Oh!BCN es una semana de actos creativos abiertos al público, sobre el vidrio y la gastronomía, la creatividad y la vida “slow”, que ha acogido desde conferencias de cocineros y sociólogos hasta talleres dónde vidrieros y diseñadores han trabajado con el azúcar como materia de creación.

Entre las instalaciones artísticas realizadas en el espacio de Palo Alto de Barcelona se pudieron ver obras conceptuales realizadas por artistas nacionales e internacionales que mostraban su visión particular de la ciudad y la gastronomía, realizadas con Isomalt, un edulcorante dietético que ha resultado ser una materia similar al vidrio pero, a la vez, comestible.

 

 

El vino, los espacios urbanos, los espacios naturales de la ciudad, la relación de la ciudadanía con los espacios y la comida, todo bajo la visión conceptual de los artistas invitados a realizar, en directo, sus trabajos y creaciones.

Una de estas creaciones, realizada por el Estudio Comglas, surgió de la idea original de la semana creativa, que tenía como icono comunicativo el vaso del cortado que casi toda la ciudadanía de Barcelona toma por la mañana. Los artistas se preguntaron cuánta leche y café se servía diariamente en la ciudad, ¿quizás una piscina olímpica llena? Y a partir de aquí se preguntaron cuántos animales desfilan diariamente hacia la ciudad, en una marcha silenciosa y continúa, en una hilera mecanizada sin fin para ser transformados en carne, leche, huevos para los y las barcelonesas.

La instalación nos pregunta cuánta vida consume una ciudad a diario para ser transformada en el concepto de gastronomía que resulta menos agresivo a la conciencia del consumidor. Y para responder a la pregunta, el Estudio Comglas nos formula un deseo en forma de instalación, donde los animales salen de la ciudad, representada por las baldosas típicas que encontramos en tantas calles de la capital, y marchan, en la misma hilera silenciosa y continúa, hacia otro destino, la libertad representada por el bosque sin humanos.