Con motivo de las fotografías publicadas del monarca español cazando elefantes en Botsuana, Alejandra García de Franz Weber Fundation y Libera! nos explica las falacias cinegéticas, sus alternativas y cómo se comportan los elefantes en su hábitat.

 


 

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Comunicado de Libera!

Los elefantes son animales con una organización social muy compleja; se organizan en familias, clanes y manadas, bajo el cuidado atento de una matriarca pero con la participación de todos sus miembros en la educación y crianza de las crías y elefantes jóvenes.

Cuando una matriarca muere, toma su lugar otra hembra que ha recibido todos los conocimiento de la hembra fallecida: las rutas migratorias, dónde buscar agua, comida, etc. La muerte de una matriarca significa que la manada se reorganiza, luego de pasar por el periodo de luto en el que incluso llevan a cabo ritos funerarios. Ritos que se repiten año tras año al pasar por el sitio en el que descansan los huesos del miembro muerto de la manada.

Los cazadores, en su afán de demostrar aún no sabemos qué al asesinar animales indefensos, buscan matar a los ejemplares más mayores y utilizan esto como argumento de que su caza es “ética” o que responde a criterios “conservacionistas”. Nada más lejos de la verdad: sólo buscan al individuo más grande, de más edad y majestuoso para poder así hacerse con las piezas de marfil más grandes a modo de trofeo.

La verdad es que cuando se mata a un elefante adulto, se condena a que los más jóvenes no tengan de quien aprender a encontrar las rutas por las que se desplazan en busca de comida y agua; este hecho se ha vivido en muchos poblados y ciudades africanas, donde pequeños grupos de jóvenes elefantes asaltan en una especie de acto vandálico desde casas y tiendas hasta siembras y cosechas. Se comportan tal como se comportarían (de hecho así sucede) un grupo de adolescentes que vive sin la guía de sus mayores. Y entonces, es cuando los cazadores utilizan estos actos como excusa para matar a estos jóvenes elefantes también.

La caza no es un deporte: la caza es un vicio al que hay que combatir. Ningún animal debería morir víctima de la violencia de quien se entretiene portando armas (y usándolas) como forma de pasar sus “vacaciones”. En el caso de los elefantes, además, quien mata a estos animales demuestra una grave falta de compromiso con la sensibilidad general que desea observarlos viviendo en paz y acorde a su naturaleza, condenando además al resto de los miembros de su manada a un futuro incierto…

Ayer saltó a los medios la noticia de que el rey de España se quebró la cadera mientras participaba en una cacería de elefantes en Botswana; las redes sociales y los medios ardieron con la noticia, en unos resaltando el uso de dinero público para estas sangrientas vacaciones, en otros subrayando el estado de “Vulnerabilidad” con que la IUCN ha catalogado en su Lista Roja a la especie Loxodonta africana, a la que pertenece o pertenecen el/los elefantes asesinados por el monarca. Por ello, desde LIBERA! creemos necesario resaltar que la caza es condenable en todas sus formas, independientemente de si sus víctimas están en peligro de extinción o no, e independientemente de si quien ha participado en ella lo ha hecho utilizando dinero público, privado, o si no ha desembolsado ni un céntimo.