¿El fin justifica los medios?

¿El fin justifica los medios?

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En esta ocasión voy a analizar brevemente dos ideas contrarias que enfrentan a los defensores de los Derechos Animales a la hora de establecer las estrategias que tienen como fin lograr que los derechos de los animales sean éticamente respetados y por lo tanto reconocidos legalmente. Por lo tanto todos los defensores de los Derechos Animales son abolicionistas, a grandes rasgos todos tienen el mismo fin. El abolicionismo se diferencia del mal llamado «bienestarismo»(1) en que éste no tiene como objetivo abolir la explotación y la matanza de quienes no son humanos, sino reducir su sufrimiento manteniendo su explotación y matanza por siempre.

A lo que quiero responder en este artículo es a si el fin justifica utilizar medios no éticos o si no los justifica. Doy por hecho que nos referimos a un fin que no es arbitrario, sino al fin que señalan las normas éticas, pues un fin arbitrario no justifica utilizar medios no éticos.

La idea ética de que el fin no justifica los medios quiere decir que para lograr un mundo en el que las normas éticas sean respetadas no está justificado en ningún caso violar esas mismas normas éticas. La idea ética de que el fin no justifica los medios es una herencia del deontologismo kantiano, del filósofo Inmanuel Kant (1724-1804), cuando en uno de sus imperativos categóricos dice: «Obra(2) de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio»(3) y está presente en posteriores teorías deontologistas, como la de Tom Regan y la de Gary Francione. Para el deontologismo, el mal o lo éticamente incorrecto está en que alguien elija violar una norma ética, da igual el motivo, eso es un atentado contra la razón, pues dichas normas son el producto de ella. Esta idea lleva a algunos defensores de los derechos de los animales, dependiendo de su coherencia, a rechazar uno o más de los siguientes hechos:

a) Apoyar o participar en la creación de leyes sobre cómo explotar y matar produciendo menos sufrimiento, mejorando las condiciones de vida en los campos de concentración llamados «granjas».
b) Apoyar o participar en actos o manifestaciones monotemáticas que busca lograr un mayor apoyo social y político, por ejemplo, cuando se convoca una manifestación que sólo pide la prohibición de la tauromaquia.
c) Apoyar o participar en la castración de perros, gatos, etc. sin su consentimiento para evitar las malas consecuencias que la sobrepoblación produce en los nuevos seres nacidos.

Por otro lado está la idea contraria, que está demonizada(4), y que dice que el fin sí que justifica los medios. Esta idea es una herencia del consecuencialismo de Jeremy Bentham (1748-1832) y está presente en posteriores teorías consecuencialistas, como la de Peter Singer y la de Óscar Horta. Para el consecuencialismo, el mal o lo éticamente incorrecto está en hacer que el mundo tenga más sufrimiento o más frustración; esto es en sí una norma que podría ser ésta: «debe existir el menor sufrimiento (o frustración) posible» o, en su forma positiva, «debe existir la mayor felicidad (o satisfacción) posible». Lo que diferencia al consecuencialismo del deontologismo es que el consecuencialismo permite elegir violar una norma ética si se estima que las consecuencias serán menos malas para lograr un mundo ético que elegir no violarla.

Un ejemplo clásico que se suele poner sobre la idea de que el fin no justifica los medios es que Kant defendía las normas «no debes mentir» y «no debes matar a humanos», y como deontologista que era defendía que dichas normas éticas no se deben violar nunca, ni aunque mentir sea la única manera de salvar la vida de una persona; este ejemplo nos hace intuir que en Kant y en otros deontologistas existe algún tipo de desconexión entre la razón y el mundo material en el que existimos las personas, los llamaré «deontologistas desconectados». En cambio, un consecuencialista mentirá, robará, incluso matará a alguien si estima que las consecuencias de hacerlo serán menos malas para lograr un mundo ético que elegir «no hacer nada». Éste es el peligro del consecuencialismo, que las estimaciones para lograr un mundo mejor se basan en la experiencia y en la intuición de cada persona, por lo que una mala estimación puede llevarnos a un mundo peor, a corto, a medio o a largo plazo. Los errores han sido muchos, aprovechar la idea con fines no éticos y utilizar medios horribles que se han vuelto en contra del mundo ético que se quería alcanzar. Los datos que nos proporcionan la Historia, la Estadística, la Sociología, la Psicología y otras disciplinas están hoy disponibles para ayudar a que el consecuencialista intuya probabilísticamente cuáles pueden ser las mejores decisiones para avanzar hacia un mundo ético.

Una de las cosas más sorprendentes de las que me di cuenta es que el deontologismo y el consecuencialismo sólo están separados por esa desconexión entre la razón y el mundo material que antes mencioné, lo cual no ocurre por culpa del deontologismo, sino por un error de los «deontologistas desconectados». El error de estos consiste en creer que no se puede violar una norma ética si se elige «no hacer nada», es decir mediante una omisión. Por ejemplo creen que al elegir «no hacer nada» no se puede violar la norma que prohíbe el asesinato, pero un asesinato por omisión se ve muy claramente en que si un niño se está ahogando en una pequeña piscina y somos la única persona que puede salvarle la vida entonces si elegimos «no hacer nada» estaremos eligiendo que el niño muera, y elegir que alguien muera es matarle. En este sentido es un clásico el dilema del tranvía, ideado por Philippa Foot(5):

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?

Si aceptamos el hecho de que también somos responsables de las consecuencias de elegir «no hacer nada» entonces inevitablemente vamos a «mancharnos las manos» al enfrentarnos con situaciones en las que, sí o sí, vamos a tener que elegir violar normas éticas; el «no hacer nada» ya no será el limbo en el que se refugian los «éticamente perfectos»(6). Las personas somos responsables tanto de nuestras acciones como de nuestras omisiones porque la voluntad con la que la conciencia está dotada es, en menor o mayor medida dependiendo del contexto, una de las causas que tienen un efecto en el mundo. Como diría Sartre, estamos condenados a ser libres. Por lo tanto no podemos escapar del consecuencialismo: siempre debemos elegir la opción que estimamos que tendrá las consecuencias menos malas, es decir, a elegir la opción que estimamos que tendrá mejores consecuencias a corto, medio y especialmente a largo plazo para nuestro fin último, que es lograr un mundo ético.

Ahora ya podemos ver más claramente que quien elige no apoyar o no participar en la creación de legislación bienestarista está siendo, en parte, la causa del sufrimiento extra por no aplicarla. De igual manera, quien elige no apoyar o no participar en actos y manifestaciones monotemáticas como la tauromaquia está siendo, en parte, la causa del sufrimiento extra que padecen los toros en dicho espectáculo. Asimismo, quien elige no apoyar o no participar en la castración de animales está siendo, en parte, la causa del sufrimiento y muerte que padecerán quienes nacerán y no serán adoptados, como denuncian todas las protectoras. En todo caso, la negativa a apoyar o a participar en alguna de estas prácticas ya no será en base a defender que el fin no justifica los medios, sino en base a estimar que apoyar o participar en dichas prácticas tendrá peores consecuencias que elegir no apoyarlas y no participar en ellas.

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Notas

(1) La industria de la explotación y del exterminio de quienes no son humanos se apoderó de la palabra «bienestar» para referirse a su explotación y matanza «sin sufrimiento», un término que aplicado a los humanos no tiene nada que ver con eso.
(2) Es importante observar que la regla ética se dirige al lector de manera personal en lugar de formularse de manera impersonal. Esto tiene implicaciones profundas, como que las normas éticas sólo son de obligado cumplimiento para quien puede comprenderlas.
(3) Esta regla ética es especista. El especismo es una discriminación arbitraria, acuñada en 1970 por el psicólogo Richard D. Ryder, que consiste en perjudicar a alguien porque es de una determinada especie. Cuando el especismo se ejerce desde el antropocentrismo se llama concretamente especismo antropocéntrico. Kant era especista en base a que afirmaba que sólo los humanos son racionales, entendiendo racionalidad como la capacidad de dictarse a sí mismo normas éticas. Esta idea no se ajusta a la realidad en la que por ejemplo los bebés, niños y algunos enfermos no tienen dicha capacidad. Además, la racionalidad no es lo relevante para respetar a alguien, sino que lo relevante es el mismo hecho de que se es alguien, a esto es a lo que llamamos sensocentrismo: http://www.tvanimalista.com/es/2014/09/29/el-sensocentrisme-es-la-rao-que-ens-porta-a-practicar-el-veganisme/
(4) Para hacerse una idea de lo demonizado que está el consecuencialismo basta decir que cuando cursé Ética I y Ética II en la UNED no estaba incluido en el temario, sólo había un par de menciones. La idea de que el fin sí justifica los medios no tiene la culpa de que los fines no sean los de la Ética y tampoco de estrategias fallidas por ser contraproducentes.
(5) http://es.wikipedia.org/wiki/Dilema_del_tranvía
video
(6) En la práctica, todos los defensores de los derechos animales que son «deontologistas desconectados» son consecuencialistas en la práctica: para ir de un sitio a otro usan transportes que causan atropellos de personas humanas y no humanas; para alimentarse consumen vegetales que se han producido mediante la matanza de animales en los campos de cultivo; para mantener la salud y la vida defienden la defensa propia, etc.


David Díaz es Técnico Superior en el desarrollo de productos electrónicos, pero comenzó a estudiar programación informática a los 12 años hasta que en la universidad fue perdiendo la motivación según la iba ganando hacia Filosofía. En el verano de 2007 decidió ser vegano y comenzó a hacer activismo en defensa de los animales. El 10 de agosto de 2008 creó el blog www.RespuestasVeganas.Org en el cual da respuestas a los argumentos que se suelen presentar contra el veganismo. Es socio de varias organizaciones veganas y afiliado al Partido Animalista PACMA.