La culpa del maltrato animal la tienen siempre “los otros”

La culpa del maltrato animal la tienen siempre “los otros”

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“a los q deverian matar serian a los chinos no a los animales” (Comentario en YouTube)

Trabajar para que la sociedad deje atrás el especismo requiere estar atentos a los actos que discriminan a los animales en nuestro entorno, y tratar de responder a ellos de manera positiva, racional, y lo que es más importante, efectiva para cambiar la situación de sus víctimas.

En este mundo cada vez más interconectado y que nos bombardea con noticias y acontecimientos animales de todo tipo, a veces nosotros mismos caemos en un juego de discriminaciones arbitrarias, que no hace más que dificultar el avance de una causa libertaria como la que defendemos. Me refiero a las acusaciones racistas que, desde lo visceral de las emociones se manifiestan en lo público y en lo privado. Acusaciones que, a mi juicio, son cortas de análisis (por no decir, carente de él), estériles y que no ayudan a los animales que son sus víctimas, ni al movimiento que aboga por su defensa.

“¿Chinos malditos?”

Pensemos por ejemplo en el reciente festival de la carne de perro en Yulin, China, que desató una ola mundial de escándalo e ira frente al maltrato que los animales reciben, antes y durante su muerte. Estrellas mediáticas, organizaciones internacionales y millones de personas condenaron los hechos, calificando la matanza como una salvaje ignominia que debe terminar.

Es cierto que en todo el mundo se usan animales de las maneras más brutales imaginables, pero también es cierto que en cada país existe un incipiente movimiento de protección animal y, en menor medida, de promoción del veganismo por motivos éticos, que trabaja incansablemente para terminar con estos abusos.

En el caso de nuestro ejemplo, cientos de ciudadanos chinos participan activamente en la protección de los animales, boicoteando y deteniendo a los infames camiones que transportan perros y gatos a mataderos de diferentes regiones, liberándolos de terminar siendo vendidos para carne y pieles; entre otras acciones que vislumbran un cambio de pensamiento y actitudes hacia los animales.

En muchos otros países que desde el primer mundo se considera “menos civilizados” o “menos desarrollados”, millones de personas, muchas anónimamente, cada día libran una batalla enorme contra su sociedad, costumbres y tradiciones locales, para buscar el fin del tratamiento de los animales como objetos, a diferentes escalas y con mayores o menores recursos. En India, donde las vacas no son en absoluto tratadas con el respeto y veneración que cierta tradición religiosa impone, también existen organizaciones y personas dedicadas a tiempo completo a su recuperación, a liberarlas de la muerte en mataderos ilegales, a promover dietas veganas motivados por la justicia y la equidad. En el mundo musulmán existen personas que están abogando para terminar con el sacrificio ritual del Eid al Adha (fiesta en que se sacrifican animales, un mes después del fin de Ramadán) y que también defienden la dieta vegana como una alternativa compasiva y justa con otros seres sintientes; que rescatan a perros, gatos y otros animales de las fauces del maltrato y el abandono. Personas de diferentes culturas, razas y credos, defendiendo una causa común. Motivados por diferentes ideas, pero al final, con el mismo objetivo de terminar con el trato cruel.

Ver la paja en el ojo ajeno

Tenemos que reconocer que nuestro propio etnocentrismo a veces nos hace difícil reconocer estos hechos. Pero obviarlos, para meter a todos en una misma categoría diciendo “los chinos son crueles” es de una ceguera moral que requiere una intervención de urgencia. Antes de ver la paja en el ojo ajeno, tenemos que recordar que en ningún país la situación de los animales es, ni siquiera mínimamente aceptable, y que falta mucho, muchísimo, para llegar a una completa abolición del especismo.

Creo que es bueno hacer un ejercicio de atención y darnos cuenta que a pie de calle, en nuestra propia puerta, a veces en la misma mesa de los defensores de algunos animales, son otros los que se han convertido en víctimas. Que debemos aplicar más espíritu crítico, y más acciones en nuestro entorno inmediato, para vivir en un mundo coherente donde todos los animales (y no sólo algunos de ellos), sean respetados. Que en virtud de eso que nos mueve a trabajar por los animales (llamémosle compasión, deseos de justicia y libertad, respeto… como queráis) no podemos desconocer que es gracias a esas personas que la idea sobre lo que son los animales y cómo nos relacionamos con ellos, puede ir cambiando críticamente. Y que la vida de muchos animales ha sido afectada de manera positiva gracias a su oportuna intervención.

Este es un camino largo y difícil

Tener memoria nos permite avanzar. Tenemos que tener claro que si comenzamos a ayudar a algunos animales, es cosa de tiempo -y estrategia, y mucho trabajo- que otros animales comiencen a entrar en la esfera de la consideración moral. Que tenemos una gran labor por delante, porque a pesar que este movimiento comenzó con las primeras manifestaciones antivivisección en la Inglaterra del siglo XIX, pocas cosas han cambiado hasta ahora y necesitamos más fuerza, mejores argumentos, mejores estrategias para continuar. Una de ellas es reconocer estos pequeños pasos que se han dado en la dirección correcta, para coger fuerzas y seguir adelante.

A veces pecamos de pesimismo, y no es de extrañar pues hay días en que uno no quisiera haberse levantado para presenciar tanto odio, desidia y violencia, pues la sangre vertida y el sufrimiento sufrido por tantos animales nos ciega el juicio. Pero creo que hemos nacido en la mejor época para librar esta lucha; porque en este momento cientos, millares de personas ahí afuera, sienten, piensan y actúan para hacer de este mundo un lugar más apacible, más justo y más equitativo para todos los animales del planeta. Y a veces, sólo recordar este hecho, nos puede salvar de ser tragados por el abismo.

Por eso: no dejemos que la violencia discriminatoria, el racismo, el odio, nos ciegue la mirada. Reconozcamos a los otros que están encauzados en esta lucha, y sigamos adelante, de manera crítica y por supuesto, exigiendo estándares de calidad, de equidad, de justicia, de coherencia. Los animales no se merecen menos, ni pueden esperar más.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho. Doctora en Filosofía, tratando sobre los límites de la filosofía moral, la bioética y los derechos de los animales. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.