De la lucha frente a la explotación hacia humanos y resto de...

De la lucha frente a la explotación hacia humanos y resto de animales y estrategias (2).

Esta serie de dos artículos pretende mostrar el error que supone tratar de aplicar la misma estrategia a todas las luchas sin considerar las diferencias que hay entre ellas.

En la primera parte explicamos por qué el boicot que implica el veganismo dentro de la lucha antiespecista, no debe generalizarse en la lucha por la liberación de la clase trabajadora, salvo en algunos casos muy concretos. Pero si eso es así, puede surgirnos una pregunta en el sentido contrario: ¿tiene sentido el boicot contra los productos de origen animal, es decir el veganismo, como herramienta de la lucha antiespecista?

La lucha de los animales no humanos:
Si el boicot no sirve ¿no es el veganismo un tipo de boicot y por tanto tampoco sirve como estrategia?

Antes de empezar habría que aclarar que el veganismo es una herramienta que se basa en se basa en boicotear (y difundir su boicot) a productos, servicios y espectáculos que impliquen encierro, explotación, sufrimiento y/o muerte de algún animal. Una herramienta elemental para el antiespecismo, un movimiento que va más allá de la renuncia a participar en la opresión (veganismo) y busca, además, acabar con la misma. En este tema hay que tener en cuenta varios aspectos que hacen imprescindible el boicot.

Empezando por lo básico, el consumo de carne o pescado implica, EN SI MISMO, se haga lo que se haga, se esté en el sistema que se esté, el asesinato de un animal. Alguien que se oponga a ello (asumo que el debate ha llegado a un momento en el que eso es asumido por tod@s, aunque sea a nivel teórico, de lo contrario no tiene sentido argumentar sobre cuál es la mejor estrategia) debe evitar comer carne por el mismo motivo que alguien que se oponga al racismo debe evitar tener comportamientos racistas, no porque ello, en si mismo, vaya a acabar con el racismo y la explotación hacia razas oprimidas, si no por coherencia.

Si inicialmente decíamos que el problema de la explotación laboral era el sistema capitalista en sí mismo y que ese debía ser el objetivo, y no el de uno u otro producto, ahora nos encontramos con que no es el sistema capitalista el culpable (aunque lo potencie), sino el especismo, y avanzar hacia una sociedad socialista o comunista (o anarquista, si tal cosa fuera posible) no solucionará el problema, sólo lo modificará, pero sin una conciencia social de que este problema es injusto, ningún socialismo acabará con ello.

Y viceversa, desde el socialismo podría ser más sencillo acabar con el especismo si se llega a una masa crítica de gente que quiere lograr dicho objetivo, pues en este sistema no existe la “libertad” de utilizar el capital para saltarse la voluntad de las mayorías, y si se decide acabar con la explotación hacia los animales, se acabará para toda la sociedad, y no sólo para la mayoría de concienciad@s, como ocurriría en el capitalismo aduciendo la “libertad” para usar el dinero en lo que se quiera (incluso aunque sea para algo que la sociedad considera que no debería existir). Por tanto, la antiespecista, debe ser una lucha paralela a la anticapitalista y no dejarla “para después”.

Vale, la carne y el pescado está claro, siempre implican asesinato en cualquier circunstancia, y bajo cualquier sistema y debe haber una mayoría social que repudie su uso, si queremos que se pueda prohibir, incluso bajo el socialismo. Pero, los huevos, la leche y el resto de productos que impliquen explotación animal sí se podrían conseguir éticamente en un sistema ético que tuviese prioridades diferentes a las del sistema capitalista, ¿no? Pues… no.

En realidad la explicación podría ser tan sencilla como que si, como dijimos anteriormente, lo que necesitamos abolir es el especismo como sistema de explotación, no podemos seguir fomentándolo en algunos productos. De este modo jamás llegaríamos a esa masa crítica, pues se está aceptando parte del sistema de explotación que asume que los animales son mercancía y no seres sintientes con derechos inherentes que no deben ser vulnerados.

Pero se puede ir más allá. No podemos olvidar que el consumo de productos de origen animal implica (entre otros):

-En los lácteos.
-En los huevos.
-En los materiales de origen animal.

Concretando más, podemos ver que realmente ningún sistema puede garantizar que la leche o los huevos, producidos masivamente, estén libres de sufrimiento y muerte. Sí, puede darse el caso que vayas por el monte y te encuentres un huevo abandonado de algún animal, te lo comas y ello no implicaría necesariamente sufrimiento (si eres capaz de discernir si ese huevo está incubado, o no) para nadie (salvo, quizá, para ti en caso de que estuviera ya podrido). Como éste, puede haber otros ejemplos extremos. Pero obviamente eso no es de lo que estamos hablando, así no se alimenta a una población.

¿Leche de vacas felices? ¿Huevos de gallinas en libertad? Estas falacias (a veces defendidas, por desconocimiento, por defensores de animales) ya se dan dentro del capitalismo, no hace falta imaginarse un mundo por venir para conocer la realidad.

Incluso suponiendo que haya una reducción grande de la producción que permita hacer asumible el consumo de dichos productos, con un espacio aceptable para los animales (Si todo el consumo actual de lácteos viniera de ganadería “ecológica” no habría suficiente superficie en todo el planeta), y asumiendo también que no se darán los habituales casos que se han ido descubriendo [ejemplo], de maltrato dentro de granjas de “vacas felices y ecológicas”, seguirían habiendo problemas intrínsecos a la explotación de animales que la haría incompatible con esa búsqueda de acabar con la crueldad contra animales. Incluso en esos casos, existen claros motivos para rechazar su uso.

Como el objetivo de este artículo no es detallar esto, pongo un par de enlaces a modo de ejemplo: Los “huevos ecológicos” son crueles / La “carne feliz”, los “huevos camperos” y la “leche orgánica” son cuentos de hadas.

Concluyendo: La interseccionalidad en las luchas es muy interesante, pero nunca nos debe hacer cometer el error de utilizar una misma estrategia para todo. Hay que analizar cada situación y aplicar las respuestas más adecuadas a cada tipo de opresión.

—————-

En proceso de deconstrucción desde hace más de una década, dispuesto a replantearme mis privilegios y adquiriendo conciencia de mis derechos. Evolucioné de adquirir conciencia de mis derechos individuales a mis derechos colectivos, de ahí reconocí los del resto de personas y finalmente fui consciente de los derechos del resto de animales y de la necesidad de proteger el medio ambiente. militante comunista, antiespecista, ecologista y aprendiendo a ser aliado feminista.