A continuación reproducimos la nota de prensa enviada por ATEA (Asociación para un Trato Ético con los Animales):

La Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) remitió en el día de ayer por correo postal certificado una carta dirigida al Jefe del Estado español, Juan Carlos de Borbón, donde se le trasladan una serie de reflexiones en cuanto a lo que esta organización considera un escandaloso e inaceptable comportamiento con los animales.
En primer lugar, se le traslada nuestro disgusto por su burda apología de la tauromaquia, evidenciada tanto a través de su frecuente presencia en plazas de toros como de declaraciones ocasionales. Entre las numerosas reflexiones vertidas en la misiva, destaca una formal invitación a considerar que la tauromaquia puede de facto ser moralmente considerada como práctica terrorista, siguiendo la estela clasificatoria de otras formas de condenables de violencia, como la doméstica, la medioambiental o la vial. En tal caso –y solo en él–, cabría especular sobre la condición del monarca español como inequívoco colaborador de una variante terrorista, con el añadido agravante de que, habida cuenta del cargo que ostenta en la actualidad, su empeño proselitista cuaja con mucha mayor facilidad que en el caso de esa misma postura en un ciudadano estándar.
Sin entrar a valorar las posibles cualidades que algunos asignan a la práctica taurómaca, incidimos en el hecho de que, antes que cualquier otra consideración, debemos fijarnos en que causa un sufrimiento gratuito, y remarcamos en este punto nuestra convicción de que todos los padecimientos (físicos o psíquicos) resultan por igual indeseables para la víctima, con independencia de factores como el género, el color o la especie.
Se hace referencia igualmente en la carta a su afición cinegética en general, y de manera muy particular a algunas de sus especialidades más elitistas, como la caza mayor en África. Se necesita un más que generosa desvergüenza para justificar la muerte de animales –quienes están tan interesados como nosotros mismos en seguir viviendo– basándose en la supuesta “plaga” que suponen, cuando la trágica realidad es que actúan en pura defensa propia, tras serles arrebatadas por los humanos sus legítimas tierras. Y aprovechamos este segmento de la carta para recordarle que una significativa parte de la sociedad considera a estas alturas una auténtica “plaga” a su propia familia, la Institución española por excelencia, a pesar de no haberse sometido jamás a refrendo popular alguno, como debería dictar la más elemental decencia democrática.
Puestos a reflexionar (pues no en vano es esta una de nuestras principales tareas como asociación), hacemos ver al monarca que, constituyendo la práctica de la caza deportiva un crimen (consultar RAE), acaso quepa asignarle a él mismo el desagradable carácter de criminal.
Tras desearle una pronta recuperación de todas sus recientes dolencias, y recuperando la idea de que todos los dolores son iguales (por indeseables para quien los padece), consideramos apropiado invitarle a un elemental ejercicio de empatía, a ponerse, en definitiva, en el lugar del “otro”, cualquiera que sea ese “otro”, humano o animal. De hecho, Su Majestad lo tiene bien fácil en estos momentos, pues podría interpelar a algún miembro de su familia más allegada sobre cómo se siente uno con un tiro en el cuerpo.
Por último, ATEA le recuerda que alguien que no muestra un mínimo grado de compasión por sus semejantes (los animales lo son desde su calidad de seres sensibles) tiene su autoridad moral ciertamente atenuada a la hora de condenar otras formas de agresión unilateral a inocentes.

Documento enviado al monarca en PDF: CARTA REY ESPAÑA [Juan Carlos I]