Como es habitual, cuando periodistas o activistas quieren documentar o denunciar las actividades de las fiestas populares donde se usa a otros animales, la protagonista acaba siendo la misma, la violencia, pero no solo contra los animales, sino también contra las personas.

Sacedón, Tordesillas y ahora El Puig. Este último un pueblo valenciano que ha saltado recientemente a la fama por sus tradicionales fiestas en honor a San Pere Nolasc, donde históricamente se utilizaban ratas, conejos o palomas, metidas en ollas que eran golpeadas por quintos que luego se dedicaban a patear, golpear, pisar, tirar y reventar a los animales o comérselos en una paella, dependiendo de la especie a la que perteneciera el animal.

 

 

Hasta mediados de los noventa, la tradición mandaba meter roedores y conejos vivos en los perols, y una vez rota la olla de barro, y con el animal en el suelo, atraparlo y lanzarlo contra el público o los balcones y viviendas de la plaza. En 1996, la Generalitat mandó al ayuntamiento prohibir el acto por contravenir la ley de protección de los animales, así la fiesta consistiría ahora en matar a los animales antes de meterlos en las ollas. Los roedores se buscan en los alrededores del pueblo o incluso se compran en tiendas de animales, se matan y los mantienen congelados hasta que llega el día de la celebración en honor al santo.

Las declaraciones de los habitantes del pueblo muestran que el especismo no resiste la información científica ni al pensamiento racional, ya que sólo la tradición o el “esto se ha hecho toda la vida” son los argumentos que transmiten para defender su fiesta, igual que los taurinos hacen con la suya.

Según estas personas, los pollos y los conejos no sufren pq sirven para hacer la paella y las ratas son seres que se pueden matar porque son dañinas para nuestros intereses, o incluso afirman que son las ratas las que dan morbo a la fiesta, ya que sin su participación, vivas o muertas, la gente no se reuniría para festejar.

Sorprende también que los peroles estén llenos de golosinas, ya que las personas que los atizan con un palo parecen ya demasiado mayores para pelearse por unos caramelos.

La ‘trencà dels perols’ de esta edición se inició al grito de: «¡Queremos ratas! ¡Queremos ratas!», por parte de los vecinos y, de repente, comenzó el lanzamiento de un roedor, muerto, entre la gente que participaba en esta celebración. En ese momento, cuando las periodistas del periódico Levante quisieron cubrirlo gráficamente, empezó la trifulca.

La fotógrafa consiguió hacer varias fotos, pero pronto se encontró con que varios asistentes se interponían y la increpaban. Poco a poco la multitud comenzó a rodear a ambas trabajadoras, entre gritos e insultos como: «Iros a vuestra puta casa» o «venís aquí a jodernos».

Poco después, alguien entre el barullo arrancó violentamente de las manos la cámara de la reportera. El instrumento de trabajo, valorado en unos 6.000 euros, desapareció por más de media hora y fue recuperado instantes antes de que un grupo de chavales la destrozaran, según la persona que la rescató, pero con las imágenes borradas.

Esta tensa situación se prolongó hasta que dos festeros sacaron de la plaza a ambas reporteras. Los hechos fueron emitidos por los informativos de Canal 9, que difundió la agresión en su telediario de la noche. En las imágenes se observa cómo la turba de decenas de personas atacan y rodean a las trabajadoras, las cuales, tras estas agresiones, fueron llevadas a un callejón.

Una vez allí, la fotógrafa pidió auxilio al 112. En los aledaños había efectivos de la Policía Local, pero no intervinieron hasta que no llegó la Guardia Civil. Además de robarle la cámara, la fotógrafa había recibido un puñetazo por la espalda, estirones de pelo, empujones y tocamientos.

La fotógrafa relató: «Sentí rabia e impotencia. Estaba incrédula por todo lo que nos estaban haciendo. Estaban como locos». Además, a la redactora del mismo periódico le quitaron la libreta y se la rompieron en pedazos: «Como si rompiéndome la libreta fuera a olvidar lo que ha ocurrido allí», señaló.

Al final, tuvieron que salir con furgón policial porque la hostilidad hacia ellas no cesó en ningún momento. Tras abandonar el pueblo, acudieron al cuartel de la Benemérita en Puçol, donde interpusieron la denuncia.
Mientras, el alcalde de El Puig, José Miguel Tolosa, declaró al diario Levante que no había visto los hechos, a pesar de que se encontraba en un balcón de la plaza, como corroboran las imágenes emitidas Canal 9.

Esta tradición ha indignado a asociaciones como al Partido Animalista o AnimaNaturalis, que durante los días previos a esta celebración se dedicaron a denunciar una práctica. Natalia Rizzo, subdirectora de AnimaNaturalis, estuvo en El Puig grabando imágenes de este festejo para documentar la denuncia que pretenden realizar.

Esta será una de las denuncias que interpondrán, ya que la Asociación de periodistas gráficos de la Comunidad Valenciana ha asegurado que pedirán responsabilidades al Ayuntamiento de El Puig y a la Policía Local por haber “permitido esta actuación y no haber actuado”.

Desde el Partido Animalista están trabajando en la denuncia de la que ya advirtieron al consistorio, haciéndolo responsable de todo lo sucedido, ya que no se pusieron medios para impedir las agresiones a las periodistas ni se evitó que se cometieran actos ilegales como lanzar ratas ya que, según el Partido Animalista “Es hora de comprender que, tanto si se mataron antes como durante el festejo, los demás animales no merecen morir para que unos pocos celebren una tarde de fiesta”.