Colombicultura, la cultura escondida

Colombicultura, la cultura escondida

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Hasta la finalización del campeonato, constará a todos los efectos como deportista titular de la paloma aquel deportista con el que hubiera quedado inscrito en el comienzo del mismo.
Reglamento de competición de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana. Artículo 11.

Alcibíades, el militar ateniense rescatado por Sócrates tras ser herido en Potidea, ganó los laureles de la victoria en la carrera de carros de los Juegos Panhelénicos del 416 aC, la misma carrera donde también consiguió el segundo y el cuarto puesto. ¿Cómo? Sencillamente, porque “compitió” con siete carros distintos, llevados por aurigas jóvenes, altos y delgados. “Ganó” porque era el dueño de los caballos y de los humanos esclavos que se jugaron la vida, enganchados en aquellas peligrosas máquinas de dos ruedas.

En las competiciones de colombicultura también hay “deportistas” que aspiran a la victoria a través de las palomas, aurigas modernos que compiten para ellos en las pruebas de pica. Tienen ese nombre por la pluma blanca pegada a la cola de la hembra que la identifica (y que se llama así: pica). Es una competición de machos y, como dicen los “deportistas”, orgullosos del espíritu de este deporte, no gana el más fuerte, ni el más grande ni el más bonito; gana el más galante.

Esta práctica se aprovecha de los rituales de apareamiento de las palomas. El macho intenta llevar la hembra a su nido con exhibiciones como alzar el vuelo con el buche hinchado, que en colombicultura llama viaje, y otros que se conocen como trasteo y que incluyen perseguirla constantemente, intentar cortar su trayectoria de vuelo para provocar que le siga o, cuando están parados, picar su cabeza una y otra vez para llamar su atención.

La competición pone en esta situación a una sola hembra. Una frente a un número de machos en a determinar por la organización de cada prueba y que nunca es inferior a 25. Una hembra jóven, que no se haya apareado (1) y que, preferiblemente, no conozca el terreno (2), tiene que huir de la bandada de machos. La perseguirán sin descanso y, cuando se pare para recuperar el aliento, le caerán encima. Segundos después de detenerse en la rama de un árbol, a un cable de la luz o en un tejado, desaparecerá bajo un manto de colores y le picarán la cabeza una y otra vez. En poco tiempo, se la dejarán sin plumas y cubierta de sangre.

En la competición, la hembra es el objeto del juego. Como la pelota de fútbol. Todo se acabaría si diera la victoria a uno de esos machos volando hasta su cajón, pero es prácticamente imposible que esto ocurra porque ella, aturdida y asustada, no hace más que intentar huir. En la naturaleza no hay bandadas que vuelan contra una sola hembra. Por ello, la competición tiene una limitación de tiempo y se dirime por puntos: gana el macho que no la haya perdido de vista, que no haya dejado la persecución, que haya pasado más tiempo a su lado o encima de ella.

Los dueños, el resto de personas aficionadas y árbitros de tierra siguen a la bandada allí donde vaya con motos, coches, bicicletas… Las árbitros de terraza se sitúan en un punto elevado y controlan todo el terreno de competición con prismáticos y equipos para el seguimiento de la señal que emite una baliza colocada en la cola de la hembra, junto con la pica. Los machos llevan las alas pintadas de colores por debajo y, así, se distinguen unos de otros y se hace más fácil el seguimiento de la bandada. Las árbitros cronometran el tiempo que cada paloma pasa en la bandada persiguiendo a la hembra, y otorgaran puntos en virtud de este tiempo y de los trabajos que hayan hecho hasta que, como si de un partido de fútbol se tratara, decretaran el fin de la prueba.

Según el reglamento (3) de la Federación columbicultora de la Comunidad Valenciana (4), tres hembras distintas pueden ser sometidas a diversas pruebas de dos horas y treinta y cinco minutos cada una. Otras hembras sufren la fase de enseñanza (5), con la que los machos reconocen el terreno y se habitúan a lo que será su palomar durante la competición, y la de acoplamiento (6), una especie de ensayo previo a la competición donde las personas árbitros ya ocupan sus lugares. Estas pruebas previas prevén tiempos con limitación de vuelo para la hembra, que permanecerá atada o encerrada mientras la acosa un macho o toda la bandada.

Fuera de competición, la función de las hembras es servir para el entrenamiento de los machos y para criar campeones. Las hijas de los machos más queridos son emparejadas con otros comprados a criadores para evitar la consanguinidad, y estos también son elegidos por su apellido o por el prestigio como criador de quien los pone a la venta.

Ellas tienen una pica en la cola, para que el macho aprenda a asociarla con el apareamiento. Según los escritos de los criadores, los pichones montan varias hembras que encierran con ellos dentro de una jaula y luego aprenden a perseguirlas en vuelo ellos solos, hasta que se aparean dos o tres veces más. Finalmente, comienzan a competir con otros 2 machos, luego con 4, 9, 14, 19, 29… Hasta que se entrenan en el seno de una bandada de 50 machos, en función de la evolución del adiestramiento.

Objetos de competición, señuelos para el entrenamiento e instrumentos para la cría. A través de la gente que se dedica, todo lo que podemos saber de las hembras es en virtud de lo que tienen que decir de los machos. No hay fotos de las hembras después de la competición ni nos cuentan lo que hacen con ellas después; no sabemos cuántas hembras usan para entrenamiento o para cría, si utilizan todas las que nacen o que hacen con las sobrantes. Respecto a los machos, tampoco nos cuentan si usan todos los que salen de todas las puestas o si los que no demuestran valía durante el entrenamiento tienen una vida apacible lejos de la competición. Sabemos que la cosa va por barrios y que, como suele ocurrir con los temas de dinero, hay elección, rechazo y “eliminación” de lo que sobra.

Este es el deporte de los deportistas que miran “su” competición. Son hombres que muestran la cultura escondida cuando forman grupos que miran hacia arriba. Complicidad masculina que da por bueno el “galanteo” a través de las palomas machos, que difumina la línea que separa la atracción del acoso a las hembras, que estalla de alegría ante la escenificación de una violación en grupo construida por ellos, que nunca se daría en la naturaleza. Uso de animales que esconde el sufrimiento detrás de idealizaciones como el amor y el cuidado por las palomas, como hacen los grupos de cazadores que cuentan sus hazañas con armas alrededor de una gran comilona y hablan de su amor por la naturaleza que destruyen.

Una bandada de palomas que muestra todos los colores del arco iris, y una hembra que huye. Un grupo de hombres que mira hacia arriba. Especismo humano que banaliza el sufrimiento de los otros animales, y sexismo patriarcal reflejado por estas dos escenas. Día de competición.

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(1) Las que ja se han apareado tienen preferencia por la que fue su pareja y complicarían la competición.
(2) Las hembras enseñadas se podrían refugiar en buenos escondites que ya tienen identificados y que serían de difícil 8 localización para los machos competidores. En ocasiones, la orografía del terreno aconseja el uso de hembras enseñadas para evitat que, por las dificultades de orientación, se paren cerca del lugar donde han sido soltadas e impidan la suelta de los machos competidores.
(3) http://www.colombicultura-c-v.es/50/secretaria/REGLAMENTO.pdf
(4) http://www.colombicultura-c-v.es
(5) Sin limitación de tiempo.
(6) Una prueba de un máximo de dos horas. Se puede establecer un tiempo de 30 minutos en el que la hembra tendrá limitaciones de vuelo.

 

La parte de mi biografía de la que estoy más orgulloso es que soy vegano, que hace de la justicia un ejercicio cotidiano. También me gusta mucho haber aprendido Historia en la Universidad de Valencia. Soy militante antiespecista, feminista, LGTBI , ecologista, socialista e independentista. En definitiva, no quiero privilegios y, aún menos, los que se supone que me han de privilegiar mí.