El cazador robocop (también conocido por el Rey Campechano o Juan Carlos...

El cazador robocop (también conocido por el Rey Campechano o Juan Carlos I)

2035

¿Qué tienen en común Marie Curie, científica polaca pionera en el campo de la radiactividad y el Rey emérito de España, Juan Carlos I de Borbón? No rendirse ante algo aunque el cuerpo se niegue a responder y seguir haciendo aquello que es su pasión más allá de las propias limitaciones por salud.

¿Qué los diferencia? Que la Premio Nobel de Física y Química invirtió esa superación en descubrir avances que servirían a la Medicina, o sea, para salvar vidas, y que el Monarca que designó Franco lo hace en acabar con ellas, esto es, en matar animales por diversión.

Cuando a consecuencia de una inoportuna caída se destapó que el papá de Felipe VI estaba matando elefantes en Botsuana, con España en medio de una grave crisis que aún no ha remitido, pidió perdón, dijo que se había equivocado y aseguró que no volvería a ocurrir. Ahora ya no se sabe si lo que no pasaría de nuevo es lo de ir a cazar o que le pillasen, pero parece que ambas cosas se han repetido, aunque esta vez no haya críticas, acaso porque no hay fotos, quizás porque acabar con la vida de inocentes en Espaňa no lleva la carga onerosa de hacerlo en África, puede que porque ya no es Rey, ¿quién sabe?, la cuestión es que sigue matando animales porque eso le pone y que el asunto se conoce pero ya no merece un titular. Ni indignación.

Su edad, sus accidentes, su lo que sea, que a mí me da lo mismo lo que cada uno se meta en el cuerpo y en qué cantidad mientras con ello no haga daño a nadie, le han pasado factura a este hombre, que la sangre podrá ser azul pero los músculos, huesos y corazón no se fabrican unos para nobles y otros para plebeyos, aunque luego la vida que se lleve implique estados de conservación muy desiguales, el caso es que todo eso le ha conducido a no poder moverse con la agilidad de antaño. Ya no posee El Campechano aquella sonrisa fresca para saludar junto al Caudillo desde el balcón en la Plaza de Oriente, ni aquel verbo fluido para hacer apología del dictador en declaraciones a una televisión extranjera, tampoco el brazo fuerte para sostener el arma con la que reventar de un disparo a un jaguar, a una osa (dicen que hasta las trancas de vodka, la osa) o a un elefante, pero eso al Rey que prometió defender las corridas de toros le da igual. La naturaleza puede dotar de la misma falta de empatía ahora a un Soberano que a Fernando VII hace más de doscientos aňos, sin embargo la tecnología puede regalarle más en estos tiempos para que se canse menos.

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En varios medios afines a este seňor, con tono de noticia diría que casi entraňable, nos cuentan que Juan Carlos I ha vuelto a cazar, y como al parecer su hombro se resiente y -pobrecito, ¿no?-, le resulta dificultoso sostener el rifle, han diseňado exclusivo para él un artilugio metálico que se despliega desde su cadera, en el que se apoya y ya sin fatiga ni temblores apunta, dispara y mata. Cuentan que por eso le llaman cariňosamente “El cazador robocop” entre sus colegas de carnicería. Y aquí vendría el “plas plas plas” de todos cuantos siervos lameaforamientos dignos de “La Escopeta Nacional” aún son, o vienen las arcadas de los que, por separado aunque en este caso se junten, rechazamos una Monarquía impuesta pero sobre todo abominamos de la Violencia, por más que sea deporte Real y legal, que los muertos de la caza ni tan siquiera pudieron elegir una Constitución que no dejaba escoger, donde la Corona entraba tan de matute como el dinero de todos los espaňoles, aunque a la mayoría les repugne, lo hace en el mantenimiento de la Tauromaquia.

El Rey emérito no se parece en nada a Marie Curie, tal vez por eso ella será siempre recordada con admiración y el cazador de sangre azul que disfruta derramando sangre roja ya es despreciado en vida por varios de sus actos.

Aquella científica dijo una vez que “La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones”. Juan Carlos I de Borbón y Borbón, si eso es así la tuya tiene que ser un verdadero desecho. En todo caso es letal para esos animales que matas con el codo sobre metal o cuya muerte aplaudes con el culo sobre una grada en una plaza de toros.

Tu hija también caza y asiste a corridas, como algunos de tus nietos, incluso menores, al igual que tu hijo, al que vemos de vez en cuando disfrutando en corridas, eso sí, en el tiempo que le deja libre negociar con regímenes de dictadores.

Iba a hablar de caza, lamento haberme ido también a otras formas de violencia legal, pero fue inevitable con este hilo conductor.

Julio Ortega Fraile, activista por los Derechos de los Animales, escritor, coordinador de la Plataforma “Manos Rojas”, colaborador en El Caballo de Nietzsche y presentador del Programa PUNTO DE LECTURA en la TVAnimalista. Fui Delegado para Pontevedra de la Asociación Animalista LIBERA! y Secretario de Organización y Delegado para Galicia del PACMA. Mi libro: Servidumbre Humana, mi película: Los Lunes al Sol, mi canción (a veces cambia, pero no el cantante): Una Noche de Verano de Andrés Suárez. No me gustan las banderas pero me quedo con la republicana y me encanta ver rastas en el Congreso de los Diputados. Y sí, le tengo mucho asquito al rey, al de antes y al de ahora.