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Montse Marcet, libretera y artífice de Lectors al tren! (lectorsaltren.cat), nos presenta la serie “La maleta de Montse”, en la que ella misma nos descubre y recomienda libros y álbumes ilustrados que nos hablan de los animales, siempre desde una perspectiva ética.

Este cuarto capítulo, “Vivir en armonia con los animales”, reune cinco títulos. Dentro la maleta encontraremos los libros:

DIAZ REGUERA, Raquel. Azulin azulado. Thule, 2012.
ISBN 978-84-15357-11-7

LIAO, Jimmy. El pez que sonreia. Barbara Fiore , 2010.
ISBN 978-84-937506-7-1

MARTÍ, Pere. La tortuga d’en Hans. Il·l Carme Queralt.
Barcanova: Barcelona, 2005. ISBN 978-84-489-1784-5

MOLIST, Pep. Els tres animals. Il·l Kim Amate. Takatuka,
2016. ISBN 978-84-16003-71-6

SMALLMAN, Steve. L’ovelleta que va venir a sopar. Il·l.
Joelle Dreidemy. Beascoa, 2012. ISBN 978-84-488-2455-6

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La semana pasada se estrenó el documental “Empatía”, producido por la entidad animalista FAADA y la productora La Diferencia, sobre la situación que viven los animales que nuestra sociedad usa en todos los ámbitos.
Sin imágenes explícitas, y sobretodo aportando claves para poder reflexionar, muestra lo que cualquier persona puede hacer para evitar esta situación que sufren los animales.

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Todo el mundo ha oído hablar del autobús de HazteOir y de su mensaje tránsfobo. Es una forma de darle la vuelta a la tortilla desde el privilegio, que se presenta como víctima de complots urdidos con oscuras intenciones por organizaciones perversas como el lobby gay, las feminazis o los ecoterroristas. A mi me gusta la de los antitaurinos pagados por Holanda, según denuncian los que todavía no han encontrado la forma de organizar una matanza “benéfica” sin quedarse con casi todo el dinero.

Quien, consciente o inconscientemente, se beneficia de una determinada situación injusta, genera un discurso victimista alrededor de su “normalidad” atacada. Así, nos muestran un mundo de hombres cis y heterosexuales, occidentales y blancos, con papeles y derechos, con casa, coche y nevera llena, siempre perseguidos y amenazados en sus libertades mientras a su alrededor las mujeres “se mueren” a diario a pesar de que ya han conseguido la igualdad, donde las personas migrantes se empeñan en hacer peligrar la seguridad a pesar de nuestra gran solidaridad, donde las que vulneran la heteronorma se empeñan en hacerse visibles en la calle e incluso, en la escuela…

En resumen, los que están arriba rebosan unas lagrimitas acompañadas de una llamada a la hermandad, a “conservar” un irreal punto de equilibrio que las de abajo quieren romper con sus luchas y reivindicaciones. Así, con toda la cara del mundo (sea conscientemente o no). Seguro que os suena aquello de “ni machismo ni feminismo: igualdad”. Si las personas negras de EEUU se movilizan frente a la discriminación y el racismo que aprieta el gatillo fácil de tantos policías, si usan un lema que dice que las vidas de las personas negras importan, aparecen voces blancas que dicen que las suyas también, que lo que importan son las personas. Hay muchos ejemplos.

Y, para ello, que mejor manera que forzar escenarios donde los niños y niñas son las víctimas y “las igualitarias” se presentan como sus supuestas defensoras. Esto es lo que hace HazteOir con su autobús, con el que quieren convertir su discurso de odio y exclusión en “libertad de expresión” y en persecución política. No hace falta un autobús: este mismo papel de apoyo para la creación de escenarios ficticios lo puede hacer un modesto biberón en medio de un restaurante vegano, hasta dar lugar a otro lema de la falsa víctima: “ni personas ni animales, todas somos seres vivos”.

Para quien no haya oído hablar de la campaña de acoso que ha sufrido el restaurante el Vergel de Tarragona, está perfectamente resumida en el interesante artículo de Aula Animal que se titula “Un restaurante vegano no permite la uso de leche de vaca”. La conclusión de este artículo es que habría sido más eficiente la “flexibilidad” en la aplicación de la norma antiespecista del restaurante. Así deberíamos hacer en todas las situaciones que implican “los sectores de la sociedad más vulnerables, especialmente si se trata de bebés, niños o niñas”.

Nos explican que “tener razón no es siempre suficiente”, y que “a veces, lo más coherente es ser incoherentes”. Como se trata de una oportunidad perfectamente aprovechada mediáticamente, y como el movimiento por los derechos de los animales no ha tenido capacidad de revertir este aprovechamiento con sus argumentos, habría sido mejor evitar esa oportunidad. Es por este mismo motivo que “las organizaciones más influyentes” no salieoan en defensa del restaurante y su gente. La batalla estaba perdida y, además, “tienen una imagen pública que les ha supuesto mucho esfuerzo construir”. Debemos saber retroceder, teniendo en cuenta qué actitudes “son mejores para los animales en la realidad social que vivimos”.

Comprendo lo que quieren decir. Creo que yo mismo habría mirado hacia otro lado, con esa aparente naturalidad de las que se ven obligadas a convivir con discriminaciones cotidianas. Recuerdo una charla-debate sobre antiespecismo en un local muy izquierdoso de Valencia y con cena vegana posterior, y como uno de los integrantes de la asociación puso los huevos sobre la mesa. Eran de gallinas esclavas. Ocupó la cocina donde trabajaba la persona que preparaba la cena, se los frió con unas longanizas valencianas y, por supuesto, hizo ostentación machuna de su resistencia a la opresión mientras se los comía. Aceptamos la derrota como inevitable, con el consuelo de toda la gente que escuchó, comió vegano y debatió con respeto.

Pero, ¿por qué tiene que ser el pragmatismo la única opción? La lógica de la legalidad, los papeles en regla y el no haber roto nunca un plato no se pueden aplicar siempre. Quizás, querer esquivar ciertos golpes sea lo mismo que no ver más que la tenebrosa sombra de unos pocos árboles en el enorme bosque que estamos cruzando. Puede que la campaña mediática contra el Vergel se vaya como el humo, y que la coherencia de su acción, mezcla de firmeza, empatía y delicadeza, sea el fuego que deja huella.

No todo es comunicación: la reivindicación y la concienciación son la sangre que corre por las venas del movimiento antiespecista. Dentro de ese biberón estaba, sobre todo, la vida de una vaca esclava y la de su ternero de este año.

También había gente que decía que no se tenia que dar publicidad gratuita a HazteOir y su autobús, pero pronto quedó claro que siempre lo dicen quienes no se encuentran en el punto de mira. Aquel biberón se ha querido utilizar para convertir la intransigencia de una parte en un ataque a la infancia por la otra, para trasladar interesadamente el punto clave del asunto, desde el momento que una persona escribe una mala crítica a una página de reseñas por haber sido cuestionada, hasta la falsa escena en que le quitan la comida de la boca a una pobre criatura.

En todo caso, tenemos un problema cuando reaccionamos así ante nuestra gente que decide plantar cara, que no atacar ni agredir. Cuando en el mejor de los casos se le dice que lo más inteligente hubiera sido no hacerlo, y en los peores se le tacha de intransigente y de hacerle un flaco favor al movimiento. Tenemos un problema cuando el análisis se centra en el restaurante y sus errores de comunicación y no en toda esas reacciones marcadas por el síndrome de Estocolmo.

El problema, seguramente, estará en el principal argumento que se ha puesto sobre la mesa: nuestra debilidad, que debemos tener permanentemente presiente y que debe condicionar cada cosa que hacemos, como si el movimiento antiespecista fuera el personaje de un juego del rol y esta fuera su principal característica.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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Nuevo capítulo del programa “V de gust (Apetece)”, una nueva receta nutritiva e ideal para cocinar con niños y niñas: Filetes rebozados.

ingredientes:

250 g de judías
120 g pan rallado con especias
licuado de soja sin azúcar
120 g de gluten
90 ml de agua
1 cucharada de levadura (nutricional yest o levadura de cerveza)

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Coloquio organizado por Antropología de la Vida Animal. Grupo de estudios de etnozoologia, grabado el 11 de febrero en la Biblioteca La Sagrera-Marina Clotet de Barcelona alrededor de Santa Fiesta, de Miguel Ángel Rolland, un documental que nos sumerge en el corazón de las fiestas populares que implican explotación de los otros animales en el territorio español.

Moderado por Nuria Almirón (experta en comunicación), con la presencia del director del documental, Miguel Ángel Rolland, Mara Martínez Morant (antropóloga) y con María González Sola (veterinaria).

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Mientras veía Los Hombres Libres de Jones y el caballero del Sur, como tantas otras veces, iba a violar a la esclava Rachel, me vino a la cabeza aquella escena de Braveheart del derecho de pernada. En realidad, los documentos históricos no dan ninguna señal que permita constatar nada que se le asemeje, y menos con ese nombre. Incluso, cuando aparece, es para que los señores afirmen que no tienen constancia de que se haya aplicado nunca y que, en todo caso, renuncian a ese supuesto derecho por “injusto y deshonesto“.

En realidad, no necesitaban apelar a ningún derecho para forzar a una mujer campesina, sólo debían hacerlo con su impunidad y la indefensión de las víctimas como escudo y, por supuesto, lejos de cualquier ostentación. La igualdad ante la ley y la seguridad jurídica no son conceptos de aquella sociedad estamental. Por otra parte, el honor de la familia se podía obviar a cambio de tanta proximidad al poder, que podía otorgar beneficios, excepciones y privilegios. Las mujeres eran usadas como instrumentos de promoción y monedas de cambio; estaban socialmente más abajo que los hombres que podían sacar provecho de esa situación, desde el violador hasta los miembros de su propia familia.

Tal vez nos encontramos ante la explicación a que las violaciones sean el icono por excelencia de la injusticia, del abuso. La lucha no se genera desde la solidaridad y la empatía, sino de la del instrumentalización heteropatriarcal del hecho; el sufrimiento de las mujeres es sufrimiento, sobre todo, cuando conviene para “las luchas de los hombres”, continúa saliendo de la oscuridad sólo cuando los hombres deben clamar contra sus agravios. Un buen ejemplo de todo esto, aunque llevado hasta el ridículo, es este video del Tetazo al Obelisco de Buenos Aires donde, por sorprendente que parezca, la exclusión de los hombres “feministas” ocupa el centro de la noticia.

Entre los Hombres Libres de Jones podemos ver claramente esa instrumentalización, con el racismo y la esclavitud como protagonistas. Los hombres blancos se sublevan porque no es su guerra, porque los dueños de más de 20 esclavos no deben morir en el campo de batalla. En el norte pasaba algo parecido: los ricos podían huir de la muerte comprando su licencia, como se puede ver en la película Gangs of New York. En la guerra morían los pobres para defender los intereses de los ricos, y es así como algunos se dieron cuenta que no eran muy diferentes de los negros esclavos.

Pero, incluso así, les salía su privilegio ante los negros. Cuando la lucha se convierte en una lucha que es claramente contra el racismo y los abusos que justifica, la mayoría de los rebeldes blancos se desentienden. Antes, durante la guerra, cuando se proclamaba la igualdad de blancos y negros, se hacía dejando claro que es la gente desfavorecida y explotada toda junta, blanca y negra, la que tiene que dejar de serlo. La reivindicación se adapta fácilmente a las necesidades del privilegio blanco, porque no lo es en este contexto.

La forma de plantear esta reivindicación recuerda mucho las de la época medieval: “si tiene dos piernas, es una persona”, “puedes ser dueño de un caballo, de una vaca, de un buey o de una mula, pero no puedes ser dueño de un ser humano”. Como antes, la cuestión de los derechos se plantea como una ampliación del círculo restringido del privilegio para que, dentro, quepan más de los que cabían antes. Para que quepamos “nosotros”, dejando claro que “los y las demás” por debajo nuestro se quedarán fuera.

Viendo esto, podemos entender mejor cómo funciona la explotación. Es como un alquitrán espeso y pegajoso que brota por arriba de la pirámide social y fluye lentamente hacia abajo, dejando más poso cuanto más bajo está, pero sin dejar de caer hasta ahogar a los individuos más oprimidos. Las luchas por librarse de este alquitrán no lo son para dejar de lanzarlo hacia los de abajo; se trata de dejar de ser oprimidos sin renunciar a la capacidad de oprimir.

Es muy gratificante que el movimiento antiespecista, el de los y las sin voz, represente todo lo contrario. Es el mismo impulso de las personas antiesclavistas blancas que, sin tener nada que ganar, se jugaron la libertad y la vida; de las que dejan atrás la seguridad de Occidente para trabajar en un campo de refugiados o para patrullar el Mediterráneo para salvar vidas, los hombres heterosexuales feministas o militantes LGTB (los que de verdad lo han entendido).

Es por ello que nos ponemos en la piel de los otros animales y hacemos eso que sus explotadores llaman “humanizarlos”, que no nos suele gustar que se instrumentalice la lucha para que sea más cómoda para quien no quiere renunciar a ciertos privilegios. Es por eso que mostramos terribles imágenes de torturas y asesinatso que nunca sufriremos, y es por eso que nos manifestamos “contra la libertad” de quienes explotan animales.

Por cierto, el auténtico derecho de pernada medieval no puede ser otra cosa que el cobro por parte de los señores, que podían hacerlo porque eran los señores de las tierras que trabajaban los campesinos, de un muslo de cada animal que estos hubieran criado y matado. El auténtico derecho de pernada es, en realidad, un gran ejemplo del abuso y la explotación de los seres humanos sobre el abuso y la explotación de los demás animales.

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La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.
Soy militante de Iniciativa Animalista

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Montse Marcet, libretera y artífice de Lectors al tren! (lectorsaltren.cat), nos presenta la serie “La maleta de Montse”, en la que ella misma nos descubre y recomienda libros y álbumes ilustrados que nos hablan de los animales, siempre desde una perspectiva ética.

Este tercer capítulo, “Lo que les hacemos”, reune ocho títulos. Dentro la maleta encontraremos los libros:

Beer, Hans De. El petit os polar. On vas Lars?. Pagès
editors: Lleida, 2014. ISBN 978-84-9975-527-4.

BERNARD, Fred. La reina des fourmis ha disparu. Il·l
François Roca. Albin Michel Jeunesse, 1996. ISBN 978-2-226-08234-3

BOUGAEVA, Sonja. En Barnie. Takatuka: Barcelona,
2012. ISBN 978-84-92696-78-9

ESCALA, Jaume. Magenta i la balena blava. Il·l Carme
Solé Vendrell. Lumen: Barcelona, 2003. ISBN 978-84-264-1369-7

JEFFERS, Oliver. L’ant és meu. Andana: Algemesí, 2012.
ISBN 978-84-939445-8-2

LEAF; Munro. La història del toro Ferdinando. Il·l Robert
Lawson. Kalandraka: Pontevedra, 2016. ISBN 978-84-8464-983-0

MARTIN, Monique. Habia una vez un perro. Parramón:
Barcelona, 2012. ISBN 978-84-342-0482-9

OLMOS, Roger. Sin palabras. Logosedizioni: Italia, 2014. ISBN 9788857606958

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Mesa redonda sobre el proceso de aplicación del método CES, Captura-Esterilización-Suelta (en inglés TNR, Trap-Neuter-Return), implica atrapar a todos o la mayoría de los gatos de una colonia, esterilizarlos y devolverlos a su territorio.

En esta mesa redonda se exponen 4 momentos distintos que viven 4 ciudades distintas: Madrid, Vitoria, Alacant y Sant Boi.

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¿Qué tienen en común Marie Curie, científica polaca pionera en el campo de la radiactividad y el Rey emérito de España, Juan Carlos I de Borbón? No rendirse ante algo aunque el cuerpo se niegue a responder y seguir haciendo aquello que es su pasión más allá de las propias limitaciones por salud.

¿Qué los diferencia? Que la Premio Nobel de Física y Química invirtió esa superación en descubrir avances que servirían a la Medicina, o sea, para salvar vidas, y que el Monarca que designó Franco lo hace en acabar con ellas, esto es, en matar animales por diversión.

Cuando a consecuencia de una inoportuna caída se destapó que el papá de Felipe VI estaba matando elefantes en Botsuana, con España en medio de una grave crisis que aún no ha remitido, pidió perdón, dijo que se había equivocado y aseguró que no volvería a ocurrir. Ahora ya no se sabe si lo que no pasaría de nuevo es lo de ir a cazar o que le pillasen, pero parece que ambas cosas se han repetido, aunque esta vez no haya críticas, acaso porque no hay fotos, quizás porque acabar con la vida de inocentes en Espaňa no lleva la carga onerosa de hacerlo en África, puede que porque ya no es Rey, ¿quién sabe?, la cuestión es que sigue matando animales porque eso le pone y que el asunto se conoce pero ya no merece un titular. Ni indignación.

Su edad, sus accidentes, su lo que sea, que a mí me da lo mismo lo que cada uno se meta en el cuerpo y en qué cantidad mientras con ello no haga daño a nadie, le han pasado factura a este hombre, que la sangre podrá ser azul pero los músculos, huesos y corazón no se fabrican unos para nobles y otros para plebeyos, aunque luego la vida que se lleve implique estados de conservación muy desiguales, el caso es que todo eso le ha conducido a no poder moverse con la agilidad de antaño. Ya no posee El Campechano aquella sonrisa fresca para saludar junto al Caudillo desde el balcón en la Plaza de Oriente, ni aquel verbo fluido para hacer apología del dictador en declaraciones a una televisión extranjera, tampoco el brazo fuerte para sostener el arma con la que reventar de un disparo a un jaguar, a una osa (dicen que hasta las trancas de vodka, la osa) o a un elefante, pero eso al Rey que prometió defender las corridas de toros le da igual. La naturaleza puede dotar de la misma falta de empatía ahora a un Soberano que a Fernando VII hace más de doscientos aňos, sin embargo la tecnología puede regalarle más en estos tiempos para que se canse menos.

Juan_Carlos_I_of_Spain_2007

En varios medios afines a este seňor, con tono de noticia diría que casi entraňable, nos cuentan que Juan Carlos I ha vuelto a cazar, y como al parecer su hombro se resiente y -pobrecito, ¿no?-, le resulta dificultoso sostener el rifle, han diseňado exclusivo para él un artilugio metálico que se despliega desde su cadera, en el que se apoya y ya sin fatiga ni temblores apunta, dispara y mata. Cuentan que por eso le llaman cariňosamente “El cazador robocop” entre sus colegas de carnicería. Y aquí vendría el “plas plas plas” de todos cuantos siervos lameaforamientos dignos de “La Escopeta Nacional” aún son, o vienen las arcadas de los que, por separado aunque en este caso se junten, rechazamos una Monarquía impuesta pero sobre todo abominamos de la Violencia, por más que sea deporte Real y legal, que los muertos de la caza ni tan siquiera pudieron elegir una Constitución que no dejaba escoger, donde la Corona entraba tan de matute como el dinero de todos los espaňoles, aunque a la mayoría les repugne, lo hace en el mantenimiento de la Tauromaquia.

El Rey emérito no se parece en nada a Marie Curie, tal vez por eso ella será siempre recordada con admiración y el cazador de sangre azul que disfruta derramando sangre roja ya es despreciado en vida por varios de sus actos.

Aquella científica dijo una vez que “La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones”. Juan Carlos I de Borbón y Borbón, si eso es así la tuya tiene que ser un verdadero desecho. En todo caso es letal para esos animales que matas con el codo sobre metal o cuya muerte aplaudes con el culo sobre una grada en una plaza de toros.

Tu hija también caza y asiste a corridas, como algunos de tus nietos, incluso menores, al igual que tu hijo, al que vemos de vez en cuando disfrutando en corridas, eso sí, en el tiempo que le deja libre negociar con regímenes de dictadores.

Iba a hablar de caza, lamento haberme ido también a otras formas de violencia legal, pero fue inevitable con este hilo conductor.

Julio Ortega Fraile, activista por los Derechos de los Animales, escritor, coordinador de la Plataforma “Manos Rojas”, colaborador en El Caballo de Nietzsche y presentador del Programa PUNTO DE LECTURA en la TVAnimalista. Fui Delegado para Pontevedra de la Asociación Animalista LIBERA! y Secretario de Organización y Delegado para Galicia del PACMA. Mi libro: Servidumbre Humana, mi película: Los Lunes al Sol, mi canción (a veces cambia, pero no el cantante): Una Noche de Verano de Andrés Suárez. No me gustan las banderas pero me quedo con la republicana y me encanta ver rastas en el Congreso de los Diputados. Y sí, le tengo mucho asquito al rey, al de antes y al de ahora.

LA PLUMA

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En la charla de las II Jornades veganes de Benissa, tuve que pasar demasiado rápidamente por encima de esa patética masculinidad que se esconde...

NUTRICION

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Receta de lentejas estofadas asturianas.     Ingredientes: 3 zanahorias 1 calabacín con piel 1 cebolla 1 puerro 1 tomate 4 dientes de ajo 7-8 judías verdes 1/2 paquete de lenteja seca 1 cucharadita de pimentón...