Abramos las jaulas

Abramos las jaulas

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Se acerca un año más la conmemoración del 24 de Abril, Día Internacional de los Animales EN laboratorios. Y escribo la preposición en mayúsculas porque no estamos hablando de animales DE laboratorio: tal cosa no existe, es un eufemismo para hacernos creer que los animales pertenecen a esos recintos donde empiezan y terminan su vida, formando parte involuntaria de experimentos, pruebas, e innumerables torturas que, a partir del pinchazo de una jeringa, son descritos como “procedimientos de investigación”. Los animales que el ser humano ha puesto deliberadamente en los laboratorios de todo el mundo son animales que, otrora libres, formaban parte de la naturaleza (como los peces, aves, insectos), algunos son silvestres y considerados “plagas” (en el caso de las ratas y ratones) o vivían en estado de domesticación como es el caso de perros, gatos, cabras, conejos, cerdos, vacas y ovejas, por mencionar sólo algunas de las especies que se mantiene encerradas en los laboratorios de experimentación.

Según el informe del prestigioso Nuffield Council on Bioethics (2005) de Inglaterra, en todo el mundo se usaron entre 50-100 millones de animales en los laboratorios. La Comisión Europea (2010), señala que en toda la CE se utilizaron más de 12 millones de animales durante ese año (1), y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España informa que a 2010 se utilizaron 1.344.986 animales en diferentes procedimientos de experimentación, lo que equivale a un 11% de la cantidad total europea (2). Los animales más usados son roedores y conejos, que representan más del 80% del total. Los ratones son, con gran diferencia, la especie más utilizada (59%), seguidos por las ratas (17%). Luego les siguen los animales de sangre fría (10%), siendo el tercero el de las aves, con algo más del 6% del total (3). Caballos, burros y sus cruces, cerdos, cabras, ovejas y vacas fueron utilizadas en un 1% en la Comunidad Europea. Respecto a su procedencia, la mayoría de las especies procedió de países de la UE, sin embargo también se trajeron animales desde otras latitudes, como gatos, perros, hurones y monos del Viejo Mundo (4).

Todos estos animales son usados por la ciencia y la técnica que, abocadas en una carrera por la consecución de bienes, productos y procedimientos, se les requiere por ley el uso de estas víctimas para experimentar y probar en ellos previo a que esos bienes, productos y procedimientos se usen en humanos. Desde la crema dental que usas a diario, pasando por la totalidad de productos de tocador, limpieza, perfumes, medicamentos, químicos que entren en contacto con el ser humano (desde la pintura de los muros, los productos de limpieza del hogar a los químicos industriales adicionados a los alimentos, materiales, etc.), muchos procedimientos médicos (como los implantes dentales, algunos métodos de intervención quirúrgica, etc.), armas, bombas, venenos y explosivos son experimentados en animales de diferentes especies. Los “procedimientos” de investigación incluyen, no exhaustivamente, desde la inseminación artificial y manipulación hormonal, intoxicación o envenenamiento por diferentes vías (dérmica, nasal, estomacal, intravenosa, etc.), diversos procedimientos quirúrgicos más o menos invasivos, muchos de ellos realizados sin anestesia, y/o con ausencia de analgesia post-operatoria, quemaduras, provocación de heridas superficiales, medianas y profundas, trasplantes de órganos, inoculación y/o inducción de diferentes enfermedades, falta de libertad y sujeciones forzosas, restricciones de alimento, agua y/o descanso, aislamiento social, separación de los grupos familiares, etcétera. Todos estos “procedimientos”, en mayor o menor medida, implican un gran sufrimiento psíquico o físico para los animales que son obligados a participar de estos experimentos y pruebas.

En bioética se ha avanzado mucho en la protección de los pacientes y voluntarios humanos en los procedimientos de investigación. En esa misma dirección se debe avanzar con los animales no humanos, pero no únicamente para protegerlos sino para sacarlos definitivamente de los laboratorios. Invirtiendo más dinero público y recursos en la investigación y perfeccionamiento de los métodos alternativos a la experimentación con animales, fomentando el reemplazo de éstos, más que la reducción de su número o el refinamiento de las técnicas de experimentación. Se supone que se están dando pasos en esta dirección, y existen diversos grupos de científicos que reconocen la necesidad de abolir los experimentos con animales por diversas razones metodológicas, científicas y técnicas: en Estados Unidos encontramos el Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM), Institute for In Vitro Science (IVS), Center for Alternatives to Animal Testing (CAAT) de John Hopkins University o la recién creada American Society for Cellular and Computational Toxicology (ASCCT). En Inglaterra y Europa: Antidote Europe, Doctors and Lawyers for Responsible Medicine, Safer Medicines Campaign, Comitato Scientifico Antivivisezionista. Estos grupos de científicos son los responsables directos de poner en marcha lo que será parte de la gran revolución animal de esta época: hacer técnicamente posible que las jaulas de los laboratorios se abran. Por nuestra parte, como personas que consideramos moralmente a los animales, debemos avanzar en otras direcciones: sensibilizando a la población , demostrando que existen alternativas a la crueldad, entregando información sobre la disponibilidad de productos no experimentados en animales, y especialmente, formarnos como ciudadanía responsable para incidir políticamente en las decisiones que se toman a nivel local y global.

Los animales no pueden abrir esas jaulas: somos nosotros sus representantes y es nuestra obligación hacernos oír por la sociedad, los y las legisladoras y todos los y las responsables de que la situación de los animales cambie. Partiendo de nosotros, para incidir en el conjunto. Inspirémonos en las palabras de la antropóloga Margaret Mead, quien dijo: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos considerados pueda cambiar el mundo. Verdaderamente, eso es lo único que lo ha logrado.”

(1) Comisión Europea: Sexto Informe sobre las estadísticas relativas al número de animales utilizados para experimentación y otros fines científicos en los Estados miembros de la Unión Europea, 2010. P. 4
(2) Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) España: Informe sobre las estadísticas de los animales utilizados para la experimentación y otros fines científicos, 2010. P. 1.
(3) Comisión Europea, Op. Cit. P. 8.
(4) Ibid.

Soy vegana y desde mi niñez me ha preocupado la relación especista antropocéntrica que la humanidad mantiene con el resto de los animales. Aún busco respuestas a muchas preguntas de entonces. Soy Trabajadora social, máster en Filosofía Política y máster en Bioética y Derecho. Actualmente estoy escribiendo mi tesis doctoral en Filosofía, tratando sobre los límites de la filosofía moral, la bioética y los derechos de los animales. He estado activa en el mundo del animalismo desde hace más de una década, siempre con un pie en la teoría y otro en la práctica. Comparto mi vida con mi esposo, tres gatas y un número siempre cambiante de gatos rescatados de la calle a los que damos en adopción.