Etiquetes Entrades etiquetades amb "activisme"

activisme

1222

Hace unos días Gerald Dick, presidente de la WAZA (Asociación Mundial de Zoos y Acuarios) estuvo en Barcelona con el objetivo de preparar el congreso de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios) que tendrá lugar el año que viene en Barcelona.

Bien, empezaré por compartir unos datos sobre el historial de este “caballero”: el poderoso Gerald Dick trabajó, en su día, con la WWF y en proyectos de cooperación medioambiental en América Latina. Esta incoherencia solo se puede explicar con la evidencia de que no se entiende ni él, una vez leída la entrevista que El Periódico le concedió en su paso por la ciudad catalana.

Pero, ¿qué son la EAZA y la WAZA? Son el nexo de unión de muchos zoológicos de Europa y del mundo entero. Se encargan, entre otros trámites y tras el pago de una cuota anual, de gestionar los intercambios entre animales de los diferentes parques zoológicos que están asociados y de inspeccionar periódicamente los parques para comprobar que se ajusten a la normativa actual. Estas dos asociaciones permiten, entre otras barbaridades, que sus asociados realicen el “culling”, práctica que consiste en sacrificar (que no eutanasiar, hay una gran diferencia) las crías de cualquier especie que nazca en las instalaciones, entre otros motivos, como medida de control de la población. No hace mucho la asociación animalista LIBERA! denunció el sacrificio de una cría de nilgo que se encontraba en perfectas condiciones. La respuesta: “eso es legal”.

La última gracia perpetrada en el zoológico de Barcelona ha sido el traslado de dos delfines al Oceanográfico de Valencia, hace diez días. Cierto es que el delfinario de Barcelona es un lugar completamente inadecuado para los seis delfines que malviven en ese recinto desde hace ya demasiados años. La EAZA convino el 2018 como plazo máximo para adecuar las instalaciones con el objetivo de mejorar el bienestar de esos delfines. La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, con muy buen criterio, decidió que Barcelona no iba a gastar diez millones de euros en hacer otro delfinario. En la mesa había dos opciones: el traslado a otro delfinario o a un santuario de delfines. A día de hoy, dos de los delfines de Barcelona han caído en las garras del lamentable Oceanogràfic que tiene, entre otros cetáceos, dos belugas que fueron un día arrancadas de su hogar, el mar del Norte, y ahora están intentando sobrellevar su impuesta cautividad en unas condiciones deplorables. Una asociación, Archipelagos, que se puso en contacto con FAADA y que está preparando lo que sería el primer santuario de cetáceos de Europa en Grecia, está esperando con los brazos abiertos la llegada de esos delfines junto a su madre que se ha quedado en Barcelona con tres compañeros de grupo más.

Los delfines son mamíferos marinos con una fuerte cohesión social, muy inteligentes, con capacidad de autoreconocimiento, poseen una memoria a largo plazo, utilizan diferentes técnicas de caza dependiendo del lugar donde residan y tienen un sofisticado sistema de comunicación, llamándose a cada uno por su “nombre”. Un mamífero con unas conexiones neuronales que les provee de una capacidad emocional superior incluso que la del ser humano. Un depredador cuya vida se basa en nadar decenas de quilómetros al día, en cazar y en mantener unas complejas relaciones sociales, encerrado en una piscina de cemento. Con agua. Nada más. Eso no es enriquecimiento ambiental. ¿En qué se parece una piscina llena de aros, pelotas, ruedas de camión y mangueras donde esconder el pescado congelado “aderezado” con vitaminas…. a las plantas, peces, tortugas, mareas, arena, rocas… que hay en su casa, en el mar? Ningún delfinario, por grande que sea y por mucho que lo intenten los conservadores, proveerá a estos animales de las necesidades básicas para tener un nivel de bienestar tanto físico como emocional aceptable.

España es el país europeo con mayor cantidad de delfinarios: 11 y, si nadie lo remedia, en breve serán 12. Cien de los 300 delfines de toda Europa están en España. De ellos, aproximadamente la mitad son nacidos en cautividad. Lo curioso es que excepto uno, el resto de delfinarios están construídos en poblaciones costeras, desde donde se puede salir para ver a cetáceos de verdad, con su comportamiento de cetáceo y en su casa, el mar.

Que no nos engañen: Los delfinarios no tienen delfines en cautividad para realizar una labor educativa, de investigación y de conservación. Esto lo hacen porque deben cumplir la normativa vigente. Pero el objetivo final, como cualquier empresa, es ganar dinero. Está demostrado que la labor de conservación del delfín mular, con una subespecie en peligro, no se puede llevar a cabo ya que no se puede liberar a mar abierto un delfín nacido en cautividad y al cual no se le ha enseñado a cazar porque, muy probablemente y debido a éste y a otros factores, moriría. La mayoría de las labores de investigación se pueden y deben realizar in situ, en su medio natural, para obtener datos reales y que podamos trasladar a su habitat para poder ayudarles en su casa, no en la nuestra. Y respecto a la educación, no hay nada en un delfinario que no podamos enseñar a un niño mucho mejor de forma digital, con diversos métodos que seguro harían que esos pequeños se empaparan de conocimientos.

No se trata de “ver quién hace la piscina más grande”. En España tenemos aproximadamente 8.000 quilómetros de costa. Podríamos…. No, podríamos no: deberíamos construír santuarios en todo el planeta donde alojar a las poblaciones de delfines que hemos tenido desde hace décadas confinados en nuestras jaulas de cemento, obligándoles a hacer lo que nosotros queremos: entretener al público que paga una entrada. Debemos hacerlo porque se lo debemos. Por tantos años de sufrimiento. Porque ya estamos en el siglo XXI y la manera en la que tratamos al resto de animales debe cambiar. Ya no es tiempo de utilizar a las demás especies a nuestro antojo: ahora es el momento de ayudarlas a recuperar sus ecosistemas. Los mismos que, durante muchísimos años, los humanos nos hemos encargado de destruír.

—————-

 

Nací en Barcelona y desde que tuve uso de razón quise ser veterinaria. Mis padres, gente humilde, me inculcaron, entre otros tantos maravillosos valores, el de el amor por el resto de animales. Gracias a ellos logré mi objetivo y soy veterinaria especializada en animales domésticos. Mi pasión es el mar y todo lo relacionado con él. He hecho cursos de submarinismo científico, de medicina veterinaria en mamíferos marinos y de atención a varamientos de animales marinos. He sido voluntaria de PROMAR, coordinadora de Sea Shepherd España en el área de Catalunya, y actualmente soy vocal de AVATMA en el área de Catalunya, voluntaria de Associació Cetàcea, miembro del Comité de Protección Animal del Colegio de Veterinarios de Barcelona y colaboro en el Proyecto ZOO XXI.

12412

La explotación hacia los animales, es algo que nos han inculcado desde nuestra más tierna infancia, una maniobra orquestada a la perfección para que normalicemos conductas que normalmente serian aberrantes para un niño.

Los animales nos fueron mostrados en los dibujos animados y libros de texto, felices en las granjas, contentos de ofrecernos sus recursos y sus vidas, sin embargo, la comida, cuando la cena era servida nunca tuvo forma de animalito, estaba troceada y nada nos recordaba que ese pedazo de carne, fue un ser que vivo que murió con terrible sufrimiento.

Más tarde nos enseñan en el colegio que la proteína solamente está en la carne, el calcio en la leche y el omega 3 en el pescado y que sin consumir esos alimentos es imposible sobrevivir.

Socialmente nos mostraron que para celebrar nuestras fiestas debemos hacer una gran comida en la que un animal, generalmente un bebe, debe de ser el gran manjar, ya sea un cachorro de cerdo, vaca o gallina.

Nos mantuvieron alejados de los mataderos,y de las granjas de explotación industrial. Una venda en los ojos que nos mantuvo ignorantes de la realidad.

Como consecuencia llegas a desterrar de tu cabeza siquiera la opción de vivir de una manera diferente, porque ¿quién viviría sin comer animales, lanzándose a una segura y peligrosa deficiencia de proteínas, calcio, hierro y vitaminas? ¿Quién en su sano juicio se plantearía modificar sus “saludables” hábitos de vida si estos cambios le iban a llevar irremediablemente a la enfermedad?

La respuesta es evidente, nadie.

Todas estas mentiras se mantienen en el tiempo, apuntaladas fuertemente por la cultura del miedo, reforzadas por la desinformación difundida por aquellos que se lucran con el comercio de vidas animales, y el temor a ser diferente al grueso se la sociedad.

Por eso uno de lo muros más importantes a derribar, para conseguir la liberación animal, es el de la información oculta, proporcionando acceso a esta, para conocer que una vida sin comer animales, ni disponer de ellos, es totalmente saludable, para nosotros, los animales y el planeta.

Este muro es muy grueso y es difícil hacer mella en él. Hay mucha información veraz pero muchas veces se difunde entre un exceso de opiniones e intereses. Por eso creemos que demostrar que el veganismo es saludable con hechos es una herramienta poderosa.

Como activistas y deportistas tratamos de ir picando este muro.

Con ese objetivo partirá el próximo día 27 de septiembre la Transibérica por los Animales. Un reto deportivo que consistirá en cruzar la península Ibérica en bicicleta desde su punto más al sur, Tarifa, hasta Suances en Cantabria, uniendo el mar Mediterráneo con el Cantábrico, mas de 1000 kilómetros que tres deportistas veganos intentaremos realizar en menos de 48 horas.

El objetivo, ademas de seguir demostrando que una dieta vegana es perfectamente compatible con la salud, el deporte y la consecución de grandes gestas deportivas por otra parte tendrá un carácter solidario.

Los kilómetros de la ruta serán vendidos de manera simbólica por 3 euros, cada uno, de esta forma todo el mundo podrá formar parte de este proyecto y colaborar activamente.

Todo lo recaudado será donado a 5 asociaciones que ayudan a los animales, humanos y no humanos:
Santuario Gaia
Santuario Hof Butenland
Protectora Sara
Rescate Animal Lanzarote
Fundación Sos Himalaya

Con este reto, queremos inspirar a la gente y demostrar que no es necesario colaborar con una industria de muerte y sufrimiento para llevar una vida plena y feliz. Poner nuestro grano de arena para ayudar a derribar ese muro construido a base de prejuicios, egoísmo, costumbres y falta de empatía.

Pedalearemos cada kilómetro con la ilusión de que nuestro esfuerzo en cada kilómetro pedaleado se traducirá en ayuda económica gracias a vosotros para ayudar a asociaciones en las que las personas literalmente entregan su vida para ayudar a los demás.

Si quieres ayudarnos a conseguirlo y ser parte de este maravilloso equipo que se pondrá en marcha en pocos días, tienes toda la información necesaria en nuestra web: www.transibéricaporlosanimales.com

Porque los animales no tienen voz ayudamos prestándoles la tuya.

—————–

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

1897

El día 16 de julio, el colectivo Abriendo Jaulas, realizó una acción en el centro de Barcelona contra la industria de la violación, el orfanato y la muerte prematura que secuestra, roba y exprime a las hembras de otras especies y a su descendencia, con el objetivo de conseguir ese producto sangriento llamado leche, llamado queso, llamado lácteos.

Era una acción curiosa y diferente, pero en Barcelona todo es posible. Desnudas y con expresión deprimida, las activistas tenían conectados los pechos por tubos a recipientes donde se simulaba un ordeño automático de ubres, como el que sufren las cerca de 900.000 vacas explotadas en el estado español. Las vacas son violadas e inseminadas y su ternero o ternera, recién nacido, es separado violentamente de la madre para ser a su vez explotada para dichos lácteos, asesinada para carne de lujo o para ser engordado con el mismo fin. El engorde se realiza mediante preparados industriales bajos en hierro y sales (de ahí que dichos animales laman los barrotes de las granjas o las manos de las humanas, buscando nuestras sales), que garanticen la palidez de sus músculos. Las vacas son tratadas como máquinas orgánicas, circunstancialmente vivas. Son consideradas como mecanismos, y por lo tanto no adquieren ni siquiera el estatus de esclavitud, porque las máquinas han sido creadas para servir, no para tener anhelos propios de la vida y la libertad.

Imatge: Montse García
Imatge: Montse García

No fueron pocos los pseudoperiódicos y las personas que ridiculizaron y criticaron dicha acción. Es lógico y consecuente para el macho acomplejado hacer comentarios acerca de la mujer que no puede alcanzar, bien por su ideología, bien por su nivel intelectual, por su estupidez o bien por su torpeza. Es lógico y pronosticable que la gente que vive o apoya la cultura patriarcal de la dominación y la violación, comentaran y lanzaran sus absurdas opiniones al aire virtual. Es lógico y presumible que el macho abra su bocaza para continuar con la dinámica de estultez invasiva y la estupidización anormal que caracteriza al machismo. Lo ilógico, lo inesperado, sería que la cerraran. Que las machistas cerraran la boca, eso sería excepcional.

Es previsible también que el rigor periodístico de cualquiera dotada de poca objetividad y mínima comprensión sobre el tema de los lácteos, redunde en las publicaciones derivadas de la acción. Las personas adictas no piensan con congruencia.

La lactocaseína es un adhesivo presente en todos los lácteos, además de ser una proteína de efectos similares a los opiáceos, pues libera casomorfinas y genera una adicción de baja intensidad en las humanas, como el café o el tabaco. Esta adicción y la dificultad de “desengancharse”, empuja a comportamientos acérrimos en su defensa, tales como los de las personas resistentes a aceptar la realidad química de los lácteos.

Durante la acción en Barcelona hubo burlas, desprecio, insultos velados, comentarios machistas sobre la estética de las activistas, sobre cómo deberían ser para ajustarse al cánon impuesto por el patriarcapitalismo, sobre su vello, etc, para sumarse al abanico de despropósitos que acompañan al activismo por las personas no humanas, propio de una sociedad machihembrada a la rutina y a la discriminación de lo diferente. No falta quien opine que las activistas necesitan una buena polla, ofreciendo por supuesto la suya para el propósito.

Por alguna razón misteriosa, las activistas veganas que visualizan la realidad que ocultan las explotaciones inmisericordes del especismo, son atacadas, burladas con sarcasmos, agredidas física, verbal o emocionalmente, desprestigiadas, difamadas y ninguneadas de un modo casi sistemático entre la horda machirula. Por alguna razón misteriosa la persona que pasea el espacio público o virtual, cree tener su derecho a escupir su opinión irreflexiva para vulnerar con ella a las voluntarias y sobretodo a las víctimas no humanas. El cuestionamiento de los estándares de vida actual mediante la visualización de las víctimas son despreciados por el pensamiento antropocentrista imperante, y en el caso de la defensa animal no humana, es casi ineludible este tipo de situaciones. Nadie osaría criticar a un grupo de voluntarias que protestara en contra de la guerra entre humanas, pero en oposición a la guerra contra las no humanas, sí, porque al parecer, hay víctimas de primera, segunda y tercera clase en el imaginario de la ciudadana de a pie.

La lucha antiespecista es eminentemente hembra, sin embargo, no es proporcional el número de mujeres que llevan la voz cantante en las reivindicaciones de vida, libertad e integridad física que se reclaman para las especies de animales no humanas. Esto es debido a que el monopolio mediático y social sigue situando a los hombres en categorias de verosimilitud excluyente, armoniosas con el heteropatriarcado. Ese mismo motor precisamente causante del capitalismo brutal que sitúa a las vacas en el lugar de las cosas rentables, usando cíclicas crisis, crucifijos sangrientos u otras chucherías. Las mujeres y las vacas tienen un rol que cumplir ante los ojos de la sociedad, por eso se les sugiere o impone cómo tienen que comportarse, amenazándolas con los peligros de disidir, con la exclusión y las burlas, culpabilizándolas por su modo de vivir y la gestión de su propio cuerpo.

Si los hombres sufrieran durante una sóla semana lo que las mujeres padecen cada hora y cada día de sus vidas, desde la marginación socioeconómica hasta el acoso, las violaciones de espacio y voluntad, el paternalismo o la cosificación de sus expectativas, simplemente estallaría una revolución cruenta y sangrienta con cientos de millones de víctimas humanas, la de los testículos mancillados. Sin embargo cualquier subida de tono en la reivindicación femenina -bien sea en favor de la hembra humana o la de otra fauna-, es recibida como un ataque “feminazi”, cuando el feminismo es una cuestión de mínimos justos, de mínimos apenas… Las activistas de la acción barcelonesa recibieron la ignominia por partida doble: por ser activistas animalistas, y por ser mujeres. Por mi parte sólo un caluroso aplauso.

Tetas, lucha y oprobio por el control de las tetas, menosprecio al dolor intenso y constante de las mamíferas que pagan con sus vidas y sus muertes el precio del capricho de los paladares y la adicción social a las “drogas de siempre”. Risas cuando la mujer se alza por sus derechos y los derechos de las suyas, risas cuando deciden ser manada… Risas, porque la risa del macho en decadencia es la antesala de su miedo ancestral, del miedo a perder privilegios, a perderse el mejor cacho de carne, del miedo a estar bajo la bota y no dentro de ella, miedo a que las cosas cambien como irremisiblemente está sucediendo, miedo a perder el vigor y agresividad que en la leyenda otorga la depredación y la falta de escrúpulos.

Miedo a ser tratado como una mujer, miedo a no poder beberse un jodido vaso de leche.

——————

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.

5540

Desde hace algunos meses, y especialmente durante las últimas dos semanas, siento un especial malestar ante la figura de los “héroes” y las “heroínas” que se erigen bajo el clamor popular dentro del mundo del activismo por los animales. Me refiero a dos calidades distintas de “héroe”, ambas aclamadas de ese modo por los activistas, aludiendo a quienes salvan/rescatan animales; pero también refiriéndose a los protagonistas de varios videos, difundidos en España, en que varones de estética musculada y atlética, vía redes sociales, hacen un llamado a unirse contra el Toro de la Vega. Como dije: la cualificación de “héroe” para unos y otros, me está produciendo alergias… y os explicaré gradualmente el por qué.

Los “héroes” que ayudan

No hay día en que las redes sociales no se inflamen ante las acciones de alguien que, según la audiencia, lleva sus capacidades humanas al límite para rescatar a algún animal de una situación desventajosa, lo que le hace automáticamente merecedor o merecedora del apelativo en cuestión. La RAE define al “héroe” o “heroína” como “una persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes”, o como “una persona que lleva a cabo una acción heroica”. Personalmente no veo el heroísmo cuando una persona actúa con un mínimo de decencia y empatía, y ofrece ayuda o rescata a un animal de una situación donde sus intereses se ven vulnerados. No lo veo porque es lo mínimo que espero de alguien, y especialmente cuando se trata de un congénere sensible y empática/o con los otros animales. Me llama profundamente la atención que los animalistas, precisamente, enaltezcan las manifestaciones de empatía, gentileza o bondad de los que cualquier ser humano es capaz cuando ejercita mínimamente los músculos del corazón, y no se detiene en cálculos de conveniencia personal que vayan en desmedro de la situación del animal en desgracia. Entiendo que en un mundo embrutecido y violento como el que vivimos, estas situaciones sean, lamentablemente, minoritarias, y que por ello nuestros compañeros y compañeras vibren de alegría ante un rescate. Yo soy, también, entusiasta en celebrarlo. Pero de ahí a vitorear a esos compañeros y compañeras “heroizándolos”, creo que es un fallo estratégico, pues al hacerlo dejamos entrever que muy pocas personas pueden repetir esos actos, que esas acciones se sitúan fuera del alcance cotidiano de los individuos normales, que se requiere de una pasta especial para actuar de manera humanitaria y generosa con otros seres vivos. Cuando nuestros compañeros y compañeras han hecho un rescate o ayudado a un animal han actuado bien y con justicia, han acertado, han hecho un gran trabajo, han cambiado la vida para ese animal… pero no han hecho nada fuera de lo humanamente posible. Creo que “heroizar” es un error estratégico porque no podemos abusar de las palabras, ayudando a sentar ficciones que obstaculizarán nuestra andadura en el corto y el largo plazo, poniendo aún más lejos de las personas lo que es, muchas veces, un simple gesto nacido desde el reconocimiento de la capacidad de sufrir de los animales. Todos y todas podemos hacerlo, sólo hay que normalizarlo. No se necesitan “héroes” ni “heroínas” que lleven al límite sus capacidades para cambiar la situación de los animales.

Los “héroes” que no ayudan

Respecto al segundo grupo de “héroes” aclamados por los/as animalistas, debo referirme a varios aspectos de la cuestión: lo que más me llama la atención es el llamado a unirse a ellos para ir a Tordesillas, pues “este año el toro no estará solo”. Ante eso, aclarar que el Toro de la Vega hace muchos años que no está solo, pues centenares de personas, decenas de entidades y asociaciones, así como el Partido Animalista, trabajan hace eones sensibilizando a la ciudadanía, llevando el tema a discusión política y pública, denunciando y actuando a diferentes niveles para obstaculizar la celebración del “torneo”, con el objetivo final de erradicar la execrable práctica. Quizás los varones de los videos que corren por las redes sociales no lo notaron antes, pero el Toro de la Vega lleva años acompañado de una multitud políticamente activa que no ha permitido que esos nobles bóvidos mueran vano, y que continuará trabajando hasta abolir la tradición.

En segundo lugar, puntualizar que para sumarse a una causa igualitaria como la de defender a los animales, un primer requisito es el rechazo del especismo, y por coherencia argumental, se debe rechazar cualquier otra forma de discriminación que redunde en un trato desigual de otros seres, humanos o no. Llamar, entonces, a defender el Toro de la Vega con argumentos y motivaciones sexistas (de índole machista) y racistas, no es una cuestión baladí. Porque si algo debemos rechazar es la discriminación que desprecia a las mujeres, o las trata con condescendencia; y que rechaza la idea de igualdad con las personas de otro color u origen geográfico. Los activistas por la igualdad con los animales no podemos permitir que en nuestros actos se cuele la desigualdad, la discriminación, pues eso debilita los principios igualitarios que promovemos, porque no todo se vale para pedir que la sociedad deje de maltratar a los animales, porque no se puede hipotecar el sentido final ni los principios de la causa a cambio de que vengan más autocares con detractores a Tordesillas. Porque si existe una desigualdad estructural que es violenta con los animales, cualquier acto de apoyo no va a sumar positivamente, en el largo plazo, para terminar con ella. Y enlazada a ésta, una cuestión final, pero no por ello menos importante: volver sobre la idea de que la violencia no es un medio válido para pedir el fin de la discriminación, la tortura y la muerte de los animales. En ningún ámbito. No hay invitación más preñada de esterilidad que la de la violencia, porque no podemos combatir la barbarie con sus armas, porque sólo se logra una lucha ciega, porque no gana una causa que se agota en el derroche de testosterona. Que nos puede motivar la rabia generada por las injusticias, sí, pero de ninguna manera podemos abrir lugar a la violencia para combatir el especismo.

El sentido de autocrítica es fundamental para no perder el norte, para resituarnos dentro de la vorágine de la novedad y los vaivenes de la lucha contra la desigualdad y el especismo. No dejemos de examinar nuestros pasos, de entender nuestras motivaciones ni de revisar los fundamentos de por qué estamos donde estamos. Este ejercicio de desmontaje de las “heroicidades” ha sido mi pequeña contribución a este necesario examen interno. Y no dejemos de re-flexionar, de volver a pensar acerca de nuestros actos y nuestras convicciones, para no perder tiempo ni energías en el desmantelamiento del especismo.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho. Doctora en Filosofía, tratando sobre los límites de la filosofía moral, la bioética y los derechos de los animales. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.

1605

El primer paso que deberíamos de dar para defender a alguien, es no contribuir a su sufrimiento. En el caso de los animales es esencial no colaborar con la industria que los asesina, esclaviza y tortura, no posicionarnos en ningún ámbito de nuestra vida, del lado del opresor, del dominador, ya sea en nuestra manera de alimentarnos, de vestirnos o entretenernos. Eso es al menos lo mínimo que deberíamos hacer, no ser causantes de la injusticia ni alimentarla. El segundo paso para tratar de salvar animales inocentes, seria tratar de hacer visible su maltrato, su vulneración de derechos y falta de respeto hacia su vida al mayor numero de personas, para que de esta forma se tome conciencia y la gente pueda tomar decisiones basadas en sus principios morales, de respeto e igualdad, y no basadas en los intereses económicos y egoistas de los que se lucran de su explotación. Hablo de igualdad, porque aunque en muchas cosas somos diferentes a los animales, en muchas otras somos iguales. Todos tenemos intereses similares: deseo de cobijo, de alimento, de estar con nuestras familias y amigos, y sobre todo deseo de no sentir dolor. Esta capacidad de sentir, de sufrir, es lo que nos hace iguales a todos. Según el principio de igualdad el sufrimiento de un individuo debería de ser tenido en cuenta independientemente del sexo, raza o especie de este. Algo tan sencillo como no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros.

Volviendo al tema anterior, ¿cual es la mejor manera de comunicar en nuestro entorno esta idea? la idea de que los animales son susceptibles de ser respetados, son capaces de sentir y sufrir y por eso deberíamos de otorgarlos unos derechos básicos que guarden estos intereses.

A la hora de comunicar a nuestros compañeros la idea de respetar a los animales, deberíamos de tratar ante todo de hacerlo de una manera útil, es muy común entre los veganos pasar por una fase, llamémosla de impacto, de impotencia, cuando abres los ojos y decides ver toda la realidad que antes te negabas a aceptar, esta realidad es tan dura que en ocasiones lleva a tener una actitud demasiado dura con nuestros compañeros humanos, que todavía se encuentran en la el estado de desconocimiento de esta realidad recriminándoles su modo de actuar.

En estos casos deberíamos utilizar nuestra empatía y poniéndonos en su lugar, recordar como solo hace unos pocos años nosotros tambien éramos capaces de consumir los cadáveres de animales a los que decíamos defender, caíamos inconscientemente en esta paradoja moral. Todos cargamos con nuestra historia, la tradición, la costumbre, la conveniencia, la comodidad, las convenciones sociales, todos estos motivos, en ocasiones, pesan tanto que aplastan nuestra capacidad de respetar a los inocentes.

Una corriente, últimamente, insta a tratar nuestra forma de comunicar, como una ciencia o una campaña de marketing, diseñando de esta forma una estrategia que salve al mayor numero de animales, aplicando estudios de psicología y sociología a este campo. Un activismo “útil”. De esta manera se llega a veces a conclusiones un poco contradictorias, por ejemplo, se sugiere que quizás sea más efectivo animar a la gente a reducir su consumo de carne en lugar de hacerse vegana, de esta manera al ser una medida más fácil de llevar a cabo, será adoptada por un mayor numero de personas, y el impacto en la industria será de menos animales ejecutados, que si un pequeño grupo de personas se hace totalmente vegana y solo son capaces de disminuir el consumo de animales en unas pocas unidades. También nos dicen que es más positivo campañas como el lunes sin carne, que pueden ser llevadas a un nivel masivo, que directamente abogar por la erradicación del consumo de ningún cadáver o producto de origen animal, práctica que será adoptada por un grupo reducido.

Por supuesto que los números no mienten con estos estudios y puede que se consiga menos animales explotados y asesinados a corto y medio plazo, pero ¿estamos realmente atacando el problema de raíz? ¿estamos dando a las víctimas el respeto que se merecen?

Vamos a trasladar la metodología de estas campañas a otras desigualdades o problemas de explotación para ver si obraríamos igual. Pongamos el caso de la violencia machista, podríamos sugerir campañas como: “Los lunes no pegues a tu mujer, solamente el resto de la semana” o “pega a tu mujer solamente una vez al día” “lo importante es reducir paulatinamente las palizas”, o “en vez de pegarle, mejor un insulto”. Está claro que esta medida disminuiría el numero de golpes recibidos por las mujeres maltratadas, pero también enviaría el mensaje de que pegar a las mujeres no esta mal, solamente hay que hacerlo con moderación. Estaríamos perdiendo de vista la raíz del problema, y es que la violencia injustificada no está bien bajo ningún concepto y debe de ser totalmente rechazada. Por otra parte trataríamos de dar a las víctimas el respeto que se debe y abordar la magnitud del problema acorde a su gravedad.

No estoy diciendo que campañas que intentan acabar con la explotación, de una manera gradual estén totalmente equivocadas, pero si creo que esta progresividad en los comportamientos debe de ir encaminada siempre a un fin, y este es la renuncia total y absoluta a la dominación y explotación de inocentes. El consumo de animales se sustenta bajo muchas mentiras, y a veces debemos dar luz a la verdad y promover cambios graduales en nuestras costumbres para que sean adoptadas más fácil y rápidamente por el mayor número de personas. Creo que es muy importante incidir que explotación es explotación, aunque sea ejercida a menos individuos o de una manera más suave y esta nunca debe de ser tolerada.

En mi opinión, es útil, por supuesto, reglar y analizar la efectividad de nuestros esfuerzos en el activismo, pero siempre mirando a largo lazo, sin perder la vista en las metas finales y mostrando un respeto total hacia los animales humanos y no humanos. Quizás nuestras metas, la liberación animal y humana, parecen muy lejanas ahora y sea necesario que para despertar las conciencias de la gente sea necesario aplicar cambios graduales, pero nada cambiará hasta que nos demos cuenta que no estamos hablando de números o cifras, sino que estamos hablando de salvar vidas, vidas individuales con un valor intrínseco. Por eso nuestro activismo, nuestra manera de comunicar debería siempre girar en torno hacia ese concepto, cada vida es igual de importante y valiosa que la nuestra.

—————-

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

1888

Con el objetivo de seguir demostrando que una vida de respeto hacia todos los animales es perfectamente saludable y compatible incluso con esfuerzos deportivos de gran magnitud, nos planteamos un mes de agosto cargado de retos deportivos de gran envergadura, para de esta forma intentar inspirar y concienciar sobre una vida libre de sufrimiento animal. Nadie tiene que morir para que nosotros vivamos.

El primer reto planteado fue la Transpirenaica por los animales, consistente en cruzar los Pirineos en bicicleta sin parar, en una sola etapa, desde las orillas del Mediterraneo hasta las del Cantábrico, subiendo todas las montañas que encontrásemos a nuestro paso, 16 puertos míticos del Tour de Francia, Tourmalet, aubisque Aspin…

Paralelamente a este objetivo ideamos una manera de recaudar fondos para así poder ayudar a los santuarios de animales mas necesitados en España, venderíamos simbólicamente cada kilómetro recorrido por los ciclistas, Pedro Jesés y yo, de esta forma todo el que quisiera podría ser partícipe de nuestro desafío.

Con la moral por las nubes al haber vendido todos los kilómetros y recaudado unos 4000 euros para los Santuarios Mino Farm Sanctuary, Refugio La Candela, La Pepa y Vacaloura, partimos de la playa de Argeles-sur-Mer. Un recorrido de esta magnitud requería una gran planificación, así que el equipo humano que llevamos fue increíble. Rosa, Marcos, Gonzalo y Fran, que cocinaron, condujeron, animaron, pedalearon y nos mimaron poniéndonos las cosas mucho mas fáciles.

Los primeros 70km fueron prácticamente llanos, el viento nos daba de cara, algo muy frustraste pensando que nunca tendríamos la recompensa de un recorrido circular y tener una parte a favor del viento, aún así el ritmo en los primeros kilómetros era rápido, fruto de la emoción de la salida. El primer Puerto, el Col de Jau, una subida mantenida de 25km nos dejó claro la tónica de la ruta, subidas eternas, paisajes impresionantes y descensos vertiginosos.

Las primeras 12 horas empezamos a ser conscientes de la magnitud de la ruta, el avance iba a ser muy lento, hacer 100km, suponía unas 2 subidas a un puerto de categoría especial con sus correspondientes descensos, aún así llegamos a la puesta de sol con energías y mas de 200km recorridos. Mi madre y Fran nos calentaron una sopa y un plato de quinoa con verduras, un arroz con leche de postre y Marcos y Gonzalo nos ayudaron con un café y preparando nuestras linternas.

La noche que empezó agradable, rápidamente se torno en oscura y fría, bajar los puertos se convirtió en un suplicio y la falta de luz nos exigía mucha destreza, eso poco a poco fue minando nuestras fuerzas, yo pasé una gran crisis, incluso pensé en abandonar, pero una sopa de miso con verdura me devolvió a la vida y empezamos a subir el Perysourde con 300km en las piernas.

Fue en este tramo al amanecer cuando Pedro se dio cuenta de que el frío lo había consumido en exceso, una tiritona lo impedía apenas pedalear. Tras una parada a pie del Aspin parece que recupera y sube a buen ritmo, pero entonces el sueño empieza a hacer mella durante los descensos. Ante una situación que se podía poner peligrosa, Pedro se vio obligado a abandonar, estaba triste pero en el fondo, sabía que si yo seguía el reto seguiría vivo y el objetivo se cumpliría.

A partir de ahí, la opción de retirada abandonó mi cabeza, ya no existía, la única duda era la hora de la llegada, aún me quedaban unos 285km con muchos puertos, así que Fran relevó a Pedro y me acompañó a los pedales, subiendo el Tourmalet, Aspin Soulor y Aubisque, en contraste el día fue muy caluroso y esta vez una ensalada de patatas y mucha fruta fue lo que me ayudó.

Tras estas tandas de puertos Pedro Jesús volvió a la bici y me ayudo durante 40km más!! Ya lo tenía hecho. Solo me quedaban 4 puertos y el cuenta kilómetros ya marcaba 500km non stop. Como siempre hay algo que no está en el guión, apareció el Ahuski, un puerto a priori de segunda resultó ser el gran coloso, rampas del 12 % de desnivel mantenidas por 7 km. Gonzalo esta vez me tranquilizó, -“Alberto vas a llegar, da igual la hora, no te preocupes, te seguiremos hasta San Juan de Luz”-, esas eran las palabras que necesitaba, además hablo con Sahar por teléfono, eso termina de darme toda la energía que necesitaba.

Así con mucho sueño fui cubriendo kilómetros, incluso nos perdimos, pero por suerte en la furgo llevaba un equipo 10 y todos salieron de la furgoneta a animar, mirar el mapa y ayudarme a encontrar el camino correcto!! Durante la bajada al último puerto unos ojos brillando en la oscuridad me llamaron la atención, frené inmediatamente y pude ver a un gatito abandonado, no lo dudamos, paramos el coche, mi madre ya lo tenía entre sus brazos.

Seguimos bajando y de pronto vemos un grupo de gente gritando en la cuneta, son amigos que han venido a recibirnos!! No me lo puedo creer; nos paramos, nos abrazamos, hablamos y con un chute de energía me lanzo a por la última subida, mi cuentakilómetros ya marca 620km, los últimos 50 son dantescos, luchando contra el sueño, solo consigo llegar gracias a los ánimos de Fran, las palabras de Gonzalo, los cafés y el cariño de Marcos, siempre dándolo todo y como no, al de mi madre, todos ellos llevan 60 horas sin dormir, están tan cansados como yo, pero no paran de gritar para evitar que me duerma sobre la bici.

Finalmente, encuentro un modo para mantenerme despierto, cada señal de tráfico se convierte en una meta imaginaria, hacia la que esprinto con todas mis fuerzas, el sofocón me mantiene despierto. Así volando, entro en San Juan De Luz, llego a la playa, hemos unido el agua de los dos mares, el objetivo está cumplido. Hemos cruzado los Pirineos sin descanso, no me lo puedo creer, me pongo la camiseta de “No Como Animales”, me abrazo a mis compañeros, siento un instante de felicidad, vuelvo a pensar en los animales, se esfuma, pero seguimos motivados para luchar.

Tras el éxito del reto, me planteo 20 días más tarde mi participación en La Courmayer Champec Chamonix, prueba de ultratrail a pie que bordea el macizo del Mont Blanc, son 101km con 6100 metros de desnivel positivo. Fran también me acompaña, me tomaré la carrera más relajado. Al menos eso es lo que digo, pero en la primera subida me encuentro entre los 5 primeros de una carrera internacional. Antes de coronar me descuelgo un poco pensando en guardar fuerzas, aun así no demasiado, porque el nivel de la carrera es altísimo y si te descuidas te adelantan de 20 en 20. Mantengo mi ritmo machacón durante los siguientes 30km, pasamos de Italia a Suiza, cruzando el Col De Ferret, hace mucho calor y me empiezo a encontrar a corredores exhaustos parados en la cuneta. Llego al primer avituallamiento entre los 15 primeros, allí Ana me ayuda a cargar agua y salgo pitando. A partir del ecuador de la prueba en plena remontada paso una fuerte crisis por un dolor en el estómago, quizás ocasionado por beber demasiado, durante 2 horas cada zancada es una punzada de dolor, afortunadamente sobre el km 80 mi dolor remite y la última parte ya en suelo francés recupero mis sensaciones, puedo correr rápido y vuelvo a ganar posiciones, corono La TeTe De Aux Vents y puedo ver Chamonix a mis pies, entro en meta emocionado, entre le griterío del publico con la megafonía a tope, he entrado en el top 10.

Al día siguiente subo al podio de una carrera que siempre soñé, llevo la camiseta de “No Como Animales”, miro a los fotógrafos, estas imágenes recorrerán el mundo, solo pienso en la cantidad de gente que pueda ver el mensaje, leerlo y reflexionar. Vuelvo a ser feliz por un instante, vuelvo a pensar en el destino de miles de millones de animales, vuelvo a la realidad, pero seguiremos luchando por derribar mitos.

No disponer de la vida de los demás animales, es ético, sencillo, sano, es lo mas sostenible, lo más justo. Parar este holocausto diario está en nuestras manos, podemos discernir el bien del mal, podemos tomar decisiones, elijamos la opción mas compasiva con los animales, con las personas, con el planeta. Tenemos la solución a todos los problemas en una sola acción, renunciemos a la dominación.

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

2289

Hemos decidido luchar por los animales, de todas las injusticias habidas en este mundo , hemos decidido poner voz a los que no la tienen, dar la cara por los que a nadie importan. ¿Por que hemos elegido a los animales de entre tantas causas nobles por las que luchar?

Para empezar porque la explotación de los animales no humanos esta socialmente aceptada, hemos normalizado ciertas actividades, como el consumo de carne, leche o huevos, la tracción a sangre, los espectáculos a costa de privar de libertad a los animales, la experimentación y un largo etcétera que denunciar estas injusticias no esta bien visto. La mayoría de nuestras amigas y familias colaboran de forma directa o indirecta con la explotación, de forma consciente o inconsciente, ya sea cuando alguien compra un jabón testado en animales o un niño se come una salchicha fabricada con el cadáver de un cerdo. Detrás de estos comportamientos se encuentra una violencia asumida como normal, implícita, por la cual no esta bien visto alzarse en su contra, la sociedad se ha encargado de ocultar y silenciar el sufrimiento de los animales, para que lo ignoremos, e incluso lo ridiculicemos.

Los animales son totalmente inocentes, su único delito ha sido tener que compartir este planeta con un ser tan dañino y avaricioso como el humano, todos los animales viven en armonía con la naturaleza a excepción del hombre.

Nunca en la historia ha habido una opresión tan brutal hacia un grupo de seres inocentes, ni en numero ni en cantidad de dolor infringido. Si el dolor fuese medible, no tendríamos números para cuantificar lo que pasa en los mataderos, granjas, laboratorios y zoológicos del mundo.

Los animales son nuestros iguales en cuanto a su capacidad de sentir, dolor, alegría, tristeza, miedo, hambre, frío… compartimos con ellos muchos intereses, ignorarlos y no tenerlos en cuenta, adueñandonos de sus vidas, es un tipo de discriminación denominado especismo, tan grave y deplorable como el racismo o el sexismo.

Hemos decidido luchar por ellos y por eso somos continuamente cuestionados, juzgados, ignorados e incluso ridiculizados. Contra nosotros se utiliza un discurso demagógico. Es común que se nos pregunte por qué no nos implicamos en causas que son consideradas más “importantes” como ayudar a individuos de nuestra especie o que se cuestione nuestra congruencia porque utilizamos una tecnología que también puede generar sufrimiento a individuos inocentes como puede ser el uso de coltán en aparatos electrónicos o petróleo en el transporte. Este discurso tiene más como objetivo aplacar la conciencia de aquel que no hace nada, ni por animales, ni por humanos, que de crear un debate constructivo, no es un consejo lo que nos dan es una excusa barata, nunca se debería dejar de ayudar a alguien por no ser posible ayudar a todo el mundo.

El veganismo no significa un “en vez de” sino que es un “además” ser vegano y defender a los derechos de los animales no implica desvincularse de otras injusticias sociales o luchas en defensa del medio ambiente, o de cualquier desigualdad. de hecho el veganismo involucra luchar contra el hambre en el mundo, crear un planeta más sostenible, reducir los gases de efecto invernadero, un mundo de menos desigualdades.

En nuestra lucha intentamos ser coherentes, pero sin renunciar a nuestras vidas, haciendo el menor daño posible, eligiendo la opción mas compasiva, siempre que exista. Sin embargo, ¿por qué se sigue menospreciando la lucha en defensa de los derechos de los animales? porque los animales siguen siendo considerados víctimas de segunda categoría, no las ponemos a la misma altura que las demás, nadie se atrevería a llevar este discurso demagógico a quien esta implicado en otras luchas como la ayuda humanitaria en el tercer mundo. ¿Os imaginanáis a alguien recriminado a un activista que ayuda a los niños hambrientos que use un coche que consume petróleo, tachándolo de hipócrita? o que ¿por qué no ayuda a los niños de otra región que están más necesitados? Eso nunca pasa porque consideramos a los niños lo suficiente importantes para no frivolizar con su sufrimiento. En cambio a los que hemos decidido defender a los animales tenemos que escuchar repetidas veces ese: y por qué no ayudas a los niños.. y utilizas coche que consume petróleo… a los activistas de los animales nos exigen un grado de congruencia que raya el absurdo. Porque nadie pone a los animales a la misma altura que los humanos, y nadie se atrevería a usar argumentos tan absurdos cuando en el otro lado de la balanza se encuentran niños hambrientos humanos, pero si los bebés son de otra especie, allí cambia la película y podemos tratar de desprestigiar la causa con todo tipo de falacias.

Todo esto refleja lo poco que importan estas víctimas. Para empezar a cambiar esta situación deberíamos empezar por ser conscientes de su sufrimiento y no jerarquizar el dolor de los inocentes en función de su especie, no existen victimas de primera, segunda o tercera categoría.

¿Porque defendemos a los animales? porque consideramos que tienen el mismo derecho que nosotros a no ser torturados, esclavizados o asesinados y ademas sus derechos son totalmente ignorados por la gran mayoría de la gente, nos indigna y nos entristece profundamente que la gran mayoría de la gente, sea incapaz de ver algo tan sencillo.

El día que la gente se estremezca de la misma manera ante una injusticia, independientemente del sexo, la raza o la especie de la víctima habremos dado el primer paso para terminar con este holocausto.

Mientras tanto, seguiremos luchando por los que no tienen voz.

 

Alberto Peláez es corredor de montaña, especializado en ultrafondo, con un gran número de victorias a sus espaldas, vegano y activista por los derechos de los animales, trata de transmitir un mensaje de compatibilidad entre una vida de respeto a todos los seres vivos y el deporte de alto rendimiento.
Técnico superior en Actividades Físicas , entrenador personal y bombero de profesión , reparte su tiempo entre el deporte y la ayuda los animales colaborando con varias sociedades protectoras, y dando charlas, transmitiendo sus experiencias llevando una vida vegana y activa

1618

He pasado muchos días, últimamente, pensando en este tipo de kamikazes New Age que estrellan su no violencia contra todo lo que se mueve. Como el tifón divino que hundió la enorme flota mogol del Kublai Khan, aparecen de repente para borrar injusticias por delegación, con kilotones de energía virtual generada a base de megustas y asistires, y acumulada gracias a superpoderes que no se pueden ver, que te tienes que creer, que se conjuran mediante textos crípticos que deben incluir obligatoriamente corazones y otros emoticonos mágicos.

Es probable que aparezcan donde no toca y que el enemigo borrado no lo sea tanto, incluso que no lo sea nada, pero esto nunca podrá detener la Liga de la Justicia.

Estos seres con una misión superior se esconden entre nosotros con un alter ego “normal” que, para disimular, a veces va a manis con permiso y todo. Este hecho excepcional permite que los pobres mortales como yo los veamos y oigamos en persona. A menudo, me han hablado de la insoportable angustia que les genera la masacre especista permanente que crece a cada segundo, en todas partes, aquí y ahora. A un nivel más micro, la insoportable angustia es por el Toro de la Vega que van a matar, o por las becerradas cadafaleras de Algemesí, o por los perros que tienen fecha de ejecución en las perreras, por el camión de cerdos condenados que avanza por la carretera hacia el matadero…

Siempre he querido ser empático con estos sentimientos, por lo que siempre he querido creer que me hablaban de la masacr, a pesar de que su angustia parecía ocupar el centro del relato. En algunos casos, sin embargo, han pasado a lo que Hitler era vegetariano o que Israel es un país superavanzado en veganismo y “no como los moros”, y entonces, y sólo entonces, he enviado la empatía a la mierda. Bueno, esto no tenía nada que ver. La cosa es que tienen tanta angustia que, a diferencia de la gente mediocre, necesitan que los cambios llegan ya pero ya, y no se pueden parar a pensar, planificar o elaborar estrategias. Así, dentro de nada, yendo al grano, la férrea coalición formada por la Liga de la Justicia y Sálvame abolirá el especismo planetario.

Entre esta gente, destacan individuos que son como el Silver Surfer de Marvel, como el Chuck Norris que puede escuchar el silencio. Son superhéroes con poderes que los sitúan por encima del resto, que les permiten saltar a una plaza de torturas sin permiso (con entrada pagada, eso si, qué lástima) y enfrentarse a los torturadores sólo con un tanga negro y unas letras pintadas a su cuerpo hercúleo. Después de recibir unas cuantas caricias sin inmutarse, desaparecen en compañía de la policía habiendo dejado claro a los taurinos que estan avisados.

Sus ojos lo pueden ver todo, te ven a ti. Recuerda, tienes un pasado y te pueden señalar con el dedo. Me puede señalar a mí, que no sé cuánta carne he comido y cuánta leche he bebido en mi pasado, que he tenido varias chaquetas de cuero como las de John Travolta en Grease y que me he aprovechado de la tortura de animales en los laboratorios sin detenerse a pensar en ellos ni un segundo.

Si aún eres especista, debes saber que no les llegas a la suela de los zapatos, que no te necesitan. Si empiezas a ver a los animales que nunca habías visto y piensas en hacer un giro a tu vida, debes saber que no tienes ningún derecho a seguir tu camino porque el único camino es la pureza. Si, por ejemplo, eres administrativa de un matadero, haber visto la garganta del monstruo de cerca y tomar conciencia no te redimirá, ni tu veganismo ni tu activismo. Si necesitas el sueldo para pagar el alquiler o la hipoteca y esperas encontrar otro trabajo antes de irte, tienes que saber que formas parte del monstruo y no tienes el beneplácito de los superhéroes.

Recuerdo a una chica que miraba la foto de un beagle con la piel quemada, con la mirada aterrada y la espalda clavada en la esquina de una oscura jaula. Miraba fijamente aquel animal mientras me contaba que trabajaba en una empresa responsable de vuelos de la muerte para suministrar víctimas de la visección a los laboratorios. Llorando, me dijo que había oído a los pilotos reírse de los animales que vomitaban por las turbulencias. Me dijo que, desde la distancia, le pesaba la culpa de cada víctima. Se había hecho vegetariana oyendo a aquellos pilotos, y había decidido que sería vegana, pero seguía trabajando allí. Ella tampoco es digna de los superhéroes.

Estoy asqueado y no quiero que los próximos 10 años junto a la Liga de la Justicia sean como los primeros. Sigo estando al lado de la chica que miraba al beagle, continúo escuchándola con atención y lo haré siempre. Quiero que sepan que yo he tomado partido por ella. Quiero que sepan que me siento como un fugitivo esposado a otro que se considera por encima del bien y del mal y que no escucha, y que me gustaría romper las esposas.

Quiero que sepan que quiero hacer camino con gente con la que parece que no puedo hacer todo el camino. Junto a las locas de los gatos que hacen rondas para llenar de agua y pienso unos culos de una botella que, en caso de ataque enemigo, defenderán con uñas y dientes. De la gente que hace sillas de ruedas con tuberías de plástico, de la que cuida de las palomas y de la que ama a los caballos. De la gente con zapatos de cuero que grita frente a la plaza de toros. Quiero caminar al lado de gente que está mil pasos por delante de mi punto de partida, y que ahora estan donde han estado muchas personas veganas y antiespecistas, mucha gente de la Liga de la Justicia.

Quiero que sepan que no quiero hacer camino con la Liga de la Justicia. Sobre todo, quiero decirlo después de leer un post en Facebook. de la peña taurina de Gestalgar, indignada por nuestras denuncias. Esta gente es responsable de los linchamientos de toros donde, en 2009, una barrera mal fijada permitió que un toro pudiera escapar. En la huida, cogió una persona que caminaba por la calle, ajena al linchamiento, y le provocó graves lesiones. Esta persona ha tenido que hacer un largo camino judicial para que le reconozcan su derecho a ser indemnizada, y el pueblo tiene que hacer frente a cerca de 180.000 € que dice que no tiene(1).

No pienso hacer más publicidad de una de las muchas secciones locales de esta especie de KKK tan valenciano. Sólo quiero decir que, como no tienen argumentos, utilizan todo lo que encuentran, y qué mejor que el resultado de las campañas inquisitoriales de la Liga de la Justicia, presentadas como si fueran investigaciones tauricidas?

———

(1) Animalisme CAT, 27/01/2014, Bombolla, prioritats i senyes tauricides. Gestalgar i Cullera. http://animalismecat.blogspot.com.es/2015/01/bombolla-prioritats-i-senyes-tauricides.html

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

9173

“Del mismo modo que yo respeto tu veganismo, respeta tú mi forma de alimentación”.

Esta sentencia, con la que habitualmente nos vemos increpadas las veganas cuando mostramos una posición intransigente con quienes defienden el consumo de animales, lejos de ser lo que parece —un alegato a favor del respeto mutuo—, esconde una idea opuesta: la desconsideración y discriminación hacia terceros. Y se usa con el único propósito de poder seguir excusando actitudes injustas como el consumo de carne, de huevos o de lácteos.

Todos entendemos que nuestra libertad acaba donde empieza la del otro y por eso no aceptamos como opción cruzar esa línea. Nadie considera que la oposición a la esclavitud infantil, a la trata de mujeres o a los campos de concentración —son sólo unos ejemplos— sean opciones, sino respuestas adecuadas a injusticias brutales e intolerables.

Para entender por qué el veganismo no puede ser considerado una opción, sino la respuesta adecuada a una injusticia tan brutal como las anteriormente mencionadas, se hace necesario realizar un pequeño recorrido teórico por las bases en las que se cimenta la idea del veganismo y de la Liberación Animal.

Toda injusticia necesita justificarse para poder llevarse a cabo: sexismo, racismo, especismo

A lo largo de la historia hemos discriminado y oprimido a seres humanos en función de razones tan arbitrarias como el color de piel, el lugar de procedencia, el sexo biológico o el género. Los propietarios de esclavos que se favorecían de estas discriminaciones o los responsables de la Solución Final, argumentaban que los unos —los negros, los judíos, los gitanos, los homosexuales, …— eran inferiores a los otros —los blancos, los arios, …— buscando así una justificación que legitimara sus actos.

El racismo, así como el sexismo, defiende la supremacía y la consecuente opresión, de un grupo de seres humanos frente a otros. Cuando una se opone al racismo o al sexismo lo hace porque considera que todo acto de opresión —entendida ésta como el sometimiento físico y/o psicológico de unas personas sobre otras contra su voluntad— viola los principios de igualdad. Se entiende que el aspecto físico, la procedencia, el sexo o el color de piel, no son relevantes a la hora de respetar a un tercero sino la capacidad de sufrir un daño como consecuencia de esa discriminación y de esa opresión. En otras palabras, a la hora de establecer una relación de respeto con alguien, asumimos la capacidad de sufrir y disfrutar como único motivo de peso.

Y es esta capacidad, de la que se derivan dos necesidades fundamentales, (i) la de evitar experiencias negativas —que causen sufrimiento—, y (ii) la de perseguir experiencias positivas —que causen placer—, la causa que origina todo ideal de respeto y de emancipación

Quienes exigimos el fin de la discriminación y de la opresión, lo hacemos porque causa sufrimiento de forma injustificada. Quienes reclamamos la libertad, lo hacemos porque nos asegura el mejor escenario posible donde poder elegir aquello que más nos satisface. Y quienes perseguimos la igualdad, lo hacemos porque ésta traza los limites necesarios para una convivencia respetuosa: nuestra libertad acaba donde empieza la del otro, y la del otro donde empieza la nuestra. No hay otra razón.

Si asumimos que nuestra oposición al racismo o al sexismo, se fundamenta en el daño y en la falta de libertad que sufre quien es discriminado, nuestra oposición al especismo debe ser igualmente enérgica.

El especismo, esto es, discriminar a un animal por no pertenecer a una especia determinada (frecuentemente la humana), es igual de injusto que el sexismo o el racismo pues los criterios en los que se legitima, la discriminación según la especie, son tan arbitrarios como el color de piel, el lugar de procedencia, el género o el sexo biológico. Pero en la capacidad de sufrir y disfrutar, que es donde fundamentamos el respeto hacia terceros, no somos diferentes al resto de animales (1). Ellos evitan, como nosotras, cualquier experiencia negativa del mismo modo que persiguen, también como nosotras, cualquier experiencia positiva. Su inteligencia, su tamaño, su incapacidad para expresarse con palabras o su aspecto físico no son razones para acabar con su vida, confinarlos en granjas, dispararles en bosques, torturarlos en laboratorios o asfixiarlos en mares.

Para quienes entendemos la solidaridad como una responsabilidad con quienes sufren injusticias de cualquier tipo, oponerse al especismo tiene dos claras consecuencias: dejar de participar en la opresión de los animales no humanos, y formar parte activa de su liberación.

El veganismo no es una opción.

Cuando indicamos que algo es una opción no nos referimos a comportamientos discriminatorios. No consideramos que abusar sexualmente de un niño, o someter a alguien de otro lugar de procedencia a un trabajo infrahumano favoreciéndose de su desprotección legal, sean opciones. Estrictamente lo son, porque podemos elegir entre hacerlas y entre no hacerlas, pero no nos referimos a ellas como tales sino como injusticias inaceptables con las que debemos acabar.

Sin embargo, esto no ocurre cuando hablamos de veganismo. Quienes consumen productos animales suelen alegar a su “derecho” a seguir haciéndolo reduciendo categóricamente la explotación animal a una simple opción, como si de filias se tratara.

En una situación de abuso sexual hay un individuo que sufre, por eso no es una opción. En una situación de esclavitud laboral hay otro individuo que sufre, por eso no es una opción. En una situación de consumo de productos animales hay un animal que sufre, por eso tampoco es una opción. Las razones que nos llevan a no admitir como opción los dos ejemplos citados deben llevarnos, de igual modo, a no admitir tampoco a la explotación animal: una injusticia con la que hay que acabar y en la que no hay que participar.

Y cuando nos referimos a una injusticia hablamos de blancos y negros. Un hecho es injusto o no lo es. Los grises sólo hacen referencia a la intensidad con la que se lleva a cabo una injusticia. Si consideramos que la esclavitud es una injusticia, lo hacemos al margen de que un grupo de esclavos tenga mejores condiciones que otro grupo de esclavos. Unos sufrirán un daño menor que otros pero todos ellos seguirán siendo igualmente, víctimas de un hecho injusto, la esclavitud.

Pues bien, cuando hablamos de explotación animal ocurre lo mismo. Hay animales que viven en mejores condiciones que otros. No se trata de reducir el sufrimiento pero mantener la injusticia, sino de acabar con ella. Se trata de que tengan la libertad que todos nos merecemos. Se trata de que dejemos de verlos como propiedades y como seres de los que podemos aprovecharnos. Mientras un animal sea considerado una propiedad y no un ser libre que quiere disfrutar de su vida como nosotros de la nuestra, la puerta a que sufran injusticias seguirá estando abierta.

Por la razones presentadas considero que el veganismo, entendido este como la manifestación política expresa de oposición a la opresión animal y el rechazo al consumo de productos animales, así como a participar en su explotación, no puede ser considerado una opción, sino una responsabilidad en la que tomar partido.

El activismo tampoco.

Que nosotras dejemos de participar de una situación injusta no tiene como resultado que ésta llegue a su fin pues mientras otras participen, seguirá teniendo lugar. Debemos preguntarnos entonces, si tenemos responsabilidad, no sólo sobre las injusticias de las que somos partícipes, sino también sobre aquellas en las que no lo somos.

La respuesta a esta pregunta está relacionada con el modelo de sociedad que queremos. Si perseguimos una sociedad libre de injusticias parece necesario intervenir en ellas. Si por el contrario, no nos preocupa que otros las sufran a nuestro alrededor —quien asume esta posición no tiene legitimidad para exigir respeto—, no parece que sea imprescindible intervenir.

Llegados a este punto, se hace necesario poner sobre la mesa la prioridad que esta responsabilidad debe ocupar en nuestra vida y la intensidad con la que tendríamos que acometer las acciones que se deriven de la misma. Es decir, podemos estar de acuerdo en que, efectivamente, debemos intervenir en las injusticias para que estas acaben, pero quizás no lo estemos tanto en la importancia que debemos darle.

Partiendo de los principios que han sido expuestos, defiendo que, mientras haya oprimidas, tenemos la responsabilidad de situar el eje central de nuestra vida en la militancia y en el compromiso (este punto lo desarrollo de forma más extensa en el artículo “Quemar las naves: el compromiso por la Liberación Animal“). Nuestro lugar de residencia, nuestros estudios, nuestro medio de vida o cualquier otra cuestión troncal de nuestra existencia, deberían estar directamente relacionados con esta responsabilidad. La militancia no puede ser entendida como una tarea a realizar en nuestro “tiempo libre” sino como la forma de de enfrentarnos y de construir, el momento histórico que nos ha tocado vivir.

Habrá a quien esto le suene extremista, pero la situación de quienes hoy son oprimidos no es menos extrema. Cada segundo, más de 2000 animales (2) —sin contar a los peces— son ejecutados en algún matadero para el consumo humano. Cada segundo. Animales que sólo han conocido el hacinamiento, el abuso, la violencia y el asesinato.

El veganismo y el activismo por la Liberación Animal no pueden ser considerados opciones, sino responsabilidades urgentes y necesarias en las que tomar partido hoy mismo.

····························································

(1) Declaración de Cambridge sobre la Conciencia
– http://es.wikipedia.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_Cambridge_sobre_la_Conciencia
– http://fcmconference.org/img/CambridgeDeclarationOnConsciousness.pdf
(2) Algunas cifras más: ¿cuántos nos tocan a cada uno o cada una?, por Oscar Horta

https://masalladelaespecie.wordpress.com/2009/05/09/algunas-cifras-mas/

NOTA DEL AUTOR: En el artículo utilizo el término animales en referencia a los animales no humanos con el único propósito de facilitar la lectura y no resultar redundante. Los seres humanos también somos animales, por ello, el término animales para referirnos a quienes son como nosotros, resulta discriminatorio y debe ser evitado y/o explicado.

La utilización del femenino y masculino de forma aleatoria es intencionada. El lenguaje construye realidades y cambiar esas realidades pasa por cuestionarnos el lenguaje.

 

 

En els meus anys de militància he passat per diferents organitzacions (Grup antiespecista de Bilbao, Drets per als Animals, Alternativa per a l’Alliberament Animal, Equanimal i Igualdad Animal). He participat en diferents accions directes (sabotatges a la caça i irrupcions en places de toros, tancaments, passarel·les de pells i altres llocs on es fa gala de l’explotació animal), actes de protesta i en diverses investigacions. Em trobo imputat al costat de diversos/es companys/es fruit d’un muntatge judicial, policial i mediàtic que s’emmarca en una agenda repressiva contra el moviment d’Alliberament Animal (RepresionDerechosAnimales.info).

2218

Ocurrió en la primera clase del trimestre del Aula de Tauromaquia en la Universidad San Pablo CEU el pasado jueves. Cuando ya habían transcurrido varios minutos desde el comienzo de la ponencia “Simbología táurica desde la prehistoria hasta los albores del mundo antiguo”, una decena de personas se levantaron al grito de “tauromaquia abolición” portando carteles con sus reivindicaciones.

Acto seguido el grupo de activistas que allí se personaron pacíficamente y sin violentar fueron empujadas y echadas del aula. Posteriormente, asistentes a la charla intentaron retenerlas en contra de su voluntad. Según explican activistas que participaron en la acción, el investigador taurino Rafael Cabrera Bonet animaba al público taurino a sacar y retener fuera del Aula Magna a las personas animalistas. En el transcurso de la acción empujó a varios pacifistas, entre ellos una mujer a la que agarraba fuertemente del brazo la cual tropezó cayendo al suelo. En declaraciones a TVAnimalista los activistas aseguran que pese a la información comunicada recientemente en diferentes medios taurinos, en ningún momento el señor Bonet fue agredido verbal ni físicamente por las que allí fueron a reivindicar la no violencia hacia los animales.

Mientras varios de los asistentes taurinos retenían a una joven a la que le habían requisado el bolso, el resto de animalistas intentaban llegar a la salida esquivando las agresiones recibidas. Cuando las personas contra la tauromaquia estaban bajando por las escaleras, perseguidas por los asistentes a la charla, el aficionado taurino Andrés de Miguel cayó al suelo mientras se dirigía a avisar a seguridad. El taurino ha señalado en su blog la autoría de la caída y posterior lesión a las personas pacíficas. Sin embargo, la decena de personas que acudieron a expresarse pacíficamente no hirieron en ningún momento a ninguno de los allí presentes, afirman.

Para intermediar el conflicto y hasta la llegada de la policía nacional, el guardia de seguridad de la Universidad CEU San Pablo tuvo que proteger a la joven a la que retenían una decena de personas que la agredían verbalmente.

Uno de los defensores de los animales tuvo que personarse en el hospital para dar un parte de lesiones debido a un puñetazo en el ojo.

Esta agresión taurina se confrontó a la no violencia ejercida por animalistas, quienes siempre defienden una cultura sin maltrato animal e inequívocamente sin violencia. Por motivos de seguridad y por miedo a una reprimenda violenta, quienes han compartido el video de lo ocurrido han querido pixelar sus caras y evitar más conflictos violentos.

 

 

LA PLUMA

553
“Me cague en la mare que t’ha parit, perra!” Valencia.  Hace mucho calor.  Unos hombres obligan a unos caballos a tirar de carros, sobre una pista...

NUTRICION

2789
Zaraida Fernández nos cuenta en un nuevo capítulo del programa "V de gust (Apetece)" una nueva receta, nutritiva y muy fácil de elaborar: Ensalada...