Gatas, gatos y “sus” gateras

Gatas, gatos y “sus” gateras

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Son muy numerosas las ciudades occidentales en las que existen colonias de gatos que ocupan los intersticios dejados por la urbanización. Lugares resultado de demoliciones, espacios baldíos, parques públicos, cementerios, zonas ajardinadas de diferente amplitud alrededor de hospitales, iglesias, palacetes, edificios de la administración, etc. Sean esos lugares públicos o privados, abiertos o cerrados, son lugares adecuados para albergar (o deberían serlo) colonias de gatos. Espacios donde estos animales puedan vivir con relativa seguridad frente a la imparable y agresiva acción del animal humano, y su insaciable ambición capitalista, conducente a acabar con el territorio o espacio natural donde residían los gatos y gatas que, ahora, reciben el impacto directo y expulsivo de esa actuación.

Desde diferentes estudios se evidencia la importancia de la acción humana como factor que obliga y provoca determinadas características en la organización social de los gatos como, por ejemplo, densidad muy alta en pequeños territorios que se superponen y que suponen graves problemas sobre todo para los gatos y gatas aunque, en segundo lugar, también genere conflictos con, en y entre los habitantes de la zona. Pero también hay otros factores que no se presentan en esos estudios y que son especialmente significativos como los comportamientos, los valores y la representación que puede observarse en las personas que han tomado la decisión de ayudar a los gatos y gatas de las colonias e, incluso, a aquellos animales que están fuera de ellas.

Siguiendo el modelo de investigaciones realizadas por diferentes científicas sociales sobre ese particular, el objetivo de este artículo es el de desvelar aspectos que entendemos sustanciales en los citados comportamientos, valores y representaciones de las personas que cuidan las colonias de gatos en una ciudad mediterránea de tamaño medio. Los territorios seleccionados para realizar la investigación se adecúan a cuatro zonasi: 1) emplazamiento (todavía no es oficialmente una colonia pero se está gestionando que lo sea) cercano al mar donde residen unos 16-17 gatos; 2) colonia ubicada en el interior de un edificio semiderruido, apuntalado y donde habitan 10 gatos, a la espera (que se supone larga, dado que ya han transcurrido 7 años) de una solución judicial al problema generado por una herencia; 3) colonia “propia” de unos 12 a 15 gatos, que gestionan varias vecinas, porque en su barrio no existe esta pero sí deambulan muchos gatos por la calle sin ser atendidos; 4) colonia de unos 20 a 23 gatos, situada en el extremo de un parque público. El número de gatas y gatos nunca es exacto porque los animales transitan por las zonas y, sobre todo, por los abandonos que se registran especialmente en épocas vacacionales y, actualmente, como resultado de la precariedad económica.

Adelantar que no se trata de un estudio sicológico de las personas concernidas que, a partir de ahora, denominaremos gateras (porque es así como muchas de las informantes se autodenominan y desean ser llamadas) sino antropológico y, concretamente, de una investigación etnográficaii. Se trata de una observación doble, por un lado, detectar cómo se desarrollan esas mujeres con los gatos y, en un segundo tiempo, entrar en contacto con ellas para conocer sus narrativas respecto al trabajo que realizan. Estas gateras, tengan o no el reconocimiento municipal para encargarse del control de las colonias de gatos de la ciudad, reciben poca gratificación por el arduo trabajo que realizan, como deriva de la investigación realizada, pero ese hecho no obsta para que ellas sigan empeñadas en alcanzar, cotidianamente, su objetivo de atender a los gatos y gatas que forman parte de “su” colonia.

En cuanto a los comportamientos, valores y representaciones

¿Quiénes son las gateras? ¿Quiénes son esas mujeres que obstinadamente y durante todo el año desarrollan el esforzado y laborioso trabajo de mantener en buenas condiciones a los gatos y gatas que configuran la colonia? Hablamos de gateras porque, como se desprende de la etnografía, solo en un caso la persona cuidadora era un hombre y porque en las narrativas recopiladas también se descubre que, mayoritariamente, son las mujeres las que se encargan de gestionar y mantener las colonias felinas.

En los cuatro escenarios conocidos se encuentran unas 42 mujeres y un hombre que se ocupan de los mismos. El número de mujeres implicadas puede variar, crecer o decrecer, por diversos motivos: tener trabajo o perderlo, enfermedad, ocuparse transitoriamente de familiares, falta de tiempo, hartazgo, etc. También los días disponibles y el horario de dedicación oscilan en función de factores similares a los citados. La media de edad de esas personas es de 45 años y la tendencia parece ir a más edad porque hay muy poca gente joven que se incorpore a este tipo de trabajo.

En general, las gateras viven cerca de la colonia o a una distancia muy corta de la misma. Solo una de las gateras ha de realizar un desplazamiento largo, porque vive fuera de la ciudad por haberse mudado hace un año, pero mantiene su interés por cuidarse de la colonia al modo como lo hacía antes de cambiar de residencia. Debido a la proximidad, algunas pueden “controlar” la colonia desde sus domicilios y saben perfectamente quién se acerca a visitar a los gatos, cuándo, si se comportan adecuadamente, si por allí corretean los perros que pasean los vecinos (aspecto que les resulta particularmente deplorable por el peligro que entraña para los gatos), si les roban la comida a los gatos, etc.

La mayoría de las gateras, que se convierten en informantes de este estudio, se conocen entre ellas, incluido Felipe o Lipe el gatero (también le gustaba ser llamado de ese modo). Aunque eso no significa que mantengan relaciones de amistad porque, entre aquellas que se conocen, aparece desde la rivalidad respecto a quién cuida mejor a los gatos hasta el conocimiento que tienen sobre los mismos, el tiempo que hace que se dedican a ello, el número de gatos que atienden, etc., a veces en forma de suficiencia de una sobre la otra. Pero algunas gateras también saben ayudarse y lo hacen con una entrega especialmente relevante: qué medicación utilizar para determinadas afectaciones, qué veterinaria es la mejor o la que más se preocupa por los gatos de la colonia, qué político está “por la labor” y cuál no, qué alimento es más saludable para una gata en determinada condición, qué hacer frente a un enfrentamiento entre gatos o cómo mediar para evitar conflictos en y con el vecindario.

En general, las gateras son extremadamente críticas con respecto a la actuación municipal en lo que concierne a la atención y recursos que dedican a los otros animales: gatos, perros, palomas, cotorrillas, ratas, etc. Aunque básicamente se refieren a los gatos y gatas, también manifiestan su malestar por el trato que reciben otros animales, sobre todo por cómo se les mata y por el casi nulo respeto que se les tiene, como si fueran plagas. La dureza de sus comentarios se aguza al explicar anécdotas ciertamente dolorosas que soportaron en el pasado y que comparan con la insignificante transformación que ha seguido la consideración social actual de los gatos y gatas. Estas mujeres también manifiestan una aguda animosidad contra la actuación de algunas perreras municipales (donde todavía matan a los animales si no son adoptados) y de determinadas protectoras (porque consideran que torturan a los animales de forma encubierta). Sin embargo, por encima de las quejas y malestares narrados está el interés fundamental que mueve a estas personas. Julia la gatera afirma convencida:

“… los gatos están por encima de todo…no los vamos a dejar por mucho que nos digan, que nos hagan o que no nos dejen, porque mira nosotras estamos aquí y ellos no [administración, vecindario]… aquí somos las que mandamos por mucho politiqueo que se monten”.

El relato de una gatera paradigmática

Violeta la gatera, que ha escogido ese nombre porque dice que es tan humilde como esa flor, relata cómo empezó su dedicación, su trabajo a favor de los gatos y gatas, desde hace más de 25 años hasta la actualidad. Repite Violeta que no se trata solo de amor hacia esos animales sino que, a través de ellos, significa al colectivo, a todos los otros animales, con los que se siente plenamente identificada y que cuidando a los que tiene cerca es como si ayudara a todos los demás:

“Lo que yo hago tampoco tiene tanta importancia porque son muchos los gatos y somos bastantes gateras, o viejas o locas, que también así nos llaman porque hay algunas y alguno que parecen eso “locos”. No puedes hablar con ellos porque son enfermos porque no entienden na, como hablar con una piedra pues lo mismo. Y nos dan la fama porque todo el mundo se piensa que estamos locas o que no tenemos nada más que hacer.

Sí que hay sí…alguna no está muy bien de aquí [señala con el índice en la sien] pero son las menos… eso no es así, que tenemos nuestras vidas, nuestros nietos, nuestras cosas. Claro que no podemos cuidar de todos los gatos como nos gustaría pero hacemos lo que podemos… Yo empecé hace 25 años o más, que ya casi no me acuerdo, empecé porque me encontré una perra y la adopté y después aparecieron los gatos, el primero uno abandonao que estaba en muy mala condición y me dio una penaaaa ¡que pa qué!. Me lo llevé a mi casa, lo curé como puede con la veterinaria y vivió 4 años como si fuera mi hijo. ¡lo que lloré yo aquel gato!

Miguelito se llamaba y es que era un gato manso cuando quería pero era casi como un perro cuando alguien llamaba a la puerta de la casa ¡no veas cómo se ponía Miguelito! Enfermó del hígado, le mediqué como pudimos con la veterinaria, le cuidamos pero tuvimos que darle eso que ahora se llamaaaaa…. ¡eutanasia! Es que antes era sacrificar o matar. Con los años he tenio varios gatos que han ido desapareciendo y otros han venio, ahora tengo 5 que son mayorcetes y una mini gatica que mencontré hace 4 meses y ¡claro no la iba a dejar en la calle! Pero a esta la tengo en adopción, lo tengo dicho en muchos sitios pero no aparece nadie yyyy bueno pues si no sale alguien me la tendré que quedar…”.

[Se le pregunta sobre su disponibilidad para cuidar de los gatos y gatas]…Estoy enferma de eso que llaman “fatiga crónica” y tengo más tiempo, eso cuando no me encuentro mal, claro. Aunque esté enferma, como no me dan una pensión, sigo trabajando en la limpieza y me saco un medio sueldo que, junto a la paga de viudedad, me deja un dinero al mes, sino no podría ni vivir ni hacer lo que hago por mis gatos. Tengo unos 20 o 23 gatos que no son fijos porque a veces aparece alguno nuevo o se muere o matan a otro [conté 15 cuando visité la colonia] y son de todos los colores que si rubios, varios negros que son los que nadie quiere, algunas hembras tricolores y dos atigraos grises. Les pongo nombre a la mayoría pero a veces me da rabia hacerlo porque me deprimo cuando tengo que “borrarlos” de la lista que tengo porque se mueren o los matan. Les llamo por sus nombres y vienen: Altramuz, Tigretón, Rosy, Clareta, Leo, Pep, Tronco, Reina, Gros, Tom… No sé las edades más que de las tres tricolores que deben de tener unos 4 años porque las abandonaron juntas, son hermanas. A los otros calculo por encima pero nunca sé seguro qué edad tienen, creo que Rosy es la mayor con unos 10 años que para la calle ya es edad. Ahora tengo un gato nuevo que está por aquí hace un mes y todavía no está adaptado, le llamo Jou porque tiene cara de gato americano, no me preguntes por qué me lo parece porque no lo sé [risas]. Es grande y fuerte y no come pienso solo latas porque lo han abandonao…”.

[Se le pregunta acerca de su familia, qué piensan de su actividad]… ¡uuuff! Mi familia no sabe mucho de lo que hago porque me freirían… no saben del tiempo que llevo con los gatos ni que pago a Susa [otra gatera] 220 Eur al mes para que me ayude pero es que sino Susa no podría porque con su pensión no tiene para na. Con lo que gano por limpiar pago los gastos de los gatos, que si comida que preparo cada día [cocina diariamente, prepara “menús” diferentes, según lo que cree que le gusta a “sus” gatas y gatos], que si veterinario, que si medicación, que si la Susa, que si lo que puedo… Vivo con la paga de viudedad y eso es lo que cree mi familia. Y luego mi hija se enfada conmigo porque no le cuido a mi nieto y me voy con los gatos, eso la enfada mucho porque dice que me importan más los gatos que su hijo… ¡a lo mejor es verdad! [risas]… el crío me gusta, le quiero, pero es tan pesao…”.

[Se le pregunta acerca de otras gateras que trabajan con ella]… sí hay otras gateras, como 14 aquí y somos cinco que estamos muy juntas, muy amigas, aunque nos peleamos a veces: la Juli, la Pepi, la Loli, la Josefa y yo. Tenemos entre los 50 y los 68 años. Llevamos años faenando y sabemos cómo somos. La Pepi es muy buena “cazadora” [apresar a los gatos] y nos ha enseñao a las demás. La Loli sabe de enfermedades de los gatos, sabe qué ponerles cuando tienen conjuntivitis, sarna y eso. En nuestra colonia no hay calicevirus, no hay casos. Y esterilizamos a los gatos a cargo de una organización que tiene dineros del ayuntamiento para eso…”.

[Se le pregunta por qué cuida a los gatos]… mira yo quiero a todos los animales y como estos están sueltos, solos y en peligro pues les ayudo. Me gustan los gatos después de tantos años que los veo porque he aprendido mucho de ellos. Son listos, inteligentes, muy muy cariñosos que la gente dice que no pero es que piensan que son perros que son otra cosa… a los gatos les hablas y te entienden… saben lo que les digo y me hablan y me parece que yo también les entiendo porque les imito, he aprendío a maullar, verás si hago así… [hace una demostración de maullidos y explica cambios en los sonidos que ejecuta]… si yo supiera escribir libros haría uno de gatos porque hay mucho que contar para que la gente los conozca y los quiera… me quedo con gatos que son mayores y están enfermos porque yo también soy mayor y enferma y sé que un día todos nos acabaremos y asín no sufro pensando que si me muero qué harán con mis gatos… Son tan agradecios que si un día no puedo ir a llevarles comida porque no me encuentro bien porque me dan los dolores y los mareos pues si no voy no me reclaman, no son como las personas que enseguida te preguntan ¿qué te pasó ayer que no vinistes?….los gatos te quieren y te lo dicen con sus gestos, con sus ojos, con sus colas, te lo dicen….prefiero estar con ellos que con mi nieto, no vayas a decírselo a mi hija [risas] pero es verdad, es que el niño no para un momento, me canso mucho con él y con los gatos es diferente, a veces me cuesta llegar hasta aquí cargada con la comida, con el agua, con los trastos pero me compensa porque cuando acabo de arreglarlos me siento a la sombra y les miro como comen, como juegan, como duermen y como vienen a mis piernas a darme las gracias con sus cabecicas que me marcan, que lo sé, que mestan diciendo que soy de ellos. ¡eso no tiene precio humano solo gatuno! [risas].

[Se le pregunta respecto al entorno donde viven los gatos]… No es seguro porque cuando hacen actividades aquí se llena de gente, a veces mala gente, pero lo bueno es que hay esas vallas, los árboles, plantas y arbolillos que les sirven de aguardos [lugares para guarecerse los gatos] sobre todo cuando vienen esos hijos de Satanás con sus perros a cazar gatos, les odio, son los que más odio y ya he tenio varios encontronazos con ellos. Son lo peor que hay solo quieren matar y enseñar a sus perros a matar gatos y así ellos se divierten ¡pobre perros lo que sufren porque les pegan!… Y si me tocan a mis gatos juro que me cargo a quien me toque un gato, lo juro!… me cargo a esos hijos de puta y llamo a la urbana pa que los trinchen pero a los perros pobres no que no tienen la culpa de esos amos… ¡tiene vicio esto, tiene! [equivale a expresar ¡es tremendo!] todas estamos siempre alerta…”..

[Se le pregunta acerca de cómo se encarga del cuidado de la zona y de los gatos]… limpiar limpian los de parques y jardines ¡faltaría más! Y les he marcao muy bien que no me toquen las casetas [en esa zona son construcciones sencillas: un transportin grande con doble entrada-salida para facilitar el acceso-escape de los gatos, cubierto con plástico verdoso para evitar la lluvia y ser armonioso con el paisaje, tochos colocados sobre el plástico para asegurarlo]… ¡que como me las toqueeeen senteran!… y me hacen caso la verdad. La comida y el agua la llevamos a las 7 y pico de la mañana antes de que la gente pase por allí y luego por la noche, cuando está oscuro, entonces vamos 2 o 3 [gateras] por si las moscas… dejamos todo bien recogido y si hemos de dar medicina les damos, todo lo tenemos pensao para que estén lo mejor posible… a veces no es fácil porque si la Loli tiene que venir igual ese día no puede y hay que montarlo de otra manera, pero nos arreglamos entre las cinco y si no pedimos a las otras que nos ayuden…”.

Violeta la gatera, como casi todas las demás gateras conocidas, son gente más o menos anónima que llevan a cabo una tarea dura a las que hay que agradecerles su dedicación porque, con frecuencia, lo que reciben es incomprensión, burla, menosprecio, insultos, desautorización, soledad, etc., por parte del vecindario, sea porque este es ignorante e insensible al malestar que sufren los gatos y gatas, sea porque por encima de todo sitúan su interés egoísta: no quieren “molestias” como olores, maullidos, pelo, enfrentamientos, etc. Algunas personas, que fueron imprevistamente preguntadas acerca de la existencia de gatas y gatos en la zona, manifestaron ese particular, ese rechazo, añadiendo comentarios como “…yo no les haré mal pero tampoco me gustan…” con lo cual aparentan neutralidad, mientras lo que en la realidad compartida hacen es apoyar a los que están en contra de los felinos y de las gateras. Afortunadamente, parece que aumenta el número de personas que entienden que la defensa de los derechos de los otros animales es inherente a la defensa de los derechos de los animales humanos y lo expresan diciendo “…las gateras son extraordinarias, algunas tienen sus manías sí, pero mantienen la colonia con gatos sanos, “libres”, disfrutando de lo poco que la sociedad les deja, hacen un trabajo que no todas estaríamos dispuestas a llevar a cabo…”.

La vinculación con los gatos y gatas

Todas las gateras coinciden en señalar la importancia del “chipado” de los gatos y gatas para poder sancionar a quien abandone animales en sus colonias (fenómeno que se produce con cierta frecuencia, sobre todo cuando llega el verano) porque como explica Montse la gatera:

“… devolverle el gato a ese que lo abandona, de eso nada, de eso nanai que igual lo vuelve a dejar en la calle o lo mata o lo tortura… que hay gente para todo…además muchos no los chipan porque no los quieren bien solo son mascotas de peques que es cuando les hacen gracia y luego… pues luego el abandono ¡no tienen corazón! ¿cómo tienes a un gato, a un perro en tu casa y lo abandonas? Le he dado vueltas y no lo entiendo… o se los llevan a las perreras ¡qué más les da! piensan que son solo animales y así va la cosa…” argumenta.

Especialmente en el caso de los gatos “de la calle” es deseable lo que las gateras denominan CES, esto es “captura, esterilización y suelta”. Juana la gatera lo refiere claramente:

“…yo no quería, nunca me ha gustado eso de esterilizarlos y se pasa mal para capturarlos que estás horas esperando a que entren en la jaula y la angustia que te produce esa espera, que si les pones lata, que si les pones carne o lo que sea para que entren y nada tu, lo saben perfectamente. Porque los gatos son muy intuitivos por eso siguen vivos… saben cuando les quieres hacer algo. Es como si te olieran, como si cambiara nuestra olor, yo digo que cambia pero como soy gatera ¡pues dicen que me lo invento! [risas]… y lo notan y te miran y no se acercan no, te miran desde lejos con esos ojos grandes como si te quisieran decir “mira que me lo sé, sé que quieres pescarme pero no te lo voy a poner fácil”…yo estuve una vez más de 48 horas de espera y el Grandón que así se llamaba el gato no entraba y piensa que le dejamos sin comida para que sintiera hambre y con el olor de la lata y de la carne… pero nada que no, me miraba eso sí y cuando yo me acercaba a acariciarle como había hecho otras veces, Grandón se apartaba. Lo que costó pescarle, al tercer día el pobrecito entró a comer y así le cacé y como me tenía robado el corazón pues le pregunté “¿pero tú te quieres ir a la calle otra vez o te vienes a mi casa?” Eso fue después de esterilizarle cuando le llevaba en la furgo de vuelta a la colonia. Claro Grandón no estaba para cuentos y me miraba atontao todavía así que tome la callada por respuesta y allí está en mi casa hecho un rey. Bueno, esto no puedo hacerlo con todos los gatos que ya querría llevármelos a todos porque como vivo en [fuera de la ciudad] tengo un buen jardín, pero anda que allí se queda pequeño, allí es donde mis 6 amores viven conmigo pero no puedo tener más”.

Respecto a ese sentimiento que les inspiran los gatos, Violeta la gatera afirma:

“…ellos, los gatos, que son como si fueran míos porque los cuido así y no los tengo en casa porque no me caben y porque les gusta estar aquí entre la calle y el parque aunque les maten… ¡porque mira que llegan a matar gatos los coches aquí! Las vecinas ponemos letreros para que los de los coches vayan más despacio pero nos arrancan los letreros y si no los quitan da igual porque pasan con velocidad… que hemos avisado a la urbana pero dicen que no pueden hacer nada si no les pillan… bueno pues nada, nada cambia… Los gatos atropellaos un día sí y otro casi también y aquí estamos para llevarles a la veterinaria si pasa… pero es que para nosotras son como hijos no te lo creerás bueno sí pero es que como les venimos a ver cada día, como nos dejamos el sueldo… no me da vergüenza decirte que a veces ellos [los gatos y gatas] comen y yo no porque no me llega.”.

La relación que establecen las gateras con “sus” gatos es afectiva y se traduce en una gran variedad de expresiones y formulaciones verbales. Valga recordar que la palabra es un instrumento de domesticación, sea con animales humanos o con los otros animales y se convierte, además, en el medio a través del cual se da curso libre al afecto. Violeta la gatera lo narra claramente:

“El atigrado es muy salao pero muy golfo también porque viene, come y se va ¡mírale! ¿Le ves por allí escondío?…”Ven paquí Tigretón ven paquí que conocerás a Mara que ha venio a verte y te hará preguntas” [risas de ambas] Mira que ojos tiene el Tigretón… le puse ese nombre porque parece un tigre pequeño y tiene un genio que no deja que se le acerque nadie, ni soplarle tu… nadie más que yo y ahora tu porque os he presentao que si no…[risas] eso le salva la vida porque… pero Tigretóoon deja que coma Rosy [una gata de unos 10 años]…Rosyyy ven paquí no te vallas que tu eres muy lista también, ven paquí que te de poner las gotas [la está medicando porque tiene una infección en el ojo derecho, la gata acude a su llamada y se deja aplicar las gotas con cierto desagrado pero sin huir]… ¿Ves aquella que viene por allí? Es mi Clareta, es muy fina ella… cuando llegó hace pues un año y pico estaba miedosa mucho porque esa gata la abandonaron aquí que esto es la hostia en cuanto se enteran que aquí cuidamos gatos vienen a abandonarlos, deben pensar que como aquí los cuidamos pues que una más no importa ¡y sí importa! Con el tiempo se ha acostumbrado [Clareta] a los otros porque al principio entre el miedo y la agresividad entre todos esto fue un lio gordo, se peleaban mucho y por eso le falta un trozo de oreja de un mordisco que se pegaron y así me la encontré un día, ahora se llevan muy bien…. Leo, Leoooo no te comas eso que es de Pep ¡déjale comer hombre, cago en to! ¿qué no me oyes Leo o qué? Venga pasa pallá que eres más tremendo que nadie, pasa anda pasa pallá… es que Leo se come todo lo que pilla, nunca se harta de comer, lo que debió de pasar el pobre antes de aparecer por aquí. Todos están capaos menos Altramuz que no le podido “cazar” [término que usan con frecuencia para significar apresar al gato para esterilizarle] hasta ahora pero caerá porque aquí ni uno sin esterilizar porque lo peor sería tener camadas ¡con los gatos que tenemos solo nos faltarían más!”.

Una relación peculiar entre las gateras y “sus” animales

A través del itinerario realizado encontramos que en determinados lugares, “colonias” o en curso de convertirse en ellas, hay una serie de mujeres y algún hombre que, asegurando el mantenimiento y la vigilancia de unos 65-70 gatos y gatas poco domesticados, enfrentan problemas a los que buscan soluciones para intentar resarcir a estos animales de los efectos de una urbanización excluyente y arrolladora que menosprecia cualquier otra vida que no sea la de los animales humanos. Es dura la afirmación pero, desafortunadamente, es una realidad compartida y constatada en la investigación realizada. Lo prueban muchos de los animales conocidos en la investigación, gatas y gatos víctimas de maltrato en formas que difícilmente pueden soportarse, ni siquiera imaginarse, sin sentir una profunda punzada de dolor y la enorme impotencia que provoca ver el sufrimiento ajeno y no poder actuarlo.

En cuanto a la vinculación entre las gateras y sus gatos y gatas, conducen a pensar en un tipo de cuidado que discurre entre la atención intensiva y extensiva, implicando asimismo un relevante grado de cooperación entre ellas (a pesar de sus desencuentros) y para con los animales. Intervención observable a través del uso de un sistema nominal (atribuir nombres a los animales), de cuidados (medicación, alimentación) y de consideración (respeto, aprendizaje) que es muy similar al empleado con los animales de familia o convivientes de estas mismas personas. Para las informantes, para las gateras, los gatos y gatas “de la calle” se convierten así en una extensión de aquellos con los que conviven en sus domicilios.

Con respecto a la investigación, señalar que son muchos los aspectos que expresamente no se incluyen en este escrito porque supondrían una excesiva extensión del mismo. Por otro lado, manifestar que el “universo de gateras” puede proporcionar una variedad caracterológica amplia que, obviamente, no se encuentra representada en este estudio aunque sí sirve para desvelar y confirmar algunas cuestiones relativas al cuidado de nuestros queridos gatos y gatas por parte de “sus” gateras.


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1.- La ciudad y las zonas donde se efectúa la etnografía se mantienen en el anonimato como medida de protección.
2.- La etnografía es una forma de investigación social que se realiza, fundamentalmente, a través de observar a las personas y lo que hacen, de forma próxima y personal, con objeto de descubrir la perspectiva o punto de vista del/de la informante. La etnógrafa participa de la vida cotidiana de la gente durante un período de tiempo, observando, escuchando, preguntando, estudiando documentos vinculados con el objetivo de su investigación, elaborando hipótesis y actuando de acuerdo con ellas. En definitiva, recopilando datos que aporten conocimiento sobre el tema que atañe a la investigación.

 

Antropóloga, activista por los derechos de los animales, feminista, vegana, heterodisidente. Acompaño y comparten mi vida tres gatas maravillosas. Fundadora de Antropología de la vida animal. Grupo de estudios de etnozoología. Profesora universitaria: explico a generaciones de jóvenes quiénes son los otros animales con la esperanza de que un día cambie la consideración hacia los animales no humanos.