se tocan los genitales. He dejado de contar las amenazas de violación y siempre me voy de Algemesí mirando atrás.
La espina dorsal del animalismo es el feminismo. Son las gafas violetas las que hacen que identifiquemos las injusticias. Por eso este movimiento está formado mayoritariamente por mujeres y por eso es castigado y es insultado. No se puede entender la violencia que sufrimos en Algemesí sin la clave de la violencia machista.

No es no, claro que sí. Pero si vais a la zona donde está ese estand de Algemesí y miráis al suelo, veréis la sangre de unos cuerpos sometidos de la forma más brutal. Las gafas violetas deberían identificar esa sangre y no sonreír, o mirar hacia otro lado, cuando la tauromafia se la quita, molesta, de los zapatos. Al fin y al cabo, el feminismo es incómodo, cuestiona lo que nos dicen que es tradicional, normal y natural. Por eso, la violencia contra los animales es un asunto feminista. Y el feminismo siempre toma partido.

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Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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Los derechos animales son una especie de suero de la verdad: sirven para detectar si las diferentes opciones políticas defienden la justicia y la igualdad, más allá de una pose, de un discurso para quedar bien con todo el mundo. Dentro de los derechos animales, el escalón más básico y más evidente es la tauromaquia y las fiestas donde se torturan animales.

Que, en el s. XXI, haya políticas como Manuela Carmena que se atraganten cuándo les preguntan sobre la tortura taurina e, incluso, eviten posicionarse (al menos, este año) sobre el Toro de la Vega dice mucho de su proyecto renovador. Esto también se aplica a los partidos políticos de la izquierda transformadora que, como en Algemesí, tienen taquicardias si se les pide que se posicionen contra la semana taurina.

Y es que la izquierda tiene una fe casi religiosa en que va a perder votos si se posiciona en contra de la tortura taurina, es decir, a favor de los animales. Sólo es necesario pasearse por las peñas taurinas y, oh sorpresa, no parece que haya mucha gente con un discurso anti-capitalista, o feminista y/o LGTBI. Más bien al contrario. Pero supongamos que es así, que posicionarse contra la tortura hiciera perder votos, si ése es el miedo tal vez deberían plantearse para qué están en política porque, pienso, estamos aquí para intentar cambiar las cosas, ¿no? Cambiar a mejor. En política, además de la honradez, es muy importante la valentía. Y, a veces, hay que decir que no: no, no está bien torturar hasta la muerte a un animal encerrado.

Unos 40 animales serán masacrados, a pie y a caballo, este año en Algemesí. Una de las estrellas de la semana taurina es João Moura (hijo), conocido por practicar el bull-baiting (lucha de perros contra un toro). Él mismo colgó las fotos de su “afición”, con el sello de su ganadería, en las redes sociales. Estaba orgulloso.
Unos 40 animales serán masacrados en Algemesí. Tan inocentes como Rompesuelas. Con la misma incomprensión en sus ojos, con el mismo deseo de escapar. El día 20 de septiembre, una vaca intentó huir de un encierro en Algemesí, vio una puerta abierta e intentó esconderse. Subió hasta el tercer piso. Y la izquierda, transformadora o no, habla de diversidad.

Porque, curiosamente, las personas que defienden la tortura taurina se esconden detrás de palabras como “democracia”, “respeto”, “libertad” y “diversidad”. Vale, vamos a analizar estos conceptos siguiendo con el ejemplo de Algemesí.

Democracia: cuando, en las redes sociales, se comunicó el día de la manifestación antitaurina de este año, se organizó una contra-manifestación taurina con el único objetivo de impedirnos acceder al centro de Algemesí. Allí nos hemos manifestado, pese a todos los obstáculos (y han sido muchos obstáculos) en años anteriores. Durante ese tiempo nuestra manifestación autorizada y pacífica tenía que hacer frente a contra-manifestaciones “espontáneas”, no autorizadas y violentas, que actuaban con total impunidad. Además de los insultos, nos llovieron objetos.

Este año se organizó una contra-manifestación, el mismo día y a la misma hora, para obligar a la nuestra a desviarse totalmente de su recorrido. Un gran ejemplo de democracia. La contra-manifestación estaba dirigida por la alcaldesa de Algemesí, Sra. Marta Trenzano (PSOE) y el ex-alcalde de Algemesí, Sr. Vicente Ramón García Mont (PP). Este último nombró televisiones non gratas (La Sexta) y a las personas animalistas nos llama “gentuza”. Grandes demócratas, se nota.

Otra lección de democracia y de gestión responsable del dinero público: tal y como informó la Sra. Trenzano (PSOE) no hay dinero para libros de texto en Algemesí, pero sí para torturar animales. 39.500 € directos para la semana de toros. 24.000 € para Sant Onofre, donde hacen bous al carrer. Y tendríamos que revisar con lupa las partidas de protocolo (15.000 €), seguros (7.500 €) o fiestas populares (30.000 €).

Respeto: la contra-manifestación taurina transcurrió con tranquilidad. Debe ser fantástico manifestarte sabiendo que nadie te va a agredir. En la nuestra fue un poco distinto. A nuestro alrededor, un grupo de personas se dedicó a insultarnos durante parte del recorrido. Al terminar, por seguridad, nos marchamos en grupos. Cuando ya estábamos cerca del coche aparecieron dos personas cogiendo piedras del suelo, la cosa quedó ahí porque fingimos que les habíamos hecho fotos. No era cierto, nos temblaban demasiado las manos.

El año pasado, casi muere un cámara de Antena 3 por intentar grabar en la calle, antes de una becerrada. Le echaron un líquido irritante en la cara, se le cerró la garganta y no podía respirar.

Libertad: claro, claro… libertad de información, como acabo de explicar. No se puede apelar a la libertad para torturar hasta la muerte a un animal encerrado, me da escalofríos pensar en el concepto de libertad que tienen esas personas.

Diversidad: un acto criminal no puede justificarse bajo este concepto. No hablamos de que a alguien le guste el jazz y a otra persona le guste el rock. Qué va. Hablamos de divertirse mutilando a un animal que no entiende qué está pasando. A veces, el toro, el becerro, no puede ni reaccionar y se queda quieto con una expresión que destroza a cualquier mente sana.

Así que quien organiza contra-manifestaciones para impedir manifestaciones, quien insulta y agrede o amenaza con agredir, quien entiende como libertad el derecho a torturar… se presenta cómo víctima. Pero la sangre siempre es de los animales y, muchas veces, de las personas que intentan defender a los animales sin más armas que una pancarta, una cámara, sus cuerpos como escudo y la razón.

En política, jugar a la ambigüedad puede ser peligroso. Puede suceder que las y los votantes se cansen y, si la izquierda transformadora no toma partido por los animales, busquen otra opción. Y nadie podría culparles.

 

Diplomada en Relaciones Laborales. Licenciada en Historia. Militante de izquierdas. Feminista, heterodisidente y vegana.

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El pasado sábado 13 de septiembre la 9 ª Manifestación antitaurina de Algemesí convocó a más de 400 personas, que reclamaban una fiesta de verdad sin tortura de animales, se manifestaron pacíficamente por el corazón del ciudad hasta la plaza en construcción, lugar en el que, la próxima semana, se torturarán y matarán casi 40 animales.

La manifestación comenzó, como cada año, en la plaza de la Estación donde la presidenta de la Plataforma Iniciativa Animalista, Encarna Canet, explicó lo que significa la semana de toros y las becerradas cadafaleras, donde morirán los cerca de 10 becerros que torturarán las becerradas cadafaleras. Las becerradas son actos donde festeros sin experiencia y, con claros síntomas de borrachera, torean a animales de menos de dos años, muchos de ellos sin haber cumplido el primer año de vida. Si sus condiciones los hacen incapaces de hacerlo, los animales son devueltos a los corrales tras ser torturados en la plaza y, después, los envían al matadero.

La marcha transcurrió sin ningún incidente, con consignas como “Algemesí antitaurino”, “Tauromàfia, abolición”, “La tortura no es arte ni es cultura” o “Alcaldes toreros, dimisión”. Frente a la plaza de toros, Wlad Morales llamó a romper la barrera que ahora representa esa construcción de madera para ir hacia una fiesta de verdad y, también, a un uso de los recursos que se derrochan para torturar animales en necesidades como educación, sanidad, etc

En la plaza del Mercado, Jesús Fraile hizo la intervención de clausura de la 9 ª manifestación, denunciando el inmovilismo del Ayuntamiento durante estos años. También se denunció el secuestro de la fiesta de la Virgen por parte de la tortura taurina y el esfuerzo para aprovecharse de su prestigio como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La Folgança anunció que contactará con la UNESCO para denunciar que sus símbolos se utilizan en el Museo de la Fiesta, donde existe una exposición temática dedicada a la tortura taurina.

Durante el acto se agradeció el apoyo a todas las personas firmantes del “Manifiesto de Algemesí: que la tradición no impida el futuro”. Personas del mundo de la cultura, la ciencia, la universidad, las organizaciones sindicales, el movimiento vecinal, etc, “han firmado a favor de una nueva forma de hacer donde la tradición no sea el pretexto de todo lo que va contra la ética y el progreso y sea lo que debe ser: valores de siempre, plenamente vigentes, que deben preservarse “, declaran desde la PIA en nota de prensa.

Finalmente, se leyeron poemas dedicados a las víctimas de la plaza de torturas de’Algemesí, y se guardó un minuto de silencio en recuerdo de todas ellas.

La Folgança – Iniciativa Animalista de Algemesí trabaja para el fin de este injustificable inmovilismo, y más ahora que la ciudadanía reclama permanentemente transparencia y participación. Iniciativa Animalista reclamó que se aprovechen todas las oportunidades que se abren para romper las viejas formas de hacer, especialmente en el Ayuntamiento de Algemesí.

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