La risa de los gallos

La risa de los gallos

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Desde hace algunos meses conviven en casa un manada de gallos. Estaban en casa de una criadora de gallinas de pata verde, raza antigua y de huevos apreciados por la consumidora, la cual las vendía cuando eran aún pollitos, de modo que quien la compraba no sabía sexar y se daba cuenta después de si eran machos o hembras. Las hembras “sirven” para “dar” huevos y los machos… para dar sabor al caldo. La cuidadora no tenía corazón para darlos a matar así que recurrió a nosotras para dar a esos gallos condenados un mejor destino (un único destino, de hecho). Fuímos por la noche, cuando gallinas y gallos se relajan, algunos estaban en el gallinero y su conducta dócil en la oscuridad hacía fácil manipularlos hasta la caja de cartón con respiraderos y algo de paja donde harían el viaje. Fue preciso subirse a una escalera para coger alguno, porque la gallina de pata verde es una raza más próxima a la gallina roja original asiática, y duerme encaramada a los árboles, donde fueron descendidos para la caja de cartón. Iban a ser 4 o cinco y acabamos convenciéndola de que fueran seis. Hicimos el viaje a casa y allí, de noche, los liberamos en su hogar definitivo, en el gallinero de madera, un 25 de diciembre.

Mientras millones de personas celebraban el nacimiento de un redentor asesinando bebés de otras especies para el evento, seis indecisos y asustados gallos dormían el sueño de los justos. Al día siguiente abrí la puerta del gallinero y pudieron salir al pasto de un terreno de perímetro vallado de unos 1000 metros cuadrados de superficie. Yo no sabía nada de gallos, así que había comprado grano, algo de verduras, coles… e iría viendo qué les hacía falta. Les pusimos en el agua unas vitaminas para aves que dábamos a nuestra grajilla Abdul, para fortalecerlos un poco. Salieron a la hierba y abrieron sus alas, era hermoso verlos con la conciencia de que no serían caldo.

Una aprende muchas cosas de gallos conviviendo con ellos, que caminan como los dinosaurios de las películas de animación, recogiendo hacia abajo sus largos dedos sobre la articulación central que hace de talón, que hablan entre sí con cuarenta voces diferentes (yo sólo he identificado unas decenas) y con muchos tonos diferentes en cada voz. Y que se ríen.

Los gallos son personas maravillosas que se ríen. Hacen unos carcajeos de satisfacción y seguridad en cadencias regulares y prolongadas muy agudas que son una risa en toda regla, una risa tranquila y alegre, alternada con unos gorjeos guturales y carrasposos. Aprendo a identificar sus voces de alarma, las pautas, los movimientos, la coordinación de la bandada, aprendiendo a diferenciar cuáles voces son por amenaza aérea o terrestre, puedo prever la creciente alarma en sus voces hasta que se hace estertor y huída cuando me ven pasar con un cubo o algo extraño a mi figura, una rapaz o cualquier otro peligro. Estudiar el comportamiento es fascinante, me recuerda mis primera lecturas de Konrad Lorenz de adolescente, sobre grajillas y ocas. Los gallos son personas fascinantes.

gallos que rien la ploma

En tiempos injustos, tratar de vivir correctamente es lo más revolucionario. Cambiar los paradigmas con el ejemplo, y responder simplemente porque las respuestas suelen ser más sencillas que las preguntas. El amor se mide en ahoras.

La domesticación es una agresión a la cultura de los animales, a su libertad intrínseca y a sus caminos evolutivos, además de una falsía. El perro llevará siempre dentro al lobo, y un gato “casero” en libertad, si sobrevive, volverá a comportamientos hoscos y salvajes. Ese mismo oscurantismo que creó a dios diferenció al animal del ser humano

300 millones de pollitos son gaseados o molidos vivos sólo en la UE por no servir para poner huevos, y miles de millones de pollos y gallinas (medidos en toneladas) son explotadas y asesinadas sólo en la UE. Al pollo se le llama así porque no es un gallo, ni le dejaron reírse como los de casa se ríen. El transporte es el único momento del proceso de carnificación de los animales en que la gente los visualiza, si alguien no ve la vida de los animales, sino sólo su muerte, quizás es que no ve. La tolerancia es como la neutralidad, fascista. La herramienta pertinente es el respeto. La cuestión es ¿puede ser respetado un comportamiento?. Si sí, adelante, si no, ni tolerancia. El dilema de si primero el huevo o la gallina la gente lo resuelve en favor del huevo. Saben bien que la gallina no vale nada.

La gente carnista de sólido (carne) y de líquido (leche, huevos…), consideran violentos y sádicos los métodos del veganismo para hacer proselitismo, mostrando la realidad de lo que sucede. Debe ser que lo comparan con su acto de paz y amistad, consistente en violar a las vacas y luego degollarlas para su capricho… Sadismo no es que mostremos terribles vídeos de explotación animal, sadismo es que lo vean y sigan participando en los genocidios. !Que se indignen con ellas mismas!. Buscar culpas es muy humano, lo inteligente es encontrar culpables en el espejo. No era odio lo que las nazis profesaban contra otras razas, sino lo mismo que la gente siente por el cerdo que come o la gallina que explotan hasta la extenuación: simplemente desprecio. Es el desprecio lo que hace nazi al mundo. El origen de la desigualdad es la normalización del privilegio. El depredador más letal y especializado del ser humano es otro ser humano y no es cierto que Adolf Hitler asesinara a 6 millones de judías, según cifras oficiales. Hitler no mató a nadie, sino que mandó matar, que de eso va el carnismo. Nos es cómodo encontrar culpables para desvincularnos de la responsabilidad individual, cobijándonos en el comportamiento colectivo y poder disfrutar de las ventajas del sufrimiento ajeno o poder justificar nuestra inacción.

Cada europea que permitió el genocidio nazi está estrechamente vinculada a las personas que permiten el genocidio animal no humano. Este último es mucho peor que el de las nazis, en cantidad y en calidad de tormento. Los holocaustos son causados por agentes directas, por agentes pasivas y por la indiferencia de quienes piensan que hay asuntos más importantes. Nada es más importante que detener el abominable exterminio de inocentes. Si antes de morir logramos recuperar una décima parte de la belleza animal perdida con la educación, no habremos vivido en vano. La rebeldía a la injusticia es la cédula de habitabilidad de la vida, el único impuesto justo, la línea que limita con la muerte social de aceptar la mediocridad y el crimen… y el pesimismo es… la convicción de que el lunes llega más que el viernes.

Sé vegana. “No volverá a ocurrir” es el mejor modo de pedir perdón. En ese cesar del ruido de las cuchillas hendidas en la carne, en ese silencio de los ganchos y la línea de despiece no funcionando, en ese rumor del viento y de la vida se escucha la risa dulcísima de los gallos y las gallinas, y su canción es infinitamente más hermosa, no lo dudes.

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Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.