Granjas de cerdos en Lleida

Granjas de cerdos en Lleida

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Muchos hemos cambiado de canal al llegar la escena de la caza en los documentales de naturaleza. En ocasiones las víctimas ya han muerto desnucadas cuando el depredador empieza a devorarlas, pero en otras mueren a dentelladas. En algunas granjas de cerdos de la provincia de Lleida sucede algo parecido aunque los papeles cambian: ponemos un perro en el lugar del león y un cerdo donde había una cebra.

Ya sabemos lo que pasa en las granjas industriales donde se crían cerdos de manera intensiva: castración, corte de colmillos y rabo a los lechones (en vivo y sin anestesia). Los animales son condenados a vivir en pequeños espacios, hacinados, sin ventilación, respirando el hedor de sus heces y orines. Las cerdas paren varios lechones en un solo parto y muchos mueren al nacer, aplastados por su madre incapaz de controlar sus movimientos en el pequeño habitáculo donde se le obliga a vivir. Otros mueren de diarreas, de las que no son sanados para no encarecer el coste de la producción. No es difícil ver imágenes de pequeños cerditos agonizando por horas o rematados estrellando sus cuerpos en el suelo, al fin y al cabo ya no son mercancía últil.

Los que sobreviven deben enfrentarse a espantosas situaciones. Estabulados de por vida, la desesperación les lleva a peleas en las que resultan malheridos, aunque lo más frecuente es que sean maltratados por los trabajadores de la granja o transportistas. Muchas cerdas mueren por prolapso vaginal tras el parto sin ninguna atención veterinaria.

La elevada concentración de animales, unida a las pésimas condiciones sanitarias e infecciones por heridas abiertas, convierte a estas granjas en caldo de cultivo para todo tipo de enfermedades: PRRS, rinitis atrófica, microplasma, actinobacillus, enfermedad de glasser y sarna son algunas de ellas, y los animales acaban sacrificados masivamente con métodos chapuceros que atentan contra los derechos de cualquier ser vivo en una sociedad que creemos avanzada, aunque sólo lo es para algunas cosas. Los animales que ya no “sirven” para su comercialización suelen ser matados a golpes por los mismos trabajadores de la granja, pero cuando el contagio afecta a un gran número de ellos, los métodos cambian…

En marzo de 2013 aparecieron unos 9.000 cerdos flotando en el agua del río Huangpu, en Shangai. Los lugareños decían que era normal que cada invierno murieran de puro frío, aunque también se habló de “circovirus” o simplemente que los arrojaron vivos porque los productores no pudieron venderlos a las mafias. En ningún caso se tuvo en cuenta el sufrimiento previo de estos animales antes de morir, sino el peligro de contaminación que los cadáveres podían causar. En el 2011 en Corea del Sur fuimos testigos de cómo durante varias horas y bajo un intenso frío, miles de cerdos fueron arrojados vivos a una fosa, cayendo aterrorizados a trompicones unos sobre otros. Se oía llorar a los que grababan la escena mientras los demonios humanos que controlaban la operación golpeaban a los cerdos que se resistían a caer en el foso que sería cubierto con toneladas de tierra.

No hay que pensar que esta crueldad es patrimonio de otros países. Hace más de 10 años hubo un brote de peste porcina en Lleida y ya se denunció este mismo método de sacrificio masivo de cerdos, en que fueron enterrados vivos. La denuncia fué archivada, como es habitual para los casos de maltrato a los animales de abasto.

Millones de cerdos son enviados cada año desde Europa a España a las llamadas granjas de engorde, muchas de las cuales se encuentran en Lleida. Los países más avanzados de la UE sólo quieren la carne, no las toneladas de contaminación que esta industria genera. Así pues, los cerditos llegan a nuestras granjas donde son cebados y luego enviados al matadero, de regreso al sitio de donde llegaron o desviados a otros países. Tanto a la llegada como en la partida, se produce el “descarte”. Esto es, los que llegan heridos, enfermos o de tamaño reducido son rechazados por no dar el rendimiento económico deseado.

Hace unos meses, el voluntario de un refugio próximo a una de estas granjas vió a un pequeño cerdo herido en una pata y al ir a socorrerlo el propietario replicó que “se lo iba a dar a los perros”. El cerdito fué trasladado al refugio y curadas sus heridas, pero algo hizo pensar que el granjero no bromeaba cuando se refería al animal como carnaza para los perros. Una segunda visita a la granja se saldó con el rescate de dos cerditos más, listos para ser entregados a los perros porque no habían alcanzado el tamaño esperado.

No es un hecho aislado…. y que se sepa, el propietario de una de estas granjas fué alcalde de un municipio de la zona.

El artículo 3.b) de la declaración universal de los derechos de los animales proclamada en 1978 por la Unesco dice: “Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia”. Aunque sería discutible quién, cuando y cómo se decide que la muerte de un animal sea necesaria… .

Catalunya es una comunidad donde presumimos de tener la primera y más avanzada ley de protección animal de todo el estado, pero será papel mojado si se sigue violando sistemáticamente en muchas zonas rurales. Poco podemos sospechar en Barcelona, donde nos estremece el que algunos alimenten a sus reptiles con pequeños animales vivos, o donde cuidamos con esmero la alimentación de nuestros animales de compañía, que sólo a algunos kilómetros de distancia perros hambrientos se desayunen a dentelladas con el horror que envuelve a las granjas de cerdos de engorde. Made in Lleida.

 

Soy vegana. Fui una de las fundadoras de Libera! y presidenta hasta 2009, así como delegada del Pacma en Barcelona en su primera etapa. Organicé el primer autocar que salió desde Barcelona hacia Tordesillas en el 2005, en una cruzada contra las fiestas populares con toros que luego me llevó a formar parte de la organización en la primera y única manifestación en Coria (Cáceres) contra el llamado toro del acerico, y Medinacelli (Soria) contra el toro de fuego. También formé parte de la organización de la más numerosa manifestación antitaurina en Barcelona desde 1992, previa a la prohibición de la tauromaquia en Catalunya. Ahora voy por libre, aunque soy portavoz del refugio-santuario Proteger los Inocentes (Lleida).