Un refugio-santuario de animales

Un refugio-santuario de animales

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Esta vez quiero rendir un sencillo homenaje a la persona que dirige un pequeño gran refugio pensado para perros viejos rescatados de perreras, gatos asilvestrados que nunca serán adoptados y las palomas que algunos ayuntamientos extermina de manera periódica y casi sistemática.

La conocí hace años, en mis comienzos animalistas. Ya andaba por aquel entonces rodeada de gatos, los que aparecían por su camino y los que le entregaba la gente con aquel “tú ya tienes muchos, no te va de uno más….”. Ya ni recuerdo las veces que se trasladó buscando el mejor sitio para ellos, donde tuvieran espacio para recorrer y árboles a los que trepar. Dió con el terreno ideal en Lleida, tan grande que podría albergar no sólo a sus gatos sino a todos los perros ancianos, enfermos e inadoptables que pudiera salvar de la lista de sacrificio de las perreras.

Entregar tu vida a los animales es fácil cuando se aman de manera instintiva y se reconocen sus derechos de manera incuestionable. Otra cosa es toparse con las trabas de burocracia y la estupidez humana.

Al tiempo que empezaba a hipotecar sus bienes y con la mente puesta en los animales a los que podría salvar, comenzaba la carrera de obstáculos: la lucha sin cuartel con los que ella creía de confianza para poner al cuidado de los animales. Una denuncia que nace de una venganza, el vacío de la ignorancia y una administración que le niega la ayuda por haber salvado casi 200 gatos -que habrían acabado probablemente muertos en la calle- puede acabar con cualquiera a no ser que se tengan las cosas muy claras.

En los últimos meses, varios robos con rúbrica incluída: la de los últimos cuidadores que sabían muy bien donde estaba lo que querían y el momento oportuno para llevárselo. Aunque ya mucho antes los anteriores se habían llevado parte de la ilusión en una furgoneta que el refugio acababa de adquirir, junto con numeroso material que era para los animales y sólo para ellos. Individuos que se han tenido que expulsar o se han ido por ver frustrados sus objetivos. Se confundieron pensando que allí se vive de los animales y no por ellos.

Estos tíos parecían tan majos, que con la mejor de sus sonrisas ya se habían metido a algunos en el bolsillo, y alguna lagrimita hizo que algunos animalistas se los creyeran más a ellos que a nosotros. Y eso que los animales que nos dejaban allí los salvábamos nosotros y no ellos.

De la misma manera que se salvaron los casi 200 gatos llegados de Barcelona, aunque se sigan oyendo los ecos de que murieron a los escasos cuatro meses de llegar. Y si murieron algunos, al menos se les intentó salvar y no se miró hacia otro lado cuando algunos estaban demasiado ocupados en luchas, mentiras y cintas de vídeo: la que grabaron los mismos cuidadores a su marcha, con la miseria que habían dejado a su paso y que entregaron a una ínclita asociación gatera de Barcelona para que nos denunciara. La denuncia llegó sin haber contrastado los hechos con nosotros, la parte contraria.

Así las cosas, se ha luchado y trabajado por partida doble. El sabor de la incomprensión queda ahí, pero no ha hecho perder las ganas de seguir abriendo jaulas de perreras, rescatar a gatos y palomas de las calles, y nuestras cerditas viven alejadas del horror por el que otros pasan sus días en las granjas de los alrededores.

No tiene porque ser el mejor refugio de animales, pero es un gran refugio que se llama Proteger los Inocentes, y su presidenta merece al menos, un aplauso.

 

Soy vegana. Fui una de las fundadoras de Libera! y presidenta hasta 2009, así como delegada del PACMA en Barcelona en su primera etapa. Organicé el primer autocar que salió desde Barcelona hacia Tordesillas en 2005, en una cruzada contra las fiestas populares con toros que luego me llevó a formar parte de la organización en la primera y única manifestación en Coria (Cáceres) contra el llamado “Toro del acerico”, y Medinacelli (Soria) contra el toro de fuego. También formé parte de la organización de la más numerosa manifestación antitaurina en Barcelona desde 1992, previa a la prohibición de la tauromaquia en Cataluña. Ahora voy por libre, aunque soy portavoz del refugio-santuario Proteger los Inocentes (Lleida).