De héroes y heroínas

De héroes y heroínas

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Desde hace algunos meses, y especialmente durante las últimas dos semanas, siento un especial malestar ante la figura de los “héroes” y las “heroínas” que se erigen bajo el clamor popular dentro del mundo del activismo por los animales. Me refiero a dos calidades distintas de “héroe”, ambas aclamadas de ese modo por los activistas, aludiendo a quienes salvan/rescatan animales; pero también refiriéndose a los protagonistas de varios videos, difundidos en España, en que varones de estética musculada y atlética, vía redes sociales, hacen un llamado a unirse contra el Toro de la Vega. Como dije: la cualificación de “héroe” para unos y otros, me está produciendo alergias… y os explicaré gradualmente el por qué.

Los “héroes” que ayudan

No hay día en que las redes sociales no se inflamen ante las acciones de alguien que, según la audiencia, lleva sus capacidades humanas al límite para rescatar a algún animal de una situación desventajosa, lo que le hace automáticamente merecedor o merecedora del apelativo en cuestión. La RAE define al “héroe” o “heroína” como “una persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes”, o como “una persona que lleva a cabo una acción heroica”. Personalmente no veo el heroísmo cuando una persona actúa con un mínimo de decencia y empatía, y ofrece ayuda o rescata a un animal de una situación donde sus intereses se ven vulnerados. No lo veo porque es lo mínimo que espero de alguien, y especialmente cuando se trata de un congénere sensible y empática/o con los otros animales. Me llama profundamente la atención que los animalistas, precisamente, enaltezcan las manifestaciones de empatía, gentileza o bondad de los que cualquier ser humano es capaz cuando ejercita mínimamente los músculos del corazón, y no se detiene en cálculos de conveniencia personal que vayan en desmedro de la situación del animal en desgracia. Entiendo que en un mundo embrutecido y violento como el que vivimos, estas situaciones sean, lamentablemente, minoritarias, y que por ello nuestros compañeros y compañeras vibren de alegría ante un rescate. Yo soy, también, entusiasta en celebrarlo. Pero de ahí a vitorear a esos compañeros y compañeras “heroizándolos”, creo que es un fallo estratégico, pues al hacerlo dejamos entrever que muy pocas personas pueden repetir esos actos, que esas acciones se sitúan fuera del alcance cotidiano de los individuos normales, que se requiere de una pasta especial para actuar de manera humanitaria y generosa con otros seres vivos. Cuando nuestros compañeros y compañeras han hecho un rescate o ayudado a un animal han actuado bien y con justicia, han acertado, han hecho un gran trabajo, han cambiado la vida para ese animal… pero no han hecho nada fuera de lo humanamente posible. Creo que “heroizar” es un error estratégico porque no podemos abusar de las palabras, ayudando a sentar ficciones que obstaculizarán nuestra andadura en el corto y el largo plazo, poniendo aún más lejos de las personas lo que es, muchas veces, un simple gesto nacido desde el reconocimiento de la capacidad de sufrir de los animales. Todos y todas podemos hacerlo, sólo hay que normalizarlo. No se necesitan “héroes” ni “heroínas” que lleven al límite sus capacidades para cambiar la situación de los animales.

Los “héroes” que no ayudan

Respecto al segundo grupo de “héroes” aclamados por los/as animalistas, debo referirme a varios aspectos de la cuestión: lo que más me llama la atención es el llamado a unirse a ellos para ir a Tordesillas, pues “este año el toro no estará solo”. Ante eso, aclarar que el Toro de la Vega hace muchos años que no está solo, pues centenares de personas, decenas de entidades y asociaciones, así como el Partido Animalista, trabajan hace eones sensibilizando a la ciudadanía, llevando el tema a discusión política y pública, denunciando y actuando a diferentes niveles para obstaculizar la celebración del “torneo”, con el objetivo final de erradicar la execrable práctica. Quizás los varones de los videos que corren por las redes sociales no lo notaron antes, pero el Toro de la Vega lleva años acompañado de una multitud políticamente activa que no ha permitido que esos nobles bóvidos mueran vano, y que continuará trabajando hasta abolir la tradición.

En segundo lugar, puntualizar que para sumarse a una causa igualitaria como la de defender a los animales, un primer requisito es el rechazo del especismo, y por coherencia argumental, se debe rechazar cualquier otra forma de discriminación que redunde en un trato desigual de otros seres, humanos o no. Llamar, entonces, a defender el Toro de la Vega con argumentos y motivaciones sexistas (de índole machista) y racistas, no es una cuestión baladí. Porque si algo debemos rechazar es la discriminación que desprecia a las mujeres, o las trata con condescendencia; y que rechaza la idea de igualdad con las personas de otro color u origen geográfico. Los activistas por la igualdad con los animales no podemos permitir que en nuestros actos se cuele la desigualdad, la discriminación, pues eso debilita los principios igualitarios que promovemos, porque no todo se vale para pedir que la sociedad deje de maltratar a los animales, porque no se puede hipotecar el sentido final ni los principios de la causa a cambio de que vengan más autocares con detractores a Tordesillas. Porque si existe una desigualdad estructural que es violenta con los animales, cualquier acto de apoyo no va a sumar positivamente, en el largo plazo, para terminar con ella. Y enlazada a ésta, una cuestión final, pero no por ello menos importante: volver sobre la idea de que la violencia no es un medio válido para pedir el fin de la discriminación, la tortura y la muerte de los animales. En ningún ámbito. No hay invitación más preñada de esterilidad que la de la violencia, porque no podemos combatir la barbarie con sus armas, porque sólo se logra una lucha ciega, porque no gana una causa que se agota en el derroche de testosterona. Que nos puede motivar la rabia generada por las injusticias, sí, pero de ninguna manera podemos abrir lugar a la violencia para combatir el especismo.

El sentido de autocrítica es fundamental para no perder el norte, para resituarnos dentro de la vorágine de la novedad y los vaivenes de la lucha contra la desigualdad y el especismo. No dejemos de examinar nuestros pasos, de entender nuestras motivaciones ni de revisar los fundamentos de por qué estamos donde estamos. Este ejercicio de desmontaje de las “heroicidades” ha sido mi pequeña contribución a este necesario examen interno. Y no dejemos de re-flexionar, de volver a pensar acerca de nuestros actos y nuestras convicciones, para no perder tiempo ni energías en el desmantelamiento del especismo.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho. Doctora en Filosofía, tratando sobre los límites de la filosofía moral, la bioética y los derechos de los animales. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.