La caja de Pandora de las comunistas: el delirio de la razón...

La caja de Pandora de las comunistas: el delirio de la razón produce monstruos (III y final)

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Es necesario empezar por denunciar sobre la Rosa de los Vientos la falacia del desarrollo sostenible que pregona el capitalismo y el socialismo “verde” (ambientalismo, paisajismo, conservacionismo), sus conferencias y protocolos universales, las políticas de reciclaje y los productos de «eco»-mierda perfumada con los que esconde, siempre bajo la alfombra, la cuenta atrás del agotamiento de los recursos a nivel global y la destrucción planificada de la vida. Lo que urge es una retirada sostenible en la predación. La infraestructura humanista y religiosa nos ha dejado un pensamiento atomizado y reduccionista sobre la Tierra que flota sobre las cabezas lastradas de la gente y, por tanto, sobre las bases de la sociedad mundial, triunfo de un antropofascismo consolidado a la derecha (neoliberal o socialdemócrata), a la izquierda (científico o libertario), arriba (burgués) o abajo (obrero/trabajador) del sistema socio-económico actual, sobre todo en el ámbito político dirigente desde donde se manipulan a las masas.

La tierra no es de quien la trabaja, sino de quien la destruye. Y sí, ya vendría siendo hora de irnos sacando la infantil y bucólica idea de creer que el agricultor y el ganadero son las clases populares de los entornos rurales enfrentadas a los terratenientes, cuando en realidad son los orgullosos dueños de los cultivos y de los campos de concentración de otras especies donde las desheredadas se dejan la salud como jornaleras. Son los pequeños y medianos empresarios de los frutos que da una tierra adusta y de la cosificación de vidas que terminan en el matadero en una doble sangría receptora de las subvenciones con las que se convierten en culpables o cómplices directos del especulativo mercado agroalimentario por el que más de dos tercios de mundo se caga de hambre y de asco.

Con la primera fotografía de la Tierra que nos hizo llegar el Apolo 8 desde la Luna en 1969, algunas tomaron conciencia de que nuestro planeta era pequeño, finito y vulnerable. Hoy en día, a principios de 2016 podemos abrir el google earth; entrad y volad en él virtualmente y decidme si como yo, sólo veis pequeñas y aisladas manchas verdes donde se caza por diversión, montañas convertidas en yermas pistas de esquí y rodeadas por tierra quemada, cultivada con pesticidas y químicas abrasivas, bañadas por las aguas fecales de unos océanos plastificados bajo una niebla tóxica de partículas venenosas, desertización, quema y tala de las selvas, expropiación de la productividad fotosintética. Si efectivamente veis lo mismo, como comunistas deberíais reaccionar de inmediato porque os aseguro que llegamos tarde.

El ecologismo revolucionario no reniega de la tecnología ni del avance científico o médico, sino todo lo contrario; no nos asustan los progresos biológicos siempre que sirvan para el bienestar de todo cuerpo sensible al dolor. Y en este sentido hay que dejar bien claro que estamos en contra del primitivismo, del decrecentismo vacuo y del transhumanismo más eugenésico por supremacista. Rechazamos toda religión, deísmo, animismos, “karmas”, hippismos y las exaltadas llamadas en abstracto al amor y la paz que los acompañan. Ni Gea, ni Danna, ni Gaia, ni Pachamama -a pesar que entendamos La Tierra como una entidad viva que se autorregula-, ni otras mejillas, ni espíritus o espirituosos fuera de las botellas de aguardiente. Bastante trabajo tenemos en esta dimensión y en esta biosfera rodeada de materia abiótica.

Hay que hacer una revolución que incluyan el resto de especies animales y sus (nuestros) hábitats, y lo tendremos que hacer nosotros por ellas y nosotros para nosotros, porque pensando sólo en liberar la clase trabajadora y disponer de efectivos derechos civiles completos considerando nuestro bienestar y futuro en paz y alegría del «paraíso» en la Tierra, nos estamos descuidando el escenario donde tendrán que suceder todas nuestras vidas, nuestro medio de vida, nuestro espacio de vida. La vida. Y sino ¿para qué querríamos conquistados y reconocidos nuestros derechos como especie humana, como trabajadoras, como mujeres, como lgtbi, como pueblo?, o ¿para qué quisiéramos reconocer los derechos del resto de especies animales si no tenemos el espacio físico y material donde poder desarrollarlos? Es un mal negocio matar a la madre cuando aún nos lleva en el vientre.

Ya hemos hecho tarde con el aniquilamiento de millones de especies de flora y fauna, de ecosistemas, de interconexiones y interrelaciones biológicas, vamos tarde con el calentamiento, la contaminación, los desajustes globales, etc. Me viene a la mente el fragmento de un diálogo de una de esas sudadas películas apocalípticas en relación a un sentimiento que siempre he tenido: la incapacidad de nuestra especie de cambiar antes de no verse abocada al abismo. Empecemos a admitir que no sabemos más y que necesitamos unas justas imposiciones éticas y morales que hagan que ya no se tengan que imponer a las generaciones venideras. Normalicémoslas. Nos lo jugamos todo, y para enderezarlo, hay que cambiarlo todo, empezando por nosotras mismas en el sentido más amplio al que nos invita, ya por necesidad, la madre de las teorías para la liberación.

¿Cómo? Pues supongo que tendremos que empezar por diseñar un plan de choque que deberá recaer en la ejecución de la teoría política ecologista radical para guiar los procesos de transición socialista en todos los pueblos y naciones del mundo en su primera fase. No hay más opciones ni ningún otro camino que no se aleje de la abrupta caída de la civilización. Si queremos preservarla y hacer méritos dignos para perdurarla, las implicaciones macropolíticas deberán dirigirse hacia un decrecimiento poblacional muy severo, la relocalización/readaptación geográfica y demográfica construida en metrópolis verticales, la planificación extrema de recursos y materias, la recuperación de los corredores naturales y biológicos, de las grandes selvas, de los ecosistemas básicos de interconexión e interrelación, la reconversión económica de los sectores de la explotación animal y una nueva revolución agrícola también vertical, la revolución infraestructural del transporte y la movilidad elevada, la descontaminación, el desmantelamiento de las infraestructuras propias del capitalismo, y un larguísimo etcétera de causas y consecuencias derivadas que, a pesar de poder pronosticar, se originan desde la especulación de que esta transición se haga más pronto que tarde y por la vía bélica después de la descarga de todo el arsenal militar atómico-nuclear, químico y biológico bajo la atmósfera fruto, quizá, de una nueva guerra mundial por los motivos que ya todo el mundo puede intuir. Todo ello, en síntesis, podría ser un conato teórico sugerente para la reparación/preparación del mundo hacia el postcapitalismo, la construcción de la deconstrucción, que habrá que abarcar y mantener por todos los medios.

El comunismo, como será para todas, lo tendremos que construir y deconstruir entre todas las veces que sea necesario hasta obtener la emancipación plena de todos los sujetos que se han de liberar -que somos todos los animales-. Las bases del socialismo para este recién nacido siglo XXI tienen que escribirlo las oprimidas, las discriminadas y las explotadas por razones de género, de opción y preferencias sexuales, de etnia, por el patriarcado, por el teísmo … y las ecologistas revolucionarias lo escriben con el añadido de tenerlo que hacer en nombre del resto de animales y el medio natural; por tanto, contra el especismo y el antropocentrismo filosófico y moral. Lo deberán escribir todas las revolucionarias con su acción, con su visión radiográfica, con la lente convexa que haga converger todas las luchas que deben darse, por especializadas dentro del capitalismo, en paralelo.

Porque en un ecologismo revolucionario y de base biocéntrica, a diferencia de la ecología superficial predominante tanto dentro como fuera de la izquierda, no tienen cabida las discriminaciones y las explotaciones de ningún tipo. Sólo a través de la visión interseccional podremos escribir la sublime poesía acompañada por aquella melodía perfecta, el insuperable exponente ético y moral de la especie humana, el contrapeso exacto y la venda opaca de la alegórica Lustitia quien ya no deba necesitar la espada.

Será así, con la defensa del medio natural de toda la Tierra, de toda la flora y la fauna que aún resiste que podremos aplicar el socialismo construido por el hombre y la mujer nueva biocentrista, como la fórmula para la superación de toda discriminación y explotación, por una sociedad cada vez más libre y libertaria, por el derrumbe de los Estados y las sectas de las religiones, el ansiado principio del fin de la historia con la conquista progresiva y evolucionada del comunismo que perseguimos las que queremos esta revolución socialista por la liberación total.

Hace falta una obligada superación progresiva del antropocentrismo moral y cultural que nos ha llevado al tormento y la destrucción de la vida en la Tierra para las más frágiles, indefensas y vulnerables. Pensad en seres plenamente sensibles como nosotros que necesitan que les reconozcamos el derecho intrínseco a la vida en libertad. Hay que dejar hacer y deshacer a la naturaleza sin nuestra traba intervencionista-utilitarista, dejar de comportarnos como si tuviéramos el alma muerta para librarnos de lo que es materialmente superfluo y así poder crecer en amor, armonía, en valores éticos y morales, en cultura, en creación y factura intelectual, en emociones, en tiempo de ocio, de auto-conocimiento, de forma solidaria, conectadas fraternalmente, estrechando los vínculos con nuestra animalidad y el respeto y la colaboración con la florescencia de la vida que hemos arrasado, como el más humilde y sincero aprendizaje y disculpa a todas las especies de flora y fauna que hemos aniquilado y al tormento extremo que infligimos a las supervivientes. Librémonos de este capitalismo imperialista, antropocéntrico, patriarcal, supersticioso y especista que nos hace sufrir tanto la vida como la muerte.

Pienso en el día en que el anticapitalismo encontrará la revolucionaria revelación intelectual de abrir la caja de Pandora para tomar conciencia de que el especismo no tiene ningún fundamento moral ni racional y actuará en consecuencia bajo el enfoque interseccional y con los principios e ideas de liberación que dice tener, porque la empatía y la solidaridad debe estar fijada siempre en las más débiles y oprimidas, es profundamente totalitario y egoísta percibir y combatir la explotación, la discriminación, la tortura y la muerte cuando sólo la especie humana es la víctima receptora.

Los motivos que sustentan nuestra causa radican en consideraciones morales, solidarias, empáticas, de igualdad y de justicia. ¿Nos suena? O bien ¿no es eso lo que nos empuja a la lucha por las liberaciones en relación exclusiva de nuestra especie? Debemos no olvidar, porque reitero que para el resto de animales de nuestro planeta somos peor que nazis, unos monstruos impávidos, y no dejaremos de serlo hasta que no nos tratemos del delirio de la razón muerta que hacemos pasar por viva.

A las familias anarquistas: No podremos llegar a la libertad si no sabemos identificar todos los dioses, todos los amos, ni dónde empiezan y acaban las despóticas opresiones.

A las familias marxistas: La última página de El Capital y del Manifiesto Comunista, como toda obra editada, está en blanco. Si aún no encontráis un sacrilegio este artículo, hagamos que nuestra conciencia ética y psicológica se regule y no se convierta en una cárcel o en una tumba de ideas, de propuestas y de aportaciones amplias a la causa de las liberaciones.

A ambas: Desorbitad los límites de vuestra animalidad, es en esa placenta fecunda de vuestro pensamiento profundo que encontrareis una de las más reveladoras conexiones universales.

Y a todas, antes de finalizar esta «trilogía» os pido disculpas por la redundancia y haber sido todo lo sermoneador y reiterante que las lectoras han querido soportar. Simplemente ha sido para dejar bien claro que el ecologismo revolucionario persistirá en librar la guerra en todos los frentes donde el enemigo la lleve y advertirá que, como la justa causa de la humanidad, la liberación animal y de la Tierra no será negociable.

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Toni Teixidó. Cosecha tarraconense del 80 y maestro vocacional. Comunista, porque sólo podrá ser la clase explotada la que termine liberando a sus esclavos no humanos. Persisto con la idea de combatir todas las opresiones en paralelo y hacerlas converger en el marco de la reunificación y la independencia de los Paises Catalanes; es por ello que actualmente y, a fin de poder compaginar estas luchas, milito en d’ARREL, en el MCAN-EI, colaboro con Libera! y soy coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña.