¿Por qué no está bien “humanizar” a los animales?

¿Por qué no está bien “humanizar” a los animales?

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Nuestra manera de entender el mundo, y con él, a los animales, está teñida de antropocentrismo; pues en la medida en que nos aproximamos al mundo con nuestro cerebro y aparataje cognitivo, conocemos como humanos. Ahora bien, desde este antropocentrismo tenemos unas maneras de entender a los animales, y de atribuirles características humanas, que son totalmente perniciosas para promover su igualdad moral y sus derechos. Es lo que nos viene a explicar el etólogo Frans de Waal* cuando describe tres maneras en que los humanos atribuimos, erróneamente, características humanas a los animales:

1) la “Bambificación” de los animales, donde Mickey, Pluto, Barney el dinosaurio o Simba dejan de ser los animales en que se inspiraron para convertirse en otros animales, con unas características humanas que ni remotamente se asimilan a lo que naturalmente es un león, un perro o un ratón.

2) el antropocentrismo satírico, donde las características humanas equiparan al “animal” como algo despreciable, objeto de burla y risa por su indignidad. Un recurso muy manido cuando, por ejemplo, los opositores políticos son representados bajo la forma de chimpancés o cerdos; las mujeres liberales son unas “zorras” o “perras”, o las personas que no son arrojadas son “gallinas”.

3) el antropocentrismo ingenuo, que atribuye sentimientos y pensamientos humanos a los animales de una manera ilusoria y carente de información: “la gata debería ser madre”, o “mi perro busca novia”. (Hasta donde la ciencia nos ilustra, los humanos somos los únicos animales cuyo concepto de paternidad/maternidad se entiende explícitamente dentro de la relación entre sexo y reproducción).

Lo que tienen de malo estos tres tipos de antropocentrismo es que ignoran todo lo que sabemos sobre los animales, es decir, lo que la ciencia nos ha mostrado. Este conocimiento queda totalmente fuera de las ficciones que estas ideas crean en el imaginario de la sociedad. Si bien la “bambificación” podría hacer que los niños simpaticen a edad temprana con los animales, lo hace con conceptos que son erróneos. Y si ponemos en perspectiva el ciclo vital de las personas de nuestra sociedad, y a esta bambificación temprana le agregamos las otras ideas antropocéntricas, nos encontramos con la situación que vivimos hoy: un público que no es consciente de que estas ideas discrepan con el mundo real; donde las personas apenas si tienen conocimiento de los animales como seres sensibles con los que compartimos un sinfín de características que son moralmente relevantes. Ello impide identificarlos como los seres con los que compartimos el planeta, los seres a los que estamos maltratando, y por tanto, impide identificarlos como otros que tienen relevacia moral.

Estos tres tipos de ideas antropocéntricas están del todo extendidas en la sociedad, y es hora de combatirlas con formación y educación científica, y la que nos entregan los etólogos y otros estudiosos de los animales es de fundamental importancia para esta tarea. Es hora de moverse a otro tipo de antropocentrismo que ya no esté centrado en los humanos, sino en los animales; reconociendo evolutivamente a los humanos como parte del reino animal. Esto nos permitirá identificar procesos emocionales y cognitivos comunes, que darán la base a nuestro reconocimiento y pertenencia a la misma comunidad moral. En este escenario, la bambificación habría de desaparecer, o al menos, contrastarse con información factual, donde se caracterice a los animales como son en tanto individualidades biológicas relacionadas con su entorno. Ni las hienas son traicioneras, ni los patos son avaros. Similarmente, el uso de los animales como objeto de burla y sátira sólo habla de nuestra incapacidad para conocerlos en sus contextos ambientales o naturales, y evidencia una profunda discriminación de especie que ha creado “mitos” que es necesario desterrar de nuestro imaginario cultural. De lo que se trata, finalmente, es de reconocer y arrancar de raíz todas estas ideas y prejuicios que tanto daño están causando a miles de millones de animales en el mundo. Sólo ello nos permitirá avanzar en la construcción de un mundo y una sociedad donde podamos interactuar de maneras nuevas e insospechadas con estos compañeros de ruta vital, que son los otros animales.


 

*En su artículo “Anthropomorphism and Anthropodenial: Consistency in Our Thinking about Humans and Other Animals”, Philosophical Topics, 27 (1), 1999, Pp. 260-261.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho y Doctora en Filosofía. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.