· “Según rescatistas de Vegan Hope Animal Association, más de 20.000 víctimas han fallecido durante la crecida del río Ebro
· No pertenecer al círculo moral, la justificación para no ser salvadas.

Es un deber ético matar a los animales de producción que padecen un gran sufrimiento si no existe ningún modo económicamente viable de aliviarlos” (Reglamento Nº 1099/2009 del Consejo Europeo). Ellos y ellas, los más de 10.000 -según las fuentes oficiales-, no recibieron ayuda humanitaria por parte del Estado y sus órganos de Protección Civil: ni refugios, ni albergues, ni rescates, tampoco salvamento o asistencia sanitaria. Para los animales que no sean humanos, no hay obligación de garantizar el derecho a la vida y a la integridad física. Son daños materiales, “económicamente inviable” fue salvar sus latidos.

Durante un riesgo de inundación, el Plan Estatal de Protección Civil diferencia las fases de pre-emergencia, emergencia y normalización. Primero informar de que va a producirse la catástrofe, luego actuar en consecuencia y finalmente restablecer la norma. Con los no humanos, si conocido el riesgo de inundación no se produjo la prevención ni la intervención inmediata, sí el posterior momento de restitución de la normalidad. Una normalidad que se basa en el resurgimiento de la explotación y opresión.

Fase de pre-emergencia

Lo ocurrido en Zaragoza, dice Laura Luengo cofundadora del Santuario Wings of Heart, “sólo pone de relieve, para los animales de granja, las condiciones en las que viven”. “Son simples mercancías, nadie entiende que puedan llegar a sufrir”. Algunas explotaciones ganaderas evacuaron a sus propiedades antes de que se produjera la riada, pero según Luz Navarro, de Vegan Hope Animal Association, “si los han salvado es porque no querían perder dinero”. “Yo he estado con ellos (los granjeros) y son violentos. Lo único que les preocupa es el dinero que pueden ganar, nada más. Una persona que se dedica a criar un animal para producción en lo único que se preocupa en una inundación es en el dinero que va a perder”.

Fase de emergencia

Decenas de los considerados mercancías, quienes tienen incrustados dígitos en sus orejas y no nombres en su persona, fueron rescatados por diferentes grupos. Vegan Hope Animal Association, Amnistía Animal, Adala Zaragoza, Askekintza-Liberacción Animalista y otras asociaciones reunieron recursos humanos y materiales para realizar el mayor número de rescates posibles. “Había muchos animales muertos, tanto de granja como perros, gatos, caballos… que aún seguían atados con cadenas o dentro de cercados sin haber podido tener posibilidad de salvarse por si mismos; un paisaje desolador y muy triste. Bastantes de los animales rescatados llevaban días sin comer, otros habían pasado mucho tiempo con la mitad de su cuerpo en el agua, enfermos, con neumonías, al límite de sus fuerzas; muchos no han conseguido superarlo tras el rescate por mucha ayuda y tratamientos que les hemos dado” según Adala Zaragoza.

Muchas de las caras de los animales muertos reflejaban la agonía que habían pasado”, denuncia Luz Navarro. “Hemos encontrado unas imágenes dantescas, de corderitos recién nacidos ahogados, de cuerpos ya descompuestos, de cuatro bebés cerditos uno de ellos echando espuma por la boca… Hemos visto unas imágenes que la verdad que son muy dolorosas”.

Y aunque muchos ya estaban muertos, algunos habían que seguían en pie. En el marco legislativo, existe un concepto clave: matanza de emergencia. “Matanza de animales heridos o afectados por una enfermedad que conlleve un intenso dolor o sufrimiento cuando no exista otra posibilidad práctica de aliviarlos” (Reglamento Nº 1099/2009 del Consejo Europeo). En ocasiones se producía con intenso dolor y violencia (“le dimos con la maza 50 veces y el hijo puta -un cerdo que sobrevivió- no moría” decía uno de los operarios encargados de retirar los cadáveres) o ni siquiera se realizaba: “He visto tirar a un camión varios animales vivos aún” afirma el fotoactivista detrás de Tras los Muros. “Fue devastador. Vi cuerpos de cerdos muertos colgados de alturas que habían intentado escapar, supervivientes sobreviviendo entre montañas de cadáveres tras 5 días sin agua potable, calor, comida o atención veterinaria, tractores cargando cuerpos sin vida que amontonaban en camiones. Jamás había presenciado un escenario tan desolador. La tragedia dentro de la tragedia. Por si no fuera poco la vida a la que han sido condenados son víctimas además de una inundación”.

Hemos ido rescatando los animales conforme podíamos tener acceso a las zonas, en muchas se nos denegaba el acceso bien por peligro para nosotros, por ser zonas privadas sin accesos permitidos o simplemente no nos dejaban pasar por otras causas ajenas a nosotras” afirman desde Adala Zaragoza. Los impedimentos para acceder a las zonas afectadas tenían que ver con el medio de transporte, la consideración de los grupos de rescate como personas civiles y, además y sobre todo, el carácter de las víctimas como propiedades de explotadores. Según Luz Navarro, que ha recibido amenazas a través de WhatsApp, “el día que fuimos a rescatar a los cerdos, la gente del pueblo estaba en la granja con escopetas y azadas interceptando nuestros coches, amenazándonos… Afortunadamente no pasó nada, pero podría haber pasado alguna desgracia”.

El precio de cada individuo cuenta. Diferentes voluntarias y activistas afirman que los y las explotadoras no deseaban salvar las vidas de los individuos confinados en granjas por motivos económicos: el seguro sale más rentable. Además, el Estado ha aprobado un Real decreto en el que no sólo se indemnizará económicamente a las empresas ganaderas afectadas, sino que se les adjudicarán, también, diferentes beneficios fiscales. Según el diario ABC “la riada del Ebro les costará a las aseguradoras más de 10 millones de euros”.

Para la persona que está Tras los Muros: “Los responsables de esta tragedia no son el gobierno o las autoridades, sino cada consumidor de carne para el que la industria ganadera existe”. Así lo entienden Evelyn Gutierrez y Diango Casabella, fundadores de Leon Vegano Animal Sanctuary: “Desde nuestro enfoque antiespecista, y lo que es conveniente para los animales, hay que tener en cuenta que las granjas, los mataderos y cualquier otro centro y/o forma de explotación animal no debería existir. Al Estado no le rentaría ni le interesaría dedicar recursos humanos para montar un dispositivo de evacuación temprana de los mas de 10.000 animales muertos por las inundaciones, es mas fácil pagar indemnizaciones del dinero público. Al final, todos esos animales iban a morir en un matadero. Todos los animales que murieron son para el Estado máquinas de producción muy económicas y fácilmente reemplazables. Nosotros creemos que ya que al menos el Estado jamás mostrará (ni mostró) preocupación por las verdaderas víctimas de esta catástrofe, al menos debieron permitir el acceso a los equipos de rescate formados por voluntarios que acudieron desde todas partes del país para salvar animales, que en muchos casos se encontraron con la negativa de las autoridades y la hostilidad de los explotadores”. Si el uso es institucional y amparado por la ley, está legitimada y justificada cualquier explotación.

Según decía Gary Francione en Lluvía sin truenos “en el uso institucional, quienes explotan animales (que en la mayor parte de los casos también son sus dueños) determinan que de ese uso del animal se obtienen beneficios y la ley lo acepta. Pero si la ‘crueldad’ o la ‘necesidad’ de dolor, sufrimiento o la muerte las determinan, no la conformidad de la acción con un criterio abstracto, sino los beneficios derivados de ella que establezcan los propietarios, entonces, a no ser que los dueños de la propiedad no actúen racionalmente (si se da la circunstancia de que no maximizan el valor de su propiedad animal), la ley pensará en todos los casos que su conducta está justificada. Es su propiedad y la utilizan del modo más rentable para extremar su valor”.

Además de las víctimas confinadas en granjas, otras las hubieron también en casas, las consideradas mascotas. Caballos, perros y gatos se ahogaron tras la riada del Ebro. Según Charlie Green, de Amnistia Animal, “en tema de perros y gatos la gente suele volcarse más. Están más sensibles con los animales de casa”, por ello se estima que el número de supervivientes es superior ya que más personas se dedicaron al rescate de estos damnificados. De las víctimas silvestres poco se sabe. No se conocen cifras, porque en parte no son propiedad cuantificable de nadie. Por lo tanto, nadie exige recompensa económica por sus fallecimientos. Se estima que pueden haber sido muy pocas porque la zona afectada por la riada son pueblos cercanos a Zaragoza y mayormente ocupados por granjas.

Aunque miles de individuas fallecieron tras los muros del especismo, más de 30 vidas recluidas en la industria tuvieron una segunda oportunidad. “La historia de Pablo es una historia un tanto peculiar, no ha estado a punto de matarle la riada, sino la vida en una granja”, explica Laura Luengo. Sobrevivió al augurio de la matanza grabada con tinta morada en su espalda. Lo rescataron de una muerte segura. También a Aske, otro cordero refugiado proveniente de Zaragoza que encontraron en una granja junto a una montaña de cadáveres. Chris y Lamby, Joel, Olga y Eneko, Moisés, Guillem y Ramón y decenas de gallinas y gallos como Pedro, Victor, Samu, Jorge y Diego viven actualmente en diferentes santuarios del Estado Español. Llegaron con la pierna rota, con estrés, con deshidratación y una infección general, con hipotermia y completamente desnutridos o con neumonía o sarna, pero a partir de hoy los refugiados pasarán el resto de sus días recuperándose de las secuelas de su pasado. “La mayoría de los santuarios, incluidos nosotros, trabajamos por encima de nuestras posibilidades. Pero bueno… siempre intentas hacer un esfuerzo más allá o buscarte la vida. En el caso de los animales de Zaragoza: o les acogíamos o estaban condenados a morir allí” comenta Laura Luengo. Charlie Green, de Amnistía Animal, lamenta las muchas vidas que se podían haber salvado: “Podríamos haber estado rescatando a cada hora: habían muchos animales en muy malas condiciones y se podían sacar vivos, pero como no hay dónde meterlos, ahí se iban a morir” y es que, los santuarios de animales sufren diversas dificultades que les hacen complicado acoger a todos los refugiados que quisieran. “Ahora mismo el mayor impedimento para acoger a nuevos habitantes es la falta de dinero. Ingresamos menos de 900€ al mes para costear los gastos de alimentación, veterinaria y mantenimiento de las instalaciones. Y en el mismo orden de importancia, está la falta de espacio para nuevas acogidas. Todo esto sumado, hace que estemos trabajando siempre al límite, muy por encima de nuestras posibilidades” afirman Diango Casabella y Evelyn Gutierrez.

Fase de normalización

Una vez rescatados, los y las refugiadas deben volver a la normalidad. Normalidad entendida de forma diferente en los santuarios a la entendida en la vida tras los muros: una normalidad libre de explotación y opresión. Todo ello pasando primero por la sociabilización: “(Chris y Lamby) Son dos bebés huérfanos que han visto morir ahogada a toda su familia y ellos mismos estuvieron a punto de no sobrevivir. Su estado anímico al llegar era muy bajo, se juntaban los dos en las esquinas, uno intentando esconder la cabeza debajo del otro debido al miedo. Poco a poco comienzan a confiar en nosotros. Es un proceso muy complicado que requiere de mucha paciencia y horas de dedicación diarias, de estar con ellos. La primera semana, Diango durmió con ellos cada noche para ayudarles en este proceso. Ahora lo seguimos de día, en su nuevo cobertizo de cuarentena”.

Se auspician futuras catástrofes, nuevas tragedias dentro de la tragedia de la explotación y opresión. Por ello, además de una mayor implicación y organización de rescatistas, presencia veterinaria y la necesaria captación de recursos económicos, se precisa la ayuda a santuarios. Desde Leon Vegano se quiere insistir en no olvidar “que cuando los animales llegan a los santuarios, comienzan una larga vida que sin dinero es imposible que podamos mantener, por lo que rescatar es tan importante como proveer o captar los fondos económicos que nos permitan sustentar esas vidas”. Las decenas de vidas rescatadas del especismo tras las riadas del Ebro sólo seguirán viviendo si hay una colaboración total con los santuarios que salvan sus vidas día a día, después de la catástrofe y cuando la emergencia se olvida.

 

 

Informa: Diana Lsid
Imágenes: Tras los Muros / PACMA