En lo más profundo de la infancia

En lo más profundo de la infancia

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El cuidado de las niñas más pequeñas no es, lógicamente, una pedagogía como otras. La preescolaridad se transmite en otros códigos, precisa de más paciencia y más sensibilidad porque es -o debería- direccional y más cultural que la educación acumulativa, la cual trabaja menos en las raíces de las personalidades. Con objeto de no vulnerar la dúctil fragilidad de las más pequeñas, se trata de deshilvanar el arte de sugerirlas sin empujarlas, animarlas sin poseer su ánimo, y sostenerlas si acaso en su exploración del mundo cometen ciertos errores, y al tiempo, para que dichos errores no comporten riesgos peligrosos para su integridad psico-física, en forma de traumas, temores e inseguridades. Sobretodo exageramos ese mimo porque son momentos cruciales de su vida, donde la calidad de su trato hacia ellas por nuestra parte calará profundamente en su comportamiento ulterior y en su cosmovisión de sí mismas, de quienes las rodean y de su interacción social. Es por eso que una sociedad dedicada al cuidado de las niñas es una sociedad condenada a la ternura y al respeto.

No es trivial la tarea: si lo hacemos bien, ofrecemos buenas personas a la sociedad, lo cual es un buen objetivo inicial de toda preescolarización. Si lo hacemos mal, las arrojamos a la rutina, a la banalidad, a la pérdida de perspectivas e indefectiblemente a la infelicidad, cuando no al crimen o
a la indiferencia. De la primera educación surgen por ejemplo a menudo mujeres sumisas y machos dominantes, la regla básica de la desigualdad injusta. Resumiendo y dicho de modo que parece un tanto exagerado: las niñas son sagradas, frágiles, y la sociedad debe tener excesiva cuenta de ellas, sin llegar por supuesto a malcriarlas, ni a que generen egolatría y egocentrismos propios de la superabundancia material y emocional. No es fácil, insisto, por eso las personas que se encargan de esas tareas (además de la parte proporcional que nos corresponde a cada ciudadana, como parte de la tribu y su tejido social), deben tener unas características especiales, una intuición desarrollada, una especie de devoción y predisposición para ello. No, no vale cualquiera. Por todo ello formamos a las educadoras, al personal de apoyo en esta delicada misión, con unos requisitos especiales, unas titulaciones especiales, una psique adecuada; porque en definitiva, buscamos para las más pequeñas al personal más cualificado posible.

Las últimas cuatro décadas de neurobiología no humana y etología comparada alumbran un dato sobre que la emointeligencia animal no humana, que revela que en especies como los cerdos, las vacas, los primates, los simios, los perros, los gatos, los delfines, los córvidos, las gallinas y muchísimas otras especies, su potencia y su potencialidad corresponden a un nivel similar al de las niñas humanas. Dicha inteligencia se manifiesta en capacidad de aprendizaje, en resolución de problemas y conflictos, en comportamiento, altruismo, expresiones y reacciones idénticas a las de nuestra especie y otros aspectos. El descifrado de las ecuaciones planteadas al respecto deriva siempre en el mismo resultado: las no humanas poseen valores y virtudes comparables a los de niñas humanas de entre dos a 4 años de edad. Es un hecho científico.

Sin embargo, los animales no humanos están a nuestro servicio, hemos decidido fabricarlos, esclavizarlos y ejecutarlos a nuestro placer y capricho, sin más argumentos que los bienes económicos o las satisfacciones personales. Su peso, la densidad de su pelaje, su habilidad gimnástica, su aspecto, sus flujos,… les convierten en mercancía circunstancial y provisionalmente viva. Siguen siendo las niñas que confirma la ciencia, pero son tratados como cosas. En armonía a esa cosificación preprogramada, los cuidados que dirigimos hacia esos animales no humanos, hacia esas “niñas perceptivas” (llenas de posibilidades como las nuestras, miedos e inseguridades como las nuestras, fragilidad y temblores como los de nuestras niñas), y en concreto los cuidados derivados de su cría en estabulación NO es llevada a cabo por personal cualificado.

La preparación psicológica para tratar con no humanas es ridícula o inexistente, reduciéndose en el más generoso de los casos a advertir de modo vago sobre malas prácticas, confiando que la criadora-productora sea buena persona, todo antes de darles un palo para gestionar el tema. Demasiado a menudo, el trabajo de cuidar de las no humanas es llevado a cabo por expresidiarias, exasesinas, exvioladoras, o potencialmente todo ello, lo cual equivaldría a poner a trabajar en una guardería a una condenada por pedofilia… Es un trabajo sucio, de limpiar y acarrear excrementos, donde la irritabilidad, los malos modos, los pésimos salarios, la violencia y la crueldad campan sin vigilancia y sin consecuencias, porque las no humanas (niñas según la ciencia, recordémoslo en todo momento), al no poseer voz ni derechos son tratadas de modo cosificado, como montones de carne viva. Los golpes, las violaciones, las torturas inimaginables, el confinamiento, la asocialidad obligatoria, el pánico, el (ab)uso y todas las crueldades posibles e imposibles, son llevadas a cabo con impunidad por personal no cualificado, al cual le otorgamos un voto de confianza que de ningún modo toleraríamos otorgar si cuidaran de nuestras propias niñas. La sociedad confía porque en el fondo a la sociedad no le importan las niñas no humanas. Los traumas infantiles los cura el gancho de la cadena de despiece del matadero.

Las grabaciones mediante cámaras ocultas en granjas, mataderos, ferias, criaderos, etc, sobre el trato a las no humanas, la documentación presencial sobre prácticas nauseabundas de la cría industrial, y la normalidad con que en las sociedades se masacra a las niñas no humanas es demencial, degradante para nuestro nivel de humanismo, indignante y repulsiva. No por ello faltan las voces de las mismas cuidadoras que alegan amor por dichas no humanas de su “propiedad”. Los orfanatos chinos son paraísos en comparación con la mejor granja del mundo, pero también el torero dice amar al toro que asesina, también el productor de leche dice respetar a la madre que viola para después ejecutar a su bebé (al cual también ama), también la pescadora o la cazadora posan con su víctima a la que respetan y aman… En este ultimo caso la niña no humana se asfixia y se desangra mientras las verdugas se toman las fotos pertinentes de confirmación del trofeo.

Independientemente de los pretextos y mentiras sobre el trato contra las no humanas, independientemente de la corrupción descarada y profunda de la inspección veterinaria mundial (la cual mayormente interviene en casos de riesgo para la salud pública humana y en caso de pandemia, para ordenar exterminar millones de niñas no humanas), independientemente de cualquier excusa ofrecida para justificar nuestro trato a las otras especies animales, lo cierto es que el ser humano comete pedofilia cuando actúa especistamente, porque vulnera, degrada, usa, arrebata, explota y sacrifica a personas de edad infantil que cometieron el error de nacer en otros cuerpos no antropomórficos.

Especismo es pedofilia, cuando pedofilia es comerse cabritos, lechones, terneros destetados, pollos (el consumo de aviar es el más numeroso del mundo, y ejecuta a no humanas de una edad comparativa a las niñas humanas de seis años). Pedofilia es romper la infancia de niñas no humanas para doblegarlas a la irritabilidad del látigo y que actúen en el circo durante sus vidas “útiles”. Pedofilia es matar cientos de millones de bebes de pollo de un día de vida, asfixiándolos en bolsas de basura. Pedofilia es secuestrar y separar a los bebes de sus madres en parques zoológicos para suministrar con “material vivo” a otros zoológicos. Pedofilia es dejar morir a unas niñas no humanas de hambre cuando la escopeta mata a una madre lactante que iba a buscar comida para su camada. Pedofilia es el sometimiento a una voluntad perversamente adulta contra seres inocentes de maravillosa ingenuidad, que pagan con su confianza y su falta absoluta de maldad el precio de compartir planeta con una especie tan inteligentemente sucia como la nuestra.

No se trata entonces de formar mejor al personal que administra los centros de explotación de no humanas, para dirigirse hacia un imposible ideal bienestarista de sufrimiento minimo, sino empezar a convencernos de una vez por todas que las no humanas son personas, con individualidad, gustos irrepetibles, modos diferentes de enfocar asuntos. En fin con otras inteligencias, otras culturas (en ocasiones más desarrolladas que la nuestra), más empatia, otras cosmovisiones y un mismo deseo profundo profundo profundo de existir.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.