Igualdad Animal se ha infiltrado en la industria porcina de Reino Unido donde, durante 72 días, un activista de la organización filmó lo que pasa en Harling Farm, una granja de 242 hectáreas cerca de Norwich, en la que se crían unos 4.000 cerdos para el consumo alimenticio y cuya carne cuenta con el sello de calidad Red Tractor.
La marca, acreditada por científicos, veterinarios y expertos en bienestar animal, garantiza que los productos avalados cumplen con más de 130 normas relativas a la cría de cerdos y a su cuidado en todas las etapas, poniendo especial atención a la vigilancia de la salud y a las condiciones de vida de estos animales. Pero las imágenes de la incursión en esta explotación escogida al azar, según cuenta el portavoz de Igualdad Animal, Javier Moreno, muestran algo bien distinto.
Los cerdos son pateados, golpeados e incluso rasgados con cuchillos como método para obligarlos a moverse. Y los que están enfermos se llevan la peor parte. Algunos , son disparados con un rifle, para hacer una barbacoa, mientras que las crías que desarrollan infecciones son estampadas contra el suelo.
En Reino Unido, algunas organizaciones bienestaristas se han mostrado consternadas al conocer los datos. La Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, especializada en el rescate y la concienciación sobre maltrato animal, dice haber emprendido una investigación a raíz de las imágenes, “una de las más impactantes” que han recibido.
Stephen Brown, quien dirigía Harling Farm, había mostrado su intención de cooperar para que se descubra lo ocurrido, pero días después de hacerse pública la investigación se halló muerto en su casa, con un disparo en la cabeza y, según la policía, sin indicios sospechosos, por lo que se especula con su posible suicidio.
Para Igualdad Animal el caso, que creen que culminará con el cierre de la granja, no es un suceso aislado sino la realidad cotidiana de la explotación animal. Sus investigaciones en el estado español, donde recorrieron más de 200 grajnas en once comunidades autónomas acreditan que este trato es habitual en todos los centros de explotación.
Junto a las prácticas que transgreden las normativas y cualquier sello de bienestar animal, en los vídeos puede observarse otras costumbres que, aunque legales, están fuera de cualquier ética, como el corte de los dientes en los primeros días de vida de las crías y la castración de los testículos que, en muchas ocasiones, realizan los propios granjeros sin la cualificación necesaria.
Además, fruto del hacinamiento, del estrés consiguiente y de la despreocupación por la salud de los puercos, estos desarrollan tumores, pústulas y hernias abdominales que no son tratadas, mientras que las estrechas dimensiones de las parideras dificultan el nacimiento de los lechones, que muchas veces resultan heridos en el parto.
Para Igualdad Animal, acabar con estas explotaciones implica llevar una dieta vegana y cuestionarse el especismo como otra forma arbitraria de discriminación que es necesario erradicar, igual que el sexismo y el racismo.
Video: Igualdad Animal









