“Algunas vacas deambulaban en el aparcamiento de la tienda de electrónica (…). Una escena estrambótica que muy difícilmente se puede ver en la vida diaria”; “llamé Kurumi a esa pequeña perra salchicha que vivía en un dique destruido por el tsunami. La intentamos rescatar varias veces, pero su muerte fue confirmada en septiembre”.

Un día después de que el gran tsunami que siguió al terremoto en Japón dañara el reactor nuclear de Fukushima, las personas que vivían en 20 kilómetros a la redonda fueron desalojadas de sus hogares. Se les prohibió llevar cualquier pertenencia: la norma incluía a todos los animales.

El museo de fotografía Huis Marseille de Amsterdam (Holanda) inaugura el día 3 de octubre Los animales abandonados de Fukushima, una serie de imágenes que el fotógrafo Yasusuke Ota (1958) tomó cuando ese mismo mes -arriesgando su salud y llevando agua y alimento para los animales -se adentró en el área prohibida.

Junto a un grupo de voluntarios, sin saber muy bien qué iba a encontrar, Ota se enfrentó al dolor y a la tragedia en la vida de los animales que vagaban sin rumbo por las calles desiertas.

Entre las ruinas sobrevivían vacas que, hambrientas y sedientas, apoyadas sobre sus rodillas, mugían con desesperación; otras habían sido liberadas de los establos y se habían caído en zanjas y ciénagas. El fotógrafo encontró caballos y cerdos escuálidos en las cuadras, junto a sus congéneres sin vida. Los perros atados a los postes habían muerto esperando a sus amos. Otros habían sobrevivido comiéndo lo poco que podían encontrar y, 18 meses después del abandono, el fotógrafo tenía la impresión de que todavía esperaban inocentes la vuelta de sus responsables.

Las imágenes que Yasusuke Ota captó entre marzo de 2011 y marzo de 2012 se exponen hasta el 14 de octubre y se han publicado previamente en dos libros: “Esta tragedia, por algún motivo, no fue divulgada por los medios japoneses en un primer momento. (…) No se ha ayudado apropiadamente a estos animales incluso tras año y medio. Sentí que tenía que informar al mundo y dejar pruebas (…). Por favor, no aparten la vista de la realidad”.

El fotógrafo quiere reforzar la idea de que la tragedia de Fukushima que sufren los animales no es la causada por el terremoto ni por el tsumani, sino por la central nuclear. En la medida de lo posible, intenta volver porque no concibe que las criaturas que “ni tan siquiera saben dudar de sus responsables, que confían en ellos con todo su corazón” no reciban la más mínima atención.

Gatos momificados, cerdos que buscan hasta el más mínimo charco para mitigar el calor del verano… En esa situación de extrema necesidad, las que mejor se adaptan a las carencias son las avestruces, que requieren pequeñas cantidades de alimento y son omnívoras. Los voluntarios les ofrecieron comida de gato y ellas la devoraron sin reparos. Irónicamente, las aves autóctonas de África y Oriente Medio, fueron introducidas en la región de Fukushima como mascotas de la central nuclear.

Fuente: 20minutos.es