#NoSeasAnimal. Lo que no se debe hacer para denunciar el acoso...

#NoSeasAnimal. Lo que no se debe hacer para denunciar el acoso machista callejero.

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La Junta de Andalucía, a través del Instituto Andaluz de la Juventud y el Instituto Andaluz de la Mujer, ha lanzado una campaña para denunciar el acoso sexual callejero, bajo el lema “no seas animal”.

En esta campaña, hombres con máscaras de animales no humanos (buitre, pulpo, cerdo, gallo) acosan de diferentes formas a mujeres en el espacio público. Una voz en off masculina advierte que los animales de la fauna callejera están al acecho, animales que deben extinguirse, desaparecer. Porque esos comportamientos, de esos señores con máscaras de animales, son “más propios de animales que de personas”. Por si quedara alguna duda, el vídeo cierra con un: “estos comportamientos no son propios de personas”.

Pues vale. Supongo que la campaña busca ser intencionadamente polémica. Una polémica puede ser inteligente y de calidad. Se puede hacer, pero no así.

El primer paso para solucionar un problema es afrontarlo como es. Ninguna mujer ha sido acosada por buitres, pulpos, cerdos, o gallos. No. Las mujeres son acosadas por hombres (hombres, no personas en abstracto) que se consideran con derecho a opinar sobre el cuerpo de una mujer, seguir a una mujer, tocarla sin su permiso, etc. Esos hombres, que tienen esos comportamientos, se consideran legitimados socialmente. Por eso actúan así, porque creen que tienen impunidad para hacerlo. Hacen lo que hacen porque han aprendido que pueden.

Con esta campaña la responsabilidad en el acoso sexual callejero no sólo se diluye, es mucho peor. Ese discurso culpabiliza a criaturas que no nos han hecho nunca ningún daño. Esa campaña refuerza prejuicios que están en el imaginario y que generan violencia.

La cosificación (convertir a alguien en algo) necesita de las palabras. Es el primer paso. Con las palabras se genera desprecio, se difunden mentiras que legitiman la dominación, la discriminación, la sumisión. El feminismo, desde el principio, se enfrentó estas a lógicas de dominación, que asignan a las mujeres unas características determinadas (ser irracionales, emocionales, instintivas, etc.), con una intencionalidad. De esta forma, la violencia simbólica se transforma en violencia física. El feminismo sabe mucho de los daños que causan los símbolos, las representaciones colectivas.

Calificar a alguien de plaga a extinguir, difundir la idea de que los cerdos son asquerosos o que los buitres son repulsivos sigue una lógica parecida. Esta campaña se ensaña con quienes ya sufren nuestra violencia diaria, con quienes no nos dañan nunca y con quienes no se pueden defender. Es muy curioso que nuestra especie se haya construido negando su animalidad y, sin embargo, cada vez que tiene ocasión, responsabiliza a individuos de otras especies de violencias que son 100% humanas. Porque no, esos comportamientos no son propios de animales no humanos, son propios de nuestra especie, concretamente de algunos hombres de nuestra especie. Se llama patriarcado. A las cosas se las llama por su nombre.

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