Los no-humanos ni son clase ni trabajan. Basta de disparates. (I)

Los no-humanos ni son clase ni trabajan. Basta de disparates. (I)

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Desde que se tradujo al español el ensayo de Jason Hribal «Los animales son parte de la clase trabajadora» que en las redes sociales he visto cómo se ha extendido el debate entre partidaries y detractores de llamar “clase” y «trabajadora» a los animales no-humanos. Desgraciadamente estos debates trasnochados se intensifican cuando se acerca el primero de mayo y, de entre les partidaries, se encuentran personas adultas y aparentemente serenas.

Como se ha notado que ya he elegido bando detractor, lo haré prosiguiendo con el absurdo, aludiendo a les defensores de los derechos «laborales» de los animales no-humanos de tener muy poca paciencia en el análisis crítico, que provoca que se digan disparates y se abran, de par en par, portales a la estupidez. De hecho, lo considero un síntoma más de lo que vendría a ser el conjunto básico de consecuencias del prepolitismo dentro del antiespecismo de los últimos años.

Señalo aquella animalista que, condensando gratuitamente y a lo loco la consigna «los animales son clase obrera», crea imágenes y las cuelga en las redes, la que exhibe cartelería en las manifestaciones del primero de mayo, en mesas informativas, quien difunde orgullosamente este mensaje a través de publicidad editorial y a todes las que, al fin, ocupan demasiado tiempo en futilidades, iniciando debates intratables entre elles alrededor de los viajes cannábicos y surrealistas de Hribal y sus seguidores, más abducidos, si cabe, que los exaltados discípulos de Francione.

Los últimos primeros de mayo, algunes veganes (dicen ser «de clase») transmiten sus pajas mentales con el fin de obtener una estrategia retórico-dialéctica con el especismo de clase… en fin… Les susurran al oido que hay un ensayo que les ha causado un fuerte impacto y que dice que los caballos y las mulas son working class y tal, y que qué les parecería que los animales estuvieran presentes con voz y voto en la próxima OIT, que ya tienen un nuevo motivo -siempre revelador y definitivo- para hacerse veganes, que mola tanto el rollito éste, que aprovechen las ofertas «2×1» de las verdulerías y que cada vez hay más producto «vegano» a los supermercados del Juan Roig…

No puedo entender que haya quien defiende las tesis de Hribal para probar de resultar simpáticas al sindicalismo y al comunismo (científico o libertario) con el que piensan que están compartiendo luchas. La fantasía terminológica «clase obrera/trabajadora/proletaria» atribuida a los no-humanos es una estupidez enorme y un campo fértil para la burla indefinida que nos profesa, aún, el especismo anticapitalista.

Hribal pide: (…) «Primero que las lectoras consideren el papel de los animales en el desarrollo del capitalismo. En segundo lugar, se pone en duda el supuesto básico de que hay que ser humana para ser considerada como trabajadora. Por último, el ensayo se enfrenta a los parámetros que se aplican actualmente a la definición de la “clase trabajadora”».

Quien extrapola la plusvalía o el trabajo remunerado con la cosificación de los no-humanos debe afinar su análisis, porque la respuesta le debería resultar automática por sencilla:

Primero pues, por supuesto que el papel de los animales en el desarrollo del capitalismo es amplio, desde antes de la primera revolución industrial y hasta nuestros días, tanto que puede ser tratado con multidisciplinariedad, creando así su propia holística. Aún así, los animales eran menos explotados y oprimidos en número que ahora (lógica de explosión demográfica y productivista posterior a la 2ª Guerra Mundial) pese a que fuera más notoria su presencia a la vista de los humanos antes de la fase de su reemplazo por el de las máquinas. Esto no quiere decir que se tengan que tolerar ciertos antropomorfismos que se desprenden del ensayo. El sangriento papel que hemos obligado a tener a los animales a lo largo de la prehistoria y la historia se puede estudiar, aprenderlo y utilizarlo para su liberación, o bien para llenar páginas de ensayos que sólo pueden servir para alimentar la impertinencia de para-filósofos que frenan la acción de liberación.

Segundo, los animales no-humanos no son trabajadores; (como trabajadores Hribal menciona unas pocas subespecies de équidos y bóvidos sobre su subyugación empleada para la tracción a sangre). No es correcto colgar esta etiqueta condicional a ningún no-humano. Son personas no-humanas explotadas y consumidas por la humanidad, sea ésta de clase trabajadora, o no, y ya sea de forma directa o indirecta.

Los animales no trabajan, no hay voluntariedad ni conciencia de contrato social, no existe un tiempo donde puedan desarrollar su animalidad/vida en libertad y en un plano tempo-espacial diferente al de su subyugación, al de la aniquilación de la su voluntad y el pánico al castigo físico.

Y tercero, los animales no son “clase”; las clases son inherentemente humanas; los animales cuando se asocian, no lo hacen por un componente de cambio (revolución) sobre la identificación de una explotación/opresión, sino de un componente intrínseco de especie, de búsqueda de supervivencia, de bienestar, simbiosis, etc. Si los arrojamos a ser sujetos no-activos de teorías que la mayoría de la población no conoce ni entiende (ni lo hará nunca), los estamos separando de su factor inherente de la especie a la que pertenecen, actuando de forma opresiva para separarlos de su especificidad biológica, y todo por querer llevarlos a la fuerza hacia nuestro terreno físico y mental. Y alerta, porque esta amenaza proviene de las que, en teoría, estamos para liberarlos.

«Clase» es una categoría que clasifica y diferencia a les humanes en, básicamente, dos tipologías de personas: las que son propietarias de los medios de producción de las que no, que es la que en términos históricos y, sobre todo marxistas, soporta una confrontación que arrastra una carga revolucionaria implícita. Los no-humanos nunca podrán hacer una revolución de ningún tipo, al menos de forma directa o premeditada. Por lo tanto, ni son clase, ni son obreros, ni son revolucionarios, pues su evolución es continua, y no es otra que la de adaptarse al medio (natural y construido) y probar de sobrevivir lejos de nosotros.

Los animales son seres vivos (personas) tratados como objetos inertes para el desarrollo del trabajo de los humanos, convirtiéndose en instrumentos para el trabajo, recursos, productores involuntarios de recursos, medios para unas finalidades, mercancía, producto, cosas, propiedades, herramientas, y sepultados bajo mil toneladas de sinónimos, adjetivos, eufemismos y excusas para no perder unos privilegios humanos que no ponen cara, nombre ni derechos a las personas no-humanas de las que nos beneficiamos.

Por lo tanto, a los animales no-humanos se les obliga a la metamorfosis de la persona-cosa, a la esclavitud y el suplicio permanente, a auto-torturarse, a una subyugación que los saca de quicio, a la opresión sublime que los somete a la locura, al pánico, a la resignación, a la frustración perpetua, a sufrimientos extremos sin tregua hasta que, antes del descanso que conduce a la nada, se les regalan muertes lentas, chapuceras y angustiosas como las formas más completas y retorcidas de martirio.

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Toni Teixidó. Cosecha tarraconense del 80 y maestro vocacional. Comunista, porque sólo podrá ser la clase explotada la que termine liberando a sus esclavos no humanos. Persisto con la idea de combatir todas las opresiones en paralelo y hacerlas converger en el marco de la reunificación y la independencia de los Paises Catalanes; es por ello que actualmente y, a fin de poder compaginar estas luchas, milito en d’ARREL, en el MCAN-EI, colaboro con Libera! y soy coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña.