La Asociación Animalista Libera! y la Fundación Franz Weber han revelado las imágenes de las instalaciones interiores ubicadas en el subsuelo del zoo de Barcelona ante los medios de comunicación.

En estas imágenes se puede comprobar que el enjaulamiento de los animales en el zoo, si ya es terrible en la parte que se expone al público, es una auténtica cárcel en la zona que no se muestra ni se ha permitido visitar por especialistas científicos como la Doctora Joyce Poole a petición de Libera!
Esta zona de mazmorras es la que acoge a los animales que malviven en el zoo durante la mayor parte del día, superando incluso 15 horas de reclusión en ellas. Las jaulas ubicadas en el subsuelo son frías, húmedas, oscuras y presentan como zonas para el descanso algunas estructuras metálicas corroídas por el óxido que pretenden ser literas.

 

 

Los animales permanecen en estos sótanos la mayor parte de su vida; esto es así porque sólo salen a las instalaciones exteriores cuando el zoo está abierto al público, aunque algunos animales pueden ser exhibidos sólo por la tarde o por la mañana. Incluso los hay que no salen nunca, y otros individuos a los que van turnando para salir al exterior. En invierno los animales pasan encerrados en el sótano unas 17 horas. Con el horario de verano, el mínimo de horas en las que son encerrados en estos sótanos es de 15.

Algunos de los animales que han sido filmados en esas jaulas del sótano, nunca han sido vistos en el exterior y se desconoce si aún siguen con vida.
En las imágenes, que han llegado a manos de Libera! en un sobre anónimo, se puede observar la existencia de una cría de tapir con un problema en uno de los ojos a la que nunca se ha visto al aire libre, por lo que seguramente nunca habrá visto la luz del sol, y de la que se desconoce si aún sigue con vida. También se observa un jaguar ciego que muestra estrés a los estímulos auditivos y que tampoco ha sido visto en el exterior y un oso que se resiste a entrar al sótano a pesar del hábito forzado a residir la mayor parte de su vida allí.

También se observa cómo se molesta a los osos con palos o escobas porque los dopan con diazepan y tratan de espabilarlos un poco antes de que salgan a la exhibición exterior, aunque presentan síntomas claros de estar sufriendo las consecuencias de ese estado de drogadicción por la gran cantidad de espuma que sale de su boca, sus movimientos torpes y la no reacción a esos estímulos.

Las jirafas son metidas en jaulas en las que no pueden prácticamente moverse y a las que, a pesar del hábito que deberían tener por el tiempo que llevan encerradas en cautiverio, se niegan repetidamente a entrar.

Las imágenes obtenidas muestran a hienas durmiendo en jaulas como las que se pueden ver en las perreras, los antiguos dormitorios de las elefantas que aún no se han clausurado, mandriles y diversos primates en jaulas mugrientas y absolutamente inadecuadas que incumplirían cualquier medida de salubridad si fuesen revisadas por expertos científicos y no se basasen, exclusivamente, en el asesoramiento de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios, de la que incluso se puede leer en su página web algunos protocolos para mantener a los animales drogados para poder ser expuestos al público o para ser habituados a la reclusión con otros animales.

Mientras esto pasa lejos de las miradas de los visitantes, el zoo y el Ayuntamiento intentan manipular a la opinión pública hablando de “naturalizar” las instalaciones exteriores, poniendo decoración de cartón-piedra y plástico, cuando a través de estas imágenes se puede comprobar que la verdadera situación de los animales cautivos allí está muy lejos de cualquier concepto que les sea natural a ellos.
Igualmente, el único concepto de educación o pedagogía posible que hace el zoo es el de ser experto en intentar ocultar que, los animales, no pueden vivir ese cautiverio por el mero hecho de ser productos de exhibición para un supuesto prestigio de Barcelona que se declaró “cuidad amiga de los animales” en el 2004. El coste de la decoración de los espacios exteriores se elevará, según los representantes del ayuntamiento, a 25 millones de euros.

Las imágenes captadas en el subsuelo muestran que el zoo de Barcelona, igual que el resto de los zoos, es otro negocio fraudulento de uso y maltrato de los animales en tanto que oculta la verdad a quienes aportan su dinero en las taquillas, como ahora que algunos de los animales exhibidos fueron capturados en libertad.

Desde Libera y Fundación Franz Weber presentaran la denuncia correspondiente ante la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo en Bruselas y piden la dimisión del director del zoo, Miquel Trepat, y del jefe de veterinarios, Hugo Fernández, conocido en el mundo de los defensores de los Derechos Animales por afirmar que los animales, no humanos, no sienten emociones.