Demasiado vulnerable

Demasiado vulnerable

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Desde el punto de vista de optimización energética, la paloma invierte mucha en alzar su vuelo. Cortas alas en cuerpo pesado, un fastidio de aerodinámica. Pero una vez en el aire la cosa cambia. Cuando las palomas regresan a su casa de aire, éste se vuelve mejor respirable. Tanto, que llamamos paz a un manojo de palomas en el cielo.

La paloma ha conquistado casi todos los continentes, muchas especies y la triste gloria de la extinción del dodo (una paloma de 20 kilos) por culpa del carnismo. En las palomas y las ratas depositamos la infamia de nuestra suciedad, del mismo modo que en las cárceles disimulamos la desigualdad del sistema. La paloma florece para subrayar la hedionda evidencia de una especie sucia que descubió el concepto de basura inexistente en la naturaleza, una especie tremendamente despilfarradora que llama crisis a comer carne una vez al día en lugar de tres. Las palomas no obstante reciclan lo que nosotras deleznamos, y en lugar de alimentarse de semillas, les damos pan sin nutrientes. Aún así, con un 80 % de palomas enfermas en las ciudades, con dedos mutilados por materiales sinteticos en sus nidos, los accidentes de sobrevivir a nuestro tren de vida, sufriendo enfermedades gástricas y respiratorias,… Aún con todo ello, la paloma, heroína anónima, florece.

Una persona tan eminentemente aérea como la paloma, sufre la falta de aire. Eso lo saben las instituciones y ayuntamientos molestos con la floración de columbiformes, que toman la vía expeditiva de las soluciones rápidas (Hiroshima, Treblinka, gulags…), para gasearlas cuando las cifras se les disparan. Entonces las disparan. Redes de expansión para cazarlas humanitariamente y humanitariamente asfixiarlas. Es una barbaridad. Es una crueldad. Es una realidad. Miles de palomas son matadas por su éxito reproductivo para que sus excrementos no le manchen su apestoso coche al señor González, hijo de González, poseedor de otro apestoso coche.

Una siempre debe ponerse del lado de la víctima. Siempre. No significa justificar el exterminio palestino por las sionistas debido al precedente exterminio nazi. No significa apoyar el hembrismo androfóbico sólo porque la mujer sufra el insufrible heteropatriarcado (como muchos hombres). No significa encogerse de hombros cuando el gato trae el enésimo pajarito cazado como recompensa a nuestra fidelidad. La víctima siempre tiene la razón en primera instancia. Pero la paloma…¿cuál demonias es el pecado de la paloma?, ¿debe la paloma ahogarse en el mar abrupto de los contingentes no deseados, como migrantes desesperadas en la tumba del Mediterráneo?. ¿Debe la paloma saber contar para aprender cuándo son demasiadas?. ¿Enseñaremos por fin matemáticas a las palomas?

Llegadas a este punto me encantaría ofreceros información reservada, datos de casación objetivamente contrastados, manipuladas estadísticas de crecimiento exponencial, dudosos mapas de conflicto entre intereses públicos y población de palomas… Querría epataros con turbias financiaciones secretas sobre lo corrupto del sistema de gestión de palomas en los municipios, pero no dispongo de nada de ello, sólo tengo razón en las manos, no argumentos ni escándalos de portada. Sólo manejo empatía, justícia e igualdad, poco rentables escudos con los cuales defender a las palomas de la ley de la menos escrupulosa, plenipotenciaria desde que el totalitarismo descubre cómo fascistizar la democracia. Me encantaría que bastara escribir, proteger a las palomas con barricadas de palabras, pero los primeros 35 ejemplares de la Biblia de Guttenberg (el primer libro impreso), fueron hechos con las pieles de seis mil corderos lechales, degollados para la gloria de la escritura, la religión y el especismo. Entonces me dan ganas de dejar de escribir.

Escribimos sobre la muerte, la queremos comprender, incluso matamos para comprenderla… La estrategia de las palomas ( y en general las otras especies), es más sencilla y eficaz: se centran en la vida. Su estrategia es paladear todos los vientos como si fuera uno, mascar cada madrugada como si fuera la última, beber de la lluvia y disfrutar de la felicidad que les envidiamos. La belleza no es culpable de generar en unas adoración y en otras codicia.

Por nuestra parte, somos las mamíferas más frágiles sobre la biosfera. Desnudas, flojas, lentas, torpes, es un milagro que hayamos sobrevivido, pero no lo hemos hecho gracias a nuestra inteligencia, sino a la falta de escrúpulos, ahí sí superamos a los demás animales. No hay especie -incluso aquellas totalmente carnivoras- que sepa tanto de la indiferencia y la mezquindad como la nuestra. Construimos sociedades con ladrillos de complejos y frustraciones, cagamos con sentimiento de culpa, edificamos templos a nuestro miedo, inventamos las modas adecuadas a nuestra verguenza, adaptamos todas nuestras biografias a la cobardia. Vendemos todo lo vendible y explotamos a cambio de unas monedas todo lo que consideramos útil.

Construímos culturas que premian la falta de escrúpulos y gasean a quien estorba. Cuanta más adolece de remilgos una sociedad, más floreciente es la civilización resultante, inversamente proporcional al mimo, a la bondad y a la honestidad. La verdad y la justicia no arrojan beneficios, por eso el desarrollo económico y el carnismo son tan absolutos, ubicuos e incuestionables, porque jamás la civilización había alcanzado cotas tan altas de depredación contra la naturaleza y sus criaturas. Nuestra especie incluida. No sólo estoy hablando de cifras, sinó de refinamiento y mecanización del método. El problema del especismo y de la destrucción de las condiciones naturales que nos permiten la supervivencia a nuestra especie son, por tanto, más que una opción: son un imponderable.

El cerebro es una inflamación anormal sucedida a raiz de la perdida de la cresta sagital y la disminución de los maxilares. Una deformación especifica con efectos secundarios nocivos. Se ha destapado el pastel, se acabó el vivir de las rentas del antropocentrismo, basta de apropiarnos de las glorias de otras, lo que es cada una depende de cada una, no de la vecina, de la ciudad, la nación o la raza. Convencidas de ser las herederas de Da Vinci, descubrimos en nuestros genes quizas Hitler. Somos responsables de cuanto sucede por nuestras acciones e inacciones. Lo hagan una, diez personas o un billón de ellas. Auschwitz no lo construyeron las nazis, sino la indiferencia.

Hay gente que se queja de que los árboles de la ciudad ensucian con sus hojas otoñales las limpias calles, talémoslos. Hay gente que se queja de la suciedad de las palomas, no hay problema, gaseémoslas. Hay gente quejándose de la gente, que comience la barbarie… No cabían los perros vagabundos durante el Mundial de Fútbol en Ucrania, su destino fue el de las palomas de Barcelona y tantas otras ciudades. Matarlas sin hacerlas daño, degollarlas dulcemente, destruírlas con respeto, extinguirlas con dignidad, y delicadeza, asesinarlas sin sufrimiento, aniquilarlas humanitariamente, reventarlas con dulzura, incinerarlas con rito, sacrificarlas con profesionalidad, liquidarlas con legitimidad, eutanasiarlas con reparos, desaparecerlas con asepción,… tratarlas como si no hubiese muerto, como si no hubiera vivido, como mobiliario urbano.

Qué daría yo por saber qué se explican los leones recluidos en el parque zoológico de Barcelona, cuando por la noche se rugen y se llaman con dulces roncas voces de convocatoria. A pleno día, en estos momentos, las palomas en la misma ciudad siguen siendo exterminadas, pagando el precio de pertenecer de otra especie, a pesar de que se informa a la población de que dichos “métodos de control” estan en detrimento. Cada día que pasa deja un rastro de víctimas silenciosas tras el siseo del gas, de heroínas abatidas por el fascismo, de dulces palomas agonizando en cámaras de muerte. Detened YA la matanza.

 

Xavier Bayle, artista plástico autodidacta en las disciplinas de poesía y prosa, dibujo y pintura, fotografía, escultura, instalación, video y performance. Artivista por la liberación animal y alérgica a cualquier tipo de discriminación social. Aburrida del sistema pedagógico decido ir por mi cuenta como lectora convulsa. Ahora vivo en Polonia, practico permacultura por respeto a la tierra y a la Tierra, ofreco productos veganos orgánicos y pinto bolsas en esa linea de acción. Hago cualquier cosa que pueda ayudar a los animales. Entiendo la lucha animalista como autodefensa, una extensión lógica de los derechos humanos, donde todas las individuas precisamos derechos fundamentales a vida, libertad e integridad, incluyendo en ellas prioritariamente el medio ambiente donde ejercerlas. ¿El sentido de mi vida?: contemplar la migración de las aves, contar todas las hojas de hierba y las olas del mar, vigilar que llueva hacia abajo y recoger nueces y setas.